lunes, 8 de septiembre de 2008

Peces en el aire

Hacía mucho que no escribía ni un solo verso. Por otro lado nunca he dejado de hacerlo. Hace mucho que escribo, sí, pero a la vez hace tanto de todo… en verso. Escribo, claro que escribo, no dejo de hacerlo, pero un poema, para escribir un buen poema se necesita... ya no sé qué se necesita.
La vida está llena de secuencias. Es una sucesión –unas veces ordenada y otras desordenada– de acontecimientos impulsados por una acción-base. Hoy más que nunca vivimos en un mundo de consecuencias, de correspondencias –a veces desastrosas, es cierto, lo vemos a diario en televisión– pero bueno, todo lo que ocurre es impulsado por otro “todo”. Podría escribir sobre tantas y tantas secuencias, y sin embargo, he permanecido en silencio con mis manos rencorosas, mis manos estaban tan mudas ante las barbaries que antaño denunciaban. Esperaré, me dije. Decidí esperar. Esperé. Y mientras tanto, escribí.
Ay, esta artesanía poética, lugar donde todo sucede. Cada día son más breves mis poemas: pequeños fuegos para quien anduvo perdida en lo extraño, y sin embargo hoy no me cuesta tanto escribir… Ahora todo me parece tan simbólico para vestir a mis peces... Todo se sucede. Todo acontecimiento se sucede. Todo sirve.

Esta escena pertenece a la película Lluvia Negra de S. Imamura, con música de Takemitsu. Es uno de mis tantos peces místicos. La película es estremecedora. Quedaros hasta el final de esta escena por favor, aunque sólo sea por la música. Aunque sólo sea por la escena.

La familia Shizuma está viviendo en Hiroshima cuando se produce el bombardeo atómico. Yasuko logra sobrevivir a la explosión y consigue escapar de las ruinas radiactivas. Cinco años después, Yasuko está viviendo con sus tíos y su abuela en un pueblo que acoge a muchos de los afectados por la bomba. Sus parientes parecen estar más preocupados por casar a Yasuko, que, a pesar de su buena apariencia, ya ha empezado a enfermar a causa de la radiación. La película es necesario, tremendamente cruda y catastróficamente aterradora.
* Filmaffinity.

El año pasado se publicó en español el libro Lluvia negra, del escritor japonés Masuji Ibuse.

La lluvia negra son las partículas radiactivas que hicieron imposible la vida para millones de personas como consecuencia de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Luvia negra. Una capa de ceniza blanca cubriiendo el epicentro de las pieles de las personas. Y sin embargo, había tanta vida aún en aquel río.

3 comentarios:

Estel_Julià dijo...

Nuria,

Como siempre tus entradas tan ricas de contenidos, me encantan.
Por cierto, tu dices que no escribías ni un solo verso, decirte que no te preocupes, a veces se nos suelta la mano cuando menos lo esperamos, yo ahora mismo le ando dando a la prosa. Ya ves...

Decirte también que cuando quieras te pases por mi blog, tienes un regalito allí, que espero te guste.


Un abrazo,


Estel J.


http://estelj.blogspot.com/2008/09/toro-pasado-recojo-otro-premio.html

tournesols dijo...

Yo durante todo el mes de septiembre vivo entre fluorescentes y no tengo tiempo ni para inyectarme sol. Pero tengo ganas de escribir.

Y necesito lluvia.

Y qué preciosa la escena.

*

Fernando Sarría dijo...

escribir...retazos...casi lluvia en un papel de seda...ese rastro que queda tras pasar los pétalos de una rosa por las manos...es verdad...espero que nunca se olvide de ti el don...besos.