Señor, la jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado
y mi corazón está loco porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento a mis delirios
¡Qué hacer con el miedo!
Alejandra Pizarnik
EN el campo de mis sueños rojos
Fantasmas azules han invadido mi cuerpo
Y su aliento azul me roba las venas
Que ayer a la tierra me ataban
En un muro blanco como sepultura
Nos tumbamos para contemplar estrellas
Sus manos pisaron mis manos
Sus ojos mi cuerpo lamieron
En el campo de los sueños rojos
Llovieron plumas
Como un manto me cubrieron
En la sepultura de barro
Sus cóncavos picos se volvieron nobles
Fantasmas azules con formas de pájaro
Liberados de la jaula del cielo
Sin alas
Visitaron ayer mi azul mente
Hasta que mi sombra
Quedó derramada por el suelo
© Nuria Ruiz de Viñaspre
miércoles, 30 de abril de 2008
Deshaciendo el ovillo del deseo
Llegó su voz que fue voz de tierra, pecado mortal que abrió de par en par mi tráquea. La tráquea, aquel olvidado ángulo oscuro, allí, entre huesos, sitiado por una antigua tristeza gris. Pero logró envolver mi pena y con sus palabras azuladas la calma sitió mis venas. Llegó su frente, aquella planicie donde serpenteaban sus ideas y vi claramente en cada línea un pensamiento estable en el que sembrar nuevos besos desde lo más alto de mi desmemoriada boca. Llegó su piel pendiente siempre de su rama y entonces trepé por ella sin inmadureces. Allí cogió mi dolor en silencio con la piel del miedo resbalando por aquella frente como quien arranca una marchita manzana de su árbol y la coloca con cuidado en su tierra, en su voz. Llegaron también sus huesos para rozar mis huesos y aliviarles de aquel dolor antiguo, y en aquellos primeros días lo hicieron sin necesidad de acoplar su pelvis a la mía… me pareció tan mágico. Y con ello llegó su boca y devoró mis horas más tristes, boca que vino también decidida a tragar mis miedos, y de nuevo sin necesidad de devorar en ella el oasis de mi boca… fue tan mágico. Entonces llegaron sus manos, revoloteando como mariposas por encima de mi cabeza y acariciando mis ideas tristes, y al principio jamás esas queridas recortadas tocaron mi alargado cuerpo, realmente si lo pienso sí que hay algo de magia en todo esto. Y entre medias, la risa, siempre la risa, llegando tan puntual a la hora. Y yo por aquel entonces, preguntándome si acaso no volviera a ver su apariencia condensada en el diámetro de mis ojos, si acaso no volviera a fijar mi vista en su solidez... Aún hoy me gusta ir deshaciendo el ovillo oscuro de aquel deseo para volverlo a envolver y así una y otra vez. Ay, qué cosa absurda los pensamientos y los sentimientos que éstos generan, qué batalla de contradicciones hasta llegar a lo que uno cree que busca, qué círculos de entendimientos. Fijaos, ya Orestes amaba a Hermione que amaba a Pirro que amaba a Andrómaca que amaba a Héctor que estaba muerto, qué círculo raro… Y así vamos encontrando lo perdido quebrando la voz del sueño… Ya sé que en la punta del pie está el salto, pero a veces quisiera saltar fuera de mi piel para volverme hacia la especie humana, a lo más universal… pero entonces pienso en cómo conviven en mí sus huesos, la voz de su boca, su boca y sus manos y soy tan infiel a ese pensamiento que lo único que me parece más universal es volverme hacia todo eso y deshacer una y otra vez ese ovillo que me lleva directamente a su piel antigua. Ahora me doy largos paseos en su tierra, como gaviota lenta en cielos nuevos, sin nubes ni venenos, con vientos redondos rompiendo las cadenas del silencio. Con el deseo en cruz. La sangre alta.
*a Sam
*a Sam
martes, 29 de abril de 2008
¿Para qué la acción?
