jueves, 25 de junio de 2009

Un puente de palabras

Nuria Ruiz De Viñaspre hace que los versos se encadenen, se transformen, se empujen, giren en un rapto acuático sobre líquidos que convergen. La realidad se afila, se vuelca, se transforma en ritmo de páginas que enlazan sus latidos transparentes. Y más allá: el símbolo, el espacio, el sollozar continuo de la revelación que se vuelve melodía de voces superpuestas. El pez. El pez místico. Su gemir, su crucificarse. Su subir por las escaleras de caracol buscando reintegrarse, reconvertirse en símbolo de vida. Incluso cuando se secciona, cuando es un cadáver de escamas brillantes. Incluso cuando nos muestra su camino invisible en la llanura acuática. Llanura de la página, de la página en blanco donde se vuelve brillante sollozar de escamas. Deslumbramiento de lo que se desvela, nos deslumbra, nos desmembra en su continuo perseguirnos. Porque el pez místico nos reverbera en los sueños. Verán que su poder, su fascinación, nace en las resonancias subterráneas que despierta en nuestra mente. Mundo subacuático de la conciencia derrumbada. Poesía no surrealista, no irracional, sino profundamente, abisalmente, simbólica.
Para mí ha sido un placer encontrarme con el magnífico libro de de Nuria. Y es un placer estar hoy aquí contribuyendo con estas pequeñas, rápidas, palabras, que al hilo de los poemas intentan tirar un anzuelo, como en esos koans donde se capturan, detienen los pensamientos. Mi consejo: que se adentren, que se dejen deslumbrar, que permitan que estas palabras, las de los poemas que van a oír, se conviertan en ondas agrandándose en sus mentes, en sus corazones, para dejar que se calen, que se inunden, con el secreto nadar de este pez. Pez místico que persigue y es perseguido por Nuria Ruiz de Viñaspre.


Óscar Martín Centeno

*Gracias

miércoles, 24 de junio de 2009

Ich habe genug

Cuántas veces escuchada... Una de sus más conmovedoras, violentas y teatrales...



Ich habe genug,
Ich habe den Heiland, das Hoffen der Frommen,
Auf meine begierigen Arme genommen;
Ich habe genug!

Ich hab' ihn erblickt,
Mein Glaube hat Jesum ans Herze gedrückt;
Nun wünsch' ich, noch heute mit Freuden
Von hinnen zu scheiden.
Ich habe genug!

Traducción

Ya tengo bastante,
tengo a mi Salvador, la esperanza de los piadosos,
envuelto entre mis anhelantes brazos.
¡Ya tengo bastante!

Hacia Él he dirigido mi mirada,
mi fe ha traído a Jesús sobre mi corazón,
por eso, aún hoy, con alegría
me despediría de este lugar.
¡Ya tengo bastante!

sábado, 20 de junio de 2009

La presentación del pez místico

Personalmente ayer la presentación fue todo un éxito. Estuve feliz y tranquila, algo raro en mí, lo digo por lo de tranquila. En fin, que fue un maridaje perfecto de voces en nombres de Óscar y Marta, voces fantásticas y profundas que agradezco desde ya. Es cierto que me faltaron rostros, estas ausencias están todas más que permitidas, porque son ausencias totalmentes normales.

Fueron muchas las personas que me felicitaron por el texto de la presentación (sorpresa mía pues lo escribí en dos ratos), sin decir lo bien que hablaron de esas voces antiguas. Así que decido subir a esta altura todas esas palabras que ayer se me fueron deslizando de la boca, con tgoda naturalidad. Puede que escrito se haga algo largo, pero lo subo para todo aquel interesado en este texto. La lástima fue que la Casa del Libro tenía en la sala un proyector y hubiera sido fantástico proyectar la escena de la película Lluvia negra que dio origen a este pez.

La presentación
Siempre he conocido mis límites. Dentro de dos meses cumplo 40 años y es ahora cuando asimilo que a veces son poco práctica en determinados campos de la vida, pero con esa misma certeza asimilo que escribir es lo mío, independientemente de que guste o no guste. Para mí escribir es una actitud, una continuidad, un continua ocupación. Escribo y cuando no escribo estoy pensando que escribo.

