domingo, 21 de diciembre de 2008

El mundo de Estefanía García

Ayer fue un día completo. Podría decirse que redondo incluso, si no hubiera sido porque S. no pudo acompañarme allá donde me llevaron mis pasos. Trabajaba y ya a la tarde sus pies se detuvieron. Aunque eso sí, hoy cierro ese círculo concéntrico de mis pasos antiguos contándole con pelos y señales lo que ayer noche no me dio tiempo a contar.
A la mañana fui con P. y G. a recoger un librito de vivencias (de título poco afortunado, tengo que decirlo) donde confluían los relatos ganadores y finalistas de un certamen que organizaba la Consejería de Transportes y entre cuyas páginas se encontraba Al revés,, mi pequeña aportación en este libro. Nos reunimos con S. y comimos cerca de casa, que acababa de salir de un trabajo donde elabora los dulces que más felices hacen a nuestros paladares. Más tarde tomamos café y té ya en casa (ah y un turrón hecho con sus manos que no tardó en deshacerse en los paladares de los comensales). Después mi casa se vació dejando espacio a S. para dormitar un sueño atrasado que le arañaba la cara. P. fue de visita a casa de sus padres y G. y yo nos fuimos a la presentación de un libro donde de nuevo se unía el arte de la pintura con el de la escritura -qué perfecto maridaje-. Textos de Ana Rosetti envolviendo el mundo maravilloso de la pintora Estefanía García, que desconocía pero que seguiré en cuanto acabe estos párrafos, o viceversa. El mapa de la espera, rezaba el título. Una cuidadísima y enloquecedora edición de Centro Editores. Una edición de 100 ejemplares firmados y numerados por sus autoras, con un tiraje especial de 7 ejemplares que incluyen, cada uno, un original de las ilustraciones.
Ya la semana pasada S. y yo nos quedamos prendadas de los mundos que se descolgaban de las paredes. Una exposición de Estefanía en la que sus cuadros nos transportaron en el espacio sólo llevadas por la inercia de su mundo. Como si fuera un imán. Un mundo entero, cerrado, perfecto, que emergía de unos muros donde miles de colores te explotaban en la cara, estallando tus sentidos. Ayer tuve sorprendentemente la oportunidad de volver a ver sus dibujos, más de cerca. Originales. Y digo sorprendentemente porque desconocía esa aportación suya en ese proyecto de ayer.

He visitado la página de Estefanía y aún ahora sigo buceando en esos mapas que ella concibe como único mundo. Un mundo aparte que supongo la caracteriza donde nos presenta a sus particulares habitantes. Confieso que me he quedado prendada de ese modo de concebir.

Uno de los poemas que encabeza este proyecto:
“El mar en los mapas son orlas que van desde el celeste claro al oscuro. Pero el que yo me imagino es como un cielo fruncido lleno de charcas de plata. O una red de espuma cargada de verde. O un camino de cobre temblando hasta el sol. …”
Ana Rosetti

*dibujos de Estefanía García

Tras la presentación y después de hojear con amorosas manos las estanterías del CAM donde me topé con toda una lista de títulos dispuestos verticalente de mi siempre leída Clarice Lispector (me los hubiera llevado todos pero no llevaba mucho dinero), nos encaminamos hacia el Bukowski, donde Óscar Aguado presentaba su Canción de cuna para un héroe. Libro publicado por la incipiente y espero que eterna editorial Ya lo dijo Casimiro Parker, dirigida por marcusversus. Volver no sólo a ver a Óscar sino escucharle, consiguió cerrar ese círculo de día donde me moví dándole sentido a todo. Estos días tendré su libro cerca de mis manos. Fue un placer Óscar, aunque la emoción haya disparado a mis piernas, ya que hoy están agotadas.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Las cajas desnudas