Simone de Beauvoir contaba que un día Plutarco contaba que un día Pirro hacía proyectos de conquista: "Primero vamos a someter a Grecia", decía. "¿Y después?", le pregunta Cineas "Ganaremos África". "¿Y después de África?" "Pasaremos al Asia, conquistaremos Asia Menor, Arabia". "¿Y después?" "Iremos hasta las Indias". "¿Y después de las Indias". "¡Ah!", dice Pirro, "descansaré". "¿Por qué no descansar entonces, inmediatamente?", le dice Cineas.Cineas parece sabio. ¿Para qué partir si es para regresar? ¿A qué comenzar si hay que detenerse? Y sin embargo, si no decido en primer término detenerme, me parecerá aún más vano partir. "No diré A", dice el escolar con empecinamiento. "¿Pero por qué?" "Porque después de eso, habrá que decir B". Sabe que si comienza, no terminará jamás: después de B será el alfabeto entero, las sílabas, las palabras, los libros, los exámenes y la carrera; a cada minuto una nueva tarea que lo arrojará hacia una tarea nueva, sin descanso. ¿Si no se termina nunca, para qué comenzar? Aun el arquitecto de la Torre de Babel pensaba que el cielo era un techo y que lo tocaría algún día. Si Pirro pudiera extender los límites de sus conquistas más allá de la tierra, más allá de las estrellas y de las más lejanas nebulosas, hasta un infinito que sin cesar huyera ante sí, su empresa sería insensata, su esfuerzo se dispersaría sin jamás recogerse en ningún fin. A la luz de la reflexión, todo proyecto humano parece, por lo tanto, absurdo, pues no existe sino asignándose límites, y esos límites, se los puede siempre franquear preguntándose con desdén: "¿Por qué precisamente aquí? ¿Por qué no más allá? ¿Por qué razón?"
En vano Cineas nos hostiga diciendo: "Y después? ¿Para qué? "A pesar de todo, el corazón late, la mano se tiende, nuevos proyectos nacen y me impulsan adelante".
Pero la reflexión es espontánea. El hombre planta, lucha, conquista, desea, ama, pero siempre hay un "¿y después?". Puede que, de instante en instante, se arroje con ardor siempre renovado a nuevas empresas: así Don Juan no deja a una mujer sino para seducir a otra; pero aun Don Juan se fatiga un buen día.
No obstante, es preciso que Pirro se decida. ¿Se queda o parte? Si se queda, ¿qué hará? Si parte, ¿hasta dónde irá? "Hay que cultivar nuestro jardín", dice Cándido. Ese consejo no nos será de gran ayuda. Pues, ¿cuál es nuestro jardín? Hay hombres que pretenden trabajar toda la tierra, y otros encontrarán una maceta demasiado vasta. Algunos dicen con indiferencia: "Después de mí, el diluvio", en tanto que Carlomagno, agonizante, llora al ver los barcos de los normandos. Esa joven llora porque tiene los zapatos agujereados y le entra el agua. Si le digo: "¿qué importa? piense en esos millones de hombres que mueren de hambre en los confines de China", ella me responderá con cólera: "Están en China. Y es mi zapato el que está agujereado". Sin embargo, he aquí a otra mujer que llora por el horror del hambre china. Si le digo: "¿qué le importa?, usted no tiene hambre", ella me mirará con desprecio "¿qué importa mi propia comodidad?" ¿cómo puede usted saber lo que es mío?
domingo, 27 de abril de 2008
De cómo un gato acepta a una silla como amiga
Mi paraíso incierto
Me encantan los parques. Son nuestros pulmones con alas. Ese trozo de cielo que salva, un cielo que es blasfemia mirarlo pero salva. Son nuestros árboles en la raya del horizonte, nuestro cerebro que gesticula ideas. Son nuestros jardines dormidos, nuestros muros sin límites, libres y alados pensamientos, y a los que en época de verano le sudan las paredes. Parques infinitos llenos de tierra en el que una se puede imaginar un camino aun cuando no existe. Son el confesionario sin muros donde hacernos confidencias mientras la tierra se va creando bajo nuestra andadura y donde las flores se alargan en el borde del camino cuando las acariciamos a nuestro paso con palabras, a veces con timbre triste y otras al contrario... Donde una puede asomarse a la techumbre del cielo. Y si éstos tienen estanques, ellos serían nuestros jardines particulares de agua, aquellos que nos predisponen a que los sueños suban por nuestras piernas y la melancolía baje por nuestros brazos hasta que podamos cerrar el puño para atraparla. Bajo ese reducto de agua crecen nuestros secretos dormidos, nuestras habitaciones particulares donde las nubes que hay en nuestras cabezas se disputan las copas de los árboles que fuimos hace tiempo… donde espíritus y recuerdos habitan en los muros de éste, nuestros propio cuerpo. Son los límites glaucos de nuestra nada donde tomamos conciencia de lo pintado a nuestro alrededor. El mejor lienzo del que memorizar colores. Me encantan los parques. Tan llenos de luz, de pisadas silenciosas, de alegría, de gritos de niños, de olor a tierra, a paja. Quedarse ahí, sencillamente echada, abandonada, hasta que envejezca el sol a los ojos y la brisa, de pronto, se haga incómoda en la piel primera. Allá donde el sonido del pájaro de la duda se esconde roto por el silencio, y donde todos los árboles se vuelven dioses, donde todo es fugaz y se disuelve, como se disuelven nuestras manos, esas lentas que tanto duelen al perder sus pétalos ahogados en el agua viva de la rutina. Allá donde no hay nunca más luz que la de nuestras venas y las raíces de nuestro color se vuelvan noches en días…
Me encantan los parques. En ellos el calor se apoya bajo nuestras encías. Se puede medir el suelo desnudo bajo tu mandíbula, jugar con las sombras en esa misma pista hasta que el sol caiga abandonado, ser vena para que antes de que todo esto ocurra, ser el color de su debilidad del día hecha circulación… En ellos no hay ni un solo árbol igual a otro. Y la lluvia, de darse, no será más que un milagro que baja por la coraza de nuestros cuerpos.
