lunes, 31 de marzo de 2008

Spiegel im Spiegel

Siempre acabo volviendo. Quiero decir que por algún resorte que desconozco me alejo de la música clásica y contemporánea para refrescarme con algo más moderno. En ese paréntesis puedo escuchar de todo. Me gusta todo, bueno todo no, pero puedo adentrarme en el jazz con la misma intensidad que me adentro en fados, bosanova, música étnica, minimalistas que también adoro como Glass o Mertens hasta modernos como Coco Rosie o Anthony and the Johnson (que conocí a través de S. y ya es inevitable volver también a estos), incluso cito a Andrew Bird, Devendra Banhart o Coldplay. S. siempre me trae músicas nuevas que me inculca y me gustan nada más escuchar sus primeros pasos. Así que ahora, que ando loca con este regreso mío, le imbuyo mis antiguas pasiones. Puedo pasar incluso a escuchar y disfrutar hasta de los grupos más poperos españoles. Pero ese mismo resorte me obliga cada otro cierto tiempo a volver, siempre acabo volviendo, como vuelve el ave rapaz al brazo del cetrero tras un largo vuelo en libertad. Y entonces pienso: no quisiera salir de este otro paréntesis jamás". Siempre vuelvo. Me equilibra con el resto. Así que se podría pensar que esta música ata mis tobillos bien de cerca, aunque contradictoriamente más me acerque hacia arriba, esclaviza mis oídos, pero realmente es lo que me da la libertad de volar. Os traigo un trocito de libertad, es otro Pärt. Para aquellos que lo conocéis sabréis de lo que hablo cuando digo que aúna "sencillez y profundidad" en uno, a veces incluso austero, y para sus desconocidos, os dejo esta pieza, a modo de nana, como el inicio del despunte hacia su música. A Pärt lo identifico con la escuela minimalista y, más específicamente con una especie de minimalismo santo, alejado por ello de autores como Glass, que también me encnata. Esta diferencia mística le acerca así a su contemporáneo Henryk Górecki, que con su sinfonía 3 o de las lamentaciones te eleva a lo más alto. Aunque las primeras obras de este compositor estonio muestran influencias rusas de Serguéi Prokófiev y Dmitri Shostakóvich, posteriormente acabó rechazando los modelos tradicionales y se fue introduciendo en el serialismo tan caracterísco de Arnold Schönberg (su Pierrot Lunaire es maravillosamente atonal). El estilo de Pärt se caracteriza por un lenguaje tonal austero de profunda belleza espiritual con técnicas minimalistas y contrapuntísticas. En fin, que la danza y la música son lenguajes silenciosos que nos elevan, sin duda saca lo mejor que hay en nosotros. Silencios y notas esta vez encerrados en un cello y un piano. La traducción de esta obra sería algo así como Espejo en un espejo. Yo la adoro, es sencilla y profunda porque nos toca el alma, porque nos detiene, y en esa detencion, sencillamente, nos hace pensar, con la lentitud exacta que ese acto requiere.

http://www.arvopart.org
Disfrutadlo.

domingo, 30 de marzo de 2008

Peces

OCURRE sólo alguna vez
Pero cuando me dices
No importa tanto el qué como el cómo
Y cuando mis ojos miran que los miras
Siento a los peces avanzar vigorosos
Por el camino abierto de mis venas

©Nuria Ruiz de Viñaspre, La voz en tierra

sábado, 29 de marzo de 2008

Arvo Pärt

He redescubierto el youtube, tantas veces nombrado, es cierto que lo he visitado varias veces para videos más "modernos" pero he encontrado un filón de música clásica contemporánea, como el caso de Arvo Pärt, un compositor estonés imprescindible que siempre está presente en mí.
Os dejo su Magnificat, las imágenes, evidentemente, has sido editadas al margen, pero forman un perfecto maridaje con la música de Pärt.
Os pido un favor, intentad escucharlo hasta el final, es una denuncia necesaria de principio a fin.
Por cierto, será necesario para disfrutarlo pausar la música que suena de cabecera.

