lunes, 14 de julio de 2008

Amistad y gastronomía

Hoy he comenzado mi primer día de trabajo. Y aunque no considero esta ventana como trabajo alguno, aprovecho mi inicio laboral con la poca verborrea que aún me queda para ponerme al día con este Rascacielos. En el trabajo bien, con los más y los menos en los que los dejé hace ya tres semanas. Me han echado de menos, me han echado de más. Unos me dicen que estoy muy guapa (quemada por el sol), lo cual equilibra a aquellos otros que callan, por lo que nada excepto el vino y el cava se me sube a la cabeza, o quizá todo. En fin, que ese todo sigue igual de bien, igual de menos bien. Ese todo sigue sencillamente igual. La misma disposición en el trabajo aunque en agosto amplían nuestro rincón que cada día se ciñe más a nuestras caderas, estrechando nuestras mentes, nuestras ideas.
S. hoy marchó a Valencia. Me reencontraré con ella el viernes junto a G. y P. dos de nuestros ya grandes amigos para ver por última vez el mar en este verano raro. Hoy lo hablaba por teléfono con otra amiga del trabajo que me preguntaba dónde anduve. Lo interesante de unas vacaciones no es el lugar adonde llevemos nuestros cuerpos. A veces la sociedad te obliga a salir de viaje lejos, muy lejos para desconectar de un mundo que arrastramos con el único fin de sacudirte el invierno de la piel y disfrazarlo de una tez que no durará pero perdurará en tu mente. Eso sí, si no lo haces te tachan de qué sé yo, desde aburrida hasta mezquina, pero la verdad es que nada tiene que ver ni con el dinero ni con la manera de ver la vida. Creo que nos equivocamos, ya que la verdadera esencia de unas buenas vacaciones es estar con aquellos que más quieres, el lugar de destino es secundario, porque el destino está inmerso en nuestros cuerpos, los cuales son vehículos y han sido tan libres en estas tres semanas que hemos recorrido casi sin quererlo ciudades del norte más otras tantas del sur, a veces en casas de amigos otras de familiares, pero siempre junto a quien más quieres. Hemos estado con nuestras tres familias. Estuvimos con mi familia, con la familia de S. y hemos tenido tiempo de disfrutar hasta el infinito de nuestra tercera familia, que no son más que nuestros amigos más recientes pero también más antiguos, aquellos que crees que conoces desde toda la vida, donde sientes que hay consanguineidad además de afinidad. Hemos echado en falta a otros tantos pero este último par de días ha sido concéntrico.
Y este epílogo de vacaciones tuvo su culminación así, en este fin de semana. Nos fuimos de viaje a tan sólo 50 km de Madrid, porque cada vez que se sale de casa se sale de viaje, y eso sí, esta vez junto a todas esas personas que antes mencionaba, esa otra familia elegida por uno mismo, los amigos.

Ha habido buena conversación, buena compañía, y siempre en torno a platos elaborados con cariño, emulando sabiamente la cocina griega. Ha habido panes caseros hechos con todo el amor del mundo, vinos traídos en la espalda de un coche y cava para brindar siempre por la buena compañía bajo un sol de domingo radiante cuyos rayos mantenían unidos a todos los comensales.


Ha sido un finde lleno de naturalidad y de postres que endulzaban la parte más alta de nuestras gargantas, enamorándolas. Ha habido también animales que seguían su curso en el borde de los caminos, otros que convivían con todos nosotros. Ha habido también agua que, encerrada entre los muros de una cuidada piscina ha sido la hectárea de juegos de todos los que allí nos citábamos. Ha habido música recién hecha como aquel pan que mencionaba, donde sonaron violines, palitos de campo con un sonido hermosamente hueco, tambores rotundos, flautas afinadas y tantos instrumentos como manos teníamos.

El domingo fue aún más concéntrico si cabe, pues se sumaron otros tantos ya queridos. Han existido encuentros fortuitos, afinidades, niños maravillosamente ingenuos y puros, que son nuestro futuro más inmediato y que yo me empeño en insistir en cuidar con todas nuestras manos.
El enclave, de nombre mágico, fue perfecto y homenajeo con estas fotos al cocinero y a la que algo tuvo que ver con ese postre que no son sino P. y S. y por supuesto a todos los que por allí pasamos.

5 comentarios:

alfaro dijo...

Llego con la lentitud de los bueyes, menos mal que puedo dejarte mi comentario.
Qué entrañable esta crónica de tus vacaciones.
No se necesita hacer grandes cosas para ser feliz, y a veces la felicidad, como te ha sucedido a ti, la tienes donde está tu corazón.
Feliz verano, Nuria, que aún no se ha acabado.

Domadora de Elefantes dijo...

¿Qué puedo añadir?... ;)

tournesols dijo...

¡Tenéis que bajar al surrrr!
Me pongo celosa de no poder estar donde quisiera, de moverme en todas direcciones. Y celosa de esa casi cocina griega, y de la última foto que me ha dejado embobada durante un buen rato.

Oye Nurita, ¿has visto una película-documental de Chris Marker que se llama Sans soleil? (Es completamente necesaria).

Besos*

Nuria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nuria dijo...

Alfaro
con la lentitud de los bueyes, me ha encantado esa expresión... Poco a poco voy volviendo. Un saludo atrasado

Gracia
Nada que no hayas añadido ya, lo añades todo a diario

Laura
Me voy a hacer con Sans soleil, no lo conocía pero estuve mirándolo y tiene muy buena pinta.
Lo del sur para cuando el destino disponga, que dispondrá si lo empujamos un poquito