La última vez que desempolvé las cajas donde guardo toda la música que arrastro, sólo casettes, reencontré tantas cosas que recuerdo que aquel día las dispuse en fila para escucharlas una a una en lo que debió de dar de sí el día. Me reencontré por ejemplo con algunas cantatas de Bach, su sonido no era muy bueno, todo eran grabaciones antiguas. Aún así, cada vez que le escucho me reafirmo, Bach divide perfectamente el silencio esclavizando el aire hasta que su música resbala por las costuras de mi cuerpo, haciendo de él una delicada caja de perfecta acústica, más inalterable, más impasible, más hueca... Él expande con sus dedos el diámetro de la caja proporcionándonos bellísimos instantes hasta atracar en nuestras orillas, donde duplica igual de bien el tiempo entre los pétalos en los que se han convertido los oídos del Mundo. Luego llegó Schubert con sus lieder y Schumann con su “Frauenliebe und Leben” -su amor y vida de mujer-, y la punta de sus dedos en el piano se va clavando amorosamente en la punta de mis oídos siempre nuevos donde llegan mezcladas con voces de sopranos. Ay, los famosos lieder, aquellas canciones románticas alemanas que tanto han agujereado la caja de música en la que hoy se ha convertido mi cuerpo…
Recupero un fragmento del "So lasst mich scheinen" (Déjame mostrarme) de Mignon II de Schumann, sobre un poema de Goethe. Esta pieza siempre me ha perseguido. En ella la protagonista ve en la muerte la liberación de sus preocupaciones y un modo de alcanzar la pureza de los ángeles. La música describe la inevitabilidad de la muerte con modulaciones tonales. La distancia entre una gran exaltación y la tensión.
Pero como contrapunto, en el lado más extremo, llega Berio, y toda la música entra de golpe en mis huesos, ahí, dentro de la caja de mi cuerpo.
Quiero tus palabras: y quiero destruirlas, con prisa, tus palabras:
y quiero destruirme, yo, finalmente, verdaderamente:
Estas que siguen son las palabras de Luciano Berio definiendo esta pequeña miniatura musical-experimental "Sequenza III para voz de mujer" que podéis escuchar más abajo.
La voz siempre conlleva un exceso de connotaciones. Del más insolente ruido al más exquisito sonido, la voz siempre significa algo, siempre se refiere a algo de sí mismo y que crea un vasto rango de asociaciones. En la Sequenza III intenté asimilar en un proceso musical muchos aspectos del comportamiento vocal cotidiano, los triviales incluidos, pensando sin permitirle distanciarme de ciertos aspectos intermedios y también del canto real. Para ejercer control sobre tan vasto rango de comportamiento vocal tuve que terminar y aparentemente colocarme perdido sobre el texto, y así ser capaz de recuperar fragmentos de él en diferentes niveles expresivos, y recomponerlos en unidades que no son discursivamente más largas pero si musicalmente. En otras palabras, tenía que hacer el texto homogéneo y capaz de prestarse a sí mismo a un proyecto esencialmente consistente de exortizar el exceso de connotaciones componiéndolas dentro de una unidad musical. Aquí está el corto texto "modular" de Markus Kutter para la Sequenza III:
Dame unas pocas palabras para una mujer
para cantar una verdad permitiéndonos
construir una casa sin preocupaciones antes de que caiga la noche
Voz: Johanne Saunier
Yo, particularmente pienso que es una obra extraordinaria por el carácter exploratorio que se hace de la voz, donde la música recobra su dimensión de arte representativa. La cantante es una mujer que habla una lengua impenetrable y cómica, galimatías o jergas con voces acrobáticas que a veces nos recuerdan a los balbuceos de un niño o peor aún, a los rumores de un loco. Concentración absoluta en la cantante, como podéis ver, gestos vocales, experimentos del eco que hace su mano en su boca, verdadera comunión de la música y la palabra, aún en su condición de metapalabra, puesto que no se trata de un idioma conocido.
Quizá para mí, una de las más llamativas sequencias de Berio es esta maravillosa miniatura. Berio la escribió para su mujer, la mezzosoprano Cathy Berberian, a la que también admiro; utiliza infinidad de efectos relacionados directamente con el tiembre de la mujer: ella produce sonidos aspirando, jadeando, marcando el ritmo con la boca, silbando, riendo, jugando con sus dedos cerca de sus dientes. etc. Explota casi orgiásticamente el componente “ruido” dentro de su boca. Espero que os guste, o como mínimo llame vuestra atención.
