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viernes, 4 de enero de 2013

Morir con un haiku en los labios

Cuando Joan me envió esta ordenada agrupación de haikus [365 haikus y un jisey] me atrajo la sola idea del concepto de jisey… Profundicé en su estructura y me entusiasmé. Todos sabemos que el haiku es una composición concisa pero bien intensa donde temas como la muerte o la naturaleza (elementos químicos que Joan domina para sus aleaciones) son motor y eje de la propia composición. Suele estar formado por tres versos de cinco siete y cinco 575 sílabas, y aunque muchas veces el poeta puede no regirse por estas leyes matemáticas, Joan lo ha hecho en sus 365 días/haikus…. en fin, que tras tanta exactitud me dio por restar esas 575 sílabas de los 365 días del año planteado, y en el día 210 resultante me encontré con la incipiente vida.

Siento un esbozo.
La buganvilla fiel
a cada paso.

Confieso también que la estructura “tan vital” de sus 365 haikus y un jisey me fascinó. Uno por cada día transcurrido, como si fueran páginas de un calendario lanzadas al aire una vez caducadas, vividas, des-vividas. Al final, más allá del último día, la despedida, el jisey, para volver a empezar. Un testamento tras una herencia de tres a tres versos como pequeños golpes de vida. Vida y muerte, filosofía japonesa.

Sabemos que un haiku resulta laborioso y su proceso de elaboración es muy detallado, pero una vez conseguido esto -y Joan lo consigue con creces- el resultado es de suma belleza, provocando todo un deleite en su contemplación. El ritmo y la sonoridad que acompañan a la liviandad hace de sus sílabas su propia esencia. He leído que en la cultura japonesa todos componen este legado, a veces a años luz de sus muertes otras incluso poco antes de morir. Como si fuera una prolongada esquela pero sin ese cariz triste que arrastra la ausencia. Tener conciencia de que esa voluntad se ha desarrollado o se está desarrollando, les da mucho sentido a su vida espiritual.

El cíclico Joan, gran poematizador de la naturaleza, sintoísta que ya dejó claro su amor en La montaña efímera, aquí vuelve a recuperar esos espíritus desde su lado filosófico más oriental. Desde su propio sotobosque. espacio arbóreo que aparece y reaparece en múltiples de sus anuales días.

Su título 365 haikus y un jisey me recordó aquella filosofía de Heráclito que encierra esa estructura global del todo permuta al instante, donde ningún día es igual a otro, ningún río tampoco, ni esas hojas de calendario caducas como las hojas de otoño… todo fluye, todo cambia, nada permanece (excepto el espíritu). No podemos bañarnos dos veces en el mismo río, ya que ni el río ni nosotros seríamos los mismos. El devenir es el Principio de Todas las Cosas y el devenir está regido por el logos, el cual de nuevo regula el devenir como una ley inmanente al mundo. Filosofía cíclica. Movimiento que retorna eternamente sobre sí mismo. Al terminar el gran año solar todo vuelve a comenzar y a repetirse (eterno retorno).

Eterno retorno, con esas dos palabras definiría la esencia de este libro. Todo un entendimiento del Universo a través de la metafísica y la física y al igual que el antiguo Heráclito de un cripticismo y oscurantismo no propios del haiku

Por otro lado, al leer este libro he sentido como si el transcurso de la vida que todos conocemos fuera a la inversa, como si comenzara en la muerte, le siguiera la sangre y la herida, como si la trayectoria fuera de la edad vetusta a la edad non nata pasando por la adolescencia del amor. Como si las estaciones fueran inversas al transcurrir que todos conocemos… como si los años fueron hacia el pasado en lugar de hacia un futuro incierto. Así Joan dibuja en círculos concéntricos el universo, su universo propio, una filofosía de vida…. Todo se inicia en un punto -transcurre y muere- para volver a iniciarse en ese mismo punto… el jisey es el hilo que tiende Joan para volver a comenzar… como si fuera una cremallera y sus dientes estuvieran llenos de vida. Extraños poemas que hacen de la propia rigidez toda una virtud.

Otro tema recurrente en Joan es la soledad, la soledad del viaje… y aquí, en este viaje al revés, se hace muy patente… un viaje desde lo perenne y lo pasajero.


Nació de la muerte un día 1

Un hombre ha muerto.
¿Lo acogerán sus raíces?
Luto en el aire.


365 haikus y un jisey
Joan de la Vega
Rúbrica Editorial, 2012
Comprar aquí

miércoles, 26 de octubre de 2011

lyon 1943

un título sugerente, sin duda, como todos los que gesta la poeta y dramaturga ana martín puigpelat. esta vez la colección de el sastre de apollinaire nos invita a la presentación de uno de sus libros, LYON, 1943. será este viernes, 28 de octubre a las 22,30 h en el ateneo. será presentado por el autor del estudio crítico y prólogo, Philippe Merlo Morat. la puesta en escena correrá a cargo de Rosa Briones y con la colaboración de esperanza elipe dentro del 18 ciclo de los viernes de la cacharrería

apuntes para un génesis fue el último trabajo de la autora que ni mucho menos lo es, lyon 1943 así lo confirma y para mí será todo un disfrute ahondar en él tal y como hice en estas otras páginas antiguas que no caducas...

