martes, 31 de marzo de 2009

La empática Giordani

Para alguien tan empático como yo (a veces el dolor de la carne ajena duele demasiado en la propia carne), resulta muy sencillo desenterrar con un único golpe de pala seres igual de empáticos a la hora de escribir. Ser capaz de ponerle nombre a situaciones o sentimientos vividos por otros, ser capaz de sangrar si te acercas a la orilla de este río rojo, a ser bombardeada ahora mismo a pesar de existir miles de kilómetros hasta aquel rincón donde en este mismo instante está cayendo la última bomba, a enterrarse con la piel del otro, a integrarse en su carne blanda, en su herida, dejarse caer en la barca de la vida del otro, probablemente a la deriva, entrar sin ojos en la casa del más débil, en la del dedicado de la dedicatoria, ése, ése ser manejable humanamente hablando, ése y no otro es el empático. El identificador físico y psíquico de su elegido doliente. Aquél que nunca se desentiende de la vida. Todo eso y más que desconozco podría ser Laura Giordani, cuya comprensión intelectual con la herida abierta que hay en el mundo es decidida y racional pero nunca forzada. Diestra en esta comunicación interpersonal, ella escribe con la víscera y el corazón abierto vigilantes desde la altura de la mesa, su mano sólo la horizontal arma que dispara, escribiendo lo que sus órganos verticales más internos le van dictando. Portavoz de los seres que sufren y por todo ello, mujer, a mis ojos, empática. Poeta que verbaliza, sin duda. Para mí sus letras son vertebrales, óseas, cargadas de palabras-dagas que te diseccionan por dentro, te cortan el espinazo. Ya lo dijo Emily Dickinson: Si tengo la sensación física de que me levantan la tapa de los sesos, sé que eso es poesía.

En una entrevista de Enrique Falcón a Laura Giordani, se dijeron algunas de estas sentencias.
Para esta poeta argentina el lenguaje poético es capaz de sacudir vivencias, de espabilar sensibilidades adormecidas, narcotizadas por un aluvión incesante de estímulos, de conmover la costra de la indiferencia


¿A dónde van a morir los pájaros,
sus pulmones calcinados de vuelo
por qué sumidero celeste o anti-nido se fugan,
desde dónde esa caída de estrella
discreta como la muerte?

Cielo y tierra se tocan porque existen ellos
trazando esas líneas invisibles
que unen la sangre al relámpago,
la garganta a la lluvia, las plegarias
de la madre al desastre inminente.

¿Qué ciudad de hormigas
reclama su sombra,
qué viento se lleva sus huesitos
blancos, naufragados en la altura
hasta hacerlos transparentes?

¿En qué momento de nuestra ceguera se desploman?
Laura Giordani

Sacado de uno de sus últimos trabajos, de sus últimas vivencias,
Sudestada (2008)

Rincón recomendable, por tanto esta gran escritora empática. Su poesía ya siempre es querida por mí porque es temblor y temor de ponerle nombre absolutamente a todo, hasta lo más innombrable. Conocerla fue un hallazgo que aún hoy me deja ese poso.

También forma parte en el espacio Dolmen de empatía ¿podría ser de otro modo?

*la imagen es de Dani Alarcón Tapia, visitad su web, es fantástica. Este dibujo empatiza tanto con este poema de Giordani... y lo encontré por casualidad, como a Giordani.

sábado, 28 de marzo de 2009

EnTintaDosinclusomás

Era la primera vez. La primera vez que una autora como yo leía sus propios versos. Llevo años escribiendo, tantos que ni recuerdo y no es tópico, pero aunque parezca increíble ayer fue la primera vez en la que una autora como yo, silenciosa, silenciada, aunque no por ello hosca o huraña, leyó sus propios versos. Siempre delego ese complicado acto aunque hoy reconozco como placentero, muy placentero en mi hermana, que es actriz y que además entiende al vuelo el exacto modo en el que yo antaño concebí un poema. Nadie me conoce como ella. Ninguna duda sobre dónde detenerse para que el público mastique unos versos que necesitan ser eso, masticados. Nadie como ella, bueno sí, S. que he descubierto también que me conoce profundamente y vocaliza tanto que la admiro. Y todo gracias al poso de un pasado que también le dejó una breve experiencia en el teatro.