VOZ
Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía. Y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que me veo escribir que escribo.


Después de este obsesivo galimatías del ensayista mexicano Salvador Elizondo, que, aunque parezca mentira, define para mí otra obsesión, la obsesión de escribir, os diré que empecé a escribir este libro hace algún tiempo, pero la verdad es que ha sido testigo vivo de eliminaciones, ampliaciones, incorporaciones, casi hasta el último envío definitivo a Trinidad… Ella lo sabe bien cuando iniciaba mis cartas con un “…si aún estamos a tiempo… ¿podría cambiar…?” Por eso creo que los libros nunca se concluyen, sencillamente se abandonan, o más exactamente, ellos te abandonan a ti.

En los últimos meses a ese abandono, El pez místico fue eso, mi obsesión. Es cierto que sufrió movimientos numerarios, era más una cuestión matemática, el lugar exacto donde iba a dormir cada cual, pero tras una labor de ordenación territorial, geográfica, marina, de tipos de agua, lo recoloqué todo, con cuidado pero sin fuerza, todos sabemos que en el agua cualquier movimiento es natural. Eso sí, una vez comenzado el trabajo, sacar todo lo que había de pez en mí fue relativamente sencillo, ya que unos se encadenaban a otros, como ese pez que muerde la cola de otro pez que muerde la cola de otro que muerde la de otro y así hasta que me abandonaron colas y peces. Pero he de decir, que en aquel intervalo, en aquella época de tribulaciones, tanto el título como su estructura se me revelaron casi de un modo salvaje y nunca fui capaz de reeducarlo.

En cuanto al libro propiamente dicho, he trabajado en este libro desde la víscera, abierta, lo he escrito con el corazón, igualmente abierto. Obsesivamente. Sin descanso. Siempre vigilante desde la altura de la mesa, acechando cualquier movimiento de esos peces imaginarios que cada vez iban tomando más forma en mi cabeza. Siempre expectante ante cualquier apertura de su hermética condición. Ante cualquier salto.

A veces, los veía moverse por la casa. Saltando por los aires. Escurrirse a oscuras por mi sexo. Trepando por mi cuerpo. Saltando hacia otro cuerpo, el de al lado, como el parásito salta de un amante a otro, por el aire. Los he visto saltar de su pecera. Morder el anzuelo. Jugar con el gato anciano, dichosos a veces entre sus garras y otras desahuciados por el zarpazo de esas mismas patas gatunas.
A veces, se ahogaban en un fregadero lleno de cuchillos con restos de comida, atascando con sus diseccionadas cabezas un desagüe de bañeras. Otras, eran olor a carne recién guisada en la casa ardiendo del vecino y por tanto, indolentes en ese mundo ardido. Hubo también muchas veces que los saqué a la calle y me devolvieron la imagen de una anciana que ofrecía la vida de estos escuálos al pellizco de unos gatos. O por el contrario, no conseguían respirar dentro de la bolsa y esa vez me contaban su historia reencarnados en un gato aplastado en la calzada, pero eso sí, con el estómago lleno de peces. Volví a meterlos a casa. Pero ellos volvían una y otra vez a escurrirse por mis balcones escotados, echándose de nuevo a las calles. Allí, los vi fornicando con los peatones que ajenos a toda muerte, sencillamente se dejaban llevar, deslavazados, en algún vagón de metro cuando ausentes sujetaban otro libro de peces muertos mientras estos barbados limpiamundos los violaban. Muerte y vida. También hubo instantes donde eran símbolo de resurrección. Mientras, al otro lado de la orilla, al otro lado de la acera, en el arcén de alguna ciudad menospreciada, un humano extiende su red de muerte e intenta cazar una y otra vez un ejemplar de esta especie, dominado, eso sí, por ese instinto innato que le grita “cazar por placer”. Hacer de él su presa para eso, poder moverse por la casa, trepar por los sexos, saltar a otros cuerpos, jugar con los gatos, ser alimento para ellos… dejarse atrapar una y otra vez en esa red, pero siempre, siempre sobreviviendo a toda muerte. El elixir de la vida, la inmortalidad. Las siete vidas que tiene un gato, las siete vidas que por ser su alimento, el gato le debe al pez.


