martes, 6 de julio de 2010

al pie del moncayo

los días 29, 30 y 31 de julio estaré al pie del Moncayo para participar en el Festival Internacional de Poesía del Moncayo. Estuve allí hace cinco o seis años y fue una experiencia que una siempre quiere repetir. Bajo el lema Canto a la esperanza y en homanaje a José Antonio Labordeta, entre prodigiosos nombres como Veruela, Trasmoz o Litago las silenciosas y arboladas calles se anegarán de ríos de música y poesía y teatro... me gusta pensar que pisaré esas calles nuevamente (esto me recuerda aquella maravillosa canción de Milanés que seguía diciendo... de lo que fue Santiago ensangrentada...). hablaré de estanques antiguos y de renovados establos, poblaré mi espacio hecho minutos de peces místicos renacidos y de la tabla de carnicero en la que se ha convertido el mundo.

he encontrado una página donde se desarrollan todas las actividades en dicho festival.

una semana antes anochecerá siete veces mi cuerpo en una casa rural con el proyecto iniciado Órbita cementerio. para fijar el paisaje. para madurar poemas. para madurarme. para despeinar palabras en esos valles. para fijarlas. remacharlas. para concluirlas y hundir el hacha en las tildes de madera. para al final de todo, desecharlas. desecharlo todo. para tocar los árboles sin tildes. para tocar sus brotes sus sombras y arrancar sus frutos. para tocarlo todo pero con manos tijera. para sentir la soledad maciza del paraje. para embolsarme. arrinconarme. para dormir a la intemperie como duermen los caballos. para ver más casas ardiendo y suicidar mi mano en esa órbita encendida. para pensarme. para pensarnos. para sentarme a mí misma. para sentarnos. para detenernos. o lo que es lo mismo, detenerme. para ser tronco árbol hoja dura sierra y pie.

*foto de internet. ahí al fondo hay alguien. ¿no lo veis?

2 comentarios:

Octavio dijo...

Como haber haylas, no me cabe la menor duda de que fue una bruja de Bécquer la que me llevó a Trasmoz, donde tuve la suerte inmensa de conocerte.
Con la cabeza fresca por la brisa del Moncayo, devoré rápidamente Tabla de carnicero (aunque suene a antropofagia) y fue como una vacuna contra el hedonismo el conformismo. (No sé si volveré a comer mientras veo el telediario).
Ahora, ya en mi casa de Galdácano, estoy inmerso, no sé si en un mar o en una pecera de peces mágicos.
Dos cosas: no te olvides de que mi mujer enseñó a cocinar a Arzak. No te olvides de avisarme de la presentación de tu libro en León.
Un beso

nuria dijo...

ya te tengo Octavio.... me alegra tu antropofragia
le recordaré a s. que tu mujer enseñó a cocinar a su maestro arzak... prometemos visita, lo prometemos..... y prometo tambien avisarte de presentación en león