Ana Martín Puigpelat nació en Madrid en 1968. Ha publicado los libros de poesía: Los amores de los días equivocados. Álbum de fotos. Los enemigos del alma (trilogía.) Naranjas robadas. Estado de noria. De la noche a la noche. La Deuda. Apuntes para un génesis. Ha recibido los premios: Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid. Voces de Chamamé. Ciudad de Miranda. Marina Romero Ha estrenado en teatro: Coches: robo y lunas. Grita: Tengo sida! Blop (teatro para bebés), una versión del Auto sacramental de Calderón de la Barca La Paz Universal o El lirio y la azucena y Amortal. También ha colaborado como asistente en diferentes dramaturgias.

jueves, 14 de julio de 2011

28010 un proyecto de alfabetización

Intento de descodificación de un código. U (imposible no pensar en una madre extenuada) otro proyecto de alfabetización que me trae a la memoria -porque quiero que me traiga- al proyecto de alfabetización de angélica liddell en su maldito sea el hombre que confía en el hombre. A de estructura.  I de orgullo. E de inicio. La célebre U de las madres extenuadas (esto me pUdo). Y una O que no alcanza a despedirse. Maravilloso diccionario más agudo que la misma Marta Agudo. Mar de Mar-tas malabaristas pobladas de botellas naufragadas. Perseguida por oníricas grafías que la visten. Habitándola. Habitándonos. Jugadora de letras que en extraño sueño ganó al poderoso lenguaje. Cuando se tiene valor, no se lucha más. Por eso echa las cartas sin necesidad de batallas campales, y en ese pulso agudo, lanzarse con uñas lingüísticas a esta tierra muda y alimentar  la nada. Su propia nada *[...frotarme las manos para que desaparezcan las huellas dactilares]. Su no-espacio [...porque todo resbala y va nutriendo el carro de las ausencias]. Su Marta-yo [...hacia el sumidero del yo]. Su Marta-nosotros [el Mundo y el yo, inicio y fin]. Su sociabilidad [fracasa la luz en los balcones...] y su intrínseca individualidad. Autismo. Pero también urbanidad y salvajes naturalezas ¿por qué no? Agudo se lanza para arañar ese otro geográfico territorio que mapea mucho más allá de un simple nombre-objeto. 28010. Cabales números en cabalísticas manos. Y en estas laberínticas las letras son números y los números letras [dadme mis letras para recomenzar / dadme mis paredes y adiestraré siete granos de arena]. Después, disfrutar. Verbo que conlleva en sus letras el sentido de este libro. 28010 podría haber un còdigo postal donde viviera la sujeto. Pero qué más da que sea su código, de ser que fuera? Qué más da cuando este código engloba todo un diccionario de países? Del lenguaje silencioso? Matemática pura es el efecto visual en su cubierta, pues cubre el mundo y sus esquinados vértices en un espacio predefinido. Despacio en el espacio. Horror vacui más allá del límite radiante de esa morada de coordenadas exactas. Por eso. Casa. Casa. Casa. Las afueras, en cambio, palpable agorafobia. Por eso Casa crucigrámica. También Casa-Luz. Remanso. Casa-útero. Casa-libro. Barco vasto para vivir en una orla. Con la sabiduría del encrucijado silencio que no deja señales en el agua. Las afueras y el miedo de afuera. Y sin embargo, es tan inútil intentar huir a otra ciudad. A otro distrito. A otro código que nos decodifique. Que nos con-dense como estos versos condensados.

...y me da miedo el espacio, le dice un crío de seis años a su madre cuando cruza la puerta del colegio. Aquí, en mis calles, la angustia se acentúa: veintiocho cero diez.

cinco números condensados en tres letras

subo estas líneas porque se me antojan el todo del libro. el porqué de su por qué. enhorabuena por esa pictórica casa recientemente escrita.

*pinceladas de 28010


28010 Marta Agudo
Calambur, Madrid, 2011 

domingo, 23 de enero de 2011

la insurrecta

en cuanto la recibí en páginas decidí leerla cronológicamente. también pasó por mi cabeza hacerlo de un modo incorregiblemente desordenado, esto es, deslavazar los años de sus libros, sus años lógicos. y coger aquello que primero atrajera con energía plena mi mano. y aunque finalmente la cronología y su lógica aplastante tienden a ganar la batalla, al final profundicé en la herida -a veces lacerante, a veces hermoso acontecimiento- de los heridos graves y esa insurrecta libertad valérica.

