martes, 22 de mayo de 2007

Lo que hay debajo

Las personas deberíamos mirarnos con los ojos que hay dentro de los ojos. Los ojos primeros que se abren si los otros se cierran, aquellos cansados expuestos siempre a la intemperie. Seguirnos con aquellos ojos y si éstos no alcanzan, hacerlo entonces con los intuitivos, más del alma. Las personas también deberíamos tocarnos con el tacto que hay justo debajo de los dedos primeros, aquellos desgastados que tanto se ven y tanto tocan. Tocarnos en la carne del aire que nadie aún ha palpado, sencillamente incólume, porque no se ve, porque no se toca. Las personas deberíamos acortar distancias oyéndonos sin palabras, compartiendo los lenguajes, desde la voz pura que hay debajo de la voz diaria y rota. La voz limpia que no se escucha, la que puede decir incluso lo que no hay que decir, pero sin palabras, ya que lo que nunca se dice está enterrado dentro de nosotros, justo debajo de esos ojos, de esos dedos, de esas voces tan primarias, tan ajadas. Me imagino que uno siente algo parecido a la libertad cuando consigue ver todo lo que hay debajo…

2 comentarios:

Susana dijo...

Nuria, ¿cómo se puede decir tanto con tan pocas palabras? Las justas. Hoy, que acostumbramos a derrocharlas y maltratarlas...
Es tan placentero pasar la tarde con alguien sin que haga falta decir nada, "sólo" estando.
Una duda: ¿hay poca gente con quien compartir esa nada y ese todo o la timidez nos impide darnos de ese modo?
Gracias, Nuria, por dejarnos escuchar el bullicioso silencio de tus palabras.

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

Puede que la respuesta a esa pregunta que me haces se encuentre algunas entradas más abajo que, en boca de Rike, decía algo así coomo; “No es tan sólo la inercia, la responsable de que las relaciones humanas se repitan una y otra vez indescriptiblemente monótonas y sin renovar. (Y he aquí lo importante)...La timidez se antepone a cualquier clase de experiencia no previsible que uno cree que no será capaz de afrontar, pero sólo alguien que está listo para todo, que no descarta nada, ni siquiera lo más enigmático, vivirá las relaciones con otra persona como algo vivo”.
Ah, y gracias a ti, por haber encontrado sonidos en el silencio