Par mí El pez místico es un libro de agua. Y el agua es salvación. Es la esperanza de agua para este mundo ardido. Nuestro correlativo más humano. Lo terrible de todo esto fue que hubo que sacrificar la carne de estos peces para apagar el fuego de todas nuestras casas ardiendo. A pesar de ello, en este libro pienso que he sido una intermediaria, la terciaria, como creo que al final es todo escritor. La mano sólo ha sido el arma horizontal que ha disparado esta especie de pseudo-magia, escribiendo lo que mis órganos me iban dictando. He verbalizado, he intentado con estas letras vertebrales, óseas, y llenas de palabras-daga, diseccionar por dentro el cuerpo del pez, describiendo las membranas de sus ideas con mis pensamientos más humanos.

El título
En cuanto al título del libro, la idea primigenia, la idea original del título, puede que partiera de una de esas escenas de película: Lluvia Negra de Imamura, también la música de esa película, de Takemitsu puede ayudara en esta creación. Pero a pesar de ser disparadero de sólo eso, un título, finalmente fue otro pez místico el que nadó en estas aguas, imponiéndose, y que nada tenía que ver con aquél que se educó en su origen y que sólo me reveló eso, el título. Inmodificable, eso sí, quizá porque los títulos empujan y empujan y no consienten ser vencidos, por lo menos en mi caso. A veces pienso que son ellos los que me eligen a mí, igual que los libros, son ellos los que nos escriben y ellos por tanto los que nos abandonan. El título se reveló así bastante pronto, y a pesar de sufrir varias sustituciones, a veces realizadas por despecho, como en una especie de un tira y afloja con mi propio lenguaje, finalmente, el inicial, el original, el primigenio, este pez místico que veis aquí, acabó imponiéndose con tanta fuerza que terminó atropellando cualquier otra iniciativa de mis manos. He leído que una de las obsesiones de su director, Imamura, es la zoología, ya dijo en una ocasión: Lo que me interesa es la relación que existe entre la parte baja del cuerpo humano y la parte baja de la sociedad”

Alrededor de Lluvia negra se centra la historia de una viuda. Una viuda que está convencida de que un pez carpa es el espíritu reencarnado de su marido. Así que pescar carpas es el único consuelo para ella, su única ilusión.

Es cierto que Madrid es una ciudad interior. Bueno no ese Madrid interior que todos conocernos sino un Madrid rodeado de mar. Sus habitantes, peces-carpa exacta¬mente de idénticas formas a todos nosotros, fueron día a día escribiendo este libro.

Así que pienso que cada poema de este libro puede concebirse como un pequeño fogonazo de cada una de aquellas personas que vivíamos en aquel ancho mar. Pienso que esto queda reflejado en poemas como el de la anciana, los vagones de metro, los gatos muertos en la calzada en una ciudad llena de gatos muertos. Los peces muertos en los estómagos muertos de todo aquellos gatos aplastados en la calzada. Mi gato. El otro gato. El afortunado en una ciudad interior. El acomodado. Un gato que nunca ha visto la muerte de un semejante… En fin, que todo esto fue conformando lo que hoy es El pez místico. Así que creo que es un libro que habla de la destrucción pero también de la esperanza que siempre va unida a la destrucción. Como la esperanza de aquella viuda convencida de que un pez carpa es el espíritu reencarnado de su marido.


VOZ
Lluvia negra son las partículas radiactivas que hicieron imposible la vida para millones de personas como consecuencia de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Una capa de ceniza blanca cubriendo el epicentro de las pieles de las personas. Un océano blanco que enterraba las escamas quemadas de todos esos peces, nuestros inesperados vencidos.


Mucho más tarde ocurrió algo mágico. Una vez concluido el libro, me topé con una cita de Pablo Neruda que por supuesto me obligué a incluir, ya que desgajaba y despedazaba todo misterio impuesto por mis manos.

*las fotos son de mi pequeña masai, siempre testigo de todo. S.

Subiré otras fotos

Gracias a todos y a Raúl (mi querido gestor y escaparatista de la Casa del libro) por haber disfrazado durante unos días su escaparate de pecera. Gracias

jueves, 18 de junio de 2009

Cartel definitivo

Me dicen de la Casa del Libro que en el escaparate de Gran Vía ya nadan algunos peces místicos. A ver si algún ávido lector de Millenium III se percata de la pecera...

