domingo, 1 de febrero de 2009

El clan Johannsson

Este es mi Jóhann Jóhannsson. Ya he hablado de él. Llevo toda esta semana anterior llenando mis oídos con este recién descubierto. Sumida en otro mundo. Ayer S., que siempre me arranca diestramente de estas obsesiones que pueden durar meses, me descubrió a Jay Jay Jonanson. Aún no voy a abandonar a mi J., es cierto, pero nos pareció tan curiosa la similitud de los nombres que hoy lo cuento. Y aún hay más. Mi Johannsson nació el mismo año que el hombre llegó a la luna en Islandia, que es el mismo año en q ue nació el Johanson de S., es decir, el mismo año que yo. El uno, el mío, islandés, el de S. sueco. Mi Johanssonn (con dos "s" y dos "n") admirador de mi admirado Arvo Part y que profundiza en la música electrónica. El Johanson de S. (co una n y un s) se acerca unas veces al jazz, otras a la bosanova incluso a la música electrónica de mi Johannsson. Ambos son de tez clar y las iniciales de sus nombres son una misma "j". Demasiados paralelismos. Si hubo alguien que piso la Luna en Suecia seguro que también fue de 1969.
Las primeras músicas que suenan en este Rascacielos son de este Johannsson, es decir, mi Johannsson.




Esta canción se titula Believe in us. Es del Johanson sueco, el de S. Y me encantó porque de igual forma que mi J. me recordó a Arvo Part, este otro me recordó a Antony and the Johnsons (de nuevo otra similitud con el apellido). ¡Ay la memoria! qué buenas cosas nos trae. Nos descubre.
Disfrutadlo. Yo aún lo hago.

sábado, 31 de enero de 2009

Alimento para mis vacas

* dibujo de Zabaleta.
Dos nuevos puntos me interesan más que antes para alimentar mis vacas. El Rastro de Madrid y La Casa de la carne, antigua carnicería hoy convertida en la tienda del diseñador Carlos Díez.

Una oscura leyenda atribuye el nombre de El Rastro a la sangre que dejaban los condenados a garrote vil ejecutados públicamente en este lugar.
Pero es otro el origen de la palabra Rastro que más me interesa, y que mantiene que, con toda probabilidad, se refiera al hecho de que las reses dejaban un rastro de sangre después de ser degolladas y vendidas al por mayor. Que debe su nombre al viejo matadero y a la marca de sangre de las reses. Un matadero donde los despojos de las reses se sacaban a rastras para cargarlos en los carros, descuidados, por lo que en el suelo quedaba inevitablemente manchado con un gran rastro de sangre. Lo que ayer fue rastro de sangre de vacas, hoy es reguero de turistas.

La Casa de la carne es la tienda temporal del diseñador Carlos Díez Díez. Cámaras frigoríficas antes dedicadas a mantener fresca la carne y congelar la sangre hoy esconden algunas de las prendas de su próxima colección. De pinchos y ganchos con un fin bastante más conmovedor en el pasado, de donde descendían cabezas de vaca, hoy se descuelgan zapatillas diseñadas de colores nuevos. ¡Qué despropósito y a la vez que atractiva esa otra sangre!




Y mi último alimento para estas vacas es una citaq de Paul McCarnety que encontró S. el otro día y me la escribió para leérmela más tarde. "Si los mataderos fueran transparentes, todos seríamos vegetarianos...

jueves, 29 de enero de 2009

El bandido del viento













Me faltaron muchos rostros. Es cierto. Me faltaron muchos rostros confirmados que no vencieron el frío y el viento de ayer, pero hubo tantos otros que no esperaba y que eran tanto o más importantes para mí que aquellos que no vi. Me faltaron muchos rostros. Rostros que se perdieron en las orillas del camino. Un camino donde se olvidaron sus pasos. Perdidos en un océano o arrastrados por otra corriente más mediática. Me faltaron, sí, pero pude ver el rostro de Marga Clark, por ejemplo, nombre importante para mí porque la considero toda una profesional de la fotografía sobre todo y de la poesía, sobre todo. Una mujer con la que, este año, y si todo marcha bien, volvamos a coincidir en un mismo paisaje y lo que es aún más emocionante, con nuestra poesía.

Estos rostros inesperados equilibraron la ausencia de aquellos pasos perdidos. Igualmente el rostro de mi ya querido Marcus Versus, que parece -aún no sé por qué pero me encanta- que nunca falla en mis silenciosas propuestas, incluso después de confesarme que no tenía noticias del acto y se enteró casi por accidente. Marcus acaba de abrir la hermosa caja de Pandora pero esta vez con el nombre de Casimiro Parker, un nuevo sello editorial -de esmerada estética y esmerados autores- en el que confieso me gustaría mezclarme en letras en algún momento de mi camino, confluyendo así con el suyo. Estuvo, también como siempre, la magistral mano -fotográficamente hablando- de José Naveiras, con el cual me emocioné sinceramente al ver su libro ya entre manos, Pecado de silencio. Amigos personales, desconocidos queridos a los que puse cara...