esta mujer de shakespeariano nombre y valérico apellido, nos incita a colarnos en la mina. a enfrentarnos a nuestros yo más internos. a bucearnos en la cueva donde yace nuestra propia herida para comunicarnos al fin con los otros heridos graves que nos insisten en salir-nos de nosotros mismos para conocernos. re-conocer-nos al mundo exterior a través de la cotidianidad que hay en la muerte o en el deseo o en el tantas veces nombrado amor.

luminarios poemas que nos obligan a esta introspección para alcanzar la extraversión. donde el cabecilla de una revolución valérica se dirige, entre asombrado y enardecido a adultos, obreros, niños, incluyo a burgueses.
a veces esclavos del deseo, y otras, sujetos interactuando dentro de una realidad, estos heridos graves apuestan por la libertad interpersonal y el fundamento metafísico de la libertad interior -psicológica y filosóficamente hablando-.

estos heridos ahondan en la herida, en la sangre que deja la herida, en el olor que deja la sangre que deja la herida, en el rastro que deja el olor que deja la sangre que deja la herida. para toparnos, antagónicamente, con el sobreponerse, donde los sobrepuestos son resurgimiento y salvación. aunque hay veces que, como un marat que descansa su asesinato en la bañera de su casa, con toda la cotidianidad que tiene esa imagen, como una piedad, si quieren, con una languidez casi ofélica, la voz primera se deja desfallecer en su particular bañera.

julieta valero da una importancia justamente exagerada a la rutina y a la magia cotidiana del día a día de sus heridos graves... que bajo el prisma de mis ojos, son nuestras cicatrices interiores que sólo vemos frente a nuestros particulares espejos, imágenes reflejadas en ese reducto de agua, allá, en la gruta más profunda, y que se mueven en homéricos y espeleológicos viajes del yo interior al yo exterior, que no deja de ser un tú. del yo al tú. del yo al nosotros.

por otro lado, este libro de redonda autoría, como la última herida grave por excelencia, no me digan por qué pero me recuerda en su estructura casi piramidal -como se estructura en estratos una gruta-, al famoso cuadro de delacroix, la libertad guiando al pueblo, que ondeando bandera y rifle -y a pecho descubierto- defendió lo pobre, lo injusto, lo dañino... pero también era deseo insostenible de sus antagonistas el amor, y con todo la muerte, que fue final de ese todo, o su comienzo, según se mire. quizá me recuerde a este cuadro porque el dibujo que crea mi cabeza tras leer el libro coincide en ejes, ángulos y aristas con el grave, simbólico y enriquecido cuadro mencionado de delacroix.

es curioso, pero personalmente para mí, el libro se me antoja como una correspondencia matemática respecto a este cuadro. como aquellas funciones matemáticas estudiadas a la fuerza pero que hoy toman otro sentido más poético, si cabe. un mapeo matemático donde X es el libro e Y es el cuadro. un mapeo que me permito dividir en dos estratos. dos plantas geográficas.
el libro está dividido en dos partes, un norte y un sur. en el norte habitan los heridos graves y en el sur, sobreponerse, los supervivientes. si partiéramos longuitudinalmente el cuadro por la mitad, habría un norte, la superviviente libertad y un sur -los muertos dibujados bajo sus pies (esto se puede ver con claridad en el cuadro).
todo tiene un norte y un sur, una cima y una sima. y es curioso cómo la cima en X, es decir los heridos graves, se corresponde matemáticamente con la sima en Y, que son esos otros heridos graves de muerte dibujados en la base. y donde la sima en X, se corresponde a su vez con la contraria cima en Y.
por lo tanto, si trazáramos una línea uniendo cima con sima y sima con cima, formaríamos un aspa, una cruz como la de de-la-croix. parece un galimatías pero yo me entiendo. cima con sima y sima con cima... ¡qué insurrecta correspondencia matemática! ¡qué regla de correspondencia tan necesaria!

julieta valero es aquí norte y sur. es cima pero también sima. es oneroso grave que en su resurgir no abandona el arma en aras de los derechos inherentes a sus heridos. entendiendo por esto el amor, su pródigo, el deseo y su expósito, la muerte. ella es también herido grave al que le agota la lucha, desfalleciendo como aquel marat antiguo.
para mí estos heridos son un deseo irrefrenable de comunicación. un bucle comunicativo. una elegía a lo cotidiano. a lo rutinario que hay en el lenguaje hablado en cualquier cocina habitada. en esa casa habitada por estos tres inquilinos que cohabitan en unos metros cuadrados. la casa es habitáculo importante a ojos valéricos, es cierto. y al igual que la libertdad con femenina figura y bandera en alto, la julieta de este siglo encabeza su acometida desde su propio hogar. la casa de su cuerpo...

libro por tanto, extremo en lo afectivo con un uso del lenguaje exquisitamente sencillo -como lo es lo cotidiano-. una matemática que desnuda para que el norte se equilibre con el sur.

