martes, 4 de agosto de 2009

trama de cuchillas

¿llegaremos a comer hígado de vaca?
sí, sí, lo sé, dicen que es el órgano interno más grande
y que puede llegar a pesar varios kilos
dicen también que en cada cien gramos de hígado de res
hay cuatro gramos de carbohidratos



con una luna de cuchilla corva
como una luna guillotina suspendida en aire
tramaron el corte limpio en la oscura tarde
ya lo hacía antaño el cirujano
y como el carnicero -más mugriento- poda la carne en la jornada
con ese acunado láser de cuchillo
separaron limpiamente la carne de nuestro hueso
para sazonar lo uno y degradar el resto
en esta tundra de hambrientas bocas
pero recuerda, tú eres lo que comes
por eso, por eso la osificación
será siempre nuestra herida elocuente

sábado, 1 de agosto de 2009

El gato excursionista

Ya casi no recordaba el sueño de hoy. No, no ha sido un sueño. Fue real. Ahora lo recuerdo. Mi memoria se ha roto en estas horas. Eran las 5 de la mañana. Me levanté junto a S. para prepararle el desayuno y darnos compañía y alimento para soportar la soledad de nuestras respectivas mañanas. Hacía calor. Abrí los ventanales del jardín ligeramente, muy ligeramente, tanto que por el hilo de la rendija que dejé y que daba al mundo no entraba el cuerpo de un gato. Hubiera tenido que ser humo para colarse. Me despisté unos minutos en el ordenador maquetando un librito que no tardaré en terminar. Cuando me di cuenta de la soledad maciza de la casa, cuando se paró el ruido en la casa, cuando sólo mi aire respiraba en ese espacio, solo enconces me percaté de la escapada del gato P. hacia otro mundo, más verde, más habitado, más ameno, pero sobre todo, más peligroso. P. se había ido a relacionarse a oscuras y con alevosía o puede que con curiosidad y sin consciencia con seres idénticos a él en líneas que no en maneras. La noche era densa, sólo una farola brillaba justo en mi trozo de jardín. El resto, horizontalmente negro, se manifestaba con todo su peligro ante mis ojos. No dudé. Y vestida con lo que dormí, un vestido cómodo a modo de camisón y con la cremallera a medio bajar desobedeciendo la línea de mi columna vertebral, salí tras él. Primero lo hice sin arma alguna. El jardín es muy largo, está acotado con verjas altísimas pero hay todo un bosque de árboles y hojas secas a su orilla. A medida que caminaba con prisa en unas sandalias de playa, la oscuridad iba entrando en mis venas. Volví. Volví con el nombre de P. en los labios. No contestó. Cogí entonces una linterna (que casi no encontré por la excitación de esas mismas venas y volví a lo oscuro. Barrí el jardín con el haz de luz que iba pariendo mi linterna pero no vi nada. El miedo no existía a lo negro. El miedo a haber perdido a P. dominaba mi mente. Por un momento pensé qué diantres hacía yo, sola, a oscuras, a las 5 de la mañana pisando un jardín sin saber qué había bajo aquellas sandalias, qué vida ascendería por mis piernas. No, el miedo no existía.. La preocupación por el gato ausente me infló de un valor que ni ahora mismo reconozco. Barrí el jardín de ida por el camino más transitable, cuando llegué a su extremo, otros gatos parecieron asustarse y huir por otras rendijas que llevaban a su vez a otro estrato, la calle. La calle. Pensé en P. en la calle. Me puse nerviosa, así que volví pero esta vez atravesando ese bosque de árboles, de flores altas y salvajes y completamente a oscuras. Apartando la maleza seca con mis manos ciegas. De repente mi linterna se fijó en dos bolas de luz, brillantes, redondas, allá abajo, a lo lejos, entre más maleza, si cabe. Si no era un gato sería un humano. Pero había vida tras esas lumbres. Enfoqué el aparato de luz y vi agazapado la mezcla de colores blanco y canela de mi P. temeroso. Le llamé. Amorosamente. Pero ante la oscuridad que se cernía, el gato se asustó y salió corriendo todo el camino hasta los ventanales de mi jardín. Allí esperó hasta que llegué yo, asustada, a abrirle de nuevo la rendija por la que se había escapado minutos antes. Le hubiera reñido pero le vi tan asustado..., me bufó cuando intenté acercarme pero acabé alzándolo a la altura de mis ojos, lo abracé y lo besé para que viera que todo había sido un susto. Volvimos a casa.
Ahora, al recordarlo, al ver ese mismo jardín de día, floreado, verde y lleno de viento que saca las voces de las hojas, no me parece el mismo que me mostraba esta misma noche su cara más oculta.