Enol, por ejemplo, que sí luchó contra viento y marea para venir a ver mis geométricos peces. Amigos del trabajo también. Me faltaron rostros, sí, ¿y qué?, mi boca no es tan prolífica como mis manos. Si lo fuera supongo que no escribiría tanto, sería más bien toda una oradora. Mis manos no son buenas conversadoras cuando hablan, porque supongo, esto desequilibraría su otro lenguaje, el escrito. Me faltaron, sí, claro que me faltaron, pero conté hasta quince bocas que me felicitaron por mi querido, nuevo y casi mágico Pez místico.

La entrada de Inoidel -se retrasó en su camino- me arrancó los nervios de golpe. Así que estos se hicieron con mi cuerpo y mis manos los minutos anteriores. Ya en casa, charlamos hasta altas horas de la madrugada con los míos, los míos verdaderos, mi sangre, el líquido de donde viene todo, mis venas, los nervios de mis venas, de donde viene todo aquello que ahora soy, mis letras. Mi madre, que me dio dos hermanas a las que adoro y que además son creativas. Hace casi diez años que no coincide en una presentación mía por cuestiones de distancia así que su asistencia ayer después de mi persistencia fue emocionante. Es cierto que hubo un momento en mi intervención que hubiera deseado cavar y escarbar la tierra que yacía bajo la cuadrada baldosa al sur de mis piernas, y dejarme tragar, definitivamente. El retraso de Ino, la ausencia de mis rostros confirmados, el reloj que rebotaba de horas a minutos, de minutos a segundos, y quizá un cúmulo de actos más sin importancia, hicieron de mi cuerpo un manojo de flores rotas que el viento fuerte de afuera vapuleó por un segungo a su antojo. Así que por un momento, sólo por un momento, deseé que mi papel de peso sujetado con mi mano, con esa misma fuerza que el niño sujeta su cometa, saliera volando y me llevara con él, como en un hermoso cuadro de Chagall.

Gracias a todos aquellos rostros. Los más queridos, los más queridos. No tardaré en subir fotos, si Naveiras me lo permite, que será que sí.

El video es cortesía del querido Enol. Las fotos del querido José Naveiras.





Un inciso: Es curiosa la vida. Conocí a Inoidel en el albor de aquellos días en que tenía pendiente la presentación del libro. Y ayer, exactamente un día después de la presentación, él terminaba sus sesiones de rehabilitación y yo, curiosamente las mías también. Exactamente un día después a la presentación del libro. Exactamente ambos. Como si fuera todo un extraño rito donde finiquitábamos nuestras sesiones de lesiones. Y entre este paréntesis de meses, un libro, un amigo. La vida a veces está llena de símbolos. Sólo hay que abrir bien los ojos para saber verlas.
Gracias Mayte por tus palabras-

Otro inciso: A los que considero verdaderamente míos, como S., mi familia, G. P. y mi querido R. no los nombro porque ya viajan conmigo y sus nombres, sus iniciales van inmersas en mis letras.

martes, 27 de enero de 2009

La geometría de unos aires difíciles

Recordad, a los que podáis lidiar con este aire que estos días se ha vuelto difícil, hoy a las 20 h en El Bandido doblemente armado, presentamos el libro La geometría del vientre. Me acompañará Mayte Sánchez Sempere
Poemas de La geometría... y otros inéditos de El pez místico (publicación 2009) en la voz rotunda de Marta Ruiz de Viñaspre
Saxo en las también rotundas manos de Inoidel González
Y bombones y libros en boca de todos
Os garantizo vértigo
Será sólo un momento

sábado, 24 de enero de 2009

Nunca te prometí un jardín de rosas

Ya lo tengo apuntado en el calendario. Lo hemos apuntado para este viernes próximo aunque este viento no se detenga. Quiero ver esta exposición Nunca te prometí un jardín de rosas. . Título sugerente que me trae la película de 1977 con Bibi Andersson, entre tanto elenco. Una de las musas en cierto sentido de Ingmar Bergman.




"...en sus fotografías cecilia se autorretrata como una heroína moderna que modela a su antojo sus aventuras y los espacios en los que transita, suerte de bosques encantados, decorados de películas de ciencia-ficción y arquitecturas periféricas. otras veces, una cecilia desdoblada, como recortada de un cuento infantil, se aventura en sueños silenciosos de dolor, traición e intrigas. el cruce de géneros como la literatura de ciencia-ficción, el relato corto, el cine fantástico, el cómic y la pintura renacentista produce imágenes perturbadoras y movedizas, casi inasibles, en los límites del subconsciente. la temática de su discurso cuestiona la individualidad y la identidad por medio de sus opuestos, la multiplicidad y el doble."

Del 16 de enero al 28 de febrero en la madrileña Galería Cámara Oscura, situada en la c/ Alameda, 16. Y su horario es de martes a sábado de 11.00 a 14.00 y de 16.30 a 20.30 horas.

Una fotografía tan teatral y tan llena de literatura que este viernes, si no hay nada en contra, ni siquiera este viento que azota mi mente, me llevo a S. a esa cámara oscura...



Gracias gracias L. por tu propuesta musical. La sigo.