jueves, 15 de mayo de 2008
martes, 13 de mayo de 2008
Pandemia
El olor de una ruptura siempre es un olor desastroso, putrefacto. Es una explosión de dolor no sólo para los intérpretes de esa historia rota sino para el resto del mundo, sus espectadores espectantes. Cuando soy testigo de la inminencia de alguna de estas albercas, siento dentro de mí que algo se ha roto en el mundo. Algo que traía un ruido ensordecedor del pasado ha cascado casi silenciosamente dentro de mi pecho. Y mi siguiente movimiento es abrazar con todas mis fuerzas a S. para que no se aleje a ese otro lado de mí, para que no me aleje tampoco. S. igualmente me ata a su cintura como una pieza de rompecabezas que encaja a mi cadera por ese mismo miedo de contagio, porque piensa exactamente igual a mí. Para que esa pandemia no descubra nuestros cuerpos escondidos de respiración contenida y no nos oiga, ni nos vea y pase de largo al no olernos. Y no quiero gritarlo ni hablar de ello por no darle la enjundia que puede que tenga, para debilitar ese fin no pensándolo, para no darle credibilidad en la escuadra de mi mente. Es cierto que allá donde expira un pensamiento hay una idea congénita… que la ruina de una pasión coincide casi siempre con el advenimiento de otra, que en el último suspiro de la alegría nace ya otra alegría… Pero eso a los ojos del resto de mundo nada cambia el destino de la ruptura. Una ruptura es una rotura en el mundo. Una muñeca rota, una rodilla que sangra y no cierra, una herida abierta en la capa más externa del cielo. Son nuestras hendeduras a punto de quebrar. Y hay tantas al cabo del día, a veces uno podría pensar que son la pandemia de este siglo, cuando se es testigo de una, poco a poco van aflorando deshistorias, vidas que se deshacen delante de tus mismos ojos. Como si se contagiara su uso. Es como cuando alguien cercano está embarazado, en tus siguientes paseos verás mil mujeres embarazadas. Todo parece contagiarse, y hay tantas rupturas al borde de las aceras, que me pregunto si un día de estos no se inundará el camino de tanta lágrima. Menos mal que en defensa de nuestra civilización a veces, las menos, nos vamos conversando, dialogando y todo se compone de nuevo, se parchea y se cose esa grieta lágrima a lágrima.
Posología: Hacer el amor sin dosificarlo. Es más, en grandes dosis. Sin porciones. Administrar el medicamento de mil formas, a veces bajo un abrazo que recomponga la herida, otras veces en besos que olviden la dureza de unas palabras dichas inoportunamente, miradas que perdonen, se pueden hacer caricias con esas otras manos en movimiento que son las palabras, las nunca dichas pero siempre oportunas, aunque para este mal, lo más efectivo es condensar lo expuesto y allanar desavenencias en la horizontalidad de una cama.
Para que Y. y G. se conversen. Aunque parece que les llega la calma.
Posología: Hacer el amor sin dosificarlo. Es más, en grandes dosis. Sin porciones. Administrar el medicamento de mil formas, a veces bajo un abrazo que recomponga la herida, otras veces en besos que olviden la dureza de unas palabras dichas inoportunamente, miradas que perdonen, se pueden hacer caricias con esas otras manos en movimiento que son las palabras, las nunca dichas pero siempre oportunas, aunque para este mal, lo más efectivo es condensar lo expuesto y allanar desavenencias en la horizontalidad de una cama.
Para que Y. y G. se conversen. Aunque parece que les llega la calma.
domingo, 11 de mayo de 2008
Isadora
Esta mañana me ha venido a la cabeza el nombre de Isadora y he recordado su historia de un plumazo. He recordado al momento que el nombre de Isadora se mantiene en perfecto y pétreo maridaje con Duncan. Isadora Duncan. Adelanto entonces algunos datos de ella para que aquellos que conocen la importancia de su arte en la historia la recuerden, y que sea descubrimiento para el resto que desconoció su danza.
"Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las olas…"
*Tamara Rojo. Homenaje a Isadora
En un artículo de la prensa londinense que hablaba de Isadora se decía: "En esta época actual de elaboración y artificialidad, el arte de la Duncan es como un soplo de aire puro procedente de la parte más alta de una montaña poblada de pinos, refrescante como el ozono, bello y verdadero como el cielo azul, natural y genuino. Es una imagen de belleza, alegría y abandono, tal como debió ser cuando el mundo era joven y hombres y mujeres bailaban al sol movidos por la simple felicidad de existir".
De nombre original Nora Angela Duncan, siempre estuvo obsesionada por la danza. Alcanzó la perfección clásica y fue una constante innovadora. Transgresora en una época que no comprendía ver a una mujer irreverente que bailaba descalza, con una túnica destapando su cuerpo que tan a gusto se mostraba medio desnudo, y sin maquillaje, acabó conquistando a los críticos más duros que admitieron al fin que en su danza había un arte original y apasionado. Su concepto estético reivindicó el culto a la naturaleza del cuerpo. Los movimientos libres y fluidos que expresaban emociones internas acabaron por crear escuela. En sus actuaciones se vestía con una túnica transparente, con los pies, los brazos y las piernas desnudos y su largo cabello suelto. Isadora estaba convencida de que no era su cuerpo el que bailaba, sino su esencia, su alma, su interior.