jueves, 30 de julio de 2009

Ludovico Einaudi

Se llama Ludovico Einaudi y confieso que me encanta descubrir músicos nuevos. Su nuevo trabajo, Una mattina, ha sido todo un descubrimiento. En la misma línea de Richter, o Johannsson si acaso, por lo menos a mi caprichoso y longitudinal oído, lo descubrí gracias a G. y P. este pasado fin de semana. Sonaba de fondo en un ambiente cálido y lleno de paz, una casa en las afueras.
No pude resistirme a saber más de él en cuanto llegamos a casa. Después de escucharle no he podido evitar descubrir esas influencias, encontrando similitudes estilísticas de este piano contemporáneo de Einaudi con Philip Glass, las notas dulces pero amargas de Johannsson, la vena folclórica de Yann Tiersen... el elogio de la evolución de Ölafur Arnalds o incluso Mertens. Y al fondo, la luz de siempre, de donde parece que nace todo: Arvo Pärt.

Monday



Primavera



Nació en Turín (23 de noviembre 1955) y es un compositor y pianista moderno que destaca por el desarrollo de frases melodiosas en sus composiciones para piano. Leo que representa uno de los grandes éxitos de la música clásica contemporánea de los últimos años.


He leído también que compuso parte de la banda sonora de Desayuno con diamantes junto al mítico Henry Mancini.

“En general no me gustan las definiciones, pero ‘Minimalista’ es un término que significa elegancia y sinceridad, por lo tanto prefiero ser llamado minimalista a cualquier otra cosa”. -Ludovico Einaudi -

lunes, 20 de julio de 2009

La profesora de literatura

Ésta soy yo de pequeñita. Hoy me he encontrado estas fotos casi olvidadas en el ordenador y me parece increíble que dentro de un mes cumpla 40 años. El caso es que ahora, al mirarlas, me vienen a la memoria las clases de lenguaje cuando yo era esa niña aún años más tarde. Las odiaba. Las detestaba porque la profesora, cuando me sacaba al encerado a leer una redacción, me obligaba a colocarme de pie delante de ella, y ella era gigante. Justo detrás de mi enjuto cuerpo, sus ojos, implacables, persiguiendo bien despiertos cualquier palabra mal leída por mí o sencillamente comida por la prisa que a veces nos mete el miedo. Y luego sus manos, atrevidas, enormes, inabarcables, colocándome una diminuta pero endurecida horquilla oxidada en el poco flequillo terso que se suicidaba desde mi frente y me escondía los ojos ridiculizándome con el gesto delante de la clase. Yo detestaba hacer redacciones por varias razones. Teníamos que hablar de nosotros mismos, de si nuestros juegos eran colectivos (eran raros los juegos individuales como leer o escuchar música en soledad, teníamos que expandirnos, que relacionarnos). En fin, que yo detestaba sobre todo tener que salir no mucho más tarde al encerado y destapar mis juegos porque eran demasiado individuales. Y todo ello subida en una tarima inalcanzable y leerlas a esa altura vertiginosa con una mezcla extraña en la sangre de miedo y vergüenza y pudor. La profesora se llamaba Higinia. ¡Qué nombre más extraño y a la vez qué intenso! eso sí, adoraba a mi hermana pequeña, M. porque sí, ella era de niña sencillamente adorable, era muy buena estudiante, obediente y recatada, equilibrada. Higinia no era mala persona si era capaz de adorar a algo o alguien. Tampoco era mala profesora, probablemente aquel gesto de su mano apartando con ironía y burla mi flequillo delante de aquella clase, probablemente aquel gesto obsceno y atrevido a mis ojos no era tan importante como yo lo imaginaba en mi cabeza aún de arcilla. O puede que sí, que fuera una mala persona que se regodeaba de ridiculizar a una niña de tan sólo diez años. Recuerdo hoy todo esto al ver esta foto. En fin, que a pesar de esa aberracción y ese miedo a hacer redacciones, recuerdo todo esto con cariño porque ¿quién me hubiera dicho a mí que hacer redacciones o escribir y escribir sin descanso se iba a convertir en el juego más importante de mi vida. En cualquier caso, mando un saludo cibernético a Higinia. Hoy me alegro más que nunca haberla tenido como profesora. Porque sin el lenguaje y la literatura sencillamente me sentiría talada. Porque antaño me avergonzaba y me intimidaba hablar fugazmente de mí misma y hoy no caigo en ese reparo pasado y soy clara como una página en blanco aunque a veces me desclare. Quizá fue ella la que despertó ese hormigueo que quemaba mis manos temblorosas. Quizá consideró en su imaginación que yo "apuntaba maneras" y con esa dureza particular tan suya, y tan antigua ya, clavó sus venenosos incisivos de serpiente en las venas de mis muñecas yertas... Quizá sí, quizá no. Quizá mi yo más inconsciente soñaba de pequeña con escribir y hacer redacciones y leerlas en alto y dejar caer mi cabello o apartarlo pero con mi mano, sólo con mi mano.

La primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar.
Gaston Bachelard

sábado, 18 de julio de 2009

Pipilotti Ris

Elisabeth Charlotte Rist nació en 1962 en Grabs, Sankt Gallen, Suiza. Desde su infancia siempre ha sido llamada Pipilotti. El nombre hace referencia a la novela Pippi Calzaslargas de Astrid Lindgren (wiki) y sus coloridos y musicales trabajos transmiten una sensación de felicidad y sencillez.

Sip my ocean es para mí una de las piezas más contundentes. Estridente y casi siniestra consigue introducirte con sus colores de agua en su particular mundo.




Ever is Over All muestra a cámara lenta a una joven que aplasta una flor tropical en los cristales de coches aparcados. Una policía se acerca y la saluda. El clip ha sido comprado por el MOMA de Nueva York. Yo tuve la suerte de verla en el Reina SOfía hace ya tiempo aunque no se me va de la cabeza.



En mi búsqueda de la nueva humanidad voy corriendo al bosque y grito de alegría. Los pájaros me ayudan a cantar. Pipilotti Ris

viernes, 17 de julio de 2009

Voces distantes

Ayer fui sin mi testigo S. a la lectura del Oeste Celeste, finalmente me acompañó una amiga y una vez entrada en lío aparecieron más amigos. Disfruté muchísimo con el juego de palabras de Bolo, a Sergio empiezo a adorarle porque es abrazable como las nubes, pero no como las nubes de Bolo, sino como esas a las que te lanzarías desde un avión a muchísima altura por eso, porque sabes que acogen. Eché mucho de menos a S. pero fue una gran velada, sin duda. Hoy tengo los párpados a punto del descenso pero me fui satisfecha de lo leído y lo escuchado. Lectura dispar y diversa, de voces distantes pero que complementaban, los poetas que allí leíamos éramos tan diferentes como la noche lo es del día. Nos acompañaron en cada momento las cuerdas de la mujer que sostenía Chicoria entre sus manos, su guitarra, un artista lleno de dedos. Angela y Sol, dos poetisas que amenizaron la velada con otro tipo de música, más de voz, una propuesta rítmica y gratamente trabajada y Alfonso cuya obra me gustó mucho y que para sorpresa mía, me felicitó por un artículo escrito por mí sobre el Anfaegtelse de Angélica Liddell hace algúun tiempo en este Rascacielos. Yo leí extractos de El pez místico y en la última vuelta algo de Tablas de carnicero. Las Tablas empujan y empujan, en cada lectura lo siento así. No faltaron personas que me felicitaran por mi trabajo y aunque soy el ser más humilde comentarios como los de ayer siempre animan.
Gracias a todos y sobre todo a los organizadores. Gracias a Oeste Celeste, el lugar más azul que todo el azul del mundo.

miércoles, 15 de julio de 2009

Lectura en Oeste Celeste

Ya regresamos a Madrid. S. aún tiene algunos días más de descanso, así que acaba de marchar a Valencia. Han sido unas vacas fantásticas, pisando Madrid sólo para volver a coger fuerzas. Yo ya comienzo el trabajo mañana. Eso sí, mañana por la tarde hay una lectura conjunta en el Oeste Celeste. Yo leeré poemas del pez y llevaré libritos para los interesados. Espero veros por allí.

El cartel me lo envió Sergio Cruz Placer. Gracias

Oeste Celeste
C/Buenavista 18
Madrid (Metro Lavapiés o Antón Martín)

sábado, 4 de julio de 2009

Vacas

El viernes pasado S. había preparado este platito. Me lo encontré en el frigorífico al abrirlo a mi vuelta del trabajo, último día antes de las vacacionessssssss. Tras una semana por tierras valencianas, y buceando por los mares del sur desembarcamos ayer en Madrid. Mañana a Lisboa.