martes, 17 de junio de 2008

La lógica de los puntos de apoyo

Esta mañana llegaba al trabajo y al bajar del autobús una mujer se abalanzaba sobre mí pero con la única dirección de un suelo húmedo de rocío. Que mis manos no hayan tenido la rapidez para amortiguar su golpe aún ahora me enfada. Me he lanzado a levantar sus añicos de esa tierra dura con esa prisa que no tuve antes pero multplicada por mil. Después de corroborar que no le faltaba ningún hueso y que no descendía líquido rojo de ningún lado de su cuerpo me he encaminado hacia el trabajo bastante aturdida.
Los minutos siguientes una sola idea rondaba mi cabeza. ¿Por qué los humanos están exentos de esa cualidad que tienen el resto de la mayoría de los animales? Me refiero a que somos los únicos o casi los únicos con el apoyo de dos patas sobre esta gravedad terráquea. El resto caminan seguros con cuatro patas equilibrando su peso. A nosotros en cambio, un leve viento nos tira al suelo. Es más, nacemos con esa predisposición, apoyamos nuestro cuerpo aún de arcilla sobre cuatro puntos de apoyo. Escondemos los genitales al mundo para no ponerlos en peligro. Y sin embargo, evolucionamos -o involucionamos- a medida que maduramos, y si lo piensan, todo para teminar en una vetusta postura que nos recuerda aquella antigua naturaleza inical.
Si una pata está en peligro, o se avalanza en el fango, aún quedarían tres para ayudarla. Si esta mujer hubiera tenido cuatro patas, probablemente no hubiera necesitado mis dos manos, que debieran haber sido patas. Pero está claro que todo existe por algo, porque si yo no hubiera tenido dos manos para auxiliarla, sino dos patas, además de no haber podido ayudarla, jamás se me hubiera pasado por la cabeza este pensamiento.
Y pienso en la lógica, que valida una proposición pero siempre de la veracidad de la conclusión a la que se llega. Es decir, que si una de las premisas es falsa, la conclusión de esa proposición válida también será falsa.
“Los mamíferos son animales de cuatro patas. Los hombres son mamíferos. Por lo tanto, los hombres son animales de cuatro patas”. Premisa válida que conduce a una conclusión falsa. Esto me lleva a pensar que todo depende de la argumentación no del contenido.
Otra consecuencia de pensar en esa comparación inicial me llevó de golpe a lo ya comentado. Por qué los humanos llevamos los genitales descubiertos -desencadentante evidentemente de ir a dos patas- a diferencia del resto de los mamíferos que los llevan resguardados, guarecidos y escondidos entre sus cuatro columnas. Qué perfección...
Me viene a la cabeza Rebelión en la Granja, donde un grupo de animales expulsan a todos los humanos y crean su propio gobierno con sus propios mandamientos, acabando por supuesto en una brutal tiranía.
El viejo cerdo Mayor, antes de morir explicó a todos los animales su visión e hizo unas modificaciones de los Siete Mandamientos:
Todo lo que camine en dos piernas es un enemigo.
Todo lo que camine sobre cuatro patas o tenga alas es amigo.
Los animales no deben usar ropa.
Ningún animal debe dormir en una cama con sábanas.
Ningún animal beberá alcohol en exceso.
Ningún animal matará a otro animal sin causa.
Todos los animales son iguales (pero algunos animales son más iguales que otros).

5 comentarios:

Domadora de Elefantes dijo...

Da para mucho esta reflexión filosófica pura y estoy segura de que Rafa sabrá sacarle todo el partido. Yo sólo puedo corroborar eso de que si tuvieras cuatro patas no se te habría ocurrido este pensamiento pues, si es verdad aquello que nos cuentan cuando aprendemos las nociones más básicas de antropología y evolución del pensamiento humano, el hecho de caminar sobre dos patas está relacionado directamente con el desarrollo de otras capacidades como el manejo de herramientas y, por supuesto, el pensamiento y la escritura. Hay un precioso cuento indio que explica lo mismo pero al contrario: cuando a todos los animales se les dio medios para protegerse y defenderse, al hombre, desnudo y sencillo, se le concedió la inteligencia con la que suplir sus carencias frente a la naturaleza. Y fíjate que con toda nuestra fragilidad somos los que gobernamos el mundo y aún estamos apunto de destruirlo. Si encima de nuestra capacidad intelectual fuéramos tan firmes como osos, tan rápidos como gacelas, tan ágiles como gatos, tan livianos como golondrinas y tuviéramos la vista y el oído tan agudizados como otros animales seríamos el peor de los enemigos del planeta. ¡Ya lo somos con toda nuestra inestabilidad! Un beso fuerte de esta bípeda que ama los animales.
¡Ah! y me encanta la rana transparente, qué acierto ¿o es un lagarto? No tiene cola pero parece un ajolote. ¡Qué más da! acierto en todo caso.

