martes, 25 de marzo de 2008

El tirachinas

De mis dos hermanas no descienden hijos, ni de mí tampoco, por tanto, ni tía ni madre soy en este instante. Eso sí, tengo cuatro sobrinos postizos porque quiero que lo sean, y con los que siento el mismo amor que a los ausentes aún no he dado. Se han superpuesto en mi vida y cuando los veo me levantan la sangre. Dentro de este conjunto de niños vuelvo a elegir -porque puedo y no me lleva la sange- a dos de ellos. Porque no soy madre ni tía que no habría de hacer diferencias extrañas, así que determino mi predilección por estos de los que hoy hablo, sin dejar, eso sí, de querer de otra manera al resto. Y me predispongo hacia ellos por su entorno rural, sus juegos, sus compañías y sus padres, todo aquello que conforma su personalidad fuerte. En ellos la vida es salvaje excepto en su modo de ser, son niños de sangre, de carne, de piel. Son emotivos y necesitan tocarla a una a la manera en la que hunden sus manos en la tierra para jugar con ella. Ésta los necesita. Sus juegos me divierten como a la que más y no me cansa mirarles. S. con tan sólo 4 años, si se cuelga de nuestro cuello ya no nos suelta hasta que termina nuestro viaje, yo tengo el cuerpo dolorido de recoger su cuerpecito cada vez más pesado pero tan lleno de vida. Tan sólo estuvimos tres días entre sus brazos, uno de ellos destinados a ver el mar y, eso sí, en cruzada para conseguirle a O. de 7, un tirachinas de 1 euro con el que se sentiría completo el resto del día y que encontramos en un mercadillo. Su hermana S. siempre se siente completa si te abraza la piel que hay en una. Le encanta besar el cuello, las orejas, la cara… se cuelga de los dedos y acaricia las uñas como buscando algún tesoro escondido... sus juegos son nuestros juegos de siempre, porque los verdaderos no necesitan evolucionar. Son juegos donde la carne del otro es parte fundamental, juegan con todo el cuerpo, a veces (las más) con las manos y otras con la cabeza, cuando cojen un dominó o unas damas. S. te cocina en una minúscula cocina e imagina vidas perfectas con dos de sus muñecas. Las desnuda para ir al mar y las desnuda también para ir a la montaña. Yo creo que a ella le encanta desnudarlas porque le recuerda el color de piel que tiene el mundo que le rodea. Algunas veces O., ha ido a pescar a una acequia peces invisibles que llegan de otros países arrastrados por la fuerza del agua pero en los que él cree a pies juntillas... Otras veces se pierde entre flores y llega con un frasco lleno de pétálos de rosas de muchos colores, otras flores aromáticas y algo de romero o hierbabuena y todo lo que encuentra por el jardín que lleve color y olor. Lo introduce en un tarro que llena de agua y nos los acerca como perfume de dioses.
Y siempre hay días especiales para jugar con sus pequeños animales, unos adorables que a veces juegan en una hierba recién cortada y que hacen del paisaje una imagen perfecta. A veces son gatos, otros perros. Hoy día son un enorme y envejecido pastor alemán, una cachorro sin raza adoptado el verano pasado de madre huida, y ahora huido, o un reciente boxer de raza de campeón que adoptó su abuelo hace tan sólo días y que hoy va educando… animales que los niños abrazan para aprender en sus pieles los valores de la vida... sus juguetes indispensables con latido.

Probablemente por todo esto que la naturaleza les da y ellos viven con naturalidad, crecerán buenos, sanos y ante todo fuertes, ya que le han visto la cara a la muerte al perder a alguno de sus animales, han asistido ya con ojos fuertes aunque llenos de dudas a varios entierros-homenajes en un rincón del jardín...
De los otros dos sobrinos ya hablaré otro día.

4 comentarios:

Domadora de Elefantes dijo...

¡Qué maravilla los sobrinos! Es una delicia verlos crecer y aprender y que te quieran y que te consideren un ejemplo. Además tiene la gran ventaja de que, por mucho que intentes ayudar en su educación, los momentos peores se los quedan los padres.
Ya nos hablarás del resto de tu tropa.

Domadora de Elefantes dijo...

Por cierto, me encanta leer tu blog acompañada de la música. Precioso.

ana dijo...

Gracias por el saludo, Nuria.Igualmente.Respecto a los lazos...¿los fuertes son los emocionales, no?

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

gracia, cambié la música, supongo que tú te referías al lamento de dido, en fin, sé que no tardaré en recuperarla.

ana, efectivamente, a la familia no la decidimos y a pesar de ello la amamos así que fíjate también lo que debemos amar a aquellos que elegimos. Gracias por tu visita