sábado, 14 de junio de 2008

La coraza

Ahora que esta larga semana ha llegado a su fin, ahora que un sol radiante nos vigila desde allá arriba, sólo ahora que esa lluvia es pasado, me atrevo a hablar de ella, a encararla pero desde ese pasado que no volverá. Antes lo hubiera temido por si ella, caprichosa, volviera a sorprenderme de nuevo. Esta ha sido una semana rara, rara como este tiempo ajeno a junio, donde ya el sol debiera de haber aparecido calentando nuestros cuerpos, como nos calentará estos días. La noticia de una desaparición un martes raro. La noticia de otra la mañana siguiente pero acontecida también aquella tarde roja de martes, y miles y miles más que no conocemos. La emoción de S. un miércoles ante la partida de Y. su compañera de trabajo y amiga de golpe nuestra... Su ausencia un jueves noche para hacer esto que aquí digo, despedirla. La noticia de el movimiento de nuestros cuerpos y nuestras pertenencias ante una inminente obra en casa, donde aún nada toma forma, y algo más que seguro me dejo en este tintero, convirtieron a la semana en algo extraño que hizo me detuviera en el camino. Aquella tarde de miércoles S. llegó a casa echa lágrimas. Y cuando S. llantea, yo llanteo asaltada por su pandemia. En cuanto cerró la puerta tras de sí y con el único cuadro de mi imagen de frente, y el resto del mundo tras esa puerta, se quedó quieta con los brazos caídos, bajó también los párpados y se lanzó a mis brazos, materializándose todo este lenguaje corporal en un manojo de lágrimas y nervios. Hace meses que conocemos la noticia de un viaje sin retorno de su compañera y amiga de trabajo, marchan a su tierra, la extensísima Argentina, junto a su marido G. ¿Cómo volveremos a encontrarla en un país tan inmenso? Era ya un hecho su marcha, pero el tiempo que lo acerca todo, acercó demasiado esta marcha. En Madrid eran y añun son amigos, de esos que no ves mucho pero sabes que, sencillamente siempre están, qué sarcasmo pensaréis, dos argentinos en el grande Madrid. Es cierto que en este tiempo se han ido sumando a la escuadra de nuestra mente rostros nuevos, amigos intensos de corazón que queremos rellenen esos huecos. Me pregunto si la vida te da en la justa medida en la que te quita. Quiero decir, que si esos amigos que considero ya del alma tan recientes aparecieron como un preámbulo a la marcha de aquellos más antiguos, para no dejarnos desamparadas en esta tierra que aún tan húmeda está en este mes. En fin, que el miércoles fue el último día de Y. en el trabajo, y en la despedida´-aún la veremos hoy incluso más días antes de partir- las emociones se antepusieron a la coraza que todos queremos llevar dentro para que no hiera el resto. S. lleva siempre bien colocada esta coraza pero ese día sencillamente se le cayó al suelo. Por otro lado, es maravilloso dejar que vean tus ojos humedecidos ante la caída de esa máscara de hierro. La convierten a una en un ser eminentemente de carne.
Hoy pasaremos un día de sol en el Retiro. Tengo ganas de ir al Retiro con S. Tengo ganas de tumbarme al sol y de tomar mate -si se tercia- junto a nuestros queridos Y. y G.

Este poema de Benedetti puede que no venga al caso, aunque en cierto sentido creo que si. Para la coraza de S.

Corazón coraza

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

7 comentarios:

Rafa dijo...

Querida Nuria y S. sé muy bien de que hablais, cuando unos amigos parten a otro lugar, parece que el corazón se rompe, y lo acorazamos. Yo pienso que -desde mi experiencia- no es bueno. Al amigo como mejor se le tiene es dejando crecer alas en nuestro corazón y en nuestra mente, para poder tenerlo cerca en la primera oportunidad. Eso me sucedió a mí, y nunca nos olvidamos. El año pasado pude ver en persona a mi amigo del alma, después de treinta y tantos años sin vernos, ¿y qué paso?. Pues te digo, los años no, las experiencias de cada uno sí, y tuvimos horas y días contandonos cosas como si fueran del día de ayer. Gracia no daba crédito, de vernos horas y horas charlando y riendo como si no hubieran pasado tantísimos años. Mujeres, hijos e hijas, nietos, todos eran conocidos desde siempre, no habian pasados los años, sí habiamos puesto alas a nuestro corazón.
Estoy con vosotras.
Un beso.
Rafa.

Camille Stein dijo...

las corazas no dejan de ser pálidos velos sin resistencia ante las ausencias que se nos aparecen definitivas

sin corazas, los corazones necesitan caricias y músicas, letras danzarinas como las de Benedetti

... granos de arena que rellenen los huecos y nos sostengan de pie ante los empujes canallas de la vida

un beso...

Lula May dijo...

Este asunto al que llamamos "vida" no deja de ser una sucesión de encuentros y desencuentros, de deliciosos cruces en la nocturna escalera donde apenas se llegan a rozar nuestros aromas (me viene esta imagen gracias al maravilloso tema de Umebayashi que has colgado, quizás una de mis películas favoritas, "In the mood for love").

Por mi trabajo estoy acostumbrada a recibir y despedir compañeros, personas con las que comparto situaciones muy especiales, y a pesar de ello siempre se rompe algo que nunca volverá a ser igual. Querríamos mantenernos cerca, disfrutarnos el máximo posible, pero la realidad manda con una precisión impecable.

Un abrazo muy fuerte para S. y para ti, y estoy convencida de que encontraréis una forma de disfrutar de la relación con vuestros amigos a pesar de la distancia. Aunque nada será igual.

Ricard dijo...

bonito poema...
un beso
r.

Bel dijo...

Hoy aquí, en mi ciudad, todavía día plomizo y gris. Sólo eso y un abrazo, Nuria. (He leído hace rato el post de Gracia, después he leído otro impresionante sobre el amor perdido, y ahora llevo toda la tarde recordando a los amigos y amores idos.)

alfaro dijo...

Las despedidas de las personas queridas siempre son dolorosas y más dolorosa es la ausencia, la vida está llena de ausencias,los amigos nuevos son como cristaleras de colores que dejan ver al trasluz a los que se han ido.
Siempre queda la esperanza de los reencuentros.

Nuria dijo...

El día posterior al anterior siempre equilibra a éste último.
Gracias