Camille Stein dijo...

alguien nos encaramó en dos patas, con un dudoso sentido del humor... alguien nos dijo alguna vez, cerca del principio, que la vanidad se estira, como largo y frágil se levanta el cuerpo... después el vientre y los genitales quedaron preparados para las sucesivas heridas...

un beso

Rafa dijo...

La primera realidad que nos asalta es que la vida misma en cada movimiento, en cada acción, en cada instante nos da una ocasión para razonar,es tan inmensa nuestra presencia en el mundo, que todo nos sorprende. Lo importante no es tener dos, tres o cuatro puntos de apoyo y medios de locomoción. Lo realmente importante es que somos el punto más álgido de la evolución. Y la evolución va del menos al más, de lo puramente apegado a la Tierra a lo más transcendente, de lo horizontal a lo vertical.
No se trata de encontrar la solución en un silogísmo en BARBARA,ya que en el que construyes parte de una premisa mayor errónea, la conclusión es errónea, no "todos los mamiferos son animales de cuatro patas"(premisa mayor). Pero eso es lo de menos, creo que G. lo intuye muy bien, y la cuestión de los genitales es algo muy accidental, que cada vez irá evolucionando hacia su substitución y desaparición. Hoy ya el mismo ser humano "crea" vida "in vitro".
Lo sorprendente es la importancia que en el Hombre tiene su punto más importante, el cerebro y su desarrollo, hoy solamente usamos un 10% de su capacidad.
Nuria te recomendaría la lectura del libro "La Energia Humana" de P. Theilard de Chardin, es una obra asombrosa, que al menos eleva la categoría del hombre a algo más que un mono.
Si lo lees, hazlo despacio, mascando cada tramo. Ya lo comentaremos.
Me ha gustado tu inclusión en lo cotidiano.
Un beso.
Rafa.

Nuria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nuria dijo...

Gracia
Bien pensado, si mis manos fueran patas jamás habrían podido escribir y eso es aire para mis pulmones. La foto es de internet, era una página que decía que los japoneses criaban este tipo de rana transparente para la lucha contra el cáncer. A través de la piel del animal por la que se pueden sus órganos internos, la ranita en cuestión facilitaba así la investigación del cáncer y de otras enfermedades, sin que tuviera que ser diseccionada para ello. Qué hallazgo eh?? y todo por una fatal caída, en fin. Qué sarcasmo, yo pidiendo más patas en un arrebato y las cabezas pensantes del mundo ideando creaciones como ésta, la lucha contra el cáncer...

Camille
La vanidad se estira, sí, pero Rafa, como siempre, tiene razón, porque se estiran igualmente las ideas, la psique, en el punto más alejado precisamente de nuestros pies que pisan la tierra. Quizá sea eso precisamente lo que nos equilibra con el mundo, para no caer, psicológicamente. Las caídas físicas se curan más pronto. Estamos construidos de materia mágica.

Rafa
Como siempre, y tal y como dice Gracia, buceas a pleno pulmón en cuestiones filosóficas, y como siempre, también, me convences con un puñadito de palabras certeras, aunque siempre he pensado como tú, solo que ayer el enfado me obligó a quedarme en esa idea, en la superficie, en la debilidad más aparente de nuestros cuerpos, sin trascender a ese magnífico mundo de las ideas, ese otro mundo más álgido, más alejado de la Tierra. Gracia ya lo dice, si hubiera tenido cuatro patas, mis cabeza, totalmente vacua, jamás habría creado esta diatriba. Claro que creo que somos semiperfectos, somo una maquinaria perfecta por dentro y por fuera que además, crea ideas y toma decisiones, me pregunto si hace millones y millones de años esto era factible a los ojos del mundo. Anoto el título, ya me he informado de Theilard de Chardin, leo que fue un pensador jesuita francés, muy por delante de su tiempo. Y que en ese título que me recomiendas son posibilidades ilimitadas. Toda una reflexión sobre el ser humano. Sí, me haré con él, sin duda.