Las trágicas circunstancias que rodearon su muerte han contribuido sin ninguna duda a la consolidación del mito que es hoy. Isadora Duncan murió en un accidente de coche en Niza, en septiembre de 1927, uno de los meses más bonitos para mí, porque son un preámbulo de otoño y arrastran aún el cálido estío. Murió estrangulada por la larga estola que lucía alrededor de su cuello, cuando se enredó en la llanta del coche en el que viajaba. Este accidente dio lugar a aquel comentario mordaz de Gertrude Stein de que “la afectación puede ser peligrosa. Duncan viajaba el asiento del copiloto acompañando a un joven y guapo mecánico italiano. Antes de subir, Isadora profirió unas palabras pretendidamente: "Adieu, mes amis. Je vais à la gloire!" (¡“Adiós, amigos, me voy a la gloria!”). Sin embargo, según diarios posteriores se desmintieron estas palabras siendo sustituidas por las que realmente profirió: "Je vais à l'amour" (“Me voy al amor”), ya que declaraban póstumamente su aventura con el joven. Cualesquiera que fuesen las últimas palabras de Isadora, cuando el choche inició su marcha, la hermosa estola, suficientemente larga como para envolver su cuello y su talle y ondear fuera del automóvil, se enredó entre la llanta de radios y el eje trasero del coche provocando el estrangulamiento de la bailarina.
A mí me parece tan simbólica la manera en que murió Isadora... Porque lo pienso y creo que murió a merced de otro baile, de otra danza, la danza de un largo pañuelo de seda que rodeaba travieso su cuello pronosticando su fin. En la película recuerdo perfectamente cómo se alzaba la estola al viento en perfecto baile a medida que la bailarina iba perdiendo el aire que nunca llegó a sus pulmones. Murió como nació, con el baile bajo sus pies.
*Isadora. Fotografías
A los cinco años de edad anunció a su familia que sería bailarina y revolucionaria. Y lo fue. Pudo ser pianista, pintora o poeta, pero en su danza juntó todas estas disciplinas. Nacida en San Francisco, el temprano dolor por la separación de sus padres lo volcó en una intensa aprehensión de todo lo que su madre pudo enseñarle.
La escuela para ella encarcelaba su cuerpo y plegaba sus alas por lo que no tardó en abandonala. Su educación fue escuchar incesantemente a Beethoven, Schumann, Schubert y Mozart. El ritmo y la sensibilidad sitiaban su alma. A los seis años con sus bailes simulaba los movimientos del mar, de las olas. Esto fue el despunte como bailarina. Era una niña solitaria y retraída que solía jugar en la playa mientras observaba el mar. Su fascinación por el movimiento de las olas sería el germen de su arte en los años posteriores. Bailaba dejando escapar al aire sus ideas, sus imágenes más poéticas.
Isadora Duncan tuvo una vida personal tan poco convencional como la expresión de su arte, y vivió siempre al margen de la moral y las costumbres tradicionales. Pionera del ballet, atea, bisexual y revolucionaria se casó con el poeta ruso Sergei Esenin, pero el carácter violento del poeta y su adicción al alcohol acabaron con el matrimonio. Entonces eligió ser madre soltera y tuvo dos hijos. Su vida privada no estuvo nunca exenta de escándalos, ni de amantes, ni tampoco de tragedias. La más espantosa fue ciertamente la muerte de sus dos hijos, ahogados en un accidente al caer a las aguas del Sena el coche en el que viajaban.
Recomiendo la película "Isadora (AKA Loves of Isadora) con Vanessa Redgrave de Karel Reisz (1968) con música de Michael Jarre. A mí me encantó la interpretación de Redgrave. Pero esto no es comentario objetivo ya que a mí siempre me encanta la Redgrave.
"Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las olas…"
*Tamara Rojo. Homenaje a Isadora
En un artículo de la prensa londinense que hablaba de Isadora se decía: "En esta época actual de elaboración y artificialidad, el arte de la Duncan es como un soplo de aire puro procedente de la parte más alta de una montaña poblada de pinos, refrescante como el ozono, bello y verdadero como el cielo azul, natural y genuino. Es una imagen de belleza, alegría y abandono, tal como debió ser cuando el mundo era joven y hombres y mujeres bailaban al sol movidos por la simple felicidad de existir".
De nombre original Nora Angela Duncan, siempre estuvo obsesionada por la danza. Alcanzó la perfección clásica y fue una constante innovadora. Transgresora en una época que no comprendía ver a una mujer irreverente que bailaba descalza, con una túnica destapando su cuerpo que tan a gusto se mostraba medio desnudo, y sin maquillaje, acabó conquistando a los críticos más duros que admitieron al fin que en su danza había un arte original y apasionado. Su concepto estético reivindicó el culto a la naturaleza del cuerpo. Los movimientos libres y fluidos que expresaban emociones internas acabaron por crear escuela. En sus actuaciones se vestía con una túnica transparente, con los pies, los brazos y las piernas desnudos y su largo cabello suelto. Isadora estaba convencida de que no era su cuerpo el que bailaba, sino su esencia, su alma, su interior.
