jueves, 3 de abril de 2008

Manzanas de colores

Ayer por la mañana en el trabajo mi compañero trajo para comer a primerísima hora de la mañana una manzana. Lleva dos días trayendo esta fruta. La primera era una golden verde que brillaba mojada como brilla la esperanza húmeda en la tierra. Descansaba regia y recién mordida sobre su mesa. Como muerta. Condenada a un definido futuro. Esperando algo más de vida en el siguiente asalto dental que dejara su latido a la vista. Su color y su interior se abrían a todos aquellos ojos que espectantes, esperaban verle el corazón. Era tan fresca por dentro, que no pude resistirme a hablarle a ella a través de él. Le dije, D. ¡Qué bonita imagen! Tu manzana, ahí, esperando, recién mordida. Él me ofreció probarla. Es cierto que se ensancharon mis mandíbulas en cuanto me lo dijo, como se le ensanchan a una cuando introduce un trocito de chocolate en su boca, y todo se vuelve agua, pero preferí que quedara consagrada a los mordiscos de una sola boca fiel, la suya. Así que al momento la cogió, me sonrió y le dio un segundo bocado. Entonces, el sonido se esparció por el ambiente hasta llegar alto y claro a mis oídos y acabar desparramado y en eterno eco sobre el horizonte de un suelo seco. Así que yo seguí diciendo en alto pero como para mis adentros: Ay, y ese sonido. Esa música. Qué bonita suena su textura...
El segundo día que trajo esta fruta se decidió por una manzana roja. Su color me traía el ocaso a la retina pero a la vez parecía tan diurna su compostura... A diferencia de aquella golden antigua, su sonido era más hueco, más seco, definitivamente cóncavo. Como si los dientes -aquellos decididos- supieran exactamente dónde establecer el certero golpe. Pensé que si el sonido tuviera color, hubiéramos visto miles y miles de partículas rojas por el aire que se mezclaban con la energía, que también es de colores y que teñía tan artísticamente el ambiente de unas paredes quizá, algo más grises. Imaginé el paisaje y me ensimismé.
Para mí la manzana siempre ha sido especial. He llegado a veces hasta tener sueños en los que la protagonista reveladora era ella. En cierta ocasión, creo que ya lo conté por aquí, soñé que tenía cuatro o cinco en mi bolso y relucían llenas de vida, llamándome. Cuando conté el sueño, me dijeron que las manazans traían ricas tradiciones, el pecado, la fertilidad, el sexo, vaya, y un sinfín de cosas más. Luego leí que soñar con hermosas manzanas -y garantizo su hermosura- era un buen presagio. En fin, que después de este diálogo interior en alto, ahora pienso que no dejan de sorprenderme los destinatarios de mis ojos, algunas veces minúsculos y aparentemente sin vida, como una manzana y otras llenos de la vida que quiero otorgarles. A veces creo que soy más rara que un perro verde, o como esas manzanas golden que encabezan esta historia, pero en fin, a mí me encantan los colores y particularmente el verde -equilibra mi lado negro, el catastrófico-, así que nunca dejo de estar en mi hábitat. Es más ¿que pensaríais si os dijera que en esa misma semana mi compañero trajo una zanahoria preciosa y rabiosamente naranja para comer también a pimerísima hora? ¿Y si os diría que hoy ha traído unas fresas de un rojo orgiástico? Yo pienso que el mundo está lleno de color y de variedad.

Por cierto, un inciso entre manzanas.
Mil gracias al querido Hugo Izarra por querer ampliar el premio Arte y Pico a la creatividad y diseño de su blog que le acaban de otorgar y a su vez nominar con el mismo premio a algunos más y entre ellos este pequeño Rascacielos. Gracias Hugo.

miércoles, 2 de abril de 2008

Oscar Aguado

Recupero un poema del poeta Óscar Aguado, el día que conocí a Óscar todo cambió. Y en cuanto tocó la primera nota de un verso lo entendí. Fue en la presentación de la anterior Antología de poesía hispanoamericana. Me gustó tanto que le dije a S. que necesitaba decírselo. Hacérselo saber. Siempre nos dicen las cosas menos buenas, ¿por qué las buenas, las que te gustan no debieran llevar esa misma dirección, y llegar a su destinatario? Fue imposible no acercarme para decirle, y decirle con toda la sinceridad del mundo: Óscar, me encanta cómo escribes, sólo quería que lo supieras. Era algo tan necesario... Si soñamos con alguien debemos decírselo en cuanto le vemos. Acercarnos a esa persona a la mañana siguiente y tan sólo decirle: Hoy he soñado contigo. Tenía que decírtelo...

