El 23 de abril, día de los libros, estaremos con Eme dentro del marco
de la noche de los libros en el pasaje de fuencarral 77 (Cuerpo y
Poder)... un indispensable espacio interdisciplinar en el que disfrutar
la obra de artistas internacionales... en esta cita eme contará con las
voces de Marfié Santiago, María Antonia Ortega Hernandez-Agero, Pilar
Martín Gila y Luz Pichel González---os esperamos
domingo, 19 de abril de 2015
domingo, 8 de marzo de 2015
La poeta argentina Irene Gruss en Casa de América
Este martes 10 de marzo a las 19 h, la poeta Esperanza López Parada y yo misma tendremos el gusto de presentar el libro de poemas Humo, de la autora argentina Irene Gruss, recién llegada de Buenos Aires.
Información en Colección eme (Ediciones La Palma)
Humo es una recopilación de los mejores poemas de Gruss, una obra muy íntima en la que el lector se adentra en la personalidad de la autora a través de los versos libres, que sugieren coherencia y unidad.
En Humo, Irene Gruss elige poemas de todos sus libros, desde La luz en la ventana hasta Notas para una tanza. De entrada nos mete en su casa: en su cuerpo, en su yo poético, en su tercera persona que de todas maneras es siempre primera (Una mujer sola frente al mar / es más majestuosa que él), y allí nos quedaremos hasta el final del libro. Los poemas compuestos en verso libre, libérrimo, sugieren tanta coherencia y unidad como si fueran perfectas formas cerradas, pero personales. Es la respiración Gruss, el énfasis Gruss, el encabalgamiento Gruss, puestos al servicio de (en sagrado matrimonio con) sus objetos.
Condensada desde el primer libro, enemiga de la dilatación, de la dilación, la sintaxis poética se va haciendo cada vez más compleja, dada a la repetición enfática y exitosa, a citas de poemas anteriores, de ideas anteriores que ahora se desdicen pero nunca del todo, porque Gruss sabe qué hacer con la ironía tanto como con la emoción.
(Buenos Aires, 1950).
Tiene publicados los libros de poesía La luz en la ventana (1982); El mundo incompleto (1987); La calma (1991); Sobre el asma (1995); Solo de contralto (1998); En el brillo de uno en el vidrio de uno (2000); La dicha (2004) y la nouvelle Una letra familiar (2007); La mitad de la verdad, su obra poética reunida 1982-2007 (2008); La pared (2012); Música amable al fin (2012); Notas para una tanza (2012). Autora de la antología Poetas Argentinas (1940-1960), 2006. En 1975, recibió el primer premio a obra inédita, otorgado por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. En 1986, le otorgaron el primer premio “José Hernández”, organizado por la Biblioteca “Cornelio Saavedra” y auspiciado por Eveready.
Información en Colección eme (Ediciones La Palma)
Humo es una recopilación de los mejores poemas de Gruss, una obra muy íntima en la que el lector se adentra en la personalidad de la autora a través de los versos libres, que sugieren coherencia y unidad.
En Humo, Irene Gruss elige poemas de todos sus libros, desde La luz en la ventana hasta Notas para una tanza. De entrada nos mete en su casa: en su cuerpo, en su yo poético, en su tercera persona que de todas maneras es siempre primera (Una mujer sola frente al mar / es más majestuosa que él), y allí nos quedaremos hasta el final del libro. Los poemas compuestos en verso libre, libérrimo, sugieren tanta coherencia y unidad como si fueran perfectas formas cerradas, pero personales. Es la respiración Gruss, el énfasis Gruss, el encabalgamiento Gruss, puestos al servicio de (en sagrado matrimonio con) sus objetos.
Condensada desde el primer libro, enemiga de la dilatación, de la dilación, la sintaxis poética se va haciendo cada vez más compleja, dada a la repetición enfática y exitosa, a citas de poemas anteriores, de ideas anteriores que ahora se desdicen pero nunca del todo, porque Gruss sabe qué hacer con la ironía tanto como con la emoción.(Buenos Aires, 1950).