Las trágicas circunstancias que rodearon su muerte han contribuido sin ninguna duda a la consolidación del mito que es hoy. Isadora Duncan murió en un accidente de coche en Niza, en septiembre de 1927, uno de los meses más bonitos para mí, porque son un preámbulo de otoño y arrastran aún el cálido estío. Murió estrangulada por la larga estola que lucía alrededor de su cuello, cuando se enredó en la llanta del coche en el que viajaba. Este accidente dio lugar a aquel comentario mordaz de Gertrude Stein de que “la afectación puede ser peligrosa. Duncan viajaba el asiento del copiloto acompañando a un joven y guapo mecánico italiano. Antes de subir, Isadora profirió unas palabras pretendidamente: "Adieu, mes amis. Je vais à la gloire!" (¡“Adiós, amigos, me voy a la gloria!”). Sin embargo, según diarios posteriores se desmintieron estas palabras siendo sustituidas por las que realmente profirió: "Je vais à l'amour" (“Me voy al amor”), ya que declaraban póstumamente su aventura con el joven. Cualesquiera que fuesen las últimas palabras de Isadora, cuando el choche inició su marcha, la hermosa estola, suficientemente larga como para envolver su cuello y su talle y ondear fuera del automóvil, se enredó entre la llanta de radios y el eje trasero del coche provocando el estrangulamiento de la bailarina.
A mí me parece tan simbólica la manera en que murió Isadora... Porque lo pienso y creo que murió a merced de otro baile, de otra danza, la danza de un largo pañuelo de seda que rodeaba travieso su cuello pronosticando su fin. En la película recuerdo perfectamente cómo se alzaba la estola al viento en perfecto baile a medida que la bailarina iba perdiendo el aire que nunca llegó a sus pulmones. Murió como nació, con el baile bajo sus pies.
*Isadora. Fotografías
A los cinco años de edad anunció a su familia que sería bailarina y revolucionaria. Y lo fue. Pudo ser pianista, pintora o poeta, pero en su danza juntó todas estas disciplinas. Nacida en San Francisco, el temprano dolor por la separación de sus padres lo volcó en una intensa aprehensión de todo lo que su madre pudo enseñarle.
La escuela para ella encarcelaba su cuerpo y plegaba sus alas por lo que no tardó en abandonala. Su educación fue escuchar incesantemente a Beethoven, Schumann, Schubert y Mozart. El ritmo y la sensibilidad sitiaban su alma. A los seis años con sus bailes simulaba los movimientos del mar, de las olas. Esto fue el despunte como bailarina. Era una niña solitaria y retraída que solía jugar en la playa mientras observaba el mar. Su fascinación por el movimiento de las olas sería el germen de su arte en los años posteriores. Bailaba dejando escapar al aire sus ideas, sus imágenes más poéticas.
Isadora Duncan tuvo una vida personal tan poco convencional como la expresión de su arte, y vivió siempre al margen de la moral y las costumbres tradicionales. Pionera del ballet, atea, bisexual y revolucionaria se casó con el poeta ruso Sergei Esenin, pero el carácter violento del poeta y su adicción al alcohol acabaron con el matrimonio. Entonces eligió ser madre soltera y tuvo dos hijos. Su vida privada no estuvo nunca exenta de escándalos, ni de amantes, ni tampoco de tragedias. La más espantosa fue ciertamente la muerte de sus dos hijos, ahogados en un accidente al caer a las aguas del Sena el coche en el que viajaban.
Recomiendo la película "Isadora (AKA Loves of Isadora) con Vanessa Redgrave de Karel Reisz (1968) con música de Michael Jarre. A mí me encantó la interpretación de Redgrave. Pero esto no es comentario objetivo ya que a mí siempre me encanta la Redgrave.
sábado, 10 de mayo de 2008
Madrid en lluvia
Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas). A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro, y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna. Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla. Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma, por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid, por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo. Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre? ¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?
- HIJOS DE LA IRA, 1944 (Insomnio) - Dámaso Alonso.
Llueve. Hoy la lluvia golpea los cristales de la casa y yo la escribo mientras la escucho. Sólo escribiéndola me omito, y anulo con ello a esta lluvia que me viste, escribo a otro oído, hacia otro lado. Porque es un ejercicio conveniente cuando no me leo. Por eso cuelgo en los ángulos de este rascacielos palabras como péndulos que no requieren respuestas. Por eso busco que las palabras se sucedan lentas de mis manos a sus codos como agua fresca que cae en un sueño y que cura. Porque sólo así me afirmo y me sostengo, y porque de este modo la luz de mi lenguaje cae en otra vida y ello me cubre como la música leve que suena. Escribo este puñado de letras que forman palabras y fabrican confidencias a esta dama blanca añorada ya. Además, así escucho su sonido que regenera y que sube por mí como la enamorada del agua, mientras yo espero y espero a que mi lenguaje vuelva a configurarme. Y ahora que el vientro arrastra tantas nubes y la lluvia llueve sola, yo me oculto en esa nana. En días como los de hoy, el suelo de este Madrid seco descansa de las pisadas del mundo y su agua es alimento de aquellos millones de muertos que antaño homenajeó nuestro querido Dámaso. Y yo la miro y la paseo en silencio mientras puedo sentir bajo mis pies su desnudez. Abandonada y solitaria, pienso que es hora de empujarla desde la lengua… La lluvia le pertecece y regenera a esta ciudad llena de muertos. Hoy está lloviendo allá de donde vengo. Hoy he visto llover detrás de los cristales y las gotas de lluvia han estrujado mis muñecas forzándome palabras que caían como gotas de las yemas. Y lo escribo ahora desde el recuerdo de esta mañana plomiza, desde un país gris y húmedo lleno de colores muertos. Hoy ha llovido en esta calle. Y esa mujer de agua quiere tratos conmigo y yo negocio mi amor con ella porque me gusta su agua, que da salud aunque a veces mate. Mujer de agua inagotable de sonido suave. ¡Cómo se abren mis oídos los días de lluvia! Igual que cuando estoy situada frente al mar. Mis oídos entonces se vuelven tan prodigiosos que yo podría escribir lo que dicen las gotas de lluvia que hoy arañan los cristales de mis uñas y las olas del mar que siempre alisan la tierra nueva que hay bajo una mujer de arena. Siempre palabras de agua, palabras como campanas que golpean una contra otra levemente. Hoy aún llueve en esta calle. Y es como si el Mundo se hubiera sumido en una tristeza infinita pero hermosa. Sí, hoy me caso con la lluvia y con el mar, pero podría serles tan infiel con el sol de la mañana que calienta mis párpados bajos, que me quedo con la soledad concurrida de las palabras, las genéricas, me quedo vagabundeando por la tristeza en estos días extraños y plúmbeos, para recordarlos cuando salga ese sol que calienta mi cuerpo.
