miércoles, 19 de marzo de 2008

Desarrollo de un ave migratoria I

He vuelto. Vuelvo a irme la noche del jueves y entretanto voy aterrizando en este Madrid azulado. He vuelto. Volví con alas el lunes de Valladolid. Mis dos hermanas C. y M. viven allí, mi madre también, así que nos juntamos, solemos hacerlo a menudo. Yo les llevo libros de poesía, a veces míos, a veces de otros, les llevo libros de viajes, de secretos. Sólo cargo mi bolsa con el billete de un ave, libros, ropa interior y un pijama, y luego allí le falta de todo a mi cuerpo, por lo que una mañana destino a comprar algo. Les cuento mi vida por Madrid, que siempre es nueva y adelgaza, mi vida con S., que tanto sosiega y aquieta en esta urbe. Les digo en qué ando ahora escribiendo… M. me cuenta su calendario de bolos, nos vemos poco. C. me habla de sus últimas incursiones en el diseño y el video. C. graba las actuaciones de M. Les cuento qué tal va el trabajo, mis desengaños con el mundo y mis descubrimientos en ese mismo círculo. Y si coincidimos las tres juntas, es inevitable el escándalo de ver a tres mujeres grandes, altas y torpes no parar de reír como tres niñas pequeñas, aunque a veces también lloramos. Nos atontamos, el riego del cerebro se va perdiendo en la atmósfera y nos atolondramos a la vez. Hablamos de comprarle una bicicleta estática a mi madre. Le ilusiona. Mientras, ella me dice que me quiere muchísimo pero que sigo siendo la misma ingenua de siempre, que desconfíe de la palabra amable, yo se lo discuto, me recuerda mis 38 y que la ingenuidad no va con ese tiempo. Se lo vuelvo a discutir con una mirada mientras preparamos alcachofas, que sabe que me encantan. Salgo a pasear con ella. Calle arriba calle abajo se encuentra con mil personas en las que detiene la marcha mientras yo me ensimismo en la nuevas construicciones y en la apariencia de esa ciudad. Les hablo del viaje relámpago de S. a París a tomar nota de las últimas tendencias en la pastelería francesa. La echo de menos, la llamo. Me abrazan esos brazos antiguos de siempre, mi madre. La beso. Me ven más delgada, siempre me ven más delgada, abrazo al perro de M. si le veo (su hermana-perra murió el año pasado y las lágrimas de M. eran imparables) y a la perra de C., si la veo. Me ponen al día de mis cuñados si tamoco consigo verlos. Echo de menos a mi gato, entonces S. me llama y acerca el teléfono al gato para recordarme su maullido. Me encuentro con una vecina-profesora que hace siglos nos llevaba a las tres al colegio, al que llegábamos tan sólo cruzando una calle. Me dice que hace mucho que no me ve y que estoy guapísima, a pesar de ir con la misma ropa que un día anterior y hasta descuidada. Pienso en lo que dice mi madre de que no crea todo lo que dicen. Me pregunta si sigo escribiendo, no sé qué contestar. Y me digo por qué no me la encontraría el día anterior, recién llegada, con un rostro más reciente. Me quedo sola en casa y me reencuentro entre páginas y páginas antiguas escritas a veces por mi mano y otras con máquina de escribir, que hoy desecharía pero que son mi pasado. Pienso si realmente hace tanto de ellas que aún no existían los ordenadores personales. Desenfundo la caja de fotografías en papel que realmente empiezan a corroborar mis 38, y me fundo en ellas. Fotografías donde me espeluznan mis cabellos aunque piense en lo cíclica que es la moda, fotografías con gente antigua que hace mucho que no veo pero que me equilibran con el mundo. Entonces pienso que digna y tercamente me acerco a este agosto de los 39 y que aunque nunca aparentáré mi edad, es, lo cual me alegra porque sencillamente, soy y voy siendo. Desenfundo también mi música, grabada desde pequeña de radio clásica y con carátulas documentadas echas a mano, y que áún hoy sigo escuchando. Vamos, que revuelvo la casa entera para matar mi curiosidad antigua, y descubrir mis inicios, mis indicios, aquellos que me han conformado como lo que hoy soy. Compro camisetas para cubrir en esos tres días mi cuerpo y vuelvo siempre descargada de libros y más cargada de ropa, aunque con el mismo vaquero. Y después de todo esto me quedo conmigo a solas, y paseo por esa ciudad de siempre. Y voy y vengo por una misma avenida deseando no encontrarme a nadie para no deneter mi paso ni mi mp3 que acompaña el Casta Diva de la Callas mezclada con un getsemaní que abraso. Cuando me da, me da. Y un poco más tarde, en la vuelta de ese viaje relámpago, recurro al último libro de poesía que llevo anclado en mi bolso. Entonces embolso mis manos, me voy hacia dentro, me hablo por dentro, me abro, me repliego, las páginas se curvan en esta húmeda ciudad, retiro mis palabras para dar cabida a estas nuevas y me voy.
EUREKA, subrayé. Necesitamos tanto y a la vez tan poco para ser un poco más felices...