Presentados por mi ya querido Chema Barredo, que sólo tuvo palabras hermosas para nosotros -poetas desnudos soltados en el ruedo-, José Naveiras, Mayte Sánchez Sempere y ésta que suscribe, o mejor dicho, que escribe, iniciamos así el ciclo de EnTintaDosinclusomás, una serie de recitales que irá presentando a los diferentes autores publicados por la Editorial Poesía eres tú.
De Chema ¿qué podría decir yo que él no sepa también de sí? que ya me permito el lujo de llamarle Chema, que es pura amabilidad, que es el eterno enamorado. Un profundo enamorado de la poesía, pero poesía con mayúsculas, que se desarma y quiere ser desarmado con las palabras y que nos desarma definitivamente con las suyas. Le agradezco de manera particular y desde esta ventanita las palabras con las que antecedió este ciclo. Sólo espero que su voz siga siendo aquélla que antecede la voz del poeta, la que le impulsa. El por qué de mucho. El por qué de muchos.

Inició Naveiras, por alto, lo cual agradecí. Reconocidísimo fotógrafo a mis ojos visuales, poeta recién descubierto a mis otros ojos más del alma, y siempre listo para entrar en acción. Un hombre-acto. Un hombre-apto. Un hombre-alto. Vamos, un todo terreno esparcido por esta vida, pero sobre todo, sobre todo, un hombre bueno y necesario como lo es un mendrugo de pan en una casa sostenida por los pilares del hambre, y por tanto, amorosamente compartido por toda la familia que conformamos el mundo.

En aquella primera vuelta, proseguí yo, tras unas palabras de Barredo que confieso me dejaron suspendida en una hoja balanceada por el rocío de la mañana y que acabaron desenterrando esa idea estúpida de posponer siempre y eternamente mi voz. En esa ronda sólo leí poemas de La geometría del vientre.




Y por último Mayte, que llenó de amor nuestros corazones, esas piedras rojas de este Mundo viejo que se descorcharon algún día cuando en alguna extraña hora se rompió en pedazos la Tierra. Ella es la esperanza. La reparadora. El hilo que cose la herida. Ella es la otra herida. La compensación a la realidad más cruda. La que equilibra la balanza más oscura. Le dedico esta cita de Schopenhauer: el amor es la compensación de la Muerte, su correlativo esencial. Gracias Mayte, siempre, por tu ¿pesimismo disfrazado conscientemente de optimismo?

En la segunda ronda Naveiras mezcló en su voz potente versos satíricos y otros más duros, yo proseguí en otra línea desde el sentimiento trágico de mi Pez místico y mis Tablas de carnicero y Mayte, bueno Mayte y su voz perdida recién recuperada volvió a hacer de las suyas equilibrando el tablero del Mundo para que sus fichitas, es decir, nosotros, no cayéramos una y otra vez al vacío, en el más puro escepticismo.

Era la primera vez (exceptuando la lectura esporádica de algún poema que se cayó en un despiste de mi propia boca) que yo leía más de tres poemas seguidos pero confieso, confieso que fue todo un disfrute de noche por todo eso que os cuento aquí arriba.

Mil gracias a los aplausos de la perrita de El Buscón, cuyo buen olfato la incitó a sentarse entre los árboles que para ella eran Naveiras y Barredo. Y por supuesto a Luis Sancho, ávido lector, seguro, y dueño de la Librería El Buscón, abierta desde hace unos 30 años en Prosperidad, hombre suicida por esto pero que finalmente ha conseguido pervivir después de tantos años como librero, aunque en un barrio con ese nombre no podría haber sido de otra manera, prósperamente, y que más tarde nos obsequió con el mejor regalo para un poeta, un libro de Felipe L. Aranguren, que ya promete, pues su primer poema está dedicado a Luis. Y, para quien no lo sepa, las dedicatorias de los poemas son tan importantes como el propio poema, ya que éste fue inicialmente disparado por aquel primero.

Rescato el poema Arena movediza, del libro de Felipe L. Aranguren Memoria del no poder

Somos una tendencia proclive a los pantanos
a cualquier lodazal no limpio e impoluto,
negación de lo blanco, lo neto, lo salubre,
como si la arboleda prohibiese ver el árbol
y los pasos movedizos inundasen la arena.