Los heridos graves
de Julieta Valero
DVD Ediciones (2005)

*me da por pensar en la portada. Hg. mercurio. un metal noble. un herido grave. qué buena elección. otro mapa donde el agua y la plata se complementan. donde la liberación del mismo acontece gracias a la exposición al viento y al agua. aunque igualmente suponga grave herida, alteración para el ADN. mercurio. otro herido grave. otro país por conquistar. con su norte y con su sur.

miércoles, 12 de enero de 2011

un sui génereis génesis

un sui géneris génesis. un gen que germina. porque antes de nada la tierra dormía. antes de nada, la nada. antes de esa nada la tierra estaba desierta y era informe y vacua, como cantaba aquel antiguo génesis. antes si acaso la conciencia de vivir a la intemperie, como antecede la frase que abre el libro. antes, esa misma nada echa tinieblas que cubría abismos... y justo antes de esa nada y de su germen, alguien creando su propio génesis.

con mano nueva pero con mano-pasado, Ana Martín Puigpelat en apuntes para un génesis nos adentra en un juego divino de paletas y pinceles. nos presenta un lienzo inicialmente blanco donde nada la nada más absoluta, coincidente con su primera página en blanco.

este dios casi Bosco, dibuja en su aún plegado tríptico otro tercer día distinto al de la creación del mundo que todos conocemos [...al tercer día/ he desnudado el mar], y así permanece hasta llegar a una especie de horror vacui en su propio génesis. un mundo que llena de elementos hasta el extremo por ese miedo al vacío. como si el mundo fuera ese tríptico y ese miedo pictórico al vacío simbolizara el propio vacío del mundo.

al dios impuesto le considera ignorante y en ocasiones hasta malvado, así que como un Gilgamesh -a veces generoso a veces déspota con lenguaje imperativo-, nos hace partícipes de sus aventuras y desventuras en esos días de creación. todo lo que se dibuja existe. lo que borra o no dibuja o no ha sido dicho no existe. por eso es un dios mudo el que crea estos paisajes dando forma al mundo. dibuja y nombra sin voz alguna al amor. a la guerra. al sexo. le divierte crear y abandonar lo creado -que no destruir-. le divierte su poder y es casi venganza al poder antiguo concebido. y así lava su culpa y exculpa sus errores [no ha existido jamás lo que no ha sido dicho /por eso no me nombro...].

con esta tensión divínica va creando a su antojo -que es el nuestro- el nuevo mundo. y con instrumental esterilizado abre en canal el tríptico bosconiano para mostrarnos otra sinfonía más divertida que la impuesta. otro diagrama. un pentagrama con más movimientos.
este caprichoso semidios a veces mujer -algo que ya en sí desesperaría al mismísimo creador-, juguetea con el poder [...actúo por antojo...] y sonríe como un niño cuando descubre en su paleta las posibilidades resplandecientes de los colores. a veces también nos muestra su lado más contradictorio -como lo son los niños-, como cuando dibuja la escena nueva de la guerra [ordeno que se coman entre ellos.../ he inventado la guerra/ en el principio], para más tarde lavar sus manos de ese tinte tenebroso que le ha salpicado [no pienso yo dotar al hombre de armamento /que lo encuentre por sí mismo…].

cuando este escéptico ser [… aunque eso sea demasiado tarde …] esboza al hombre, titubea en si ponerle o no pedazos de su piel a su querido animal re-inventado, y en su particular paisaje va creando estaciones estacionarias porque considera que el firmamento que creó aquel dios inicial iniciador de todo es una masa de ignorancia. -¡ignorante! le falta gritar-, no sin razón...

este atípico y a veces hasta condescendiente creador, para mí es un dios moderno que enfrenta lo divino con la realidad. quizá sea esto lo que más le diferencia respecto al impuesto. esto se hace palpable en unos imposibles y hermosísimos versos [mientras nace Venus de una concha submarina, duermen dos ancianos sobre el banco de un museo].

en cuanto al sexo -fisiológicamente hablando-, la delineante mancilla la castidad de la página 18 concibiendo la escena anatómica del hombre -con un pez- y la de la mujer -con una gruta subterránea-… simbólica, hermosa e inaudita manera, si lo piensan. probablemente, el particular primer hombre de esta historia también tenía ombligo como lo tenía aquel Adán tantas veces retratado -agujero del mundo-. no tarda tampoco en diseñar el amor para acompañar las soledades de sus creaciones humanos, considerándolo ya antes de sus principios como la mayor de las mentiras.

