sábado, 20 de febrero de 2010

cosmogonía y crónica de croniria

cosmogonía-crónica-croniria
cacofónico título que contraría definiciones, pues la cercanía de esas sílabas a mí me suena a música celestial. Ayer escuchamos Croniria dosificada. Era en el Centro de Arte Moderno. S. y yo llegamos un poco tarde. Cerca de las 21 h nos adentramos en el Centro para ver a Raquel Lanseros, ¿otra mujer L? Mi curiosidad por escuchar de su boca poemas como Tradición oral me impulsó a acercarme hasta allí y arrastrar a S, casi recién llegada del trabajo. De camino el frío iba despedazando nuestros músculos y cuando llegamos la lectura ya había comenzado. Bajamos con el silencio justo que consentía el crujir de la escalera, y allí nos quedamos, crujidas, con respiraciones crepitantes, expectantes, detrás del mundo, detrás de las espaldas de los vivientes, en ese punto final desde donde a veces todo se percibe mejor. El extremo. Extraordinaria ubicación sin duda para descubrir dónde comenzaba ese otro personal mundo de Lanseros, su segunda Cosmogonía. Desde mi frontera, ese territorio al sur -el límite-, la sala llena me recordó la geometría perfecta que hay en una cruz, el inicio, el final y a lo ancho otras tantas vidas cruzadas. La puerta por la que entras, la puerta por la que sales, y entre medias la vida, mismamente. Líneas que se cruzan en un ángulo recto, el centro de todo, la respuesta a toda plegaria.

Llegamos tarde pero llegamos a tiempo. Llegamos a tiempo para escuchar entre muchos otros poemas, el rey de Croniria. Raquel explicó con palabras de este mundo que la muerte a veces separa amantes de amados, pero con esa misma certeza puntualizó que incluso había veces que podía llegar a unirlos. Nos habló de su adoración por Machado y leyó un poema casi casi de boca machada. Por lo que escuché, parece un poemario lleno de ella, de ella y sus sombras, aquellas que tan bien acompañan. El mundo de los sueños escrutado desde las ventanas del tiempo. Desde los ojos ventana al cuerpo...
Al final del acto todos los cuerpos nos descolgamos de nuestro mundo para llegar hacia ella, como el neonato se descuelga de esa otra soga que tanta humedad coje en cuanto cae al mundo. Otra línea recta que se acortaba poco a poco. La saludé con prisa tras una larga espera. Finalmente nos prometimos intercambiar lenguajes poéticos. El tiempo -Cronos- corría en nuestra contra (S. madrugó hoy a las 5 de la mañana) y los sueños de mi Oniria particular se avalanzaban sobre mí.

Accesible esta mujer L, amable y apasionada, amante de la libertad en su sentido más estricto, creyente de sueños, creadora y fértil como Oniria antigua, deslumbró a los allí presentes con abrazos y versos y sueños y alas.

También llegamos a esta paradoja

Mis amigos hacen arder sahumerios
releen libros de mantras
decoran sus paredes con letras orientales.
La mayoría ortodoxa
tiene clase de yoga tres veces por semana.

La última Navidad
abogué por frenar
la cota de consumo irresponsable.
Soy un pobre aprendiz de budista.
Fabriqué mis regalos artesanalmente
reciclando residuos imaginativos.
¡Qué triste desengaño! Esta iniciativa
distó mucho de hallar el éxito esperado.
Se siguieron prendiendo
veinte velas a dios y dieciocho al diablo.
No conseguí sino un escaldamiento.

Desde entonces
los mismos que predican una existencia zen
me acusan de tacaño.

R. L.

Ella: La inspiración es como una meiga

3 comentarios:

alicia dijo...

Nuria, compartimos un rincón en la cueva del Centro de Arte Moderno el pasado viernes y también territorio poético, admiración por Raquel. Me unen a ella no solo los lazos de sangre sino también regueros de letras. En este caso ese reloj lleno de nubes que es Croniria nos ha reunido, íntimos desconocidos bajo la misma bóveda. Magia, tal vez.
Un abrazo desde este reino sin tiempo y felicidades por tu blog. (he releído antiguas entradas y en todas encuentro fragmentos compartidos)

nuria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
nuria dijo...

me encanta la magia, los encadenamientos, las coincidencias o casualidades... así que me alegran tus/mis fragmentos compartidos

llegué a tu trigal a través de una secuencia de letras -más magia, que qué es sino pura matemática-. Ahora me gustará seguirte con plena consciencia