Me gusta este poema de Ángel Guinda... Me gusta sobre todo su veracidad. La veracidad de la palabra exacta sin más ornamento que el ornamento de una caja. La veracidad de su indígena al fin y al cabo. ¿Para qué ornamentar y disfrazar la palabra cuando la palabra exacta lo define todo? ¿Para qué ornamentar nuestro cuerpo, nuestras manos? ¿Para qué ensortijar nuestros dedos? Sencillo y limitado, como la vida dentro de una caja. La caja del mundo. No hace mucho hablaba yo de cajas y no desentonaban con estas nuevas cajas. No deberíamos buscar nunca más allá de lo que subyace en la palabra exacta, ya que podríamos encontrarnos con nuestros propios fantasmas. La palabra directa. Directa. Todos deberíamos aprender de aquel indígena que tenía razón, seguro. Un indígena me hace pensar en que cuantas menos prendas lleve uno sobre su cuerpo, más sincero y directo será en la palabra. Y este indígena iba desnudo. Seguro que iba completamente desnudo, como las manos de Ángel cuando lo creó sin vestido alguno. Todo es mucho más sencillo. Deberíamos desnudarnos completamente. Y cubrir nuestros cuerpos de pelaje, como nuestros queridos animales y dejarnos de cajas, ascensores, coches, camas, cunas, bancos y ataúdes. Desencajarnos, al fin, como propone el poeta.

CAJAS

Lo diría una indígena y tendría razón.
"Ustedes tienen la vida organizada en cajas.
Nacen y les dejan en una cajita,
su casa es una caja, y las habitaciones
son cajas más pequeñas.
Suben a la casa en una caja,
bajan a la calle en una caja.
Viajan en una caja.
Duermen y hacen el amor sobre una caja.
A través de una caja ven el mundo.
Cambian de casa: lo meten todo en cajas.
Y cuando mueren
les introducen también en una caja.
Los Bancos y las Cajas tienen caja,
los establecimientos tienen y hacen caja".
Todo está hecho para que encajemos.
Nos encajan la vida.
Algunos no encajamos, y nos desencajamos.



*Ángel Guinda (Zaragoza, 1948)

domingo, 7 de diciembre de 2008

Mahler, siempre Mahler

Llevo días enteros escuchando los Kindertotenlieder, especialmente recupero el número 1. A pesar del triste matiz de su música y sus letras, no hay duda, saca lo mejor de mí. Mi yo más tamizado. Lo escondido.

MAHLER Kindertotenlieder N°1 : Nun will die Sonn so hell auf gehn

Chef d'Orchestre : Eiji Oue
NDR Orchester
TOKYO Suntory Hall



Nun will die Sonn' so hell aufgehn,
Als sei kein Unglück die Nacht geschehn!
Das Unglück geschah nur mir allein!
Die Sonne, sie scheinet allgemein!

Du mußt nicht die Nacht in dir verschränken,
Mußt sie ins ew'ge Licht versenken!
Ein Lämplein verlosch in meinem Zelt!
Heil sei dem Freudenlicht der Welt!
________________________________________ ___

Now the sun will rise as brightly
as if no misfortune had occurred in the night.
The misfortune has fallen on me alone.
The sun - it shines for everyone.

You must not keep the night inside you;
you must immerse it in eternal light.
A little light has been extinguished in my household;
Light of joy in the world, be welcome.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Levantando pesas

Ayer se cumplió una máxima que siempre he rechazado de lleno. De que cuanto peor tratas a algo mejor te corresponde. De que cuando te olvidas de algo, ese algo se subleva pero con todo la gratitud y toda la levedad del mundo. Repito que siempre he rechazado esa máxima primera porque pienso justo lo contrario. Pero ayer sentí algo parecido a esto que digo en el autobús. De nuevo el autobús. Qué de cosas ocurren en ese transporte. Iba de vuelta a casa del trabajo. Yo hablaba por teléfono de pie y cerca de la puerta. De repente detrás de mí oí un golpe seco, tan seco y hueco como suenan los huesos contra el suelo. Miré a mis pies y allí yacía una mujer de unos 70 años, alta y ancha de hombros. Sus dos manos cubrían con asustados ojos la parte más alta de su cabeza blanca como la nieve de estos días en las afueras de Madrid. Mis ojos se clavaron en sus ojos. la mujer por lo visto se había desplomado a mis pies tras un arranque algo brusco del conductor. Me despedí del teléfono con tres palabras urgentes que sitiaron mi garganta seca. Me despedí con un seco: ahora-te-llamo- y colgué. Entonces lancé mis dos brazos hacia el horizontal y asustado cuerpo. Sí, los dos brazos. La inercia borró de golpe el intenso dolor de mi hombro derecho, el herido y se lanzó con la misma rapidez y la misma fuerza hacia la mujer. Intentamos levantar sus atemorizados ojos entre otra mujer y yo. No tardó en sumarse un hombre fuerte y grande. En ese intervalo de tiempo olvidé mi hombro. Era autónomo y libre y descubrí que en cuanto lo obvié de mi mente por otro menester aún más importante, se elevó sin recuerdo alguno del dolor. Una vez en casa, le conté a S. lo sucedido y mi hombro empezó a despertar del susto y se materializó multiplicado por dos.
¿Significaría esto que debería estar ahora mismo levantando pesas para que desaparezca este caprichoso y mimoso dolor que se mueve como se mueven las veletas al viento? La vida es una región esplendorosa. Hoy persiste pero también hoy casi consigo olvidarlo.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