En este inmenso, vasto, devastado
circo romano donde el placer se anega
tan sólo queda sangre o rastro de esa sangre,
menudas gotas, migas. Jamás una certeza.

La venta de ambulantes amuletos,
la cartomancia, la mano atravesada de senderos,
el tarot de inigualada magia crédula,
la bola de cristal. Sobrevivimos de promesas.
Y siempre la vergüenza hundiéndose impotente
en el ahogo y la fusión de toda ciénaga.

Hoy S. se ha levantado a las 3.50 de la mañana entintada y tambaleada. Mi cuerpo, entintado y tambaleado a esa misma hora ha querido hacer de tabla vertical para su sostén y he acompañado su desequilibrio sin ojos hasta su viaje al trabajo. Ahora estoy aquí, haciendo una crónica a deshoras.

Gracias a Raquel y Andrea, rostros perdidos hace muchos años pero ayer recuperados.

* fotos de S.

viernes, 27 de marzo de 2009

Dos animales escénicos

Os presento a dos de mis actores preferidos. Os presento a otros dos animales, es cierto que no son animales poéticos pero son animales. Esta vez os presento a dos animales escénicos. Marta Ruiz de Viñaspre y Félix Fradejas, director del colectivo Ghetto 13/26.


Félix en una de las fotos a mí me recuerda a Daniel Day Lewis, en Gangs of New York y Marta a aquella joven mujer rusa llamada Ana, tantas veces prounciada en boca de Mastroniani en la tantas veces vista película Ojos negros. ¿A ver si tiene que ver que los quiero demasiado? No, no, no, mi comentario es totalmente imparcial. Los he visto actuar. Son pura selva y yo adoro la selva. ¿No veis qué explosión de color en la cara? pues a ello hay que sumarle la vida que tienen dentro. El movimiento que les da la vida. Sus voces. Pura selva.

miércoles, 25 de marzo de 2009

El naufragio de los lobos

Hoy he madrugado mucho, tanto como para que, tras preparar el desayuno conjunto y compartido con S. no he vuelto a la cama y eso, eso nos coloca en la temprana hora de las 4.50 de la madrugada. Hoy he madrugado mucho sí, pero quien más ha madrugado han sido mis ojos, mis hambrientos ojos naufragados. Tras conocer a Giordani y Borra el otro día, allá, en aguas del este, tras cruzar unas palabras transparentes de agua con Gómez y con Martínez, me ha entrado un hambre tan voraz, tan telúrica, que me hubiera tragado diez sólidos Jonases para plenar el vacío de mi vientre de ballena a pesar de ese desayuno compartido. Hoy he madrugado tanto que llevo desde casi esa hora comiendo Jonases como Falcón, Gómez, Giordani, Méndez Rubio, Borra, qué gran camada de animales poéticos. Qué manos. Qué profetas todos. Qué alimento para lobos naufragados. Cuando los leo, yo sencillamente, naufrago de mi banco de peces. ¿He de seguir escribiendo para continuar a flote? ¿seguir nadando? ¿para qué? ¿agua? ¿para qué? Prefiero ahogarme en sus proféticas manos. Sí, prefiero el naufragio. Prefiero este naufragio en tierra. Desescribir lo escrito. Prefiero abandonarme. Prefiero abandonarme en una acera. Abandonar el ojo y sujetar la mano. Prefiero el silencio del lobo a un aullido de peces. Prefiero ser lobo hambriento-casi muerto con ojo-sin mano en busca de ese alimento visual que hoy he descubierto en este oasis mío de peces y vacas. Hoy en mi desierto, he sentido que mis manos caducan al instante, pero no como un Jonás en un vientre de agua, porque un Jonás en un vientre de agua no caduca. Se inmortaliza. Todo pierde sentido ¿o quizá lo tome y no lo estoy viendo?

lunes, 23 de marzo de 2009

Recital EnTintaDos

Este viernes 27 a las 20.30 José Naveiras, Mayte Sánchez Sempere y esta ventanita que asoma a este Rascacielos leeremos poemas de nuestros libros junto a algunos otros inéditos. Presenta Chema Barredo. Los que estén cerca que entren.
Particularmente me gustaría no sólo leer poemas del último libro La geometría del vientre sino leeros mis antecedentes en poemas del libro anterior Ahora que el amor se me instala y adelantaros mi futuro con otros tantos del El pez místico y Tablas de carnicero. Recordad: Librería El Buscón, calle Cardenal Siliceo, 8, Madrid, a las 20.30 h. Metro más cercano creo que Prosperidad (salida Lopez de Hoyos).

