domingo, 24 de mayo de 2009

Fauna desatada

La enredadera de la música novedosa enzarza estos días la antigüead de mis tobillos. Y la hiedra es un bicho muy largo. Otro animal salvaje. Otra mujer rota. Con esa mujer a cuestas y trepando con sus esplendorosas notas por mis sexos me es imposible moverme. Imposible sociabilizarme. Ayer juro que deseaba ir a ver a Quique Falcón. Posponer la compra del libro para ese día y escuchar en viva voz sus versos, pero pospongo lo uno y lo otro. Me haré con él pero lo leeré en silencio, ya que el ejercicio de lectura es bien solitario. Literariamente, Madrid está llena de buenas propuestas bélicas a las que asistir, toda una batalla de letras que te explosiona en la cara, refrescándote, despertándote de un letargo, pero yo me embolso. Hiberno. A veces pienso que a mayor actividad exterior más inactividad interior siento. Menos es más. La música y esta extraña sensación que confieso sitia mis muñecas y mis pies inmóviles convencieron ayer a S. de seguir en este silencio compartido, y S. acepta porque comprende mi fauna. Mis movimientos. Mientras, sigo persiguiendo peces y vacas que navegan en otra órbita. Y a esta órbita de cementerio se van sumando otras bestias, se le suman ciervos, gatos y elefantes que voy indagando para no perderme. Porque allí arriba todo está lleno de esta fauna.
Quisiera tanto saber bailar...



2 comentarios:

emigrante dijo...

echo de menos madrid
lo que nunca me dio
y lo que aún me tiene
que dar

Bel dijo...

Nuria, me ha sorprendido la coincidencia (aunque Jung dijera que las coincidencias no existen) entre tu espléndido poema (entiendo que es tuyo) y justo lo que leía ayer noche:
"Pero había llegado a parecerle que no existía distinción entre el dolor del espíritu y el dolor de la carne. (...) La senilidad constituía una verdadera dolencia tanto del espíritu como de la carne y el hecho de que la senilidad fuese una enfermedad incurable significaba que la existencia era una enfermedad incurable. Se trataba de una enfermedad que nada tenía que ver con las teorías existencialistas, la propia carne era la enfermedad en la que se hallaba latente la muerte.
Si la causa de la decadencia era enfermedad, entonces la causa fundamental de aquélla, la carne, era enfermedad también. La esencia de la carne era su decadencia. Tenía lugar en el tiempo para dar prueba de destrucción y de decadencia."
Yukio Mishima

Maravillosa la música. Me ha recordado a la de "Requiem for a dream".

Un abrazo.