Os espero

El pez místico en Lecool

Qué sorpresa. Id a la página 2/3, en la revista Lecool hay una pequeña muestra del pez que mañana presentamos. Una buena recomendación. Gracias a quien corresponda.

lunes, 15 de junio de 2009

El pez formal

El libro El pez místico de Nuria Ruiz de Viñaspre, editado por Olifante Ediciones, será presentado este viernes 19 de junio a las 19.30 de la tarde en la Casa del Libro (Gran Vía 29) de Madrid. Participan: Óscar Martín Centeno, Marta Ruiz de Viñaspre y Trinidad Ruiz Marcellán (o Raquel Arroyo Fraile de Olifante).

Quedáis todos invitados.

*la imagen del cartel está sacada de la Librería El Pequeño Teatro de los Libros, me encantó ese pez dibujado a mano alzada... Gracias a quien corresponda..

sábado, 13 de junio de 2009

La mascarada de Laura Rosal










Tuve que convertirme en estatua de sal.
De veras, tuve que congelar los segundos
que goteaban distraídos, sin percatarse
del terror que me esposaba.
Tuve que mirarte de reojo
soportando en mi pecho
los puñetazos del oxígeno
pujando
contra mis huesos estrechos.

Tuve que borrarme el rojo
de los labios. El rojo
de las uñas. El rojo
de mi dulce estrategia
derrotada.

(Sólo me predices noche)

Las espirales deshechas
con el meñique mudo.
Tuve que gritar,
tuve que callarme las encías,
flanquear la estatua salada
de las vértebras.

(Me susurras noche, me susurras noche)

Los niños, etcétera, se marchan.
Volveremos siempre.

* L*, me encanta esa foto con el reloj marcando las 8.30, la marcarada. Todavía me quedo con la duda de qué lees. ¿Algún romántico?