Tiene publicados los libros de poesía La luz en la ventana (1982); El mundo incompleto (1987); La calma (1991); Sobre el asma (1995); Solo de contralto (1998); En el brillo de uno en el vidrio de uno (2000); La dicha (2004) y la nouvelle Una letra familiar (2007); La mitad de la verdad, su obra poética reunida 1982-2007 (2008); La pared (2012); Música amable al fin (2012); Notas para una tanza (2012). Autora de la antología Poetas Argentinas (1940-1960), 2006. En 1975, recibió el primer premio a obra inédita, otorgado por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. En 1986, le otorgaron el primer premio “José Hernández”, organizado por la Biblioteca “Cornelio Saavedra” y auspiciado por Eveready.
martes, 6 de enero de 2015
Pilar Martín Gila en el ciclo Favorables Madrid Poema
Colección eme
Comienza enero con la tercera entrega del ciclo de lecturas poéticas Favorables Madrid Poema, presentado por Juan Carlos Suñén. Un ciclo diferente y necesario. En este caso Suñén GV charlará con nuestra poeta Pilar Martín Gila y leerá poemas de su reciente libro Otro año del mundo (nº 5 colección Eme)… Será el 15 de enero a las 19 h en Centro Centro Cibeles.
viernes, 2 de enero de 2015
Marifé Santiago Bolaños en la Escuela Superior de Canto
Entradas gratuitas

El viernes 30 de enero a las 18 h presentamos el libro de Marifé Santiago Bolaños, Las constelaciones del Capitán (nº6 de la Colección eme). El acto tendrá lugar en el Teatro de la Escuela Superior de Canto y le acompañará al piano Héctor Guerrero y los bailarines y coreógrafos Gloria M. García Arambarry y Ioshinobu Navarro Sanler.
Info en la web de la Escuela Superio de Canto
Info Colección eme

El viernes 30 de enero a las 18 h presentamos el libro de Marifé Santiago Bolaños, Las constelaciones del Capitán (nº6 de la Colección eme). El acto tendrá lugar en el Teatro de la Escuela Superior de Canto y le acompañará al piano Héctor Guerrero y los bailarines y coreógrafos Gloria M. García Arambarry y Ioshinobu Navarro Sanler.
Info en la web de la Escuela Superio de Canto
Info Colección eme
Voz
Marifé Santiago Bolaños
Piano
Héctor Guerrero
Bailarina y coreógrafa
Gloria M. García Arambarry
Coreografía Geesl’s
Inspirada en el poema Sobre la locura de Giselle
Coreografía Geesl’s
Inspirada en el poema Sobre la locura de Giselle
Música
Sirma
Bailarín
Ioshinobu Navarro Sanler
Coreografía de Peter Quanz
Farewell
Coreografía de Peter Quanz
Farewell
Música
Robert Schumann
Para adquirir el libro online pinchar aquí
martes, 30 de diciembre de 2014
lobos en off
EL HIJO.-Se deben disimular los defectos y flaquezas del prójimo,
sí, es cierto, pero si damos un paso más caemos en la hipocresía y en
la adulación.. Es difícil saber cómo comportarse.. pero a veces es un
deber decir la verdad sin paliativos..
GERDA.-Calla
EL HIJO.-Bien. Me callo. Pausa.
El Pelícano de Strindberg siempre ha sido para mí un sutil análisis de las relaciones humanas donde coexisten todos los fantasmas del autor. El maltrato mental, la hipocresía social, la incomunicación y sobre todo, la avaricia, la avaricia como comepersonas. Violencia mental, lo llamaría Strindberg. Violencia mental que anida justo ahí, en la frente, que, insisto, para mí es la mente. A partir de ahí, la destrucción.
Plinio el Viejo decía que los pelícanos tienen un segundo estómago en el cuello, donde las insaciables criaturas colocan la comida, aumentando su capacidad... también se dice que la hembra mata a sus crías y las llora durante tres días, luego se hiere a sí misma y arroja su sangre sobre ellos para revivirlos.
Enhorabuena al reparto y a la dirección. Redondo el trabajo actoral, Rafael
Castejón, Ana Gracia, Manuela Velasco, Tamar Novas, Paula Soldevila,
Pepe Lorente, Inés Higueras, José Gimeno, Raúl de la Torre, Laura Díaz,
Manuel Chacón y Pilar Bergés. La interpretación enorme de
todos, pero me fascinó el personaje de Margarita interpretado por Paula
Soldevila. Me entusiasmó. La sala estaba llena y acompasada también con
muchos rostros del mundo de la interpretación, Concha Velasco, Jan
Cornet, Elena Anaya, y un largo etcétera. Desde aquí mis felicitaciones
y mi admiración profunda a todo el mundo del teatro, por abrir una
brecha en la mente de estos tiempos que corren. Por no rendirse. Y
obligarnos desde un escenario a desnudarnos y mirarnos dentro de
nosotros mismos.