Qúe más decir de este Madrid que me destapa en lluvia y me delata en una inventada y amada casa y hacia un verano amorosamente acompañado. Un Madrid que hoy me avecina con un cielo gris mercurio y muchas lluvias. Madrid en lluvia es como una hiedra hambrienta que parece dormir pero está despierta y que asciende sibilina por mis tobillos hasta alcanzar las ingles, aquellas descansadas y confiadas, las nuevas asaltadas. Y de ahí prosigue su viaje hacia mi escueto cuello, siempre limpio de hojas secas para alimentarla con su agua. Madrid en lluvia me regala un dolor quieto por nada y ese miedo de siempre a quedarme lejos… En días como hoy, si la poca sensatez que hay en mí me abandonara, no dudaría en destapar mis ojos hacia ella, hacia arriba, y encaramarla sin paraguas que protejan. Uno siente tanta libertad cuando la lluvia le viste... que debería estar prohibido cobijar los cuerpos. En días como hoy tengo la certeza de que venimos del agua.
viernes, 9 de mayo de 2008
Cuanto puedas
Y si no consigues hacer tu vida como quieres
intenta por lo menos esto
en cuanto puedas: no vayas a ensuciarla
al frecuente contacto de la gente,
con charlas y negocios por doquiera.
No vayas a ensuciarla con llevarla,
con volverla a menudo y exponerla
a la vulgar locura cotidiana
de tanta relación y compañía
para que se convierta en una extraña intrusa.
Constantino Cavafis
Reseña biográfica (de http://amediavoz.com/cavafy.htm)
Poeta griego nacido en Alejandría, Egipto, en 1863.
A los siete años de edad, a raíz de la muerte de su padre, quien había perdido una inmensa fortuna, su madre se trasladó con la familia a Liverpool donde el poeta estudió hasta los dieciséis años, escribió sus primeros poemas, convirtió el inglés en su segunda lengua y se familiarizó con los escritos de Wilde, Shakespeare, Browning y otros escritores de la época.
Es el poeta más importante de Grecia en el siglo XX, y uno de los líricos más influyentes de la poesía moderna. Su poemas son generalmente concisos, y van desde íntimas evocaciones de figuras literarias y de ambientes referentes a la cultura griega, hasta el carácter moral, los placeres sensuales, la homosexualidad y la nostalgia.
Su obra, "Poemas canónicos", sólo fue publicada después de su muerte, ocurrida en Alejandría en 1933 a la edad de setenta años.
intenta por lo menos esto
en cuanto puedas: no vayas a ensuciarla
al frecuente contacto de la gente,
con charlas y negocios por doquiera.
No vayas a ensuciarla con llevarla,
con volverla a menudo y exponerla
a la vulgar locura cotidiana
de tanta relación y compañía
para que se convierta en una extraña intrusa.
Constantino Cavafis
Reseña biográfica (de http://amediavoz.com/cavafy.htm)
Poeta griego nacido en Alejandría, Egipto, en 1863.
A los siete años de edad, a raíz de la muerte de su padre, quien había perdido una inmensa fortuna, su madre se trasladó con la familia a Liverpool donde el poeta estudió hasta los dieciséis años, escribió sus primeros poemas, convirtió el inglés en su segunda lengua y se familiarizó con los escritos de Wilde, Shakespeare, Browning y otros escritores de la época.
Es el poeta más importante de Grecia en el siglo XX, y uno de los líricos más influyentes de la poesía moderna. Su poemas son generalmente concisos, y van desde íntimas evocaciones de figuras literarias y de ambientes referentes a la cultura griega, hasta el carácter moral, los placeres sensuales, la homosexualidad y la nostalgia.
