Bueno, ya casi está aquí. Ésta es la cubierta final de El pez místico. Olifante Ediciones lo saca ya a primeros de mayo. En cuanto a fechas aún no tengo nada cerrado. Pero intentaremos presentarlo en Madrid, Zaragoza, Valladolid y Valencia. Tiempo al tiempo.
Salgo un momento de la habitación uruguaya de Galeano.
Hace 51 mintuos La poetisa uruguaya Idea Vilariño falleció en la madrugada de este martes a los 89 años en un sanatorio privado tras haber sido intervenida por una oclusión intestinal, informan los medios locales.
La cita del último poema que cierra el libro El pez místico es de Vilariño. Hoy toma más importancia aún si cabe que la dada en el pasado. Os dejo con esa cita. Os dejo con mi poema. Os dejo con el poema 19.
adiós salgo como de un traje estrecho y delicado difícilmente un pie, después despacio, el otro
idea vilariño
ahora sólo soy un cuerpo un lugar un espacio al sol
El pez místico (Olifante Ediciones)
* POEMA NÚMERO 19 Quiero morir. No quiero Oír ya más campanas.
Campanas -qué metáfora- o cantos de sirena o cuentos de hadas cuentos del tío -vamos.
Simplemente no quiero no quiero oír más campanas. Idea Vilariño
* Espero que en este mismo instante esté escuchando otro sonido de campanas, o cantos de sirena o cuentos de hadas, lo más alejado a aquellos cuentos del tío, vamos.
Hace 50 minutos El poeta escritor uruguayo Mario Benedetti, de 88 años, se encuentra internado desde el lunes por la tarde en un sanatorio privado, confirmó a AFP su secretario Ariel Silva, aunque no dio detalles acerca de su situación
Hoy parece que todo gira en torno a las habitaciones de los hospitales de Montevideo
Sigo enredada en mi espiral galeánica que como este ejército de hormigas me estalla en la boca
Tracey era niña en un pueblo de Connecticut, y practicaba entretenimientos propios de su edad,como cualquier otro tierno angelito de Dios en el estado de Connecticut o en cualuier otro lugar de este planeta.
Un día, junto a sus compañeritos de la escuela, Tracey se puso a echar fosfóros encendidos en un hormiguero.Todos disfrutaron mucho de este sano espacimiento infantil; pero a Tracey la impresionó algo que los demás no vieron o hicieron como que no veían, pero que a ella la paralizó y le dejó, para siempre,una señal en la memoria: ante el fuego, ante el peligro, las hormigas se separaban en parejas, y de a dos, bien juntas, bien pegaditas, esperaban la muerte
Montevideo.– Vaya uno a saber cómo será el mundo más allá del año 2000. Tenemos una única certeza: si todavía estamos ahí, para entonces ya seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio
Ese presente futuro ha llegado y no sé si en algún momento llegamos a soñar...
Últimamente siempre que voy a ver a Angélica Liddell es la "Noche de algo". La Noche en blanco", la "Noche de los libros", la “Noche de los traficantes”, o una mezcla de todo. Esto anima porque hay tanta noche como día. No defraudó ni Liddell ni noche ni los traficantes, ni siquiera los sueños. ¿Acaso era previsible asistir a un ¿¿¿recital??? de Angélica....? Ya la palabra no marida con la densidad de esta mujer, por lo que acabó proponiendo hacer una corrección exhaustiva y pública del libro que traía entre manos. Un ejercicio de síntesis. Completamente necesario. Completamente desnuda. Poéticamente avergonzada. Altamente imprevisible. Y previsiblemente intensa. Siempre intensa. Porque en cuanto escribimos perdemos lo dicho. A mí me atrajo la idea en cuanto lo mencionó, no sólo porque es un ejercicio de humildad hacer algo así en público sino porque demuestra su valentía en un campo que es barro. Elegir lo menos bueno y decicirse en público a tirarlo a la basura es, bueno, algo sencillamente valilente. Es cierto que tiró versos enteros, pero su concepción del tiempo así se lo exigía decidiéndose, acertadamente, por el verdadero meollo. Decidiéndose por el desenlace. Angélica-síntesis sacando la metralla que sobraba de la palma de su mano. Como el soldado saca la suya para seguir en tierra vivo. S. y yo disfrutamos como siempre. Disfrutamos igualmente el trueque de palabras con ella, no sólo al comienzo sino al final de su propuesta: la exhaustiva y eliminación matemática de la paja con el fin de llegar al grano. Pero chocó con otra clase de grano. De esas pequeñas e insignificantes piedras en el camino. Su propio camino de piedras. Yo adoro las piedras, hay mucha vida en ellas, no me