entretanto, y en una esquina de esta vorágine tablilla, descubro con idéntico gusto una sutilísima y también particular mater dolorosa que llora a su criatura, toda una lacrimosa, un stabat mater particular en la página 52 [observo ahora a la madre, está muy dolorida /lame la sangre muerta /y da su leche a la criatura]

la mano, al poco, se vuelve casi casi humana -no sé si al anvés o al revés de la misma-, pero antes del ecuador de este genial génesis, esa mano divina duda y por tanto teme el siguiente movimiento. teme mover ficha. la duda divina es incongruencia en sí misma porque contradice al poder supremo [a veces el temor /¿no durará el invierno para siempre?…]. así que no mucho más tarde yerra en su re-creación, porque lo que duda en algún momento yerra [errar tan a menudo / no saber el final de lo creado...] sumiéndose en la más terrible desesperación. hasta el punto de querer purgar su culpa. encarado a su propia serpiente por desobediencia, llora cuando adquiere la arcilla de la que está hecha el humano, antes creadora que quiso re-crear un nuevo mundo. la tentación ha llegado y ha llenado sus páginas de tinta. y la tentación incluso a ojos de este semidios puigpelateado es el mismo diablo que en días impares apareaba su cuerpo. entonces surge un nuevo endiku, un nuevo ser. un acompañante, aunque sea la propia sombra echa de barro. echa de esa sangre de dios mezclada con polvo, tal y como se formaban los hombres en gilgamesh [una especie de barro en alambique /y unas manos curtidas de alfarero]

y tras la duda, el miedo. y ante el engendro ideado con sus alfareras manos, el pánico amenaza [he dado al hombre tanta libertad… /y ahora me asusta]. quizá para los más gnósicos, la satánica serpiente sea en lugar de la tentación la mismísima salvación. un ser iluminado enviado por otro dios. porque el verdadero demonio para este semidios es un lobo sumido en la más absoluta oscuridad y con el que tantas veces conversa [será el poder de la tiniebla /donde reinará el lobo con el miedo], sin duda un ser oscuro creado por la vanidad propia [diseñaré habitantes de lo oscuro].

apuntes para un génesis es un pulso entre creadores o lo que es lo mismo, es un libro que nos recuerda que el mundo es el resultado de una guerra entre dioses.
en definitiva, otro bellísimo tríptico con otro principio y otro final.
felicidades atrasadas...

*he estado buscando por toda la casa las tijeras pero no di con ellas....
*[...] versos de la autora

Apuntes para un génesis de Ana Martín Puigpelat
Ediciones Amargord 2009
prólogo de Cecilia Quílez

lunes, 27 de diciembre de 2010

la de atrás

murió decapitada en el cuarto día por rociar su esófago con un mal ácido. después del cuarto día la resucitaron. después de resucitarla, a la fuerza la vistieron. después de vestirla la exhibieron. después de exhibirla, en un mercado la vendieron. después de venderla la descalzaron. después la desnudaron. después la agasajaron. después de agasajarla la mancillaron. después de mancillarla la mataron. después la amortajaron. después de amortajarla la exhumaron. y tras otro cuarto día volvió en venganza la de atrás. la re-nacida emancipada con su nuevo vestido de largo. después tomó las riendas de su no-vida y en su enagua se camufló. después de camuflarse salió de allí. salió de sí. y después de todo esto, después..... después... después... ¿por qué después? porque después de aquel cuarto día, el atuendo del pasado expulsó a la mujer que fuera antaño. la que fuera recatada. la pudorosa del re-nacimiento. la que hubiera seguido siendo en las ascuas del hoy ardido. la del calcinado traje pretérito. pero que traía en desafío a la otra: la visionaria del mañana incandescente. la de la llama que ahora con su llamador nos llama y nos aclama. la inflamadora de retinas. la indecorosa. la impura de este siglo, si quieren-, la otra. la de atrás. otra vuelta de tuerca más.... el nacimiento de otra venus-libelular.­ una mujer dentro de un traje. un traje que nos sobrevivirá a todos.

para mí, este volcánico vísteme de largo ha sido un meteoro en llamas. un libro que habla de los frágiles -aquellos esclavos del deseo- pero con la fuerza, la certeza y la metralla que tiene un meteoro. lleno de dirección, este incendiario libro es el grito silencioso. la ferocidad de un deseo in-apagado, un deseo in-acabado. un imperativo. una exclamación. una exhalación. una exhumación si quieren, que pone punto final a tanta vuelta de tuerca....

las manchas de tinta que sobre las páginas mancillan las alas transparentes de estos lucernarios seres me han arrojado más claridad- si cabe- al lenguaje críptico y cecílico en el que la poeta nos insiste. y traslúcidas todas, tinta, fauna, poeta y puño, hacen de este viaje un retorno a la infancia. una regresión forzada en busca de otras respuestas educaciones. otra balanza. los kilos de lo vivido contra los kilos no vividos pero que aún estén por vivir. los kilos de lo vivido contra los kilos añorados. los cuentos de la niñez reconducidos. el deseo de ser vestida de largo y que no fuera un cuento chino. un volver a aquella engañosa infancia, en la que ¿por qué no? puede que el lobo fuera aquel ser ingenuo que caía irremediablemente en las fauces de una feroz y carnicera caperucita. donde el príncipe fue bello durmiente y la princesa diminuto y afeado sapo cuyo alargado y peinado beso era valle que salvaba. donde el coraje del príncipe desbocado era un caballo femenino bienhablado y la debilidad de la lánguida princesa la yegua masculina malhablada.