*Esta obra se prorroga el mes de enero de 2015. Concretamente, todos los lunes de enero se podrá volver a disfrutar de ella
GERDA.-Calla
EL HIJO.-Bien. Me callo. Pausa.
GERDA:
-Es mejor que sigas hablando, pero no de eso. El silencio me hace oír
lo que piensas... Cuando la gente se reúne, entonces todos hablan,
hablan sin parar únicamente para ocultar sus pensamientos para olvidar,
para ensordecerse. Quieren oír novedades sobre los demás, sí, pero al
mismo tiempo ocultar sus propias preocupaciones.
EL HIJO.-Pobre Gerda
GERDA.-¿Sabes lo que más daño hace? Pausa. El comprobar la futilidad de la suprema felicidad .
GERDA.-¿Sabes lo que más daño hace? Pausa. El comprobar la futilidad de la suprema felicidad .
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EL HIJO (a su madre): ¡Mírame, pelícano ¡Mira a Gerda, con su pecho esquelético...!
El Pelícano, de August Strindberg
Es curioso cómo en el libro de Strindberg, El Pelícano,
se siente con claridad meridiana cómo se fragua la tragedia, cómo línea
a línea, párrafo a párrafo se huele la tragedia familiar. Es como si
una gran bola cayendo desde muy arriba fuera haciéndose más y más grande
hasta llegar a aplastar cuanto encuentra a su paso. Macrófaga bola la
boca humana cuando dice.... Curioso que ayer en el teatro una sintiera
exactamente eso, cómo músculo a músculo iba fraguándose la tragedia...
Fidelidad al texto del dramaturgo sueco y una interpretación enorme para
que esto que digo se de en el escenario como en el papel leído.
Fíjense
en esta imagen. Es todo un cuadro pictórico. Escultórico incluso.
Parece que están todos muertos por dentro. Es el cuadro de Hambre, locura y genio
dirigida por Juan Carlos Corazza. Un cuadro que bien podría encontrarse
en el salón de cualquier casa. El ser humano comiéndose a sí mismo. Es
una imagen sobria, llena de claroscuros, como el hombre, es hasta bella,
porque hay algo que hace bella la tragedia. Mentes claras, diáfanas y
sanas, al frente; oscuras, malévolas y hambrientas al fondo de ese
frente. De esa frente. Dentro de ese cuadro la fragua y dentro de la
fragua el drama. Ahí, en un estrecho habitáculo que es un salón con
cheslong, se irá desanidando la psique de cada uno de los personajes, en
esa cheslong se tumbará cada una de esas frentes, digo mentes,
confrontándose las unas a los otras.
Hambre
Locura
Genio
Resulta
inquitante percatarse que el hambre en esta imagen de Strindberg (guiño
divertido y siniestro que Corazza lo conciba como el retrato del padre
muerto en la obra), esté a la altura de la frente -que para mí es la
mente-, que la locura lo esté de los ojos, y el genio de la boca, boca
por donde salen las ideas que llegan desde el hambre y que pisan, en su
camino hacia la boca, el territorio de la locura, estepa luminaria.
Off
// Curioso nombre el de la sala -pero estrictamente necesario- para
acoger estas dos obritas que conforman lo que podrían ser los tres
mandatos de nuestros días: hambre locura y genio. Teatro breve, aunque
bien sabemos que la cosa si breve dos veces buena (y trágica). Y en ese
límite, en ese escenario, la precipitación de los acontecimientos
familiares. Precipitación y celeridad que incluso trastorna a los
personajes. Los conmociona. Los precipita a sus propios abismos. Es la tensión-Strindberg definida por los
crudos y enérgicos diálogos. Un desencadenante de tragedias suspendido
en una sala off sin paredes. Solo columnas. Como si cada columna tuviera
un nombre, y fueran las patas que sostienen el mundo: hambre, locura y
genio.
Off
// Sala pequeña, pero insisto, necesaria para sentir la pulsión de cada uno de los
personajes. Los primeros planos. Los gestos nada planos. El lenguaje
corporal. Los gestos, otra vez. El gesto del odio del drama del dolor.
El gesto de la avaricia, que también tiene un gesto. Oírles respirar.
Sentir su sudor trágico resbalar por sus cuerpos también trágicos. Y es que el dolor mancha. Es sucio. Huele. Se expande. Así se les ve moverse
dentro de la tragedia familiar. La cercanía es tal, que es como si nosotros, el público,
formáramos parte de esa familia, como si estuviéramos sentados en ese
salón, testigos fieles de la historia. Como si Strindberg nos invitara
en esa cercanía a asomarnos al abismo de nosotros mismos. A asomarnos
sin cuerda alguna al horror de la psique. Al ser humano en toda su
completud. Como si fuéramos alpinistas suicidas sin cuerda a la que atarse.