Su obra, "Poemas canónicos", sólo fue publicada después de su muerte, ocurrida en Alejandría en 1933 a la edad de setenta años.
miércoles, 7 de mayo de 2008
El Alma que se llevó a Mahler
"The sea has many voices, many / gods and many voices" (T. S. Eliot). La música de Gustav Mahler, como el mar, posee muchas voces. Muchas voces y muchos dioses. En la obra mahleriana se descubre un panteón de compleja polifonía. Entretejida con la voz de los dioses se oye también -en sus principales registros- la voz de nuestra vulnerable condición.
Aquí os dejo un maravilloso y triste Auferstehungs de la Symphonie 2 dirigido por el también admirado Pierre Boulez.
Una de las voces más características de Mahler que prevalece sobre cualquier otra en esta composición, la sinfonía segunda es una voz creyente sobre todo, una voz quebrada y vulnerable. Yo adoro a Mahler. Influenciado por Beethoven y Brahms y como no, por Richard Wagner y Anton Bruckner. Para mí, solía decir, "componer una sinfonía equivale a un acto de creación del mundo". Su Das Lied von der Erde (Canto de la Tierra) es maravilloso también.
Las sinfonías de Mahler constituyen todo un viaje psicológico, y siempre en forma de batalla titánica entre el optimismo y la desesperación. Esta mezcla de alegría y desesperación, cuyo origen son tristes recuerdos de infancia, fue identificada por Sigmund Freud como la faceta central del carácter del compositor. Sin embargo, todas las sinfonías, excepto creo que la nº 6, finalizan en un ambiente de alegría o al menos de serena aceptación o resginación. Su música transmite en último término una mezcla de vulnerabilidad humana y consumada musicalidad.
Por el otro lado, Alma siempre estuvo condenada a un goce ignorado, reducida constantemente a una apagado deseo de vivir, supeditada al éxito de su marido, por lo que decidió que su juventud había terminado y escribió en su diario: Nada ha fructificado en mí: ni mi belleza, ni mi espíritu, ni mi talento. La resignación de Alma, su sensación de que su marido, Gustav, concentrado en su propia vida, simplemente la ignoraba, fue conmovida por la enfermedad de su hija que a los cinco años murió de difteria. Gustav Mahler, durante el tiempo que duró la enfermedad, escapaba ya que se sentía incapaz de soportar el sufrimiento de su hija. En el dolor de Alma se erigía para él la fantasmagoría de sus ocho hermanos muertos y la tristeza de su madre, que, como homenaje póstumo, tradujo en Kindertotenlieder, Canciones a la muerte de los niños. Dijo de ellas: No me gusta tener que escribirlas y no me gusta que el mundo tenga que oírlas algún día, ¡son tan tristes!. Ay, querido Gustav... no pudiste con tantas tiranas infidelidades de tu Alma..-. que, celosa de tu éxito, nunca te perdonó. Dicen de ella que quería ser considerada la única, era muy egocéntrica. Coleccionista de hombres geniales, consiguió así inmortalizarse siendo musa de ellos. Gran aficionada a la música, Alma utilizaba su belleza y su magnetismo para eclipsar al hombre que le interesaba; "y le interesaron muchos".
La última carta
Un fragmento de la última carta de Mahler a su mujer, Alma, escrita en 1910 (el músico moriría un día lluvioso de mayo de 1911): "Si no está a mi lado, al menos tengo que poder pensar en ella o escribirle. Almita... Si entonces me hubieras dejado me habría apagado como una antorcha que se queda sin oxígeno. ¿Cuándo vienes, corazón mío? ¿Y cómo estáis todas? [...] Tú sabes que soy fundamentalmente un colegial, pero una parte de padre de familia y de esposo, o como tú quieras denominarlo, ha pervivido en mí, ¡y quiere saber cómo están físicamente mi amada y mis amores! [...] A las cuatro tengo el segundo ensayo. ¡Cuánto te echo de menos, cuánto, cuánto!. Siempre tuyo, Gustav.
Aquí os dejo un maravilloso y triste Auferstehungs de la Symphonie 2 dirigido por el también admirado Pierre Boulez.
Una de las voces más características de Mahler que prevalece sobre cualquier otra en esta composición, la sinfonía segunda es una voz creyente sobre todo, una voz quebrada y vulnerable. Yo adoro a Mahler. Influenciado por Beethoven y Brahms y como no, por Richard Wagner y Anton Bruckner. Para mí, solía decir, "componer una sinfonía equivale a un acto de creación del mundo". Su Das Lied von der Erde (Canto de la Tierra) es maravilloso también.
Las sinfonías de Mahler constituyen todo un viaje psicológico, y siempre en forma de batalla titánica entre el optimismo y la desesperación. Esta mezcla de alegría y desesperación, cuyo origen son tristes recuerdos de infancia, fue identificada por Sigmund Freud como la faceta central del carácter del compositor. Sin embargo, todas las sinfonías, excepto creo que la nº 6, finalizan en un ambiente de alegría o al menos de serena aceptación o resginación. Su música transmite en último término una mezcla de vulnerabilidad humana y consumada musicalidad.