el viaje te obliga -que no propone- a parar tu mente. paradas de posta. paradas que te incitan a meterte dentro de un traje. a encorsetar ideas preconcebidas en él para desencorsetarte al fin. liberar cinturas en ese acto. y en ese último vuelo te presentan a la otra. la de atrás. y en ella ves el dolor profundo de la ausencia, el placer de recordarlo, el sexo añorado, la vida múltiple. la vida invertida, los em-bolsamientos, los giros -pero no lingüísticos, sino más físicos- giros donde los príncipes eran débiles células y las princesas grandes heroínas de guerra. una inyección de latido y sangre en nuestras propias alas, que no son más que nuestras plegadas venas. nuestras forzadas y plegadas alas en-venenadas en la suciedad de esta sociedad.

estas acróbatas libélulas en celo, que a veces incluso aplasta contra la página la mano ejecutora más cecílica [véase poema autobiográfico pág. 60] y cuyo mapa es similar a ese ejército de insectos que estampa su sangre contra un coche blanco en un largo viaje, nos permiten licencias físicas -que no poéticas-, para hacer-deshacer-rehacer nuestro camino. cruzarnos con la otra.... con el re-surgimiento. con la decisión de estamparnos contra ese coche incólume donde viaja la voracidad y el deseo de aquélla otra. la de atrás. nuestra futura sangre derramada sobre lo más puro. nuestras impurezas inscritas contra ese metal... ¡qué alquimia! si lo pienso.... nuestra sangre más impura contra lo impoluto de lo puro, pero contra una pureza impuesta.... y ahora me pregunto, ¿qué es lo puro y qué lo impuro? ¿qué el pundonor y qué lo impúdico? ¿que brazo ejecutor dicta las normas y hunde el hacha para decapitar lo extra-limitado? ¿quién marca lo que nos honra y lo que nos deshonra?

el cuarto día para mí fue una especie de otra vuelta de tuerca y este vísteme de largo, prolongación ineludible de aquella vuelta de tuerca.... la re-tuerca. la re-vuelta. la re-evolución. la muerte aquí se inminencia en esta estancia nueva de vestidos largos deseados desde una infancia que a veces es ficticia... pero una muerte que regenera un vestido. que nos desviste para volver a vestirnos. como si ese "fuimos engañados por confiadas bocas" tomara la fuerza salvaje del trailer de un camión que llegaba desde el pasado.

la antesala de este libro, perfectamente ajustada por mano de ana martín puigpelat (apuntes para un génesis, Amargord, 2009) ciñe los paisajes arrojando luminosidad sobre estos cuerpos igual de luminarios -los amantes- porque el fuego engendra vida al fin y al cabo. y con ese ceñirse nos propone -que no obliga- a no salirnos del camino por el que la autora nos conduce.

ésta es mi mirada. la anatomía de un libro que atiza. un libro-precepto. un mandato. un inflamado manda-miento. un contestatario. una orden des-ordenada. un pulso con la de atrás. y todo esto, insisto, a pesar de sus poliédricas lecturas. como poliédricos son los ojos de esas mismas libélulas que estamparon su sangre contra un coche blanco. libro depredador al fin que se inflama en versos que a veces dan salud pero que también matan.

después de todo, la mejor manera de viajar es sentir
Álvaro de Campos, F. Pessoa


bienvenida de nuevo a la vida, señora. feroz vuelo y feliz viaje ahora, y como solapó ana en los inicios: colorín colorado.... este cuento... se ha....?

Vísteme de largo de Cecilia Quílez
Preámbulo de Ana Martín Puigpelat
ed. Calambur 2010
un regalo feroz e imprescindible

siento la extensión...

lunes, 1 de febrero de 2010

el pez en calle 20












esta vez el pez se echa a las calles, más concretamente a la Calle 20 de este Madrid que tanta cultura cultiva, más concretamente en la acera 73, quise decir página 73.

gracias e* por permitir otro coleteo de este pez en esta acera de Calle 20

miércoles, 6 de mayo de 2009

Los círculos concéntricos

Ayer estuvimos en la presentación del libro Los círculos concéntricos del para mí casi desconocido pero desde ahora más que perseguido Alejandro Céspedes. Nos invitó E. y una vez allí encontramos rostros amigos. Fue magnífica la lectura dramatizada en voces del propio Alejandro y de la actriz Cinta. Desde el primer relato me dejé agarrar. Me sólté a aquel precipicio de palabras. Me dejé vencer, sin más, dejándome caer a las manos de ambos. Poco a poco, no mucho más tarde, fui viviendo de cerca, intensa, fotograma a fotograma la trágica y espeluznante historia que vivió-ideó-retrató-relató la mano del autor de aquellos círculos concéntricos. Estos "fotogramas" que transcribo aquí fueron los que personalmente viví con más intesidad. Aunque ahora que recuerdo, no hubo ni un sólo momento en que se relajara mi piel que se hundía en cada palabra, en cada relato leído... en cada círculo, en cada espiral, en cada nombre, en cada Aurelia, en cada Aurora. Enhorabuena a ambos. Espero volver a hablar de ellos. De todos ellos.

