miércoles, 2 de julio de 2008

El mismo vestido

Hace una semana entraba finalmente el verano en nuestras venas azules de frío. Aquel viernes fue mi último día en el trabajo. Me esperan tres semanas de vacaciones, bueno ya casi dos, y también de incertidumbre que coinciden como siempre con los días de S. Y hablo de incertidumbres porque este año no hemos preparado ninguna escapada aunque ya hemos hecho una...
Antes de conocer lo de las obras, de las cuales aún no se sabe nada, estuvimos en una agencia en busca de una Praga romántica pero en fin, tendremos que esperar a otro año. Así que hoy, último día de nuevo en Madrid, de la que me ausento de nuevo otros cuatro días, descubro desnudo este Rascacielos y antes de que vuelva a permanecer así de quieto, me aventuro a decirle algo para no olvidarme. Tengo pánico a no saber qué decirle, a no volver a escribir ni aquí ni en ningún otro lado. Es un miedo que me llega cuando mis dedos descansan y se alejan de la vorágine de las letras. Pero a la vez es como mi mal sueño, un destino funesto que no quisiera que llegara nunca, por eso, algunas veces, las menos, me obligo a escribir cualquier cháchara para que no se duerman estos temerosos dedos. ¿Qué más da de qué se hable? Tengo que ejercitarlos como el niño ejercita su mente con sus cuadernos de ejercicios de verano. Para que cuando llegue el invierno no le sea tan duro volver a la rutina y mi rutina es escribir.

En fin, que he aprovechado estos días aquí para organizar poemas que tengo sin clasificar y que nadan desperdigados por el escritorio de mi pantalla. He retomado mi mundo de poesía, me he iniciado en vestir de lujo un par de cuentos que tengo aunque creo que nunca los sentiré concluidos. Hemos estado en Valencia disfrutando de familias y sobrinos. Hemos nadado y buceado junto a esos dos pececillos pequeños. Hemos tomado mate para recordar a nuestros amigos viajeros, ahora mismo lo estamos tomando... ahora mismo los recordamos.

Ayer estuvimos de nuevo en el Retiro, nos vestimos con bikinis, comimos allí, descansamos en la sombra, tomamos el sol, criticamos y descubrimos a maleantes que veíamos llegar, a los mirones también, mojamos nuestros pies en ese inmenso estanque lleno de peces inmensos, dimos de comer a los pájaros de nuestros preparados... Más tarde estuvimos en el Corte Inglés y me emperré con dos vestiditos muy bonitos, para equilibrar este mismo vestido del Rascacielos, y que por supuesto S. se adelantó a regalarme sin dilación para mi siguiente cumpleaños de agosto. Siempre me adelanta los regalos.

*la foto es de S. y el pie también (no es del mismo día pero sí es bajo el mismo cielo del Retiro)

9 comentarios:

Camille Stein dijo...

yo también comparto ese pánico, a no ser capaz de desentumecer los dedos o la mente, a no poder escribir de repente un día, después de un período de inactividad... será que somos en cierta medida supersticiosos :)

... disfruta de tus vacaciones

por cierto, yo también cumplo años en agosto :)

un beso

La terapia de Rafaela dijo...

Me alegro que estés disfrutando de este "merecido descanso" pero por favor no me des esos sustos, ya verás cómo el otoño cuando este calor se suavice volverán las hadas de la inspiración.

bss

Domadora de Elefantes dijo...

No creo que jamás le falten las letras a tus dedos, pero ese temor ancestral me asalta muy a menudo, no en lo relativo a las palabras que escribo a mis amigos: no temo la falta de mensajes, ni la falta de cosas que decir, temo el no ser capaz de escribir nunca más un buen poema o un relato aceptable. Temo ser incapaz de escribir jamás una obra que merezca la pena ser recordada. Te comprendo tan bien. Y gracias a este ejercicio, a esta gimnasia de tus manos, hemos podido compartir un poco los días que has pasado en Valencia y tu tarde del retiro. Qué placer volver a encontrar esta casa habitada.

Sal Duluoz dijo...

Son a veces estos textos intrascendentes capaces de convertirse -y en este caso así es- en creaciones de gran calidad. ¡Qué difícil es conseguir que unas líneas como éstas atrapen la atención y a fe que lo consigues!

Ricard dijo...

"Nos vestimos con bikinis". Que maravillosa paradoja. Yo siempre asocio ponerse un bikini a desvestirse, quizas porque es la mínima expresión de la ropa. Siempre escribo "se desvistió y se quedó en bikini" (o en ropa interior). A partir de ahora reformularé el acto y desvestirse se convertirá en vestirse...

Un beso
R.

Isa dijo...

Te he echado mucho de menos. En mis horas libres delante del ordenador siempre agradezco leerte.
Tu no te preocupes que con la capacidad de reflexión que tienes tus manos no pararán nunca de regalar literatura.
Un abrazo.

Bel dijo...

Felices vacaciones, Nuria. Yo tengo muy poquitas, el mes que viene. Pero mañana pienso ir a buscar vestidos. No hay verano sin, por lo menos, un vestido nuevo.

Lauren Mendinueta dijo...

Qué pena que el final tampoco se hayan decidido por Lisboa. Me gustó la entrada porque me pude identificar con tu miedo al silencio. Como dice La domadora de elefantes, no es miedo a no poder decir, es temor de no poderlo escribir bien. Un abrazo para ti otro para S

tournesols dijo...

Un beso enormísimo estés donde estés. Te recuerdo*