* el cartel es de Mayte

El ecuador

He vuelto. Tras una semana de asueto mis manos van volviendo. Mis manos más silenciosas a cambio del lenguaje de mis pies que me han traído y me han llevado. Una semana acompañada de los pies de S. y cruzando desde el centro de España hacia la meseta y de ahí al este. Valencia. Las Fallas. Volvimos el sábado para no incluir el coche entre esas estadísticas de tráfico que salían en los telediarios del domingo. Volvimos el sábado pero el domingo quisimos alargar los días tirando nuestros cuerpos a un Retiro verde brillante. Días antes a estos viajes merecidos, algunas visitas con S. a urgencias, de momento sin importancia. Y también una visita mía por una fuerte crisis nerviosa donde mis manos-desmanos quisieron arrancar mi nuca de su sitio y ante la dureza con la que estaba plantada acabaron tan sólo astillando de huesos mi cuerpo. Y digo fuerte porque aún hoy siento que aquellos huesos que se estiraron de tensión siguen sin tener espacio dentro de mi acortado cuerpo. ¡Cómo preocupé a mi S.!

Un rápido recorrido: la sierra de Madrid donde fuimos a ver a mi hermana, el románico de Palencia, que visitamos S. y yo desde Valladolid y en compañía de mi madre. Las fallas de Valencia en otra escapada, la experiencia aquella misma tarde fallera de ver abierta como un pecado una de las puertas de la plaza de toros, y mover mis pasos hacia una sala blanca pero salpicada de sangre donde mis ojos curiosos y lujuriosos veían cómo una pandilla de matarifes separaban literalmente la cabeza del toro de la tarde de su ensangrentado cuerpo. Tengo que contarlo porque la curiosidad mató al gato que había en mí y me destrozó el alma, aunque otros músculos movieran mis pies hacia allí. La sangre descenciendo impúdica por aquel pasillo sin alma. El manto de la virgen que también arrancó lágrimas de mis siempre ateos ojos. La multitud reunida por un mismo asunto. Los sobrinos de S. que adoro cada minuto más. Su reciprocidad.

Los buñuelos que S. hizo en casa de su madre y que no tardamos en probar. Las paellas gigantes de su cuñado.


La luz de Valencia. La luz de la calle Sueca, donde cenamos. La luz de aquella otra calle muerta. Aquella muerte de toro, de nuevo. El poso de preocupación que quedó en mí ante aquella inercia mía curiosa y obscena. Un cuarteto de cuerda tocando cuadernos musicales que insistía para hacerme olvidar aquella muerte roja. La voz de S. queriendo arrancarme de aquella escena de muerte. El fuego. El olor a pólvora mojada, como diría S.


La materialización de un encuentro. La reunión con Laura Giordani y también con Arturo Borra. La ausencia de Víktor Gómez, aunque en cierto sentido presente. Largas conversaciones de pastelería y poesía. Mi voz leyendo poemas. La voz de S. hablando amorosamente de su oficio. Nuestros anfitriones regalándonos el sonido argentino desde sus gargantas. Las buenas noticias. Ay cuánta gastronomía aquella noche en la casa. Cuánta música de Satie y cuánta poesía. Trueques de libros. Y luego, cuánta música de S. sonando en el coche cuando conducía ella. Cuánta música mía cuando conducía yo.

La llegada.
Nuestro amanecer en el Retiro.

jueves, 12 de marzo de 2009

a-peces



a veces creo que basta mirar el agua fijamente
para saber que pertenecemos a ella



tengo flotando en mis ovarios
semillas de peces renacidos



de El pez místico (próxima publicación 2009)




miércoles, 11 de marzo de 2009

Pierre Coulibeuf

Una muestra de lo que vi ayer en La Casa Encendida. Acaba el 15. Aprovechad. Yo vi las tres videoinstalaciones. Sola. Completamente sola sentada en el suelo de una sala enorme sin sol. Fue magnífico. Pura y dura coreografía. Retratos experimentales. Arquitecturas imaginarias. Indeterminaciones.
A Magnetic Space, Delectatio morosa (Homenaje a Pierre Klossowski) y Somewhere in between,.