viernes, 4 de abril de 2008

El dibujo de la musica

Ayer S. y yo estuvimos en el Auditorio escuchando el Concierto para piano nº 2 de Rachmaninov y la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak. Lo dirigía magistralmente Dimitar Panov. Sacar entradas a escondidas del mundo para sorprender a alguien me cuesta tanto como respirar continuadamente bajo el agua. Y llevo una semana que me sangra la boca de morderme continuadamente la lengua para no contarlo. En fin, ya es pasado y lo cuento. El lunes, a las 6.30 de la mañana esperaba el autobús que me llevaría al trabajo. En el banco, aparte de una mujer y justo en su otro extremo descansaban unos recortes de prensa de un periódico. Lo recogí sin preocuparme de qué periódico eran, pues sólo quería distraerme mientras esperaba. Eran de la sección de cultura, arte y espectáculos en Madrid. En cuanto lo coloqué delante de los ojos, un anuncio resaltaba del resto. Concierto nº 2 de Rachmaninov. Me puse hasta nerviosa, mis manos temblaban y sus dedos no acertaban a sostener estas páginas contra un viento amanecido. Yo quería leerlo una y otra vez ávida y de pie en aquellas tempranas horas. La mujer que estaba al otro extremo me miraba extrañada. No quise seguir leyendo quién completaba el concierto, pero me decidí a conseguir entradas en cuanto me fuera posible. Luego vi el día. Jueves 3 de abril. Para S. y para mí el número 3 siempre tiene color de aniversario.
El concierto en sí fue maravilloso. En cuanto la pianista rozó las primeras notas de Rachmaninov me sentí un ser privilegiado, por la música descolgada, la compañía, la vista que tenía delante de los ojos, aquellos instrumentos que al compás se movían descargando sus notas. El director parecía ir poco a poco dibujando la música a medida que danzaba su batuta. Era magia. Como si el círculo que formaba la disposición de la orquesta fuera una paleta, la pianista el lienzo y la batuta el pincel con el que poco a poco se iba reflejando en el techo la imagen de la música. El concierto estuvo a cargo de cuatro manos de la pianista Tatiana Liaj, y digo cuatro manos porque llevaba un hijo dentro de ella. Me pareció un detalle tan especial. Le comenté a S. que ese niño, o quizá niña sería un ser especial, sin duda. Rodeado de la música que directa tomaba la trayectoria de las manos de la madre hasta su vientre así como de unos aplausos posteriores que calentaban las paredes de sus entrañas.
Nunca había estado en el Auditorio y yo nunca jamás fui a un concierto de música de Rachmaninov. Quedé, cómo deciros, encantada. S. igualmente quedó encantada. Quedó encantada con la experiencia, quedo encantada con Dvorak. Quedó encantada de ver la cara de imbécil que se me ponía cuando sonaba mi Rachmaninov, diciendo pones la misma cara que la pianista, vamos de traspuesta. En fin, que quedamos sorprendidas. Todo fue maravilloso. S. se acercó a mi oído a los primeros compases de Dvorak y me susurró: Lo siento por tu Rachmaninov pero a mí me gusta más esta pieza.
Respecto a Dvorak, decir que esa sinfonía en concreto creció conmigo desde bien joven, recuerdo que la escuchaba una y otra vez. Pero la tenía tan olvidada que volver a reencontrame con ella me sacudió la cabeza hacia aquella adolescencia. . Así que fue día de aniversario y de estreno. Con S. siempre me llena de color estrenar algo. La música nos transporta.

5 comentarios:

Domadora de Elefantes dijo...

Creí que no me daría tiempo a leerte antes de salir de casa.
Tendría mucho que comentar pero los segundos vuelan.
Gracias por compartir con nosotros la experiencia.
Sólo un recuerdo: qué mal le hizo la publicidad de salichichas a la Sinfonía del Nuevo Mundo. Gracias a Dios Dvorak es capaz de superar eso y más.

Ana Espinosa dijo...

Qué bueno Nuria y qué bien lo explicas hija. La comparación con la pintura bueníiiisima y lo del hijo de la pianista, también.

Rafa dijo...

Hace tanto tiempo como que que yo fuí el primer recluta del rey de España, y mi novia fue a verme ese día de diciembre al cuartel,nos arrullamos y nos contamos nuestras inquietudes, me preguntó ¿qué necesitas amor? Oir el concierto nº 2 de Rachmaninovm le solté de sopetón, ¡estoy al borde de que me de un peperrete!,con tanta safiedad a mi alrededor.
Al domingo siguiente en su casa nos "arrullabamos" oyendo a Rachmaninov. ¿ya sabes por qué me llega tanto?.
Creo que ahí nació mi amor ¿a quién?.
Qué bién te lo pasas, y como dice ana espinosa , qué bien lo cuantas.
Te saludo.

Fernando Sarría dijo...

esos momentos únicos en que hacemos algo que queda en la memoria, con alguien que verdaderamente nos importa..gracias por contarnoslo..besos.

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

Gracia
Gracias por luchar contra la prisa para dejar tu huella de elefante. Un título tan inmenso "Nuevo Mundo" para quedar relegado a un anuncio de salchichas.
En fin, que tienes razón, Dvörak pudo y puede con aquellas famosas "salichichas". La prisa a ti te pudo jeje.
Mil besos a la carrera

Ana
Escribo lo que veo, soy así de limitada. Gracias por ver lo mismo y compartirlo. Por cierto el otro día me pedías mail para hablar de esos peces y no sé si recibiste comentario.

Rafa
Preciosa historia llena de romanticismo. Arrullarse con el presente perpetuo de Rachmaninov. Qué bonita manera de nacer, el amor, quiero decir, el quién no importa.
Un abrazo

Kijar
No pienso contestarte. No me tienta nada.

Fernando
A ti sí me tienta contestarte. La memoria es el aprendizaje que arrastramos. Nuestras experiencias archivadas en los compartimentos de nuestra mente. No seríamos nada sin ella.