Asesinato en la oscuridad

¿Desde qué paraíso o raro sueño desciendes hasta mí para mirarme? Un pájaro que canta hay en tus ojos... “Tenía los ojos asustados de un pájaro salvaje.” Ésta es la clase de frase que me vuelve loca. Me encantaría escribir semejantes frases sin avergonzarme. Me gustaría leerlas sin avergonzarme. Si pudiera hacer estas dos sencillas cosas, creo que pasaría el tiempo que se me ha asignado en esta tierra como una perla envuelta en terciopelo. “Tenía los ojos asustados de un pájaro salvaje.” Ah, pero ¿Cuál de ellos? ¿Una lechuza blanca, tal vez, o un cuclillo? Da igual. Ya no necesitamos a los literalistas de la imaginación, son incapaces de leer “un cuerpo de gacela” sin pensar en parásitos intestinales, parques zoológicos y olores.
“Tenía una mirada fiera semejante a la de un animal indómito”, leí. Dejé a regañadientes el libro, con el pulgar todavía apoyado en aquel emocionante momento. Él está a punto de estrecharla en sus brazos, de comprimir su cálida, devoradora, dura y exigente boca contra la suya mientras los pechos de ella afloran por encima de la parte superior de su vestido, pero no consigo concentrarme. La metáfora me maneja a su antojo, me conduce al laberinto y, de repente, el Edén se extiende ante mí. Puercos espinos, comadrejas, jabalíes verrugosos y mofetas, con sus fieras miradas maliciosas o duras o imperturbables o porcinas y taimadas. Que angustia ver el romántico frisson estremecerse justo fuera de mi alcance, una mariposa de negras alas pegada a un melocotón demasiado maduro, y no poder tragar o revolcarme. “¿Cuál de ellos?”, pregunto en un susurro al aire que no me responde. “¿Cuál de ellos?”

MARGARET ATWOOD

jueves, 22 de enero de 2009

Las tripas de una vaca atropellada

Aún me quema el acero en las manos. Aún me quema el susto. Hoy he visto las tripas de mi cuerpo atropellado en el asfalto húmedo de lluvia. Eran las 6.35 h de la mañana cuando eché mi cuerpo a correr para no perder el autobús. Antes de cruzar el semáforo, y tras confirmar (aún corriendo) que estaba en verde para mí, continué con mi carrera hacia el trabajo. Aún así, algo debajo de mí me decía que allí, desde aquella esquina esra totalmente pausible la aparición de un coche que amedrantaría mis piernas. Sin escucharme seguí mi curso. De repente, como si todo lo pensado en un segundo tomara realidad plena, el morro de un coche en movimiento que saltaba aquella prohibición de continuar, rozaba mis rodillas ya quietas, mientras yo, asustada y enfurecida golpeé con mis dos manos el capó asesino, no sólo para, ilusa de mí, detener su curso trepando por mis rodillas, sino para gritarle “¿Estúpido, no ves que está en verde? Maldito cabrón. Cabrón. Cabrón”. Mi corazón se aceleraba mientras mi mente se disparaba a una imagen. Una sola imagen. Las tripas de alguna vaca atropellada hoy y a esas horas en alguna carretera del norte. Todo el camino al trabajo no he dejado de pensar lo que tan cerca he visto esta mañana. ¡Qué sucio hubiera sido todo! ¡Cuántas manchas!

martes, 20 de enero de 2009

Presentación La geometría del vientre

El martes 27 de enero a las 20 h, en un acto poético-musical, presento en el café-bar El bandido doblemente armado, el libro La geometría del vientre, publicado por Editorial Poesía eres tú. Me acompaña la editora Mayte Sánchez Sempere, la actriz Marta Ruiz de Viñaspre, mi hermana, que siempre que el tiempo se lo permite lee mis poemas, y todo ello acompañado y acompasado con el saxo de Inoidel González, sí, sí, Inoidel, ya sabéis, mi saxofonista particular, en cierto sentido.
¿Nos vemos allí? Me gustará ver rostros conocidos y me entusiasmará conocer otros tantos desconocidos que dejarán de serlo en ese mismo instante.
Cuando se acerca el día volveré a recordarlo desde este rascacielos.



Os dejo algunos de los poemas que se leerán ese día.

I

¿QUÉ hacer con el deseo?
Un rosal
Un entierro en la luna
Afeitarse las piernas
con el afilado borde de una cuchilla
que en otra vida fue mujer estéril.
O quizá masticar un pez de colores.


II

SENTIR la mano blanca
que con dedo trémulo
acaricia sus párpados bajos
en busca de un hallazgo de lágrima
y al instante recibir su densidad
en el extremo más carnoso del índice.


III

ES hora de empujar
toda la vida desde la lengua.

III
A SAM

VERTICAL y en relieve
la herida azul llena de dirección
flota, solitaria, en el cielo de tu ombligo.
Y desde el mármol que hay a la espalda
de tu vientre
emerge el tallo de la flor erguida que es tu cuerpo.
Eje que sella irremediablemente
el diámetro de tus caderas con tu delgado cuello.
Triángulo imaginario de entendimiento ajeno.