El mundo de Marji

Nunca he sido mucho de leer comics ni de otorgarle la importancia que arrastran, ya que nos forman y nos moldean desde bien pequeños. Hoy en día, mi amor por ellos ha cambiado. Y como siempre, cuando algo cambia en mí -y tiene que ver con el amor- es por S. Ella es una amante del mundo del cómic, guarda pequeñas reliquias que hasta yo leía de muy pequeña pero que luego, por una ley física de espacio, desechas. Ella no desecha, por eso me enriquece con su pasado que mantine tan fiel. En fin, que el jueves B. un compañero de trabajo, que tiende siempre a traerme a la memoria y a las manos cosas buenas, -hace un año me regaló una bici BH bolero, una mujer, porque es femenina como la mañana, a la que le dediqué unas palabras y que aún estoy pendiente de bautizar- me regaló la película de Persépolis. Me tanteó preguntando: Nuria ¿te gusta el cine de animación? Mi respuesta no fue apasionada pero finalmente me decanté por un sí. ¡Bendito si! En fin, que en cuanto me dijo que me había traído Persépolis me emocioné como una chiquilla y no dejé de repetirle: la quiero, la quiero, la quiero. Hacía tan sólo meses y de manos de otra compi del trabajo leí, -devoré- los cuatro libros de este cómic. Por supuesto, S. los devoró también. Pero en ella esa pasión es totalmente normal. En fin, que cuando B. me la dio, yo no dejaba de pensar: en cuanto llegue a casa le doy una sorpresa a S,. y sin dilación vemos esta película.
Nos emocionó desde el principio. Su comienzo nos enganchó. Desde el primer minuto nuestras retinas se llenaron de una estética particular que introducía pequeños dibujos a modo de mosaico, figuras estilizadas, y que recordaban un cuadro de Klimt, detalles todos que iban jalonando cada minuto y que luego no desengañaba. S. y yo no dejábamos de mirarnos y de decirnos -os prometo que en los dos minutos primeros- ¡qué bonita!, va a ser preciosa… Quizá pecamos prontamente pero con tan sólo esas primeras imágenes tan poéticas y visuales uno puede desentramar si le gustará o no una peli.
Su grandeza trascendía el mundo del cómic. Es una personal denuncia que, gracias a la versatilidad del cómic, genera una enorme simpatía. Por supuesto, nos fue imposible no llorar, aunque esto no es ningún hallazgo.
Persépolis es la conmovedora autobiografía de la escritora Marjane Satripi, iraní que vive desde su pronta edad toda la revolución islámica.


Cuando Marji cierra los ojos, mantiene íntimas charlas con Dios, charlas a las que por supuesto también se une Carlos Marx. Y cuando los abre ve la realidad de la guerra, una guerra que no comprende ni comparte. Su familia es muy moderna e intelectual, avala su rebeldía pero llega el día en que se dan cuenta que la sociedad donde habían vivido ya no existía como tal y deciden enviarla a Viena, antes que su vida desembocara en un matrimonio no deseado. En Viena completa su educación, y la completa en la propia vida. Se forma en las aceras, se muda mil veces de casa, por su extremada sinceridad que la enfrenta una y mil veces.

Y luego el personaje maravilloso de la abuela. La abuela de Marjane es uno de los más fundamentales en Persépolis, porque le enseña desde pequeña a estar orgullosa de sus raíces y no sentir vergüenza de sus orígenes. En un momento el diálogo de Marji con su abuela transcurre lleno de poesía. En cierta ocasión, y tras un abrazo, la niña le pregunta: Abuela, siempre hueles bien. ¿Cómo lo haces? Recojo flores de jazmín cada mañana... y las pongo en mi sujetador. Así, siempre huelo bien.
¡Guau, es genial!