LauraRosal

miércoles, 10 de junio de 2009

Pandemia del silencio

A tan sólo unos días de la presentación del pez en Madrid, el escepticismo se ha colado como el humo en mis huesos. Y aprovecho ese humo para vestir mi rascacielos como antaño lo hacía. Sin obligación. Sin esperar nada a cambio. Una terapia para la coronilla de mis dedos. La poesía es un arma cargada, simplemente, pero de soledad, no de futuro. Hemos traído el futuro a nuestro presente molesto. Lo anómalo en Madrid es no realizar algún evento literario. Lo extraño sería no firmar en una feria. Somos demasiados y poco buenos. A los buenos no se les escucha, sencillamente se los lee. En soledad. Nos falta silencio. Asolarnos. Nos falta emigrar a una ciudad pequeña, al campo. Nos falta libertad. Aquí somos esclavos de lo que decimos, de lo que hacemos. Nada es como era. Antes éramos emigrantes mudos. Hoy emigramos a gritos. En Madrid hay tanta oferta que una pierde el norte en el sur de sus zapatos. ¿Dónde está el límite? ¿Dónde la calidad en esta vorágine de palabras? ¿Acaso somos lobos? Tengo ganas de semi concluir con esta gira sin actores del pez para poder volver a escribir como siempre he hecho en este rascacielos. Escribir sobre lo que veo, lo que visito, lo que siento. Cada día son más las entradas que te explotan en la cara con citas a reuniones o recitales, incluyendo este jardín antaño florido con otras plantas. Si no estás en esos círculos no eres nada. Sin embargo, tengo tantas ganas de regarlo con otras letras que nada esperen ni a nadie.
Esta mañana he leído a Mayte, amiga y con la que he compartido alguna que otra lectura. La entiendo perfectamente. El dolor de la ausencia de los rostros más esperados. A veces pienso que ante este maremagmun de actividades la gente se despedaza por las calles y pareciera que nadie asiste a nada. Todos bombardeados. Bombardeados y tirados en las aceras con los estómagos llenos de cerveza que no de palabras. Yo no me puedo quejar, ya que a pesar de que no me guste nada la cerveza, la entrada del pez ha tenido buena aceptación, pero digo eso, que a tan sólo unos días de enseñar este cuerpo de pez al público de Madrid, mis manos advierten estas aguas estériles en las que nos movemos en la gran ciudad.
Esto antes no ocurría. Escribías y leías, ávidamente, desérticamente, como si fuera lo último que escribirías en vida o leyeras en vida. Hoy nada es como era. Las calles se han convertido en una pista de carreras. Siempre he escrito en soledad, siempre he leído en soledad. Entiendo la puesta en escena de un libro recién salido del horno; entiendo darle voz a un puñado de palabras mudas escritas a gritos con tus manos. Pero el resto a mí me cuesta. Y es normal, Mayte, es normal que te falten rostros. Hay tantas palabras y actos como líneas de metro en este Madrid subterráneo que sarcásticamente cada vez siento más quieto, más incoherente. Dice M. que es evidente que nada interesa demasiado. Yo creo que nada interesa porque todo interesa. Parece contradictorio pero creo que es así. Nuestros miedos o desespereanzas son como ese plato de lentejas, que siempre repetíamos en domingo y que arrastramos desde aquella infancia donde la muerte no existía. Yo no soy actriz ni represento a ningún actor, por lo tanto acepto humildemente que no me encuentre cómoda enviando mailings de mis próximas actividades para que esa gente bombardeada aglutine su carne en la puerta de una libería. A pesar de eso, me obligo a seguir haciéndolo. Estoy orgullosa de este pez y llevaré sus aguas allá donde haya desierto, aunque vaya repleta de ese miedo a la muerte y a la soledad del que habla M. El mundo obliga. Empuja. Hoy día un poeta no ha de ser sólo un poeta, ha de ser actor, rapsoda, gestor, performer, representante de sí mismo, administrator, apoderado y apoderante, socialmente relacionado, en fin, todo eso que yo no soy ni de lejos. No somos nada de eso. Sólo escribimos lo que vemos. Yo quiero seguir haicéndolo. Seguir escribiendo y probar suerte. Sólo probar suerte. Pero insisto, a tan sólo unos días de la presentación del pez confieso unos miedos nuevos, tan parecidos a los de M. Eso sí, esta vez llevaré mi pez con orgullo aunque tenga de única oyente a mi S. Gracias M. por abrirnos un poco los ojos, o mejor dicho, cerrárnoslos.

lunes, 8 de junio de 2009

Bitácora del pez










El jueves por la tarde, después de trabajar, S. y yo nos encaminamos a la Feria del Libro. Esta vez no íbamos como otros años, como ansiosos peces paseantes que asoman a la superficie para descubrir nuevas letras y llenar de páginas nuestros bolsos. Esta vez estábamos dentro de una pecera. Estuvimos firmando EL pez místico. Fue toda una experiencia vivirlo desde dentro, estar en el otro lado, situar los ojos justo al otro lado de ese mar de libros fue una experiencia hermosa. Compañeros de trabajo, amigos que ni esperaba; también amigos de siempre, alguna que otra amiga de siempre aunque de rostro desconocido..., pero desconocidos, completos desconocidos, pocos, en fin todo un disfrute.

Al día siguiente salíamos para Zaragoza. A las 5 h de la mañana de ese día -nos dormimos- cogí lo primero que tenía a la vista, es decir, la misma camiseta, menos mal que llevaba en una bolsa más ropa. A primera hora, en el Ave me puse a decidir en unos minutos qué leer y qué esconder.


Después de patear Zaraqoza, hermosa ciudad que yo desconocía, después de visitar por dentro y por fuera la catedral, de ver la Seo, de fotografiar peces que nos esperaban curiosamente en esa misma plana, nos volvimos a encaminar hacia otra pecera, otra pecera de libros.

Allí coincidió mi firma con la de otro autor Octavio Gómez Milián, un ser encantador e hiperactivo que nos aconsejó en el mapa una buena dirección donde comer. Restaurante Pascualillo. Magnífica dirección, por cierto. S. pidió lentejas y albóndigas y yo unas estupendas pintas con morcilla y chorizo. Teníamos que recuperar fuerzas, o fue sólo una excusa para probar esos manjares...










En fin, que más tarde, ya cansadas, visitamos una feria de gastronomía árabe, S. se encantó por supuesto y recorrimos bajo una temperatura agradable esas angostas calles disfrazadas que convertían ese radio de metros en un mundo antiguo. Finalmente acabamos tumbadas en una fuente medio dormidas para continuar marcha.