refiero a éesas, me refiero a esas otras que entorpecen y que no se apartan a pesar de un intento tras otro de retirarlas. Ésas piedras sordas que no se retiran ni para dejar pasar el carro de los muertos. Ésas son las piedras inmóviles que hay en determinadas mentes que no captan, o lo que es peor, no aceptan cualquier planteamiento que se aleje de eso, su camino. Las piedras tan quietas como sus ideas. Las mudas. Ésas que lapidan el cuerpo del desliz y que generalmente cargan tanta carne muerta deslizada como aquel carro al que prohibió el paso en alguna guerra pasada. Ésas que no aceptan dejarse llevar por el viento por un momento, dejarse salir, aunque sólo sea por una noche, de la espiral que encierra a veces la arcaica palabra “recital”, ya que esto les produce vómito. Esa piedra sí produjo vómito. Es cierto que el vómito a veces también es necesario para volver a colar lo que verdaderamente ha de manar. Pero de nuevo, fue otra clase de vómito, de ese que ensucia las aceras de las ciudades y que persisten pues nadie se atreve a limpiarlo. Angélica, a punto de abandonar con la misma naturalidad con la que comenzó su propuesta de eliminación, decidió no eliminarse a ella misma y retomar su lectura-deslectura aclarando a esa mujer-piedra, -antítesis de la humildad- (me permito aquí el lujo de nombrarla así porque éste es mi rascacielos): -Mujer, si yo no sé nada de poesía, yo me dedico al teatro, sin saber que su propio hígado es justo ese arma tan cargada de balas que en lugar de metralla llevan poesía. Esas balan que a veces dan salud y otras matan. Porque es una buscadora de la belleza y la belleza es tan necesaria para entender este mundo roto… Para entender el mal en el mundo. Es el correlativo esencial a tanta muerte y destrucción. Y Angélica hunde las yemas de sus dedos hasta lo mas hondo de su hígado para desenterrar lo bello que ven sus ojos. Ayer pudimos vislumbrar algo de todo esto que digo. La humildad y el respeto son valores básicos en un ser humano. Y esa mujer-piedra-níquel-sorda- no tenía ni lo uno ni lo otro. Porque independientemente de que guste o no un cuerpo expuesto, los minutos que se le conceden a alguien para exponerlo puede desgastarlos como el propio sujeto quiera.
Un titular de un periódico lleva más poesía que cualquier pertinaz intento humano de hacer poesía. Me quedo ahí. En esas palabras-Liddell. Porque siempre me quedo con algo positivo en alguna de estas noches.
Abramos bien las puertas para dejar entrar el aire. O empalemos nuestras manos cerrando tras de sí la puerta sólo si ya hemos conseguido entrar. Hoy quiero emborracharme con S. Sin manos. Beberme cada palabra que encuentre en las aceras como si fuera el último día que bulle en este camino de arterias. Sin manos. Inundar de letras nuestras agrietadas venas tan rotas de hambre en esta sequía de cuerpos. Sin manos. Hoy sin manos. Me encanta este día. Además es el cumpleaños de una querida amiga. Felicidades pues a mi amiga y por supuesto a todos los libros que respiran entre nosotros. Porque ellos son vida incluso cuando descansan en algún estante. Porque son aventura cuando los abres, y son lágrima viva cuando los cierras. Porque son eso, coraza un día y latido, otro. Porque son el sueño de todo eremita. Porque son la vida que nos falta, la muerte que esperamos, los amores deseados que a veces se hacen realidad plena. Porque encabezan nuestras camas. Porque son nuestros soportes -amados terapeutas en nuestra soledad maciza-. Porque nos conocen en cuanto los comenzamos y nos esperan impacientes al cerrarlos. Porque nos educan. Porque nos reeducan. Porque llenan nuestras memorias ensangrentadas de ideas nuevas llenas de otra sangre. Porque son al fin, la pluma ansiada por todos nosotros, pequeños seres desmanados, todos. Pienso entonces que leer a los grandes, a los que yo considero grandes, te recoloca en tu sitio. Te recoloca. Y hay que entender esta posición de espera. De calma. A mí me sienta de golpe en la silla de la soledad. Yo y mis manos, bruscamente. Y charlamos. Charlamos con claridad meridiana. Lo hacemos sin prisa. Te asienta para que ellas y yo nos conozcamos mejor gracias a ellos. Educan la prisa de tus manos. Y un sentimiento de inexperimentación conquista la mía, que en días como hoy se asoma a mis ojos tan inexperta, siempre. Por tanto, te ralentiza. Y no, ya hay prisa. No hay prisa. Nunca hay prisa.
