martes, 26 de febrero de 2013

tabula en la playa

tabula rasa
revista la playa de madrid 
(mrs wonderly)

Música y poesía por la tarde: violenta exquisitez contra tiempos vulgares.

Nuria Ruiz de Viñaspre y Ana Martín Puigpelat interpretan una pieza a dos manos. El nombre de la pieza es Tabula rasa, y no es una partitura, sino un libro de poemas. O no solo un libro de poemas, sino un concierto. Por eso, este viernes la presentación será en la escuela de canto, y acompañará a las poetisas una pianista, Olaya Hernando y un Oboe, Paco Torrent.

El libro propone un recorrido a través de 31 obras musicales. Las obras elegidas pertenecen a épocas muy diferentes: desde finales de la Edad Media hasta el presente (la composición de Arvo Pärt, Tabula Rasa, que da título al libro).

Para gestar el libro, las dos poetisas decidieron el siguiente método de trabajo: partir ambas de una misma melodía y escribir cada una su propia interpretación poética. Cuando después cruzaron sus textos, dicen que fue sorprendente el grado de coincidencia. En muchos casos ambas habían explorado el mismo camino, y se habían pisado entre ellas.

Sus identidades poéticas terminan anudadas a lo largo de las 31 piezas: Ninguna firma los poemas y ambas alternan el orden de aparición, con una pauta que permanece secreta. Y aunque es fácil para el lector atento deshacer el anonimato, y descubrir el sello de una u otra, me gusta este entremezclarse. Resulta erótico, quizás porque los poemas están cargados de sensualidad, encuentros y rechazos, manos tendidas a la reconciliación y suspiros de desamor.

Así como sus autoras no han dudado en perder su nombre, el libro parece proponerle a uno, a una, que pierda su identidad en el placer. No tanto a un placer intenso -un orgasmo- como un placer delicado y largo en el tiempo. Perder el nombre sería más bien un experimento social, que posibilite el sueño preferido del momento: hacer tábula rasa, empezar de nuevo.

Sí: el borrón y cuenta nueva es tendencia. Al final no vino el querido apocalipsis a borrarlo todo. Y eso fue una desgracia, pues toca sin excusas asumir el pasado. Ese pasado, si bien está lleno de errores y horror, también contiene obras de arte bellísimas: Las treinta y una melodías que propone Tabula rasa.

Se recomienda leer este libro tal cómo se leerá el viernes: Primero acariciar el oído con la pieza musical. Después leer en voz alta, disfrutando el amoroso bien de las palabras y las notas.