8 comentarios:

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...
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Domadora de Elefantes dijo...

Cada cierto tiempo es necesario mirar hacia atrás, confirmar lo que somos hundiendo nuestras manos en lo que hemos sido, rastrearnos de nuevo. Un viaje a uno mismo puede nacer de una escapada real y planeada o producirse de forma azarosa si un día, buscando algo que ponerte para salir, encuentras en el fondo de un cajón una entrada de cine de hace diez años (las de ahora se borran, como si no quisieran formar parte de la memoria física del mundo), o esas fotografías en las que, sin saberlo, sonríes a tu yo del futuro porque no conoces aún los malos momentos que os separan. Es bueno devolver esa sonrisa, porque el yo del presente sí los sabe, pero sabe también de los prodigios y las buenas noticias.

Se trata en el fondo, también, de desandar los pasos, de recorrer mentalmente el camino en

Ya lo dijo Jorge Manrique y luego Karina le dio ritmo: "cualquiera tiempo pasado fue mejor".

Por eso, de vez en cuando, hago un ejercicio que aprendí leyendo una entrevista a José Hierro. Él decía que para disfrutar realmente de un momento concreto en el presente se imaginaba contemplando ese instante pasados diez años. Es como dar una carrera en el tiempo para mirar el presente desde lejos, hacia atrás, y disfrutarlo con más intensidad, como se disfruta del pasado. Porque tendemos a apreciar las cosas sólo cuando las echamos de menos.
El ejercicio no es fácil, pero te aseguro que funciona.

rafa dijo...

Hola Nuria, creo que sí, que es bueno viajar con poco cuando uno se dirige al interior de su vida. Allí sobra casi todo, porque todo está allí, todo es suficiente,el principio y el fin, y más en Valladolid. Yo solía ir a meditar a Nuestra Sra. de la Antígua, por la mañana antes de ir a trabajar en la Editorial Miñon, no se si existe todavía, pero en aquella soledad oscura el día se acortaba y se ilumniaba al salir, eran las seis de la mañana de hace cuarenta años o mas, tu estabas aún en tus inicios boreales, en la relación fundamental de tus padres, ¿y ahora la quieres comprar una bici estática?. No hagas eso, fundela en un abrazo y pasea por esas calles llenas de la vida de sus amigos. Cuanta felicidad trasmites con tu interior vivido. Practicalo lo más que puedas.
un saludo.

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

Es un verdadero placer leeros, y cuanto más se alarguen las palabras mejor que mejor. Gracias a ambos y que nunca éstas se adelgacen.