Ya sé que en ellos la fórmula mágica para profundizar en la región extraña que son nuestros sentimientos, pero alivian nuestras penas, nuestras pérdidas. Es su olor caliente, confortable, tibio, como el trozo de tierra que es bajo el sol.
Los parques recomponen el color de nuestras hojas. Son nuestro ecuador, nuestro periplo.
Me encantan los parques porque en la cintura de ese paisaje, todo, abolutamente todo es posible. Porque en ellos sólo somos eso, un cuerpo, un lugar, un espacio echado al sol.
*la foto es de internet. Retiro. Madrid
sábado, 26 de abril de 2008
Ojos negros
De nuevo Hugo me llena de mi memoria antigua. En una de sus últimas entradas despertó el recuerdo de la película Ojos negros, del ruso Nikita Mihalkov, del que he visto en festivales casi toda su filmografía y donde nada decepciona. Ojos negros, basado en un cuento de Chejov, narra la historia de un arquitecto sin fortuna que a principios del xx se casa con la hija de un banquero romano a la que no quiere. Romano se enamora de una mujer rusa a la que ama pero con la que decide no compartir su vida porque no quiere perder su estatus en la sociedad. La posterior nostalgia de esa decisión desproporcionada llenará de tristeza pero también de emoción y poesía la película. La belleza, la alegría, la vitalidad recorre cada milímetro de este paisaje aunque haya, a la vez, una tristeza fría que recorre amarga y nostálgicamente toda la película.
Fue una de las películas con la que más he llorado, pero no de tristeza sino de poesía y de emoción. Magistral. Recordar a Mastroianni en gesto repetido rebuscando en sus bolsillos, o recuperar el sonido de unas copas titileando en una bandeja sujetada por él ante los nervios de tener a su amada de frente... o este fragemento que os dejo donde el nombre de Savaska toma plena personalidad poética, o los movimientos en cámara lenta de aquella mujer de ojos negros con aquella pamela al viento dándose la vuelta para mirar a la cámara... o aquellos paisajes inundados todos de un blanco perfecto, o ver a Romano de nuevo deambular por toda Rusia, viajándola, donde conoce a rocambolescos personajes, zíngaros rusos siempre con una canción tradicional sonando en la parte más alta de su garganta.
Junto a Mastroianni en su papel de Romano, la actriz Elena Sofonova (Anna) recrea la pantalla de poesía y cuando desaparece parece dejarla vacía.
Aquí os dejo una de las escenas más entrañables y poéticas de cómo el cuentista de Romano utiliza mañas para conquistar a su amada Anna. Es delicioso, Savaska, en ruso significa perro. Obligado hasta el final incluso repetir.
Aquí os dejo la canción de Oci Ciorne (ojo negros), su leiv motiv. Ay maravilloso Dmitri Hvorostovsky con este "Dark Eyes" una canción tradicional rusa. Escuchadla también hasta el final.
Fue una de las películas con la que más he llorado, pero no de tristeza sino de poesía y de emoción. Magistral. Recordar a Mastroianni en gesto repetido rebuscando en sus bolsillos, o recuperar el sonido de unas copas titileando en una bandeja sujetada por él ante los nervios de tener a su amada de frente... o este fragemento que os dejo donde el nombre de Savaska toma plena personalidad poética, o los movimientos en cámara lenta de aquella mujer de ojos negros con aquella pamela al viento dándose la vuelta para mirar a la cámara... o aquellos paisajes inundados todos de un blanco perfecto, o ver a Romano de nuevo deambular por toda Rusia, viajándola, donde conoce a rocambolescos personajes, zíngaros rusos siempre con una canción tradicional sonando en la parte más alta de su garganta.
