domingo, 14 de septiembre de 2008

Angélica Liddell o lo absurdo que produce Anfaegtelse a Kierkegaard

Ayer fuimos a ver en La Noche en Blanco el último espectáculo de aquélla que nunca nos deja indiferentes, o por lo menos a mí nunca me deja indiferente. Anfaegtelse, de Angélica Liddell.
En cuanto he llegado a casa he buscado sin ojos pero con manos el libro Temor y temblor de Kierkegaard. Tarea muy difícil pues hay muchos en esta gran estantería y colocados arbitrariamente ante una mudanza que hoy ya tiene un mes. En fin, que mis manos, diestras ellas cuando quieren y con un ojo en cada punta del dedo, han encontrado en un minuto este libro. Lo he abierto y he descubierto que está mancillado ya desde antes, perpetuamente subrayado. Tras hojear por encima, de nuevo mis manos no han tardado ni otro minuto en descubrir lo que andaban buscando. Anfaegtelse. Confieso que aún estoy emocionada por la rapidez de mis manos. Y no sólo por su rapidez sino porque justo en esas páginas donde tratan de este concepto estaba ya antiguamente subrayado y reseñado, veo con gusto, que para la posteridad, la posteridad de hoy. Transcribo aquí y de primera mano lo que para Kierkegaard significa este vocablo.

"Kierkegaard llama Anfaegtelse a ese estado en que el hombre se encuentra en el umbral de lo divino; es una especie de horror religioso , de duda o inquietud relilgiosa, de ansiedad o de crisis espiritual ante el misterio de lo absurdo"

Maravillosamente cierto ¿no? Costumbre de filósofos incluso hoy en día, fue dar a ciertas palabras un significado que trascendía el usual. Quiero decir que esta palabra significa etimológicamente inquietud, angustia, tentación, ataque, etc. pero que Kierkegaard aportó muy acertadamente a mi entender, esa interpretación filosófica.

El filósofo sigue admitiendo en el libro, y vuelvo a transcribir, que “cada vez que el individuo, después de haber ingresado en lo general, siente una inclinación a afirmarse como el Particular, cae en una Anfaegtelse de la que únicamente podrá salir si, arrepentido, se abandona como Particular en lo general”. Anfaegtelse en este contexto significa duda o inquietud religiosa. ¡Qué paradoja la fe, pienso para mí.
Supongo que este es el estado de inquietud que Kierkegaard encerró en la palabra Anfaegtelse, insisto, palabra que sin traducción al castellano, logra precisar este estado corporal donde el recurso a la palabra simplemente no está. Su pánico teológico, el de todos nosotros. Tiene razón Kierkegaard cuando sentencia que el dolor puede hacer perder la razón al ser humano... ¡Qué libro éste tan necesario!

“Cuando amamos entramos en guerra, es decir, entramos en Anfaegtelse. Cada uno de nosotros será grande dependiendo de aquel con quien batalló”. Los guerreros antiguos luchaban en silencio, con la espada en una mano y secándose las lágrimas con la otra. Eso les hacía nobles. Lancelot camina, y sólo le vemos la espalda, es la posición más vulnerable, la más propicia para ser vencido” Estas citas de Temor y temblor de Kierkegaard, fueron el disparadero al espectáculo de Angelica Lidell que estalló mis ojos. Para mí una de las figuras más valiosas en el mundo teatral.

Pero a pesar de que Anfaegtelse en danés signifique peligro o angustia, la maravillosamente trasgresora Angélica Liddell sigue defendiendo que Bach en alemán significa río.










