miércoles, 12 de marzo de 2008

Coincidencias

Hoy he vuelto a comer en el parque. Y allí, bajo un extenso campo de almendros en flor y con una hierba de alfombra, el olor de la tierra me llegaba como el tararear de aquellos pasos olvidados de la infancia que se entrecruzan con esta madurez dentada en unas calles distintas, con unas sombras y unos árboles también distintos y unas fachadas distintas… Gracias a este cielo, el viento se lleva las ideas raras, las preguntas, nuestras búsquedas, y va barriendo posos en la escuadra de nuestra mente, dejando en la superficie lo realmente importante. A veces hay que hundir las manos en esos pequeños oasis de tiempo para recordarnos a nosotros mismos. Ya lo decía Samuel Beckett, que había que pensar en ciertas cosas, cosas que nos habitan por dentro, que había que pensar en ellas porque si no lo hacíamos, correríamos el riesgo de encontrarlas, una a una, en la memoria. Decía también que había que pensar durante un momento, un buen rato, todos los días, incluso varias veces al día, hasta que el fango las recubriera, con una costra infranqueable… Por eso, en ese intervalo de comida, salgo al exterior para equilibrarme con el mundo. Y así, hoy pongo la suerte de mis palabras en los almendros de este jardín de clausura, para que el mundo pueda vagar, exótico, por sus acentos.
COINCIDENDIA: * la foto es de internet, acabo de encontrarla en la página http://antoine.blogia.com/2006/agosto.php
La pongo porque la imagen primera que sale es mi ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡puckyyyyyy!!!!!!!!!!!, es clavado, vaya susto me he llevado, siento enormemente su pérdida pero en cuanto llegue a casa voy a abrazarlo como una niña abraza desmedida a su mascota del alma.

2 comentarios:

Domadora de Elefantes dijo...

Me encanta el olor a miel de las flores de almendro. Febrero es prodigioso porque los árboles más audaces despliegan sin pudor su tesoro de flores. Un día mi sobrina Celia (maravillosa, ¡mi pequeña poetisa!), cuando no había cumplido cuatro años me dijo ¿porqué a los árboles les crecen a veces mariposas? Yo cogí esa idea increíble y la convertí en un verso para un libro de poesías infantiles que ella me pidió y que su madre le lee cada noche. Ojalá algún día se publique.

He visitado la página en la que encontraste la foto y he visto al gato que te recuerda a Pucky. ¡Qué preciosidad! Miauuu. Yo soy muy gata y les adoro. En eso también nos parecemos.
Un beso.

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

celia, precioso nombre, mi madre y mi hermana así se llaman.
Menudo susto con el gato, en serio, me dije, pero qué hace mi puck por la red??? en fin, ya más tranquila al verlo en casa... se lo enseñé a S. y alucinaba, decía, madre mía si es que es él, mientras miraba al nuestro...