La nieve en los manzanos

La Nieve en los manzanos de Julia Otxoa es un poemario que indaga en el abismo de la condición humana, nombrando con extrema honestidad y belleza el monstruo que nos habita cerca. Un poemario directo pero escrito desde la oscuridad hacia la luz. Un libro donde todo parece detenerse y morir ante la contemplación de la barbarie de este mundo...
Lo dedico a todas aquellas personas que estamos en este prematuro invierno nombrando al monstruo que nos habita dentro. A aquél que ha comido tierra alguna vez en su vida.

Tengo frío junto a los estandartes

Tengo frío junto a los estandartes,
el rumor de sus himnos
hiela mi corazón
como la negra memoria
de una guerra perpetua.


Intentando vivir

¡Este es mi tiempo!
ha dicho Caín,
y la gente asustada se ha ido por ahí
intentando vivir,
navegando con sus barquitas de colores
por las calles inundadas de llanto.


El pulso de los muertos

El pulso de los muertos
retumba insoportable
en los armarios,

ya no sabemos dónde guardar
nuestra comida hecha de relámpagos.

Abrasados en llanto,
El menor de los pájaros
es más fuerte que nosotros.


Cuando la lluvia se ha ido

Cuando la lluvia se ha ido
he salido descalza al exterior,
el olor a tierra mojada era tan intenso....
parecía que toda la montaña
latía con fuerza dentro de mi estómago.

He sentido entonces mi silencio emocionado
como un manzano mecido por la brisa.
Luego me he arrodillado
y he estado comiendo tierra
hasta que dentro de ella he oído cantar
a mis abuelos.



En medio de todo esto


En medio de todo esto
los niños siguen arrojando
sus caídos dientes a la luna
suplicando nuevos alfabetos de hueso
para nombrar la vida.


El tiempo de las plantaciones

En invierno,
Al llegar el tiempo de las plantaciones,
me gusta contemplar
ese desfile de jardineros desarmados
cruzando la ciudad,

llevando sobre sus hombros
en lugar de fusiles
árboles dormidos.

Esa imagen es para mí
tan hermosa
que vence toda la sinrazón
de la barbarie en la que estamos,

algo así
como asistir a la poderosa fragilidad
de las raíces de la menta
levantando las piedras.


Todos los trajes de la muerte

La vida es insoportable
sobre las cenizas de las víctimas.

No me hables de los héroes,
he visto todos los trajes de la muerte,
la sombra de la sangre derramada
es siempre imborrable y única.

Miro nuestra casa
y sólo veo fantasmas.


No de este modo

No será desde luego
hundiendo el tenedor
en el corazón de las golondrinas
como nos alimentaremos de libertad.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Inoidel González, de nuevo el saxofonista