El instinto devorador acorralado. Lobos encerrados en la sala. Lobos en off. Estas dos piezas cortas llenaron ayer el teatro. Débito y crédito y El pelícano.
Ambas unidas por el hilo del mal del mundo. Strindberg lo conocía bien y
lo trataba desde muchos ángulos. El mal del mundo, ese ser devorador,
destructor, aquello que el filósofo Thomas Hobbes, aseveraba en frases
como el hombre es un lobo para el hombre. En definitiva, la
familia según Strindberg. Un viaje a nuestras raíces. Un escarbar y
escarbar desde el hoy hasta llegar más abajo, al lado más oscuro, al
fondo de esa raíz, raíz de la planta que somos.
El Pelícano de Strindberg siempre ha sido para mí un sutil análisis de las relaciones humanas donde coexisten todos los fantasmas del autor. El maltrato mental, la hipocresía social, la incomunicación y sobre todo, la avaricia, la avaricia como comepersonas. Violencia mental, lo llamaría Strindberg. Violencia mental que anida justo ahí, en la frente, que, insisto, para mí es la mente. A partir de ahí, la destrucción.
Plinio el Viejo decía que los pelícanos tienen un segundo estómago en el cuello, donde las insaciables criaturas colocan la comida, aumentando su capacidad... también se dice que la hembra mata a sus crías y las llora durante tres días, luego se hiere a sí misma y arroja su sangre sobre ellos para revivirlos.
Es devastadora la maldad. y
además de devastadora, es irreprimible. La especie humana tiende a
ella, a la maldad, a la devastación, a la degradación de su especie.
Hace un par de años vi la obra de teatro Agosto de Gerardo Vera
(Carmen Machi y Amparo Baró), y era el mismo escenario, y es que pienso
que toda tragedia familiar tiene el mismo escenario. Un salón y cuatro
paredes. Encerramientos. Encierramentes. Un salón como el que vi ayer en
aquella sala.
Y en aquel salón de Agosto... el
mundo estaba encerrado en una casa. en un cuadrilátero tapiado donde se
concentraba el horror y la angustia inyectado en vena con calor letal.
una muda casa sin viento. una tensión hueca en ese aire detenido. una
abisal casa de muñecas. una tumba abierta encarnizada de muñecas rotas.
un devastador juego psicológico que arrasa. huracán de emociones los
muros de esa jaula de violencias. el pasado y el futuro reñido a muerte
con el presente. el ser humano al límite. la gran historia de siempre.
una familia desvencijada reunida por la inesperada y misteriosa muerte
del patrón de la casa. una familia re-unida que además de no unirse ni
re-unirse, mata. una familia que se sirve en una mesa y se comen los
unos a los otros sus miedos, molinillos todos que muelen y muelen los
sentimientos ajenos. triturador de corazones, bañeras de sangre y posos
de café quemado. una madre devorando a sus hijas -disparando a la más
débil-, como aquel saturno goyesco devorando a su hijo. unas hijas
devorando a su madre -disparando la más fuerte-.
Mismo escenario... y es que, como decía La Madre en este Strindberg, esto ocurre en las mejores familias.
*Esta obra se prorroga el mes de enero de 2015. Concretamente, todos los lunes de enero se podrá volver a disfrutar de ella
sábado, 27 de diciembre de 2014
la luz que ilumina
*hacer limpieza en el ordenador es borrar sí, pero también es releer.
NURIA ES UN POCO BRUTITA
luz pichel
Se
comparte lo que nos da vida, y nos olvidamos, por un rato, de todo lo que no
sea dejarnos llevar por lo mejor de nosotros,
eso que Nuria llama nuestras partes
blandas.
Lo
que pasa es que la poesía de Nuria es un poquito bruta. A mí me gusta esa
brutalidad de la palabra, una palabra sexuada, apasionada, con pasión de
padecer también, de dolor, de dolor hondo. La poesía de Nuria es hueso, huesos,
y es hierro, aguja, óxido, cuchillo afiladito. Los hombres y las mujeres aquí
no son animales como sería de desear. Los animales tampoco son animales. Todos
ellos son reses, como veréis. Cuando carne, son reses. Cuando hueso, son óxido,
creo. Pienso sobre todo en dos de sus últimos libros, Tablas de carnicero y
Órbita cementerio, dos libros imprescindibles en el momento poético
actual. Su poesía aquí es todo lo
contrario de lo dulce o lo amable. No hay edredón, jardincito, no hay azucena,
locus amoenus, nada. Si yo fuera todavía profesora de Secundaria, utilizaría
versos de Nuria para enseñar que la poesía no tiene que mencionar la amapola ni la primavera, eso les
decía, porque las palabras y los versos mueren mucho, hay que inventarlas de
nuevo, reinventarlas siempre, como Nuria. Los diccionarios y los manuales de
retórica son como cementerios.
