Hoy he soñado que estabábamos en un mar desconocido, hacía calor y yo me distraía al sol en una hamaca que no era mía. Parece un sueño muy usual pero esta imagen no es la que llamó mi atención cuando desperté. En el sueño yo ordenaba mi bolso como si fuera algo realmente importante. Ni siquiera me llamó la atención que estuviera lleno de fruta fresca, era como si siempre hubiera llevado en el bolso fruta. La fruta que más abundaba en esa bolsa sin fondo era la manzana. Las había rojas, golden, reinetas, todas perfectas. No existía la madurez en ningua de ellas, eran firmes y frescas. Ni una sóla mácula en su piel, su piel no tenía ni una sola mancha que tan irregulares las dibuja, algo muy normal en el mundo real de las manzanas. Recuerdo que había muchas manzanas en el bolso y fui colocándolas en una bolsita de plástico alargada y estrecha, perfecta para ir alineando mis manzanas como si fueran ideas. Aparté una, la más preciosa, era roja y brillaba como el sol brillaba en mis muslos. No recuerdo si llegué a morderla, pero sólo de pensarlo, me entran ganas de cantar. No sé qué significa. No sé si son símbolos de prosperidad o fertilidad (lo dudo), pero la sensación fue maravillosa. Este es mi homenaje a esa manzana abandonada de la imagen.
martes, 29 de mayo de 2007
Manzanas
Hoy he soñado que estabábamos en un mar desconocido, hacía calor y yo me distraía al sol en una hamaca que no era mía. Parece un sueño muy usual pero esta imagen no es la que llamó mi atención cuando desperté. En el sueño yo ordenaba mi bolso como si fuera algo realmente importante. Ni siquiera me llamó la atención que estuviera lleno de fruta fresca, era como si siempre hubiera llevado en el bolso fruta. La fruta que más abundaba en esa bolsa sin fondo era la manzana. Las había rojas, golden, reinetas, todas perfectas. No existía la madurez en ningua de ellas, eran firmes y frescas. Ni una sóla mácula en su piel, su piel no tenía ni una sola mancha que tan irregulares las dibuja, algo muy normal en el mundo real de las manzanas. Recuerdo que había muchas manzanas en el bolso y fui colocándolas en una bolsita de plástico alargada y estrecha, perfecta para ir alineando mis manzanas como si fueran ideas. Aparté una, la más preciosa, era roja y brillaba como el sol brillaba en mis muslos. No recuerdo si llegué a morderla, pero sólo de pensarlo, me entran ganas de cantar. No sé qué significa. No sé si son símbolos de prosperidad o fertilidad (lo dudo), pero la sensación fue maravillosa. Este es mi homenaje a esa manzana abandonada de la imagen.
lunes, 28 de mayo de 2007
El último ángel
Sábado 26 de mayo, 11.30 h
Espectáculo Ghetto 13/26. "El último ángel"
Festival Internacional de Teatro de Calle de Valladolid.
Sí, ya lo estableció Einstein, "El tiempo junto a otros elementos lo relativiza todo". Todo menos que un público descarado saliera por una puerta en plena función y ante los ojos del objetivo de un cámara que grababa el espectáculo en ese punto. Una puerta que formaba casi parte del escenario, un escenario nada apropiado, con la mitad de asientos prometidos, y con el agravante de que el colectivo exigió unas gradas para facilitar la visibilidad de este espectáculo, condición, repito, indispensable. En cuanto a los técnicos de sonido, qué decir, aparecieron y lo sé de buena mano, tan sólo un par de horas antes de la función, y con sonidos desajustados dieron el ok al espectáculo. En fin, que si Einstein hubiera puesto sobre la mesa estos tres elementos, "público, sonido y visibilidad", tres propuestas nada artísticas, se hubiera dado cuenta de que el resultado es una mera aunque determinante consecuencia. Yo tuve oportunidad de ver el espectáculo de Ghetto 13/26 "El último ángel" en dos ocasiones. La primera de ellas fue en el Festival de Escena Abierta de Burgos, donde el espacio, las condiciones técnicas y el público eran óptimos, como siempre habría de ser en estos festivales. La segunda vez lo vi en la Sala Ambigú, donde estos mismos elementos se aunaban a favor del arte y la propuesta. Pero esta vez, fue diferente, diferente en tan sólo tres puntos que con anterioridad ya he definido: las condiciones técnicas, el espacio y en el público, tres propuestas de lo más inoportunas. A la actriz se le debería de haber roto la voz desparramándose por aquello que algunos llamaban escenario, chocando con los objetos de la esconografía; a la bailarina se le deberían haber descolgado los huesos que la sujetaban ante el bochornoso "espectáculo" de ver con los ojos de la espalda y en una sala repito, totalmente inapropiada, cómo un público irrespetuoso salía sin ningún cuidado del espacio. Pero no, la una siguió con voz de tierra, una voz limpia que no chocaba contra ningún objeto y la otra descargaba sus huesos en un baile, ajena a ese "otro espectáculo" como si anidara el demonio en su médula. Pero señores, sí, el demonio iba saliendo por la puerta una y otra vez, una puerta descarada que consentía una luz igualmente descarada.