Junto a Mastroianni en su papel de Romano, la actriz Elena Sofonova (Anna) recrea la pantalla de poesía y cuando desaparece parece dejarla vacía.
Aquí os dejo una de las escenas más entrañables y poéticas de cómo el cuentista de Romano utiliza mañas para conquistar a su amada Anna. Es delicioso, Savaska, en ruso significa perro. Obligado hasta el final incluso repetir.
Aquí os dejo la canción de Oci Ciorne (ojo negros), su leiv motiv. Ay maravilloso Dmitri Hvorostovsky con este "Dark Eyes" una canción tradicional rusa. Escuchadla también hasta el final.
viernes, 25 de abril de 2008
Una explosión de color
Bueno al fin, como os dije hace días quiero homenajear en primer lugar a Pipilotti Rist y a todas aquellas personas que aquel día echaron de menos una foto de cabecera que coloqué de esta videoartista, aquí os subo unas fotos maravillosas de ella sacadas de su vídeo Homo sapiens sapiens de 2005 que es magnífico también.


Esta proyección, intensamente onírico, es, como ya han dicho las críticas, una puerta al paraíso perdido: escenarios naturales, colores psicodélicos, ninfas desnudas, imágenes que se construyen y destruyen de forma caleidoscópica se desplegaban en uno de los trabajos más interesantes de la artista suiza en cuanto a experimentación espacial se refiere. Homo Sapiens sapiens 5 alas.
La música siempre aparece ocupando un lugar destacado para esta reina de las narraciones visuales. Hipnotizante producción visual.
Rist nos propone una nueva mirada de las cosas, y siempre atina al tratar al cuerpo visto desde el cuerpo de otra mujer. Este es el caso del video que os puese más abajo, donde una mujer rompe lunas de cristales armada con un ramo de tulipanes, con el consentimiento de otra mujer-policía, donde en el transfondo es mucho más que un mensaje ecologista.



Esta proyección, intensamente onírico, es, como ya han dicho las críticas, una puerta al paraíso perdido: escenarios naturales, colores psicodélicos, ninfas desnudas, imágenes que se construyen y destruyen de forma caleidoscópica se desplegaban en uno de los trabajos más interesantes de la artista suiza en cuanto a experimentación espacial se refiere. Homo Sapiens sapiens 5 alas.
La música siempre aparece ocupando un lugar destacado para esta reina de las narraciones visuales. Hipnotizante producción visual.
Rist nos propone una nueva mirada de las cosas, y siempre atina al tratar al cuerpo visto desde el cuerpo de otra mujer. Este es el caso del video que os puese más abajo, donde una mujer rompe lunas de cristales armada con un ramo de tulipanes, con el consentimiento de otra mujer-policía, donde en el transfondo es mucho más que un mensaje ecologista.
jueves, 24 de abril de 2008
El inventor de palabras
Y de nuevo vuelvo a descumplir mi promesa. Mañana me extiendo sobre Pipilotti, eso sí, si hoy no ocurre nada que me arranque otras palabras. En fin, ayer así sucedió. Sucedió que S. y yo brindamos con las palabras de Juan Gelman, bebimos de su copa, bailamos con sus letras en un círculo de bellas artes, nos dejamos rozar los huesos de las caderas con sus neologismos recién inventados. Vimos moverse esas manos que tan buena conjunción de letras compone. Me emocionó especialmente eso, ver sus manos, ahí, sujetando en gesto rutinario su rostro, sus sienes, sujetando sus ideas para que no escapen, a unas filas de las mías. Y luego su voz... Este hombre, como ser humano, es un ser excepcional, y poeta, bueno poeta ha sido desde siempre. Su compostura, afable y abrazable. Me atrajo su avanzada edad, la curvatura de su espalda que empieza a tirarle al suelo lenta pero inexorablemente. Me atrajo su traje de pana de intelectual de izquierdas, el color de esa vestimenta como la tierra mojada. Me atrajo su manera de sentarse, cómodo ante una mesa llena de palabras. Me atrajo cómo cogía la mano de su mujer a la salida. Su compenetración con la palabra. Me atrajo su bigote, límite donde morirían sus lágrimas y desde donde se descuelgan como intrépidos clavadistas sus palabras recién inventadas. Los gestos de sus manos, siempre tan cerca de su cabeza, de su cerebro, sujetándolo.En la tertulia habló de versos, de