Por el otro lado, Alma siempre estuvo condenada a un goce ignorado, reducida constantemente a una apagado deseo de vivir, supeditada al éxito de su marido, por lo que decidió que su juventud había terminado y escribió en su diario: Nada ha fructificado en mí: ni mi belleza, ni mi espíritu, ni mi talento. La resignación de Alma, su sensación de que su marido, Gustav, concentrado en su propia vida, simplemente la ignoraba, fue conmovida por la enfermedad de su hija que a los cinco años murió de difteria. Gustav Mahler, durante el tiempo que duró la enfermedad, escapaba ya que se sentía incapaz de soportar el sufrimiento de su hija. En el dolor de Alma se erigía para él la fantasmagoría de sus ocho hermanos muertos y la tristeza de su madre, que, como homenaje póstumo, tradujo en Kindertotenlieder, Canciones a la muerte de los niños. Dijo de ellas: No me gusta tener que escribirlas y no me gusta que el mundo tenga que oírlas algún día, ¡son tan tristes!. Ay, querido Gustav... no pudiste con tantas tiranas infidelidades de tu Alma..-. que, celosa de tu éxito, nunca te perdonó. Dicen de ella que quería ser considerada la única, era muy egocéntrica. Coleccionista de hombres geniales, consiguió así inmortalizarse siendo musa de ellos. Gran aficionada a la música, Alma utilizaba su belleza y su magnetismo para eclipsar al hombre que le interesaba; "y le interesaron muchos".
La última cartaUn fragmento de la última carta de Mahler a su mujer, Alma, escrita en 1910 (el músico moriría un día lluvioso de mayo de 1911): "Si no está a mi lado, al menos tengo que poder pensar en ella o escribirle. Almita... Si entonces me hubieras dejado me habría apagado como una antorcha que se queda sin oxígeno. ¿Cuándo vienes, corazón mío? ¿Y cómo estáis todas? [...] Tú sabes que soy fundamentalmente un colegial, pero una parte de padre de familia y de esposo, o como tú quieras denominarlo, ha pervivido en mí, ¡y quiere saber cómo están físicamente mi amada y mis amores! [...] A las cuatro tengo el segundo ensayo. ¡Cuánto te echo de menos, cuánto, cuánto!. Siempre tuyo, Gustav.
lunes, 5 de mayo de 2008
Aranjuez por mis pies

Ahora que mis manos se han despertado y se han reconciliado con mi cerebro, ahora que mis pies descansan y para no desdecir a S. que me vio tan emocionada que pronosticó que escribiría sobre este día, os cuento esta aventura del viernes. Fue un viernes de un verde redondo donde nuestros pies hicieron camino aún cuando no existía. Salimos de casa a las 9 de la mañana, el día era enrevesadamente azul. Cogimos el gps y metimos nuestros cuerpos en el coche con dirección a Chinchón, pintoresco y característico pueblo para más tarde pasearnos por los románticos jardines de Aranjuez, tantas veces nombrada y musicada. Parece que es tan necesario alejarse de Madrid para respirar otros vientos, pero esos aires están a tan sólo media hora de esta urbe más gris. Descubrimos Chinchón completamente desnuda dada la temprana hora que la conocimos y fuimos testigo de cómo tomaba poco a poco vida. Su plaza sin vestir, descalza, se fue poco a poco llenando de trajes que la engalanaban. A medida que transcurrían las horas, se iban sumando personajes pintorescos a su plaza mayor, hasta quedar repleta de vida. Niños, padres sonrientes, paseos de burros enfilados, un mimo en mitad de la plaza que hacía de borracho mientras sujetaba en la testa una botella de cerveza a medida que el sol iba girando su rumbo... Camareros que vestían el lugar con uniformes terrazas, todas iguales... Una pareja de caballos con calesa que rodeaban alineadados la plaza... Todo ocupaba ordenadamente el espacio. Su Plaza Mayor de arquitectura popular, es una plaza clásica de la Edad Media. Es maravillosa. Más tarde leí que aquellas primeras casas con soportales y balcones se construyeron en el siglo XV y que quedó totalmente cerrada en el siglo XVII. Tiene una forma totalmente irregular, asimétrica y una estructura sencilla, clara, ordenada y jerarquizada. Los edificios son de tres plantas, con galerías adinteladas y 234 balcones de madera. S. leyó que los balcones no necesariamente pertenecían a los mismos propietarios de las casas por lo que su acceso habría de ser compartido. La iglesia Ntra. Sra. de la Asunción es grandiosa en tamaño. Visitamos las cuevas del murciélago y el castillo, aunque seriamente derruido antaño bien sirvió de defensa. Vimos en una placa lo que antaño fue la casa natal del actor José Sacristán y por todos los rincones se respiraba el arte de Goya.
Después de comer, que por cierto nos aventuramos a probar cochinillo -lo siento por los amantes de esta tradición pero no nos volveremos a predisponer hacia este inocente animal- nuestros pies nos encaminaron hacia Aranjuez, lugar de descanso de los reyes católicos. Pisamos sus jardines reales, inexacto nombre pues parecían sacados de un cuento, respiramos antiguos vientos, probamos sus fuentes, nos metimos en hornacionas simulando ser estatuas, bueno S. se metió en una hornacina simulando ser estatua, nos hicimos autofotos, nos disfrazamos de un verde intenso que quemaba nuestras retinas, y después de horas paseando nos vimos con unos amigos que viven en un pueblo de nombre mágico Ontígola. Se acercaron a Aranjuez y nos desvelaron los rincones más bellos donde seguro no hubieran desembocado nuestros ya cansados pies. Visitamos la casa del Labrador, donde nos dijeron que se rodó la peli de Patton. El Palacio Real. Nos detuvimos especialmente en los jardines del Príncipe. Parece un paisaje pintado, parecía que pisábamos con nuestros pies echos pinceles los colores de aquella paleta antigua.