Gracia
Hundiendo nuestras manos en lo que hemos sido… Siempre tienes una gráfica manera de expresar las cosas, a mí me encanta. Hasta ha podido sentirlo. Está claro que hay que viajar al yo más íntimo para sacarlo siempre nuevo al mundo. Es curioso lo que dices de esa entrada de cine antigua. El otro día algo así me paso, rebuscado mi yo entre carpetas llenas de hojas infames, recuperé de golpe la memoria de mis pasos: encontré (yo todo lo que sea papel lo guardo, luego ya si eso, pienso dónde colocarlo en los estantes de mi mente) unas entradas para un ciclo de Schubert, se llamaba Schubertiada, yo adorabaaaa sus lieder y con sólo ver esa palabra escueta, "lied" en la entrada, me viajé sin más hacia dentro y lo uno fue llevando a lo otro. Esto es como los olores, que te transportan al momento exacto del pasado en el que los descubriste. Tienes razón con tu ejercicio. Si sentimos tanta felicidad-nostalgia al recordarnos en el pasado podríamos intentar vernos en el futuro desde este pasado que es el día de hoy. Madre mía, que galimatías, bueno yo me entiendo. Practicaré ejercicio, sin duda.

Rafa
Ya lo defendía el maestro espiritual hindú Krishnamurti, viajar ligero de equipaje, dispuestos a soltar, donde nada se quede pegado a la mente y llevarla así, limpia, tan reciente. Es cierto que él lo llevaba hasta el extremo de concebir como equipaje incluso a los seres queridos, pero su trasfondo es tan equiparable a lo que hablamos… tan trascendental…
Vaya, Rafa, Valladollid, qué curiosidad. Yo viví toda mi infancia allí y algunas veces hasta mi desinfancia. La Antigua es ciertamente preciosa y está siempre tan quieta… pero la vida es una juguetona y cuando tienes algo a mano, casi pasa desaparcibido a tus ojos.
La editorial Miñón creo, no me hagas mucho caso, que no existe, vamos por lo menos con ese nombre, es más creo que la absorbió la editorial La Calesa, en Boecillo, pero te repito, no me hagas caso.
Y bueno, en cuanto a la bici, realmente mira que suena mal eso de "estática", nada más alejado a cómo es ella, pero te prometo es que es ella la que se emperrado, es muy activa y suele dar larguísimos paseos, no creo que pierda esas ganas con ella. Fíjate si le digo, oye mami, que un amigo-sabio (porque lo creo) me ha dicho que no te coja la bici estática, que te funda en un abrazo y que paseemos, jejejeje, me dirá que es maravilloso tener amigos-sabios y también lo del abrazo y que lo haremos una y otra vez cuando nos veamos, pero que quiere fortalecer sus huesos, que por cierto, los tiene estupendos. Siempre abrazo sus huesos con brazos nuevos, porque sencillamente sin ella, no sería.

vaya, demasiado largo, me temo que las mías también se han alargado, pero no quiero desdecirme de nada...

SATSUMA dijo...

Cuantos más blogs leo (y el tuyo nunca me lo pierdo) más me sorprendo de las coincidencias temporales-sentimentales y de pensamientos que se dan al mismo tiempo (será ese inconsciente colectivo del que hablaba C. Jung), el caso es que justo ayer llegué al pueblo y pensé por la noche en escribir un post acerca de cómo vuelvo hacia atrás cada vez que vengo, cómo revuelvo una y otra vez la habitación en busca de recuerdos (libretas, dibujos, libros, fotos...)y me ilusiono cada vez que re-encuentro algún tesoro...y entonces me puse a leer (leerte) y no pude evitar sonreir.Muchas gracias Nuria por tu texto y por adivinarme el pensamiento. Un beso.

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

la vida es tan cíclica, satsuma

alfaro dijo...

Vaya encuentro!
No te conozco, acabo de leer esta entrada y cosa rara porque las entradas largas..., no suelo acabarlas y esta tuya me la he leído hasta el final.
Pero no sólo eso, me faltaban los comentarios, complementando la entrada.
Ha sido el hallazgo feliz del día.
Enhorabuena.

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

gracias por tu paciencia para leernos, alfaro