Marjane es un espíritu libre de pocos años que va creciendo a medida que todo lo cuestiona. Ve de cerca la muerte en familiares queridos, muertes gratuitas y dolorosas que le ayudan también a crecer. Y aunque está llena de sueños, son dos los más destacan y los menciono por la disparidad que hay entre ellos. Uno es convertirse en profeta y el otro es poder depilarse las piernas algún día. Y aunque Marji, aquí, sea un dibujo, se hace mucho más humana que muhos personajes reales que deambulan por el mundo.
En cuanto al dibujo, plano como el horizonte, consigue la potencia necesaria entre el blanco y el negro, equilibrio éste que transmite una gran fuerza y rotundidad al mundo emocional de Marji.
Hay que verla, leerla, vivirla, sentirla, llorarla…

jueves, 27 de marzo de 2008

Buenos días, barbarie

Ayer a la noche mientras preparábamos la cena, me senté un momento a ver el telediario y me quedé estupefacta. Y esta mañana me he levantado con un recuerdo vago de aquellas imágenes, así que aquí va mi saludo a primera hora de la mañana. No es necesario ser una persona sensible para contenerte en llantos, para contenerte en rabia al ver lo que vimos. Yo no podía dejar de mirar en la televisión cómo unos cazadores se volcaban contra unos animales. Esas imágenes tan cerca de mis ojos, la pantalla plana llena de tanta sangre en relieve... y ese cazador en postura amenazante. Al tiempo me decía, ¡dios mío, no puedo verlo, es terrible, qué cabrones!, en fin y una sarta más de insultos que nadie, excepto S. me consintió. Ella decía cambia de canal por favor, yo no puedo verlo, pero no sé por qué extraño resorte tuve que ver la noticia entera. Había comenzado la matanza de focas en Canadá. Ver en pleno movimento cómo un ser exacto a mí -fisiológicamente hablando- descargaba toda la ira -porque había tanta ira en su mano- sobre un ser indefenso con una especie de garrote en cuyo extremo llevaba un enorme gancho, o cómo abriría en dos a la manera que se abre una fruta ante un golpe seco, me produjo un cúmulo de sentimientos tan malos que hasta yo misma me asusté de pertecener a esa raza humana. Y mis rodillas comenzaron a temblar, con esa ausencia de fuerza que te queda en ellas cuando has frenado bruscamente con el coche para no golpear al de delante. Escuché estupefacta la noticia, decían que a principios de la temporada los cazadores utilizan estos picos de hierro para matar a golpes a las crías y que en los meses posteriores utilizaban el rifle. Que la ley canadiense -maldita sea ella una y mil veces- permitía utilizar bates, picos y armas de fuego para matar a las focas. Posteriormente leí que mueren a manos de estos desalmados noventa focas por minuto. Noventa por minuto. Noventa pulsaciones por minuto son mis latidos cuando corro a primera hora de la mañana si voy a perder el autobús. Noventa latidos por minuto que dejan de ser latido en otro punto de la tierra. Me pregunto si a partir de este dato será inevitable pensar en ello cuando corra a ese autobús que huye. Leí también que las matan en un intervalo muy corto de tiempo para aprovechar las favorables condiciones meteorológicas en los hielos flotantes. El espectáculo que queda sobre la tierra es dantesco. Las imágenes se grabaron en mi cabeza y se llenaron de sangre mis ideas. Elijo esta terrible foto porque en ella se respira la ferocidad humana, y para "sensibilizar" a un pequeño trozo de este mundo loco.
En definitiva, más de 350.000 animales desparecerán en tan sólo semanas, serán golpeados hasta la muerte con un arma llamada “hakapik” que normalmente se utiliza para romper el hielo, y en muchos de los casos llegarán a ser desollados cuando aún son capaces de sentir dolor.
Son tan estúpidas esas justificaciones que dicen que es necesaria esta matanza porque las focas acaban con los peces, cuando en realidad la matanza es para ganar millones de dólares manchados, en una matanza excesivamente sanguinaria.