Este es mi saxofonista particular. Se llama Inoidel González. Hoy lo he encontrado. Es cierto que desde un 19 de noviembre lo veo cada día a eso de la 13.30 del mediodía, pero yo me entiendo. Para quien no conozca esta historia ha de remitirse a los dos últimos comentarios. En fin, jamás escuché su música, pero le escucho cada día más profundo y lleva aún tanta música en las entrañas... Pienso en este modo curioso de encontrarnos. Particular. Diferente. Pensaréis que no, que no es el mejor modo de encontrarse. Es cierto, pero para mí sí ha sido el mejor, pues está modificando sin él saberlo mi relación con el ínfimo pero preocupante dolor de mi hombro. Puede que quien le conozca o haya escuchado su música fuera por amor a la música, al jazz, al saxo sobre todo. Yo amo la música pero le conocí en ese otro campo de batalla. En una pequeña sala de rehabilitación llena de optimismo por su presencia. Para mí era un persona. Una persona, un optimismo y una única persistencia. Anonimato mutuo. Va desnudo sin su saxo y ahora pienso que le echa tanto de menos que prefiere evadirse concentrando su fuerza en un único deseo: recuperar sus manos para que se descuelguen de nuevo las notas desde la gran altura de sus dedos, para volver a tocar el cuerpo de su saxo. Ceñir la cintura de ese instrumento eólico y balancear al son de su estatura el final cónico del saxo. Morder su boquilla con toda la rabia contenida por estos días mudos y volver a sentir la curva de la campana por donde se escapaba todo el viento de sus pulmones. Me he prometido seguirle en cuanto él retome su saxo. Antes de ayer era sólo un hombre que quería por encima de todo recuperarse. Ayer era sólo un saxofonista con la mano quebrada que quería por encima de todo recuperarse y que consiguió con su actitud ante la vida cambiar mi modo de mirar al dolor, y hoy, hoy le he puesto sólo un nombre. Ha dejado de ser anónimo, aunque para mí nunca lo fue. No es anónimo quien sin saberlo te ayuda con su actitud ante la vida.


He encontrado minutos de un concierto navegando por Las Tablas, un local en la Plaza España al que de nuevo y curiosamente conozco a la dueña a através de mi hermana. La vida es pura curiosa casualidad. Miro sus manos y las reconozco. Reconozco su mano derecha aunque hoy aún sea más hermosa que su otra hermana izquierda por soportar estoica el mutismo de sus dedos y soportar con la misma sobriedad el dolor, sobre todo el dolor.



jueves, 27 de noviembre de 2008

El saxofonista

Sigo yendo a rehabilitación una hora todos los días. A eso le sumo media hora de ida que me da para pensar y media hora de vuelta que no me da para volver a pensar, sencillamente me da para pensar de nuevo. Para crear nuevos pensamientos. Desde otra mirada. Desde otra perspectiva. Debo ir otros quince días. Quince viajes de ida y otros tantos de vuelta. Espero ir creando ideas que maten las más antiguas. Si no mejoro harán una resonancia a esa parte de mi cuerpo.
Hoy he visto en ese pequeño campo donde desembocan los soldados más fuertes y también los más débiles, allá donde llegan con sus miembros amputados tras batallar a veces con el peor enemigo, la vida, dos caracteres totalmente diferentes. El primer soldado, joven, tiene una lesión supongo que importante, porque todas lo son, pero intuyo que medianamente superable, como la mía, vuelvo a suponer, es decir, mejorable, muy mejorable y a la que uno sobrevive sin ninguna dificultad. Ese primer soldado tiene el cerebro flaco y un carácter tan negativo que toda cura se alarga. Me recordó a mí en cierto sentido, sobre en estos días raros que me sitian. El segundo soldado, joven también, casi muerto de tristeza en ese campo de batalla, es un chico negro, guapo como un dios griego (quizá algo más oscuro) y alto como la misma noche. Cuida mucho su imagen y cubre al mundo con su sonrisa. Su carácter es positivo y su sonrisa blanca choca con su negra y tersa piel. Es risueño, y cuando me mira me lanza libélulas aladas. Siempre enseñando esa dentadura perfecta. Este soldado sobrevivió a un accidente con su moto. La rueda de un coche grabó el dibujo de su llanta en la tersura de su mano partiendo en cien pedazos los cinco tendones que sujetan su mano derecha. Le operaron hace tan sólo cinco semanas. Y en una semana puede que ya le den el alta, por lo menos, en el trabajo. Os preguntaréis a qué se dedica este gran tipo. Es saxofonista. Saxofonista de jazz. ¿Os dais cuenta? Saxofonista. Cuando me lo dijeron, la luz entró de golpe en mis ojos. Una luz blanca como la verdad más plena. Como el que ha descubierto una gran verdad. Y en el mismo momento en que supe que su mano le era tan indispensable para esa discipina musical, le admiré profundamente. Profundamente. Sus manos son preciosas. Incluso la más herida, aquella a la que le trepa un esbelto bulto haciendo de su mano una desmano, incluso ésa, la más fea por accidente, es de las dos la más hermosa. Así que de golpe siento que este hombre se ha convertido en mi maestro. En mi pequeña fe, en mi todo. Su sonrisa me llena durante esa hora en la que rehabilito mi hombro. Sin prisa. Y su manera de mirar la vida, de ser mirado por ella me atrapa dentro de esa sala dulcemente, muy dulcemente. Es el más hablador de la sala y siempre hay palabras positivas que se escapan desde los barrotes de sus dientes hasta alcanzar el aire del resto que allí acampa... Quiero dedicarle estas letras abiertas a mi saxofonista particular. Aunque él nunca jamás lo sepa. ¿Qué más da eso?
Mi lesión es leve. Muy leve. Las hacemos grandes en nuestras ilimitadas cabezas. Hoy lo he visto con mis propios ojos. Intentaré darle la dimensión real que tiene. No más. Esta tarde me corté el pelo, mucho más de lo normal. Ahora sólo espero que se oxigene más mi cerebro y pueda seguir viendo estas cosas curiosas que tiene la vida y pone delante de nuestros ojos.