En cuanto a las actividades en esta noche explosiva, hay tanto y tan coincidente que tengo la cabeza aturullada de tanto buscar decisiones. Si se pudiera desdoblar la hora como se desboblan las páginas de nuestros homenajeados... Me encantaría ir a un recital de Angélica Liddell. O volver a tener a un palmo de mí a Juan José Millás, que tanto adora S., o al también leído Manuel Vicent cuyo artículos acertados imantados en nuestros frigoríficos tanto nos han ayudado. Me gustaría explosionar el centro de mi estómago y que cada trocito desperdigado se esparciera por esta ciudad acompañada, y alcanzar con uno de ellos a Mendicutti y regalarle mi geometría, agradeciendo sus ajustados prólogos. Adelantarle lo que será dentro de tan sólo días mi pez místico. Volver también a saludar a Manuel Hidalgo de cuya mano recibí aquel premio de poesía hace ya tantos años. Qué sé yo. Quizá no hacer nada de esto, porque hoy no tengo manos y hacer eso, cerrar la puerta tras de mí y embolsarnos. Volvernos. Desmemoriarnos. Desviajarnos. Descorcharnos. Desentrenarnos. Desmemoriarnos. Desmanarnos. Desarmarnos. Desintegrarnos en esta noche librera.
Quiero comprar montañas de libros de Galeano para viajarle. Para escalarle esta noche y la otra y la que sigue. Porque mi amor es definitivo. LO ADORO. Y también algo de mi nuevo descubrimiento, Maria-Merce Marça. O quién sabe si volveré de nuevo a Gelman. Adoro los descubrimientos porque es como si una volviera a nacer y se desmemoriara. Me pasa con la música. Cuando descubro algo nuevo que conquista mis oídos o en este caso mis manos, me embolso y soy toda suya.
Felicidades L* (sí, sí, ya sé que acabo de bailar los días. Sí, ya sé que es mañana, pero a los efectos es hoy).
Fahrenheit 451 es la temperatura a la que arde el papel de los libros.
El otro día en la librería La Clandestina, estuvimos echando una mirada a nuestros queridos verticales, aquellos que nos vigilan sobre la altura de un estante esperando ser re-cogidos. S. llamó mi atención y mi atención llamó de golpe a las puertas de mis sentidos. Eduardo Galeano.
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
Éste fue. Después de largas jornadas buceando en esta mujer -María-Merce Marça- he logrado desenterrar de todo un bosque de agua aquel poema que escuchamos S. y yo en el Teatro Español y recitado por Juan Echanove, pero cuyo título se escapó de mi memoria. Escuché a poetas espléndidos, consagrados todos, otros aún en vida, pero me quedo con ella y sobre todo, sobre todo con este amor sin casa. Toda una genialidad in crescendo. De hecho, es el libro que quiero comprar este próximo 23 de abril (aunque creo que no está en castellano, es igual, que me lo vaya traduciendo S.). Todo un homenaje.
El meu amor sense casa. L´ombra del meu amor sense casa. La bala que travessa l´ombra del meu amor sense casa. Les fulles que cobreixen la bala que travessa l´ombra del meu amor sense casa. El vent que arrenca les fulles que cobreixen la bala que travessa l´ombra del meu amor sense casa. Els meus ulls que arrelen en el vent que arrenca les fulles que cobreixen la bala que travessa l´ombra del meu amor sense casa. El meu amor que s´emmiralla en els ulls que arrelen en el vent que arrenca les fulles que cobreixen la bala que travessa l´ombra del meu amor sense casa.
***
Mi amor sin casa. La sombra de mi amor sin casa. La bala que atraviesa la sombra de mi amor sin casa. Las hojas que recubren la bala que atraviesa la sombra de mi amor sin casa. El viento que desgaja las hojas que recubren la bala que atraviesa La sombra de mi amor sin casa. Mis ojos que se arraigan en el viento que arranca las hojas que recubren la bala que atraviesa la sombra de mi amor sin casa. Mi amor que se espejea en los ojos que se arraigan en el viento que arranca las hojas que recubren la bala que atraviesa la sombra de mi amor sin casa.