Volvimos a casa más verdes, echas hojas, nos crecieron ramas en un cuerpo quemado por el sol, nuestros brazos se convirtieron en fuentes, nos volvimos azules, a nuestros pies les crecieron alas, volvimos más árboles y más de agua por habernos embebido en aquellos estanques llenos de vida. Fue un día redondo, concéntrico y lleno de colores que no eran más que un preámbulo de primavera.
* las fotos son toditas de S. que tiene una mano...
domingo, 4 de mayo de 2008
El bostezo de unas manos
Qué pereza mis manos para estos días festivos. Qué desatiendo para conmigo, madre de estas dos hermanas que conviven con mis otros dos gemelos, aquellos pies tan lejos de éstas. Estos días no he hecho vida de mis manos. Sólo mis pies me han caminado. Pero qué sueño mortal para estas dos despiertas gemelas llenas de dedos también dormidos. No han querido escribir ni una sola letra, ni en este pequeño rascacielos ni en nadie. No han querido ni mirarme. Han hecho vida totalmente independizadas del cuerpo del que se descuelgan. Y su única vida ha sido dormir. Qué descarada está siendo su huida, que descuidada su huelga, su desidia. A veces, en un jardín pleno han medio despertado y entre sueños la derecha despertaba a su hermana izquierda. Otras veces, sólo la izquierda despertaba y la derecha, aún dormida desconocía la soledad del intento de su gemela por relacionarse con el mundo de las palabras, ella sabe que sin la derecha no puede escribirme. Sólo mis pies me han caminado. Lo cierto es que estas somnolientas llevan durmiendo desde hace ya unos días. Sólo ahora me bostezan. Ahora, sobrepasando el ecuador de este periplo festivo siento que empiezan a desperezarse ya ante la normalidad que se avecina. Me pregunto si sólo plasman mis pensamientos en días normales. Si todo lo que se aleja de ello las aleja a otro mundo más onírico dejándome claro que no me dejarán formar parte de él. Como diciéndome: Si son tus pies los que ahora te caminan, olvídate de nosotras. Pero ahora me hormiguean igual que nos hormiguea aquella parte de nuestro cuerpo dormida a punto de despertar. Parece que poco a poco obedecen y escriben la biografía de lo que han sido estos días en palabras. Así que en el despiste, yo aprovecho este vehículo que son para mi cuerpo. Por eso hoy escribo entera. Escribo para no decirme a a mí misma que la vida se ha ido y estas dos desagradecidas hijas no me han consentido palabras. Escribo para que este viento de agua que espero que formen las palabras que me sobran desde unos días me siga llevando.. me arrastre a ese mismo océano que me aleja de este otro mar mundano que nos hace mella en la palma de las manos sin poder sacudirnos la rutina del dolor y la responsabilidad. De nuevo, y siempre antes de que mi otro yo afeite el olvido, yo me introduzco en letras. Sólo mis pies me han consentido otros hermosos paseos. Por eso aprovecho que se han levantado mis manos para dar más paseos y yo las paseo esta vez por este otro camino del lenguaje. Y mientras tanto, ese otro yo que hay en mí permanece en mi corazón sonoro, en mi realidad, en esta otra realidad cortada cuando parece que un sueño me aparta a un lado, hacia ese otro lado de la historia, mi prehistoria, mi silencio... entonces me doy cuenta de que mi cerebro echa de menos a estas dos hijas. Pero qué bien que el lenguaje pueda ser tan selvático, tan frondoso y desmesurado y poder decirlo siempre, una vez despiertan... Escribo ahora después de que la realidad de estos días me ha raptado las manos. El músculo esquelético hipnotizado de mis muñecas, que son el cuello de estas manos, se llena de otra carne más de dentro, así que me adelanto a ellas para decirles que ahora yo, delicada de salud, delicada por su ausencia, tengo a veces sueños que viven en su borde. Allí donde todo es barranco, sin manos. Pero somos unos supervivientes así que cuando me faltan manos hago un buen uso de otros dos gemelos, mis pies, que me han llevado y me han traído agradecidos de ser por mí utilizados. Hemos visto jardines, cielos abiertos, estanques quietos que me han ido llenando de ideas. Hemos calentado nuestros cuerpos al sol. Por eso a veces creo que estos cuatro hermanos entre ellos conviven mal, de hecho están tan separados, las primeras tan arriba, y aquellos otros tan abajo, pero que complementan mi vida. Cuando no puedo llamar a mis manos porque deciden dormirse bajo algún laurel, llamo a mis descansados pies para que me viajen por otros caminos más despiertos. Mañana os hablaré de aquellos caminos por los que me pasearon mis pies.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)