De cómo se concibió el libro inicialmente:

El personaje femenino, su voz, se me impuso desde el primer verso. A pesar de que intenté cambiarlo una y otra vez y ensayé otras voces, incluso múltiples, ninguna pudo superar las reticencias de la inicial Aurora. Fue escrita en una primera persona femenina, pero también con una masculina. Fue más tarde escrito en tercera persona y posteriormente combinando en poemas pares e impares la voz inicial femenina y otra voz, narradora, objetiva, expresada en tercera persona. Pero Aurora
seguía imponiendo su mandato, su personalidad, su terquedad. El personaje real fue tan tozudo que cinco veces se negó a morir. Sólo a la sexta, la muerte, que ya la había llevado hasta límites miserables sin conseguir doblegarla, pudo derribarla.


DE Los círculos Concéntricos:


TRASPASAR la frontera era muy fácil. Quién dice a la caricia
cuál es el territorio prohibido. Cómo saber que a partir
de una célula inexacta comienza la maraña del deseo a enredarse,
a escurrirse, a empantanarse. Qué señales le informan
que su imperio termina y que esa nueva tierra donde están cabalgando
sus diez dedos todavía no puede ser pisada.
Qué puntos de la piel van indicando dónde están los linderos
del camino por el que transitar es aún posible sin tener que
esconder las emociones. Cómo puede saber la blanda esponja,
los redondos planetas de la espuma, que en un instante el radio
de sus órbitas empieza a gravitar sobre el peligro.
Qué espasmo del cerebro modifica la intención de la esponja,
del labio, de los dedos. Qué neurona oscurece y afila la mirada
del hombre ante un asombro que unos segundos antes sólo
era un trozo de piel sucia entre sus manos.
¿En qué espectro se encarna la ternura?


SUPE a los doce años que aquel coche tan grande era un
Seat —y con dos apellidos que son Mil Cuatrocientos.
Verde, como el agua estancada. Y fuimos a estrenarlo.
Hasta esa edad recuerdo pocas cosas pues la memoria era un
territorio inexplorado, oculto, sólo útil para que en él pastasen
mis secretos.
Eran mis doce años.
Me enseñó cómo huelen los coches cuando nacen.
—Hay que estar muy atenta porque este instante es único y no
se olvida nunca.
Este olor primigenio sólo escapa el día que su dueño abre sus
puertas por primera vez. Sólo una vez. Y sólo al primer dueño.
Y era cierto. Nunca más lo olvidé. Porque un poco más tarde
y también para siempre habría de recordar el clic metálico que
hace que se desmayen los respaldos. La frialdad del plástico de
las tapicerías pegadas a mi espalda. El olor del tabaco en mi
saliva. El apretón caliente de unos brazos. El peso de otro cuerpo.
La liviandad del mío. Supe el tacto del semen, como la goma
arábiga, y su olor, a lejía.
En casa me esperaba otro regalo. La postura correcta para usar
el bidé. Me enseñó a hacerlo y me quedó la impronta de aquel
agua caliente corriendo por el cauce de mis muslos al tiempo
que mis ojos se perdían en un paisaje azul de baldosines.

Allí, quieta, escuchando el revuelo de aquel agua mientras era
engullida, mientras el sumidero succionaba mis lágrimas, aprendí
a recordar.
Aprendí a recordar con las piernas abiertas mientras contaba
doce azulejos en el alicatado. Doce anillas sujetaban la cortina
en la ducha. Doce veces el cuco abrió su puerta abajo, en la salita.
Doce veces cantó mis doce años. Doce años cumplí sentada
en un desagüe.
Ese fue mi regalo, recordar. Recordar cómo huelen los cuerpos
cuando se abren en ese instante único.
Recordar ese olor primigenio que se escapa el día que su dueño
abre la puerta por primera vez. Sólo una vez. Y sólo al primer
dueño.



HE aprendido a amansar sus estampidas construyendo en
mi cuerpo dos Auroras idénticas.
Amordacé el cristal de sus pezuñas y vendé sus aristas con un
trozo de felpa.
Dividiéndome conseguí confundir su trayectoria, los redobles de
ese tambor que aspira los latidos del eco para tener más ímpetu
en el próximo golpe.
Ahora, entre las dos que soy, ya podemos colocar su discurso
entre las manos e imprimir en su tráquea mis huellas dactilares.
Disfruto viendo cómo convulsionan sus lamentos ahogados.
Cómo sus ojos buscan mis esferas para poner los huevos e incubar
sus retoños de memoria. Ya es inútil.
Vuelve a poner en juego a sus espectros. Pululan por mis límites
con el cuello desnudo. Pero ignoran, que al duplicar mis
manos, es muy fácil tirar de los extremos del nylon que he
anudado en su garganta.
Inician su estampida.
Patalean colgados sobre el aire. No redoblan.
Silencio.
Así la realidad se manifiesta: subproductos, chispazos que iluminan
el vacío.
Separados del cuerpo, los sueños abortados restallan en el aire
como un cable mojado.