ANFAEGTELSE
se repite en la pantalla durante esta pieza de vídeo-instalación, angustia en danés nos aclaran, angustia sin recompensa, angustia engañada, angustia sin salvación clama el intenso video en silencio. A Abraham -de nuevo Temor y Temblor, una vez descendido al infierno se le perdona, se le recompensa, no tiene que culminar el sacrificio. ¿Acaso nosotros sí? El sacrificio produciría Anfaegtelse.
Una pieza pequeña pero intensísima proposición la de Angélica. Intensa es la palabra que mejor define a esta mujer. Intensamente cruda. Te descuartiza por dentro. Todo se revuelve en las duras paredes de tu estómago. Los rostros se vuelven extraños ante su mar de carbón. La síntesis de su manera de trabajar vídeo y escena. Síntesis de una moral, la de esta artista, que se cree engañada, tirada, caída, ultrajada, violada de alma y así nos hace sentir a nosotros ante esta sociedad. Su manera de interpretar al mundo cubre todas las esferas religiosas, las sociales, las individuales. Cubre a Kierkegaard. Cubre a Bach. Cubre a David. A un padre. A una madre. Cubre una Nana. Pero es tan necesario siempre buscar un culpable, aunque sea uno mismo, aunque seamos nosotros. El peso de la culpa en uno mismo y la añoranza que quiere ser esperanza de una justicia imposible después de tanta historia, después de tanto tiempo.

Y es que Liddell no quiere que nadie se vaya indifernte después de acabar su propuuesta tan rotunda. Y desde mi punto de vista, desde el punto de vista de mis ojos, lo consigue con creces. Salí empapada de su crítica dura al mundo, a la sociedad del dolor, a la vida al fin y al cabo, como si fuera una carrera de obstáculos de humanos con dorsal, sus columnas. Un juego con miles de reglas bajo el que se esconde una terrible crueldad. Qué violencia visceral, su sexo descarnado y unos textos paridos de su sangrientas manos no dejan de exaltarme exagerada pero maravillosamente, y todo lo que incluso ahora mismo me obliga a reflexionar. Me provocaron sus textos, sus silencios, sus gritos.

Liddell es una actriz inmensa, sin duda para mí lo es. Inmensa. Miseria humana que no nos da ningún respiro. Sus momentos me oxigenaron. Todo era simbólico y a la vez real. Performances agotadoras para la actriz, sin duda.

Salí con la idea perpetua en la mente de que sí, que somos así, como nos define. Somos seres violentos, desde luego, pero sólo somos conscientes de ello cuando Liddell nos pregunta en sus performances.

Como decía Schopenhauer, "No podemos aspirar a ser felices. Sólo podemos aspirar a ser héroes".

Sigo con Temor y Temblor de Kierkegaard en las manos

5 comentarios:

Jesús Ge dijo...

Estupenda entrada sobre el trabajo de Angélica Liddell. Yo también soy un apasionado de sus propuestas.
Te envidio -sanamente- por que hayas tenido la posibilidad de verla en esa noche blanca.
Yo estaba en Valencia, en el encuentro "Acercando Orillas" escuchando a Víktor Gómez, Laura Giordani, Arturo Borra,...
Saludos.
Jesús Ge (elgritocapicua.blogspot.com)

Nuria dijo...

Envidio sanamente tu estancia en Valencia, por supuesto. Laura Giordani, Arturo Borra, Viktor, qué casualidades tiene la vida... nombras a tres de mis favoritos gracias a Liddell. Te seguiré

Ana Muñoz dijo...

Hola Nuria,

¡muchas gracias por tu comentario!

Intentaré conseguir "La vida de Verónica"... esta trilogía la saqué de la biblioteca :).

En cualquier caso, corroboro lo de la banda sonora.

¡Un saludo!

tournesols dijo...

Gracias por la crónica, Nurita, yo también estoy deseando ver a esta fantástica mujer en persona... ojalá se pase por el sur.

Besos*

Jesus Alemán Gabriel dijo...

Hola, Nuria.

No me conoces y yo a tí tampoco.

Recuerdo el concepto de anfaegtelse como la paradoja de seguir a Dios y ser para los demás un asesino...o un loco. Una paradoja producto de trascender la esfera ética para remontarse a la religiosa, lo que nos lleva a plantearnos un contrafáctico: si volviéramos a encontrarnos con Jesús en la tierra, ¿cuántos reconocerían en él a Jesús? Lo más probable es que lo consideráramos un esquizofrénico. Ahí está la angustia y la soledad, la anfaegtelse del que sigue a Dios y no puede ser comprendido en su epifanía por nadie.

Gracias por tu trabajo.