De camino a la librería El Pequeño Teatro de los Libros, una iniciativa de 300 metros llenos de libros, hicimos alto en una terraza a tomar un helado, estaban organizando en un momento una fiesta-gimkana para niños mientras nosotras en las mismas sillas caíamos desfallecidas. Después de cambiarnos de atuendo en los baños de un gran centro cultural nos acercamos a la librería.

La presentación de Miguel Ängel Ortiz Albero, desde aquí millones de gracias porque gracias a él me conozco un poco mejor, fue todo un acierto, literariamente hablando. Hizo un repaso por todos mis libros anteriores buscando y encontrando puntos de inflexión que explicaran finalmente este pez místico.
Más tarde leí poemas del libro. S. grabó muchos videos pero sólo quiero subir la presentación de Albero. Mi oído aún no se acostumbra a mi voz de siempre.

Gracias a todos

*Albero, tengo que grabarte Lluvia negra, la disfrutarás...






La canción de Aengul el vagabundo (el poema que creo que menciona Albero)

Eché a andar por el bosque de avellanos
porque sentía un fuego en la cabeza,
y corté y descortecé una rama
y le até una baya con un hilo;
y cuando echaron a volar mariposas blancas
y se alejaron como estrellas titilantes,
la dejé caer en un arroyo
y pesqué una pequeña trucha plateada.

Tras haberla dejado en el suelo
fui a avivar con mi aliento la llama,
pero algo crujió en el suelo
mientras alguien pronunciaba mi nombre.
Se había convetido en una joven resplandeciente,
y con flores de manzano en el cabello,
que me llamó por mi nombre y echó a correr
perdiéndose en el aire destellante.

Aunque envejezca en mis vagabundeos
por hondonadas y colinas,
alguna vez volveré a encontrarla,
y tomándola de las manos, la besaré en los labios,
y caminaremos entre largas hierbas multicolores,
y cosecharé hasta el final del tiempo
las plateadas manzanas de la Luna
y las manzanas doradas del Sol.

William Butler Yeats

Ah y la próxima será en Madrid el viernes 19. Será una lectura dramatizada por Óscar Martín Centeno y Marta Ruiz de Viñaspre.

Pedazo de entrada, me voy a descansar...

jueves, 4 de junio de 2009

lunes, 1 de junio de 2009

Festival Internacional de Teatro de Calle. Ghetto 13/26

Este sábado estuvimos en Valladolid. Mi hermana estrenaba con el Colectivo Ghetto 13/26 la obra Compro tiempo, dentro del Festival Internacional de Teatro de Calle. Ya han estrenado varias veces en ese festival. Fue magnífico. Vi caras que hacía tiempo no veía, y disfrutamos de las propuestas de Félix Fradejas, director del Colectivo.


Un espacio sugerente, unos objetos (maniquíes, sillones, aparatos eléctrónicos, videos, etc) que los espectadores examinan antes de comenzar la acción escénica. Cuatro intérpretes, Félix Fradejas, Marta Ruiz de Viñaspre, Eva SImón y Xiqui Rodriguez. Hablan, danzan (al final invitando al público), manejando los aparatos y las proyecciones. Muestran, desde una música variada y muy bien escogida los lugares comundes de la sociedad actual: la cita por intertet, la compra de televisores, frigoríficos, lavadoras y demás, las costumbres preestablecidas que atacan de forma irrisoria y pertinente... Acción multimedia, imaginativa y personalísima. Ghetto y Félix Fradejas llevan 15 años haciendo una serie de espectáculos en los que representan las vivencias y los conflictos humanos en una visión en la que, aparte de los actores en carne y hueso, se incorporan todas esas técnicas multimedia con sencillez y creatividad. Un "otro teatro" absolutamente necesario.

Extracto de la crítica del periódico Norte de Castilla. Fernando Herrero



S. sacó fotos, hizo videos, vamos que tendría que volver a ver la obra. A Marta podréis verla también el 19 de junio. Cuento con ella para la presentación del libro El pez místico, en la Casa del Libro de Gran Vía a las 19.30 h.