jueves, 24 de abril de 2008

El inventor de palabras

Y de nuevo vuelvo a descumplir mi promesa. Mañana me extiendo sobre Pipilotti, eso sí, si hoy no ocurre nada que me arranque otras palabras. En fin, ayer así sucedió. Sucedió que S. y yo brindamos con las palabras de Juan Gelman, bebimos de su copa, bailamos con sus letras en un círculo de bellas artes, nos dejamos rozar los huesos de las caderas con sus neologismos recién inventados. Vimos moverse esas manos que tan buena conjunción de letras compone. Me emocionó especialmente eso, ver sus manos, ahí, sujetando en gesto rutinario su rostro, sus sienes, sujetando sus ideas para que no escapen, a unas filas de las mías. Y luego su voz... Este hombre, como ser humano, es un ser excepcional, y poeta, bueno poeta ha sido desde siempre. Su compostura, afable y abrazable. Me atrajo su avanzada edad, la curvatura de su espalda que empieza a tirarle al suelo lenta pero inexorablemente. Me atrajo su traje de pana de intelectual de izquierdas, el color de esa vestimenta como la tierra mojada. Me atrajo su manera de sentarse, cómodo ante una mesa llena de palabras. Me atrajo cómo cogía la mano de su mujer a la salida. Su compenetración con la palabra. Me atrajo su bigote, límite donde morirían sus lágrimas y desde donde se descuelgan como intrépidos clavadistas sus palabras recién inventadas. Los gestos de sus manos, siempre tan cerca de su cabeza, de su cerebro, sujetándolo.
En la tertulia habló de versos, de prosas póéteicas, de poesía social, de política, del exilio, de los miles de desaparecidos, de los otros tantos muertos, que coinciden en número con aquellos desaparecidos, de amigos del alma asesinadas por otras humanas manos, del amor, de la muerte, de su niñez, de su madre, de su hermano, que le leía desde pequeño versos de Puskhin, mencionó a la tan admirada por mí, Marina Tsvietáieva, a Borges, a Celan, a Vallejo. En un momento le preguntaron que si escribía siempre y él grandiosamente colocó sobre la mesa a la inspiración, aquella mujer que respondía al nombre de Musa y la definió tan bellamente que yo no dejaba de decirle a S. Recuérdame estas palabras, sé que las voy a olvidar y no quisiera. Y todo por no sacar un cuaderno y un arma para plasmarlo en el papel. En fin que en cuanto llegamos a casa S. recordaba exactamente las palabras con las que definió a aquella mujer. Fueron más o menos así: "Cuando esa señora llega, llega sucia de besos y arena. Viene de acostarse con el mundo pero cuando llega, uno la recibe con toda la felicidad de que es capaz". A mí esa definición me maravilló, sucia de besos y arena, así llega, en bruto, para luego licuarla después, para exprimirla con el fin de que rezume sólo lo imprescindible que debe haber en un verso. Fue maravilloso. Es un ser entrañablemente sencillo. Lavar la arena de su raza para que quede eso, la esencia en un verso. Llano como el horizonte. Acabó su intervención leyendo un maravilloso poema de su último libro "Mundar", título sugerente como sus manos, y que por supuesto no recuerdo, fijáos si no recordaba las palabras de la musa, como para recordar un poema grandioso en su boca. Lo dedicó a su mujer, Mara, un nombre poético, femenino de mar.
Mundar es uno de sus neologismos verbales que en esta ocasión define viajar por el mundo. Fijáos que verbo más hermosamente ajustado. Gelman hace una demostración de atrevimiento lingüístico y de manejo del lenguaje. Retuerce magistralmente la sintaxis a su antojo, verbaliza adjetivos y sustantivos, se sustantivan verbos. Es posibilidades a todas luces. Y yo pienso, si que son ilimitadas las combinaciones de palabras.

Palabras como éstas han salido en algún momento de su boca.
"A este oficio me obligan los dolores ajenos, las lágrimas, los pañuelos saludadores, las promesas en medio del otoño o del fuego, los besos del encuentro, los besos del adiós, todo me obliga a trabajar con la sangre, con las palabras"

"Empecé a escribir poemas a los nueve años. Claro que fue por una chica. Al principio le mandaba versos de un argentino del siglo XIX, Almafuerte, pero no me hizo caso. Así que decidí probar yo mismo. Tampoco me hizo caso. Ella siguió por su camino y yo me quedé con la poesía"

Gelman nació en 1930 en Buenos Aires. Su familia, judía, procedía de Ucrania, pero hablaba en ruso, la lengua que impuso el zar. Su padre había participado en la revolución fallida de 1905 y había tenido que exiliarse en 1912 en Argentina. Su madre sí vivió la revolución rusa. El padre pudo regresar en 1922, pero todos salieron hacia Buenos Aires seis años después cuando los crímenes de Stalin empezaron a ser insoportables. "Les encantaba la música y la lectura, en ese clima me formé".

Lo que pasa

Yo te entregué mi sangre, mis sonidos,
mis manos, mi cabeza,
y lo que es más, mi soledad, la gran señora,
como un día de mayo dulcísimo de otoño,
y lo que es más aún, todo mi olvido
para que lo deshagas y dures en la noche, en la
tormenta, en la desgracia,
y más aún, te di mi muerte,
veré subir tu rostro entre el oleaje de las
sombras,
y aún no puedo abarcarte, sigues creciendo como
un fuego, y me destruyes, me construyes, eres oscura como
la luz.