Y sí, hubo el sábado y en esa matinal hora tres propuestas artísticas: un programa de radio con voces de gente real, a través de piezas compuestas y realizadas por la actriz Marta Ruiz de Viñaspre; una coreógrafa-bailarina, Eva Simón, que intervenía en el espacio, por llamarlo de alguna manera, las voces y la música, con unos movimientos corporales de vértigo y un dj, Félix Fradejas, que creaba espacios sonoros (de nuevo, espacios, por llamarlo de alguna manera) y proponiendo imágenes de videoarte. La cualidad de inconexo y frío de estas tres propuestas, no fueron precisamente las propuestas propiamente dichas, sino todos esos otros elementos a los que aludió antaño Einstein y que por supuesto determinan un espectáculo. Lo que quiero decir, es que si el espectáculo ya se ha estrenado y representado un par de veces y con un éxito evidente, y en esta ocasión ha provocado "desbandada" como escribían aquí, es sencillamente porque otras tres propuestas hicieron mella. Sí, una triple propuesta NO artística, más bien grotescas: la propuesta de unos técnicos de sonido, de la organización o no sé quién, que se negó a colocar gradas y por supuesto, la propuesta del público, tres propuestas totalmente frías e inconexas, no lo duden. El único error del colectivo: no suspender la función, pero yo supongo que los compromisos fueron otro elemento a tener en cuenta.
viernes, 25 de mayo de 2007
Desde el instinto

El cielo es un paraíso incierto. De todas las impresiones humanas es el que mejor nos sume en un silencio repentino pero concertado. Un paraíso donde el hueso triste de la muerte ya no existe. El que riega los pensamientos y lava los hallazgos de las ideas. Este cielo que arrastramos hace días es todo un confidente, un refugio, un desquite del espíritu. Este gris mercurio que se ha vuelto infinito nos libera de coacciones extrañas. Hace que nos mantengamos al margen, nos retira a un mundo completamente personal, un mundo de amistades, de ensueños, de música. Este cielo que nos sigue sin una sola mancha azul es el eje de la retina que persigue el sueño azul de su ángel adormecido. Este cielo mutilado, cercenado por las edificaciones temporales de las nubes, este cielo prehistórico y sus aires feroces que se dedica a nuestros nervios y su viento se pasea entre las ramas de los cabellos... este cielo nos sigue. A veces creo que sólo desde el instinto se puede ver el cielo.
jueves, 24 de mayo de 2007
Solas
A veces sólo necesito escribir de seguido, para salir de mí y reencontrarme conmigo, esa con la que confluyo tan a menudo y que a veces ni me escucha. Hacer sólo eso, y en ese intento dejar de homenajear por ejemplo a la soledad maciza que en algún momento del pasado inmediato nos arrastra al mundo. Escribir desde aquellos confines de nuestra propia ausencia. Adiestrar mi puño y escribir en otra dirección. Escribir a la ira antigua de vivir en aquel madrid inventado pero que hoy descubro azul por mi nueva compañía. Cuando pienso en aquel madrid a solas, a veces siento como si estuviera abierta como una herida, con una piel tan blanda que pudiera en cualquier momento caerme de mis propias manos… Pero qué decir de este Madrid de ahora que me destapa acompañada y me delata en una inventada y casi adorada casa... Un Madrid que deja atrás un cielo gris mercurio y muchas lluvias. Yo recuerdo que Madrid a solas era como una hiedra hambrienta que parecía dormir pero estaba despierta y que ascendía sibilina por mis tobillos hasta alcanzar las ingles, aquellas descansadas y confiadas, las nuevas asaltadas. Y de ahí prosiguía su viaje hacia mi escueto cuello, siempre limpio de hojas secas para alimentarla. Recuerdo que Madrid a solas me regalaba un dolor quieto por nada y un miedo de siempre a quedarme lejos… Pero ahora, ahora no estoy sola.* SOLAS Reunion: A decade of Solas: Banda norteamericana celta (que significa LUZ en gaélico), Otro hallazgo, unas de las bandas irlandesas más prestigiosas, emergentes, populares...
