domingo, 30 de noviembre de 2008

Inoidel González, de nuevo el saxofonista

Este es mi saxofonista particular. Se llama Inoidel González. Hoy lo he encontrado. Es cierto que desde un 19 de noviembre lo veo cada día a eso de la 13.30 del mediodía, pero yo me entiendo. Para quien no conozca esta historia ha de remitirse a los dos últimos comentarios. En fin, jamás escuché su música, pero le escucho cada día más profundo y lleva aún tanta música en las entrañas... Pienso en este modo curioso de encontrarnos. Particular. Diferente. Pensaréis que no, que no es el mejor modo de encontrarse. Es cierto, pero para mí sí ha sido el mejor, pues está modificando sin él saberlo mi relación con el ínfimo pero preocupante dolor de mi hombro. Puede que quien le conozca o haya escuchado su música fuera por amor a la música, al jazz, al saxo sobre todo. Yo amo la música pero le conocí en ese otro campo de batalla. En una pequeña sala de rehabilitación llena de optimismo por su presencia. Para mí era un persona. Una persona, un optimismo y una única persistencia. Anonimato mutuo. Va desnudo sin su saxo y ahora pienso que le echa tanto de menos que prefiere evadirse concentrando su fuerza en un único deseo: recuperar sus manos para que se descuelguen de nuevo las notas desde la gran altura de sus dedos, para volver a tocar el cuerpo de su saxo. Ceñir la cintura de ese instrumento eólico y balancear al son de su estatura el final cónico del saxo. Morder su boquilla con toda la rabia contenida por estos días mudos y volver a sentir la curva de la campana por donde se escapaba todo el viento de sus pulmones. Me he prometido seguirle en cuanto él retome su saxo. Antes de ayer era sólo un hombre que quería por encima de todo recuperarse. Ayer era sólo un saxofonista con la mano quebrada que quería por encima de todo recuperarse y que consiguió con su actitud ante la vida cambiar mi modo de mirar al dolor, y hoy, hoy le he puesto sólo un nombre. Ha dejado de ser anónimo, aunque para mí nunca lo fue. No es anónimo quien sin saberlo te ayuda con su actitud ante la vida.


He encontrado minutos de un concierto navegando por Las Tablas, un local en la Plaza España al que de nuevo y curiosamente conozco a la dueña a através de mi hermana. La vida es pura curiosa casualidad. Miro sus manos y las reconozco. Reconozco su mano derecha aunque hoy aún sea más hermosa que su otra hermana izquierda por soportar estoica el mutismo de sus dedos y soportar con la misma sobriedad el dolor, sobre todo el dolor.



7 comentarios:

Domadora de Elefantes dijo...

¡Caramba, qué guapo es! Ya sé que este comentario es una frivolidad, sobre todo después de todo lo que nos has contado sobre su modo de afrontar el dolor y sobre lo que ha enseñado, pero es que encima es guapo y eso no se puede negar y además ¡toca muy bien!

Bel dijo...

Hermosísimo tu "retrato de un saxofonista" ahora ya completo. (También tiene razón Gracia respecto al otro retrato).
Un abrazo, con mis mejores deseos.

sandra rubio dijo...

Me encantó. Comprendo la alegría de tu descubrimiento.

Saludos!

Lula dijo...

Y... ¿dónde has dicho que vas a rehabilitación? Es que intuyo que tendré un pequeñito dolor en breve y no me importaría unirme a vuestro grupo... ejem... ejem...

Anónimo dijo...

Casualmente viendo unas fotos del 2.005 he buscado a Ino en la web para ver que era de él y me he llevado una mala sorpresa. Casualidades de la vida hoy no se porque viendo fotos me he acordado de él y he visto que ha tenido problemas.....

Perdí su teléfono hace años y quisiera saber algo más cercano sobre que pasó y como está......

Si podéis ayudarme.....gracias!

María Luisa

Anónimo dijo...

Inoidel lleva todos los domingos una jam session en El Barco, sobre la 1:30 o así. Antes de eso suele estar desde las 11 tocando en otra jam session en El Plaza, por si no le habías visto en directo.

Anónimo dijo...

Inoidel sigue su lucha como muchos pero kien lo escuchase esta noche en el Popular..sabe ke supo poner el tiempo a su favor..Espero volver a poder deleitar esa energia ke hoy emanaba con su saxo.