martes, 25 de noviembre de 2008

Larga vida a Supraespinoso

El dolor nos amputa. Siempre lo he dicho. Llevo desde finales de octubre con una tendinitis en el hombro, en un tendón caprichoso que le llaman Supraespinoso. Ya con ese prefijo "Supra" su recuperación me ha prometido largas siestas más abajo, en el codo. ¡Y qué cierto es que el dolor mata el ánimo! Las ganas. Lo mata todo menos la rutina del propio dolor. Me cuesta hasta escribir estas palabras con el brazo suspendido en este aire roto. Junto a esto, el teclado se ha confabulado con ese firme propósito de no dejarme escribir, ha dejado de escupir las letras que mi brazo le ordena y está de huelga. En estos momentos escribo desde los infiernos, en otro teclado del portátil. Portátil quisiera tener yo el hombro... Y ahora que me doy cuenta, ni siquiera funciona la música de este rascacielos. ¡Qué confabulación pienso! Cuando algo se quiebra, se quiebra todo lo que hay alrededor. No sólo mis ganas se mueren sino también esta fuerza ahora agotada que deteriora mi brazo. Para llegar a una inflamación de estas características dicen que en un gran tanto por ciento de los casos es por un esfuerzo deportivo. Yo soy más vulgar que todo eso. La tierra me atrajo hacia sí y me partí en pedazos en el suelo húmedo y roto. Me caí un 28 de octubre. El viernes es el cumpleaños de Supraespinoso. Va a hacer un mes que conozco a Supraespinoso y no me gusta nada este personajillo persistente, así que nada de fiestas.
Dicen que un tendón es una estructura de tejido que une un músculo al hueso para poder movilizar una articulación, y especialmente el músculo supraespinoso es el que se junta a la cabeza del húmero, y en fin, como una tendinitis es una inflamación de dicho tejido, evidentemente la última ecuación que reza "movilizar una articulación" es todo una utopía para mí.
¿Que qué provoca este Supraespinosoderecuperaciónlargaquetemataelánimotanprontamente? pues un dolor intenso en el hombro al efectuar determinados movimientos, sobre todo al elevar el brazo (imposible escribir-difícil me resulta la ducha-lavarme la cabeza y no del húmero es aún más complicado-dormir de costado sobre mi lado derecho es doloroso al despertar así que no lo intento) y que por la ncohe se multiplica como los panes y los peces, llegando a extenderse a la zona más lateral de mi alargado brazo. Estoy yendo a rehabilitación y mi impaciencia querría acabar con todo esto pero me dicen que no tenga prisa. ¡Que no tenga prisa me dicen! ¿Quien quiere convivir con este Supracabrón? (perdón por la palabra pero se me hace necesaria, insultarle es más terapéutico que la propia rehabiitación). Además ir a la rehabilitación en la hora de la comida del trabajo, me agota. Ir, hacer un transbordo para sentir dolor, volver en otro transbordo y seguir con mi trabajo, me agota. Y vuelvo con el hombro marcado como se marca a una res. Lleno de estigmas. S. dice y no se equivoca que soy mala enferma, y a pesar de esta sentencia me cuida y se pacienta amorosamente con mi hombro y mis inesperadas lágrimas de impotencia. Pero yo me impaciento. Me impaciento.