lunes, 7 de abril de 2008

Lecturas y caballos

Acabo de recibir unas fotos de la amabilísima mano de José Naveiras, con el que compartí el lunes espacio y versos y con el que ahora quiero compartir caballos. Y digo amabilísima porque no lo esperaba.
En fin, las fotos pertenecen a la presentación de la Antología de Poesía Hispanoamericana, que tuvo lugar el pasado lunes en el café Bandido Doblemente armado. Le conocí particularmente ese mismo día y me alegra y me gusta lo que él dice de sí.

Él mismo dice de sí
Me gustan las cerezas y subir a las nubes y desde allí poder observar sus sueños. Me gustan las flores cuando me marcan el camino a seguir y también su pelo cuando huele a besos. Me gustan las noches en las que su recuerdo no deja que me duerma. Me gusta si me sueña o si me nombra. Me gustan los abrazos con sabor a ducha, las caricias con olor a champú, los besos que suenan a agua. Me gustan las canciones que nos dicen lo importante que es el amor. Me gusta la droga de su piel, sentir que aunque no esté, la tengo a mi lado. Me gusta entrar cuando aún no se ha despertado y salir sin que tenga que pedírmelo. Me gusta plantar flores en sus pensamientos. Me gusta verla escuchar mi voz, aunque a veces yo no sepa lo que digo.
Ah, también me gusta el chocolate.
Pero nunca me han de gustar sus atardeceres, ni sus tormentas. No me gustan ni gustarán, los celos, ni los miedos. No me gusta haber desaparecido sin haber estado. Desprecio los ratos tontos en los que sin querer, hago daño. Detesto las caricias frías, los abrazos lánguidos y los besos trasnochados. Odio hacerla daño si salgo, odio si le duele porque no entro. No me gusta, no, pensar que ya no está o que no estará. No quiero olvidar abrazos. No me gustan las patatas.
Y yo le agradezco que me haya recordado aquel día. Le dedico este poema de María Antonia Ortega. Para mí es especial.

El caballo
La luz es
una ciega desnuda.

Por qué razón habrá el caballo
de parecernos siempre desnudo,
y no el ganado vacuno.
Pues hay una desnudez
que también nos cubre
como un vestido
con las manos de dios
sobre nuestra piel,
nuestra boca,
nuestro sexo.
Es la luz
donde la luz es lo único
al manifestarse en cada ser
fiel a sí mismo
en la forma pura de las cosas.
Y es el caballo
uno de los seres
más idénticos a sí mismos.
La mirada es una danza con los pies atados.

4 comentarios:

pepeltenso dijo...

jo, muchas gracias por el detalle,
bsos

Domadora de Elefantes dijo...

No conozco a José Naveiras, pero si le gustan las cerezas y las nubes creo que me caería bien. Las fotos que compartió contigo y tú conmigo son bonitas, especialmente porque recuerdan una buena tarde.
Qué hermoso es leer poesía en el verde prado de tu rascacielos.

Violeta dijo...

hola!

estuve el lunes pasado en la presentación ...

yo también te visitaré ;)

encantada de conocerte!

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

Jose
Gracias a ti por el recuerdo. Me hizo mucha ilusión y no exagero.

Gracia
Sí, él asevera que le encantan las cerezas y las nubes. Puedes preguntárselo a él, su nombre está justo encima de tu nombre (geográficamente hablando, eh..). Fue un día especial, ¿cómo no las iba a compartir? Qué bien que veas verdes prados con esos animalillos que son las palabras hormigueando por este rascacielos.

Violeta
Pero leíste? yo ahora no caigo quién eres. En cualquier caso, encantada