Sherri Cox, directora del Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW)señaló lo siguiente. "Es cruel, inhumana, no tiene un significante peso económico, no se vigila que la normativa sea aplicada, y está destinada para producir artículos que la gente realmente no necesita y no es una práctica sostenible"...

Otro dato: ¿adónde van a parar las pieles de estos animales? A las exclusivas tiendas de moda establecidas en Londres, París, Nueva York. En España tampoco somos ajenos, ya que es uno de los principales mercados de pieles de foca. Incluso se está anunciando que los abrigos de foca blanca serán protagonistas de las pasarelas la próxima temporada. Pero para uno de estos exclusivos abrigos se necesita matar por lo menos diez de estos mamíferos, y ya conocen el modo...

Podemos enviar nuestra opinión a la Embajada de Canadá en México: embassy@canada.org.mx

miércoles, 26 de marzo de 2008

La mirada extraviada

Descolgada, por detrás de sus ojos
hallábase la locura


LA mirada extraviada de los tardos pájaros
Húmedos todos de locura
Que aguardando solícitos plumas maternas
Permanecen ausentes, solos y locos
Bienaventurados los seres alados sin alas
La mirada extraviada de los santos locos
A los que la vida se les escapa por las muñecas
Cavan hoy la estéril tierra
Para extraer esa extranjera azul y opaca
Tapizarle de cuchillos y clavarle mil agujas
En el blanco muro de su pupila
La mirada extraviada de los muertos por agua
Suicidas todos
Con esa inquilina loca atada a sus talones
Son arrastrados al fondo
Les llamaban locos
La mirada extraviada de los ausentes
Que escrutando el mundo con torcidos ojos
Sobrellevan mal sus muertes
La mirada extraviada de los tardos pájaros
Que haciendo nidos en mi nuca
Empuñan en sus picos huesos de muerto
Y una locura
Mientras alarmados
Ansían como locos el ala cóncava
Bienaventurados los ausentes de alas y cordura

© Nuria Ruiz de Viñaspre

martes, 25 de marzo de 2008

El tirachinas

De mis dos hermanas no descienden hijos, ni de mí tampoco, por tanto, ni tía ni madre soy en este instante. Eso sí, tengo cuatro sobrinos postizos porque quiero que lo sean, y con los que siento el mismo amor que a los ausentes aún no he dado. Se han superpuesto en mi vida y cuando los veo me levantan la sangre. Dentro de este conjunto de niños vuelvo a elegir -porque puedo y no me lleva la sange- a dos de ellos. Porque no soy madre ni tía que no habría de hacer diferencias extrañas, así que determino mi predilección por estos de los que hoy hablo, sin dejar, eso sí, de querer de otra manera al resto. Y me predispongo hacia ellos por su entorno rural, sus juegos, sus compañías y sus padres, todo aquello que conforma su personalidad fuerte. En ellos la vida es salvaje excepto en su modo de ser, son niños de sangre, de carne, de piel. Son emotivos y necesitan tocarla a una a la manera en la que hunden sus manos en la tierra para jugar con ella. Ésta los necesita. Sus juegos me divierten como a la que más y no me cansa mirarles. S. con tan sólo 4 años, si se cuelga de nuestro cuello ya no nos suelta hasta que termina nuestro viaje, yo tengo el cuerpo dolorido de recoger su cuerpecito cada vez más pesado pero tan lleno de vida. Tan sólo estuvimos tres días entre sus brazos, uno de ellos destinados a ver el mar y, eso sí, en cruzada para conseguirle a O. de 7, un tirachinas de 1 euro con el que se sentiría completo el resto del día y que encontramos en un mercadillo. Su hermana S. siempre se siente completa si te abraza la piel que hay en una. Le encanta besar el cuello, las orejas, la cara… se cuelga de los dedos y acaricia las uñas como buscando algún tesoro escondido... sus juegos son nuestros juegos de siempre, porque los verdaderos no necesitan evolucionar. Son juegos donde la carne del otro es parte fundamental, juegan con todo el cuerpo, a veces (las más) con las manos y otras con la cabeza, cuando cojen un dominó o unas damas. S. te cocina en una minúscula cocina e imagina vidas perfectas con dos de sus muñecas. Las desnuda para ir al mar y las desnuda también para ir a la montaña. Yo creo que a ella le encanta desnudarlas porque le recuerda el color de piel que tiene el mundo que le rodea. Algunas veces O., ha ido a pescar a una acequia peces invisibles que llegan de otros países arrastrados por la fuerza del agua pero en los que él cree a pies juntillas... Otras veces se pierde entre flores y llega con un frasco lleno de pétálos de rosas de muchos colores, otras flores aromáticas y algo de romero o hierbabuena y todo lo que encuentra por el jardín que lleve color y olor. Lo introduce en un tarro que llena de agua y nos los acerca como perfume de dioses.
Y siempre hay días especiales para jugar con sus pequeños animales, unos adorables que a veces juegan en una hierba recién cortada y que hacen del paisaje una imagen perfecta. A veces son gatos, otros perros. Hoy día son un enorme y envejecido pastor alemán, una cachorro sin raza adoptado el verano pasado de madre huida, y ahora huido, o un reciente boxer de raza de campeón que adoptó su abuelo hace tan sólo días y que hoy va educando… animales que los niños abrazan para aprender en sus pieles los valores de la vida... sus juguetes indispensables con latido.