miércoles, 23 de mayo de 2007
Contagiándonos de lentitud

Ayer llovió en nuestro jardín particular, nuestro parque dormido, pequeño reducto de ideas recién plantadas. Y cuando llueve en ese rincón, y antes de que el aire se oscurezca, cientos de paseantes acarician las hojas por las que viajan sus panzas en busca de algo mas de vida. Sólo con ver a uno de esta curiosa especie y de prehistórica casa, basta para contagiarnos de lentitud.
* la foto es nuestra
El olor de la tierra
Esta mañana, el olor de la tierra ha sido como el tararear de aquellos pasos olvidados de la infancia. Unos pasos que ahora se cruzan en unas calles distintas, con unos árboles distintos y unas fachadas también distintas… Son mañanas que llegan con distintas sombras y secretos, distintas ventanas. Hasta las macetas con plantas que cuelgan de los balcones de esta ciudad mojada son hoy distintas. Su atmósfera es contradictoriamente más pura -menos luz, menos ruidos, menos sol- donde todo huele remotamente a humedad antigua. Ha entrado el viento y ceñir con flacos brazos la cintura de este paisaje nos llevará todo mayo.* Dibujo de Chagall. Sobrevolando la ciudad
martes, 22 de mayo de 2007
Lo que hay debajo
Las personas deberíamos mirarnos con los ojos que hay dentro de los ojos. Los ojos primeros que se abren si los otros se cierran, aquellos cansados expuestos siempre a la intemperie. Seguirnos con aquellos ojos y si éstos no alcanzan, hacerlo entonces con los intuitivos, más del alma. Las personas también deberíamos tocarnos con el tacto que hay justo debajo de los dedos primeros, aquellos desgastados que tanto se ven y tanto tocan. Tocarnos en la carne del aire que nadie aún ha palpado, sencillamente incólume, porque no se ve, porque no se toca. Las personas deberíamos acortar distancias oyéndonos sin palabras, compartiendo los lenguajes, desde la voz pura que hay debajo de la voz diaria y rota. La voz limpia que no se escucha, la que puede decir incluso lo que no hay que decir, pero sin palabras, ya que lo que nunca se dice está enterrado dentro de nosotros, justo debajo de esos ojos, de esos dedos, de esas voces tan primarias, tan ajadas. Me imagino que uno siente algo parecido a la libertad cuando consigue ver todo lo que hay debajo…
El síndrome de Verlaine
Escribo para no caer bajo el síndrome de mi querido Verlaine: “Il pleure dans mon coeur comme il pleut sur la ville..”, llora en mi corazón como llueve sobre la ciudad... Sólo escribiendo me omito, y anulo con ello a la lluvia que me viste, escribo a otro oído, hacia otro lado, para que haga algún bien a una vida, porque es un ejercicio conveniente cuando no me leo. Y mi mano no es triste, es tranquila. Por eso cuelgo en los ángulos de mis codos palabras como péndulos que no requieren respuesta, por eso busco que las palabras se sucedan lentas de esos codos a estas manos como agua fresca que cae en un sueño y cura, porque sólo así me afirmo y me sostengo, y porque de este modo la luz de mi lenguaje cae en otra vida y ello me cubre como una música leve. Además, así no temo al próximo invierno que subiría por mí como la enamorada del viento, como decía Pizarnik, y mientras, yo espero y espero a que mi lenguaje vuelva a configurarme. …Y en estos días en que el vientro arrastra tantas nubes y la lluvia llueve sola, yo me ocultaré en el lenguaje, en mi voz o en mis voces. Aunque a veces es inevitable amanecer con los puños cerrados como si la tristeza de un cielo gris ceniza no fuera más que un silencio que persiste.
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