Límites

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?
Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.

La manzana

Manzana sola en la fuente,
¿qué hace sin Paraíso? Nadie ve
su cicatriz amarga.
¿Me pregunta
a dónde fue el secreto
de irse por tanta puerta
cerrada, alto el crepúsculo
firme, la cara que
sueña, sueña, sueña,
sin importar lo que perdió?
En un rincón, el viento
mueve la sombra de las hojas

11 comentarios:

Bel dijo...

¡Qué bien, Nuria, el día que pasaste! Y gracias por traernos la crónica a los que sólo pudimos verlo unos segundos por la tele.

Fernando Sarría dijo...

te lo pasaste de maravilla...besos

Soledad Sánchez M. dijo...

Hola, Nuria:

Llego a tu blog desde el de Fernando Sarría.
Ayer solamente pude escuchar por la radio fragmentos de su discurso.
¡Qué suerte para ti verle en persona!
Me alegro de haberte "descubierto". Pasaré, si no te importa, a leerte con frecuencia.

Un beso.

Soledad

Lula May dijo...

Qué acto tan bonito. Menos mal que te tenemos de reportera dicharachera porque yo ni siquiera he visto nada en la tele.

"Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran."

Magistral Gelman.
Gracias, Nuria,
un abrazo.

Domadora de Elefantes dijo...

Qué lástima haberme perdido tanta belleza junta. Menos mal que estás tú, cronista de la hermosura, para traernos a Gelman acompañado por el mejor Arvo Pärt. Una vez más gracias por la música y la palabra.

makkkafu dijo...

Estupenda crónica la que nos dejas con tus palabras.

Juan Gelman es impresionante como hombre, como persona, como poeta, como memoria viviente de la atrocidad, como hacedor de palabras, como encarnación del amor entre un hombre y una mujer, como el más humilde de entre los poetas.

(Una pena que no hayas grabado sus palabras para así compartirlas con todos)

Un saludo.

C.A. Makkkafu.

C.A. Makkkafu.

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

Isabel y Fernando (que parecéis los reyes de Castilla)
Unifico el comentario porque os quiero decir lo mismo. Sí, lo pasamos de miedo, pero era ese otro miedo que se tiene cuando una encuentra en unas palabras la belleza pura, ese otro miedo que da vértigo y que es tan nuevo. Sí, lo pasamos de miedo. Su presencia nos dejo temblando de vértigo.

Soledad
Qué enlazado está el mundo, ¿no te parece, Soledad? Tú vienes desde Fernando, cuyo nombre decido hoy juntar cabalísticamente junto al de Isabel, antiguos reyes. Verle en persona, sentí lo mismo cuando conocí al querido Ángel González y que también ocurrió con Jose Luis Sampedro, los años pesan pero dan tanta paz y experiencia...
Pasa cuando quieras, es más, lo espero, será un placer.

Lula may
Maravillosos versos que adquirieron más fuera aún, si cabe, descolgados de su boca.

Gracia
Sé que no soy objetiva cuando me gusta algo, así que cronista, propiamente dicho, no sé yo si he sido con estas palabras. Gracias por nombrar a Pärt, por descubrirle echa oídos entre las hojas de este jardín, por verle, escucharle y sentirle junto a la voz de Gelman.

Makkkafu
Es maravilloso. Fíjate que con la emoción no llevamos ni una triste cámara fotográfica para inmortalizar, no a Gelman, que ya lo está, sino su imagen dentro de mi cabeza. Así que ya ves, como recordar llevar una grabadora... Somos un desastre jeje

alfaro dijo...

Gracias por la crónica del evento. de verdad que es como si estuviera viéndolo, perfecto...

Rafa dijo...

Qúe suerte poder estar en el homenaje al poeta Gelman. Te lo digo yo que estuve en Argentina en aquellos años, cuando la razón de la fuerza militar arrancaba los hijos a los padres, no importaba que fueran jóvenes o viejos, que fueran sabios o necios, ¡No sabian leer!¡No sabian amar!,¡nunca leyeron poesía!, ni pusieron un clavel en el cañon de sus fusiles.
Por eso Juan Gelman para hablar le sobra el lenguaje, lo hace desde el espíritu de la palabra, supera la sintaxis y el vocablo, que no tiene más remedio que usar, no por su necesidad, sino porque los que tenemos que oirle no tenemos el espíritu tan al filo de lo imposible, como es amar en esa misa trágica de sus hijos, sin saber ¡POR QUÉ!. Yo tuve la suerte de poder salir, Agustín,mi amigo, NO. El estará leyendo los versos junto con los hijos de Juan.
Yo hubiera llorado también junto contigo. Un abrazo.
Rafa

Nuria R. de Viñaspre dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Batania dijo...

Qué maravilla de crónica, Nuria. La he leído como llevado por el huracán, por la intensidad que demuestras.

Lo que me pasma de este hombre, después de una vida tan ajetreada y a ratos tan trágica, es que haya dicho que la literatura, si debe tener alguna función, es la de hacer más agradable la vida de las personas. ¡Bravo!

Hasta pronto.