Muchos libros de poesía también son como cementerios, están llenos de tumbas, de palabras muertas. La poesía de Nuria no es de nadie, es de Nuria, yo no había leído nunca nada de lo que ella escribe más que las citas, certeras, generosas. Ese necesario descaro, ese ir de frente con el ser humano y con ella misma ya verán como no lo han leído antes en ningún lado. No es tan fácil no parecerse a nadie.
Muchos libros de poesía también son como cementerios, están llenos de tumbas, de palabras muertas. La poesía de Nuria no es de nadie, es de Nuria, yo no había leído nunca nada de lo que ella escribe más que las citas, certeras, generosas. Ese necesario descaro, ese ir de frente con el ser humano y con ella misma ya verán como no lo han leído antes en ningún lado. No es tan fácil no parecerse a nadie.
Cuando Nuria escribe, todo lo somete a
tensiones que tiran, que amenazan con romper algo, tensión entre vida y
destrucción, entre lo pitagórico musical de un Universo que tendría que ser y
la basura cósmica en que lo convertimos, nos convertimos, somos. Entre la lucha
por denunciar lo que es escoria y la dificultad de encontrar la palabra, la
imagen, la forma de la denuncia. Tensión entre hueso y heno, entre hueso y
hueco, entre hueso y sexo, entre caballo vivo y ballena muerta, entre músculo
tenso y carne de matadero. El ser humano así, automatizado, lobo pero lobo
malo, lobo nietzchteano, se deja en el baúl su mejor muda, su instinto, su
animal. Y se deja sobre todo, en abandono, a la
camada (el animal lobo bueno no haría eso). Se deja en el baúl de la
herencia primera, de lo ancestral y lo raíz, la mirada del potro, el tacto de la lengua de
la vaca, el olfato doméstico del perro. Desanimalizado por la razón,
destructivo y destructor racional, expulsa de su engañosa selva de intereses metálicos al que se mueve aún
con alma y memoria de caballo.
Todo
ello parece bien desolador, si no fuera porque a pesar de todo está la poesía,
redimiendo, en su condena.
El poema es, como el Universo, música construida con
sus propios anillos, y en esa construcción es redentora, nos salva. A través de
sus velos, más allá de la crueldad que se dibuja, asoma su propia belleza, la
de su rareza bruta, áspera, con tacto de lija en ocasiones (¿cómo pintar, si
no, un mundo de óxido en el hierro, de madera gastada) y asoma también la
belleza de lo que pudo haber sido otro mundo, de lo que aún puede ser otro
mundo, mientras las partes blandas del ser humano, que parecen escatimarse en
el texto como en la vida, señalen a la utopía y a la ternura y al deseo de
reconstruir cuando, como dice Nuria, es tarde ya para el pesimismo.
Dice
Nuria del ser humano y del espacio que habita, donde pensar equivale a sufrir,
palabras muy duras. Dice canibalismo, cementerio de dientes, andrajosas cotas
de nuestro pasado, mugre de animales muertos, bestialismo, carne oxidada,
fábrica de huesos convexos, desguace, salpicadura de sangre... Somos, resume en
su libro Órbita cementerio, "una imposibilidad en un universo
imposible".
Pero
aún queda algo, sin embargo, mientras la hebra
de un ser humano se encuentre ligada al hilo
de otro ser humano. Aún hay una épica posible mientras el amor, mientras a
alguien le importe el que menos tiene, y mientras le importe especialmente
alguien, pues (cito textualmente)
"homérica tejeré un cinturón de asteroides que ciña mi latido a la química
de tu espacio –sólida aleación la nuestra-". Y en otro momento de este
libro, asoma explícita esa ternura que el pudor somete a silencio casi siempre.
Cuanta fuerza entonces, cuando la ternura abre grieta y pregunta cosas
importantes: "¿me recogerás cuando sea aleatoria?"