prosas póéteicas, de poesía social, de política, del exilio, de los miles de desaparecidos, de los otros tantos muertos, que coinciden en número con aquellos desaparecidos, de amigos del alma asesinadas por otras humanas manos, del amor, de la muerte, de su niñez, de su madre, de su hermano, que le leía desde pequeño versos de Puskhin, mencionó a la tan admirada por mí, Marina Tsvietáieva, a Borges, a Celan, a Vallejo. En un momento le preguntaron que si escribía siempre y él grandiosamente colocó sobre la mesa a la inspiración, aquella mujer que respondía al nombre de Musa y la definió tan bellamente que yo no dejaba de decirle a S. Recuérdame estas palabras, sé que las voy a olvidar y no quisiera. Y todo por no sacar un cuaderno y un arma para plasmarlo en el papel. En fin que en cuanto llegamos a casa S. recordaba exactamente las palabras con las que definió a aquella mujer. Fueron más o menos así: "Cuando esa señora llega, llega sucia de besos y arena. Viene de acostarse con el mundo pero cuando llega, uno la recibe con toda la felicidad de que es capaz". A mí esa definición me maravilló, sucia de besos y arena, así llega, en bruto, para luego licuarla después, para exprimirla con el fin de que rezume sólo lo imprescindible que debe haber en un verso. Fue maravilloso. Es un ser entrañablemente sencillo. Lavar la arena de su raza para que quede eso, la esencia en un verso. Llano como el horizonte. Acabó su intervención leyendo un maravilloso poema de su último libro "Mundar", título sugerente como sus manos, y que por supuesto no recuerdo, fijáos si no recordaba las palabras de la musa, como para recordar un poema grandioso en su boca. Lo dedicó a su mujer, Mara, un nombre poético, femenino de mar.
Mundar es uno de sus neologismos verbales que en esta ocasión define viajar por el mundo. Fijáos que verbo más hermosamente ajustado. Gelman hace una demostración de atrevimiento lingüístico y de manejo del lenguaje. Retuerce magistralmente la sintaxis a su antojo, verbaliza adjetivos y sustantivos, se sustantivan verbos. Es posibilidades a todas luces. Y yo pienso, si que son ilimitadas las combinaciones de palabras.
Palabras como éstas han salido en algún momento de su boca.
"A este oficio me obligan los dolores ajenos, las lágrimas, los pañuelos saludadores, las promesas en medio del otoño o del fuego, los besos del encuentro, los besos del adiós, todo me obliga a trabajar con la sangre, con las palabras"
"Empecé a escribir poemas a los nueve años. Claro que fue por una chica. Al principio le mandaba versos de un argentino del siglo XIX, Almafuerte, pero no me hizo caso. Así que decidí probar yo mismo. Tampoco me hizo caso. Ella siguió por su camino y yo me quedé con la poesía"
Gelman nació en 1930 en Buenos Aires. Su familia, judía, procedía de Ucrania, pero hablaba en ruso, la lengua que impuso el zar. Su padre había participado en la revolución fallida de 1905 y había tenido que exiliarse en 1912 en Argentina. Su madre sí vivió la revolución rusa. El padre pudo regresar en 1922, pero todos salieron hacia Buenos Aires seis años después cuando los crímenes de Stalin empezaron a ser insoportables. "Les encantaba la música y la lectura, en ese clima me formé".
Lo que pasa
Yo te entregué mi sangre, mis sonidos,
mis manos, mi cabeza,
y lo que es más, mi soledad, la gran señora,
como un día de mayo dulcísimo de otoño,
y lo que es más aún, todo mi olvido
para que lo deshagas y dures en la noche, en la
tormenta, en la desgracia,
y más aún, te di mi muerte,
veré subir tu rostro entre el oleaje de las
sombras,
y aún no puedo abarcarte, sigues creciendo como
un fuego, y me destruyes, me construyes, eres oscura como
la luz.
Límites
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?
Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.
La manzana
Manzana sola en la fuente,
¿qué hace sin Paraíso? Nadie ve
su cicatriz amarga.
¿Me pregunta
a dónde fue el secreto
de irse por tanta puerta
cerrada, alto el crepúsculo
firme, la cara que
sueña, sueña, sueña,
sin importar lo que perdió?
En un rincón, el viento
mueve la sombra de las hojas
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