Fue una piedra.
No yo.
Fueron dos piedras.
El coche quedó abierto.
Él me seguía.
Yo sólo vi que el coche estaba
abierto, los faros encendidos.
Fue una piedra.
No.
Dos.
Fueron dos piedras.
Él me seguía.
Se lo había dicho:

¡Basta!
¡Basta!

Tres veces dije ¡basta! pero quería
mi lengua su aliento a combustible.
Salí del coche. Dije:
-No habrá más.
-Nunca más.
Yo acumulaba fuerzas.
-Es de noche –decíahay
que volver, Aurora.


¡Aurora!
¡Aurora!

Pronunciaba mi nombre con la mano
extendida como si fuese yo quien va
a caerse.
Me seguía.
Miré hacia atrás.
Vi las puertas abiertas, los faros
encendidos.
Una piedra hizo un surco en la
noche, otro en su frente.
No.
Dos.
Fueron dos piedras.
Fue la otra, no yo, la que estaba
esperándolo.
La que abrazó su cráneo por la
espalda cuando cayó con los faros
abiertos, las puertas encendidas.



SINTIÓ una mordedura, un estilete, un nudo corredizo estrangulando
el tráfico en su arteria. Abrió mucho los ojos
y la boca. Giró sobre sí mismo en un instante los ciento ochenta
grados que allí necesitaba para verla.
Fue la primera vez en toda su simétrica existencia que la miró
de frente y ni siquiera así le vio los ojos.
Ella continuaba con sus burlas desde su fondo oscuro. Imitaba
los ángulos, las formas de sus desmadejados aspavientos mientras
se iba cerrando la bisagra que desde que nacieron los unía.
Cayó sobre su sombra con su cuerpo pero ella, esta vez, mientras
se hacían idénticos, al desaparecer, le dio la espalda.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

La nieve en los manzanos

La Nieve en los manzanos de Julia Otxoa es un poemario que indaga en el abismo de la condición humana, nombrando con extrema honestidad y belleza el monstruo que nos habita cerca. Un poemario directo pero escrito desde la oscuridad hacia la luz. Un libro donde todo parece detenerse y morir ante la contemplación de la barbarie de este mundo...
Lo dedico a todas aquellas personas que estamos en este prematuro invierno nombrando al monstruo que nos habita dentro. A aquél que ha comido tierra alguna vez en su vida.

Tengo frío junto a los estandartes

Tengo frío junto a los estandartes,
el rumor de sus himnos
hiela mi corazón
como la negra memoria
de una guerra perpetua.


Intentando vivir

¡Este es mi tiempo!
ha dicho Caín,
y la gente asustada se ha ido por ahí
intentando vivir,
navegando con sus barquitas de colores
por las calles inundadas de llanto.


El pulso de los muertos

El pulso de los muertos
retumba insoportable
en los armarios,

ya no sabemos dónde guardar
nuestra comida hecha de relámpagos.

Abrasados en llanto,
El menor de los pájaros
es más fuerte que nosotros.


Cuando la lluvia se ha ido

Cuando la lluvia se ha ido
he salido descalza al exterior,
el olor a tierra mojada era tan intenso....
parecía que toda la montaña
latía con fuerza dentro de mi estómago.

He sentido entonces mi silencio emocionado
como un manzano mecido por la brisa.
Luego me he arrodillado
y he estado comiendo tierra
hasta que dentro de ella he oído cantar
a mis abuelos.



En medio de todo esto


En medio de todo esto
los niños siguen arrojando
sus caídos dientes a la luna
suplicando nuevos alfabetos de hueso
para nombrar la vida.


El tiempo de las plantaciones

En invierno,
Al llegar el tiempo de las plantaciones,
me gusta contemplar
ese desfile de jardineros desarmados
cruzando la ciudad,

llevando sobre sus hombros
en lugar de fusiles
árboles dormidos.

Esa imagen es para mí
tan hermosa
que vence toda la sinrazón
de la barbarie en la que estamos,

algo así
como asistir a la poderosa fragilidad
de las raíces de la menta
levantando las piedras.


Todos los trajes de la muerte

La vida es insoportable
sobre las cenizas de las víctimas.

No me hables de los héroes,
he visto todos los trajes de la muerte,
la sombra de la sangre derramada
es siempre imborrable y única.

Miro nuestra casa
y sólo veo fantasmas.


No de este modo

No será desde luego
hundiendo el tenedor
en el corazón de las golondrinas
como nos alimentaremos de libertad.