Probablemente por todo esto que la naturaleza les da y ellos viven con naturalidad, crecerán buenos, sanos y ante todo fuertes, ya que le han visto la cara a la muerte al perder a alguno de sus animales, han asistido ya con ojos fuertes aunque llenos de dudas a varios entierros-homenajes en un rincón del jardín...
De los otros dos sobrinos ya hablaré otro día.

lunes, 24 de marzo de 2008

La soledad era esto

Ayer fue día de convertir la casa en un pequeño cine. Después de hacernos un chocolate a la vieja usanza, nos dispusimos a ver, con el cine a oscuras la peli de La soledad, de Jaime Rosales. El gato nos merodeaba con cara de pregunta como diciendo: qué hacéis a estas horas con toda la casa a oscuras, y mirando con mirada concentrada una pantalla plana?? Nos ensimismamos tanto que cuando terminó y vimos la hora, se había echado de sobra la noche encima. Al gato le dio tiempo a dormir largo y tendido. Nos encantó, fue una peli sin concesiones, ausente de música, con unas escenas tan trágicamente alargadas que uno se esperaba en silencio lo peor. Una película autista, a contracorriente, la mismísima vida cotidiana. Recuerdo que nos llamaron mucho la atención los diálogos, eran tan “normales” y a la vez tan “trágicos” y constantes... Una película de esas que no se olvidan, silenciosa pero repleta de ahogados gritos. Una película suicidada que no cuenta de manera específica una historia sino que es un perfil de el mero transcurrir de sus gentes y de todas aquellas emociones que sus actos desencadenan. No llega a ocurrir nada cinematrográficamente relevante hasta casi pasada la hora, pero a mi modo de ver, desde su comienzo, se sucede la vida, que no es poco.
Estéticamente tamibén nos gustó muchísimo, ese punto visual que dividía la pantalla en dos mitades verticales para recoger dos ángulos, consiguiendo así escenas de infinitos diálogos.
Una de esas pelis que nada más empezar te coloca en lo alto de un tobogán para ir descendiendo después muy lentamente. Sólo descendiendo. Sólo lentamente. Una de esas películas fundamentales sobre las emociones y las relaciones humanas y que demuestra, palabras de Rosales, que estamos diseñados para sufrir, pero que al final, la vida, sencilla y llana, va continuando.
Está llena de imágenes mudas que le hacen a una hasta llorar de no sabe bien qué. Nos encantó, es fundamental verla.