Les
dejo con ella, con su dulzura, con la música de su voz que contradice la dureza
de ese mundo en que algunos seguimos verseando a ver si lo caballo nos anilla.
bueno, pues yo les dejo con ella, con esta luz que ilumina - veoigan el video y no podrán salir de él
bueno, pues yo les dejo con ella, con esta luz que ilumina - veoigan el video y no podrán salir de él
lunes, 28 de julio de 2014
lunes, 2 de junio de 2014
pensatorium en la revista quimera
por pilar martín gila
en revista quimera
Nuria Ruiz de Viñaspre abre su
último poemario, Pensatorium, con el
siguiente comentario del filósofo Alain a Paul Valéry: “Todo pensamiento
empieza con un poema”. Esto nos sitúa en la relación entre poesía y pensamiento
como pregunta recurrente, al menos entre los poetas, donde la poesía no sería
cosa distinta del pensamiento, y el pensamiento no se conformaría con lo
rigurosamente racional. Sin embargo, puede decirse que la autora del presente poemario
parece tener resuelta la pregunta sobre esta dicotomía desde un lugar anterior
a la pregunta misma, un lugar en el que la poesía es impulsora del mundo que la
contiene, movimiento no premeditado, no preparado sino entregado. Después vendría
la formulación de la pregunta como si el saber, la conciencia y el
entendimiento llegaran siempre a
posteriori, y esa fuera su virtud, tal como le ocurría a aquel denostado
titán, Epimeteo, de cuyo des-propósito, sin embargo, surge la diversidad de los
órdenes, al contrario que su famoso y obstinado hermano, el previsor Prometeo.
En cualquier caso, este Pensatorium, este espacio para el
pensamiento es primero el espacio para la poesía, sobre ella recae el delicado
material de la palabra, cuya posibilidad de supervivencia reside en su capacidad
para escapar, esquivar los intentos de orden, de definición, de congruencia. “El
lenguaje corporal del caballo es el lenguaje corporal del lenguaje corporal del
caballo es el lenguaje corporal del lenguaje […]”. El cambio constante de la
mirada, el quiebro, la atención al giro en el final de los poemas, que busca
hurtar la expectativa, lo previsible, y también esa inclinación a los procesos
de pensamiento en espiral, hacen visible un guiño o una forma de llamada a los
poemas de Gertrude Stein, sobre cuya escritura o más bien sobre lo
inconveniente de ceder al vicio explicativo y de penetración ante su escritura,
Andrés Fisher y Benito del Pliego, en su edición Objetos y retratos. Geografía (Amargord), dicen lo siguiente, que,
según me parece, se puede aplicar también a Pensatorium:
“Es la vocación de superficialidad lo que hace profundamente inquietante a
Stein. Nos miramos en ella y somos capaces de proyectarla en una enorme
variedad de sentidos.” La reiteración,
el sonido de la lengua, los aspectos, podemos decir, sensibles de la palabra
entran en juego de una forma particularmente relevante en la escritura de Ruiz
de Viñaspre, desde el instante en que en ella se privilegia ese incesante movimiento
del deseo, que es inextinguible y por lo tanto se repite en su inagotable
carrera desplazándose de significante en significante, tras el reconocimiento
del otro (“me subo en caballos
disolventes / que son un lenguaje de amor entre piernas / lo regazo encinta lo
calibro / pero allí la casa se fuga a caballo / el caballo se fuga en niebla la
niebla / en lengua la lengua en vientre…”).
Es este un mundo poblado donde emergen
otras voces no con el fin de articular un discurso, sino más bien como podrían
surgir en un sueño al que vuelve lo que se vivió durante el día para
incorporarlo plenamente al sujeto. Hay, como sugiere Luz Pichel en su prólogo,
una aproximación del pensar al soñar que se encarna en el otro, un otro
concreto. Y tal vez la poesía sea ese punto de intersección que hace concreto
el pensamiento y verbalizable el sueño, no porque haya lenguaje sino porque hay
cuerpo, porque es el cuerpo el que enuncia y el que demanda (“pero mi cuerpo pero tu casa / volvamos a
la realidad / mi cuerpo es la casa del lenguaje”). Y aquí posiblemente, en ese espacio
situado en los dominios del cuerpo, al que Jean-Luc Nancy observa como una
certidumbre confundida, hecha añicos, una forma que abre su interior y a la vez
se muestra, se expone, como exterior, tal vez, digo, y cerrando con la idea que
comenzaba este artículo, sea el lugar donde Nuria Ruiz de Viñaspre hace de su
poesía tensión, impulso del mundo.
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