En fin, que esto vuelve a confirmar y a reafirmar que debo acercarme más a estos eventos. En sus poemas está todo lo esencial. Este es tan sencillo como maravilloso.

Recuérdame que te arrope los pies
que te compre naranjas
y te achique el agua
que te ahogue con besos y pan
que te prepare pasta
te queme el horno
te pele la fruta
te encienda el gas
que llene las copas de agua de vino de ron
que no se te olvide que mi pie vive rozando tu pie
que los lunares de tu espalda no me dejan pegar ojo
recuérdame así que te haga perder los estribos
y pierdas también la armonía
y alcance tu tecla de jazz
recuérdame Rocío
que ponga al sol la mañana
que se limpie tu vientre de los pozales de la noche
que te bese los labios
y te prepare el café
que te dé los buenos días.

martes, 1 de abril de 2008

La voz rota

Ayer fue un día de encuentros. Ayer fue noche de reencuentros. Se presentaba la vigésima primera edición de la antología Nueva Poesía Hispanoamericana en el Bandido doblemente armado y tuvimos que ir S, y yo para leer unos poemas allí antologados. No soy nada de acercarme a lecturas o presentaciones, siempre me he sentido un poco ajena a ese círculo de entendimiento, es más, limito estas pequeñas intervenciones a la más mínima expresión. Llamadme insociable, ermitaña o cenobita, llamadme poco consecuente, llamadlo flojedad si queréis, desidia, desgana... de hecho me es más sencillo escribir un libro entero de mil quinientas páginas desde el íntimo rincón de mi casa acompañada de una sombra bien conocida y querida que hacer presentaciones del mismo, pero en fin, que la vida está llena de secuencias. Es una sucesión –unas veces ordenada y otras desordenada– de acontecimientos impulsados por una acción-base. Y hoy más que nunca vivimos en un mundo de consecuencias, de correspondencias –a veces desastrosas, es cierto, lo vemos a diario en televisión– así que todo lo que ocurre es impulsado por otro “todo”. Y una de las consecuencias “lógicas” que hay cuando escribes algo (menos catastrófica por supuesto) es que te lo publiquen, ¡bendita consecuencia! ¿no creéis?… y a su vez, la consecuencia de que te publiquen un libro, un retazo de poema o un amago de versos que conformen finalmente aquel poema, es que tengas como mínimo que leerlo. Pero ayer en esa presentación, además de tener que darle vida a mi voz, una voz rota por la falta de ejercicio, S. y yo nos reencontramos con un ser especial, con alguien familiar. Así que me alegro enormemente de haber ejercitado mis piernas acompañada de S. hacia esa dirección, haber ejercitado ligeramente mi voz en aquellos retazos de poemas y finalmente de compartir una terturlia que renacería más tarde. Al final, siempre vuelvo de estos actos renovada, feliz y con algún amigo más, de esos de los de verdad, de esos que sientes que son de verdad y que a veces sólo se cuentan con los dedos de las manos. Quizá debiera ejercitar más a menudo mi voz para ampliar mis dedos, aunque me basten los que tengo.
En fin, un hallazgo de noche.

lunes, 31 de marzo de 2008

Spiegel im Spiegel

Siempre acabo volviendo. Quiero decir que por algún resorte que desconozco me alejo de la música clásica y contemporánea para refrescarme con algo más moderno. En ese paréntesis puedo escuchar de todo. Me gusta todo, bueno todo no, pero puedo adentrarme en el jazz con la misma intensidad que me adentro en fados, bosanova, música étnica, minimalistas que también adoro como Glass o Mertens hasta modernos como Coco Rosie o Anthony and the Johnson (que conocí a través de S. y ya es inevitable volver también a estos), incluso cito a Andrew Bird, Devendra Banhart o Coldplay. S. siempre me trae músicas nuevas que me inculca y me gustan nada más escuchar sus primeros pasos. Así que ahora, que ando loca con este regreso mío, le imbuyo mis antiguas pasiones. Puedo pasar incluso a escuchar y disfrutar hasta de los grupos más poperos españoles. Pero ese mismo resorte me obliga cada otro cierto tiempo a volver, siempre acabo volviendo, como vuelve el ave rapaz al brazo del cetrero tras un largo vuelo en libertad. Y entonces pienso: no quisiera salir de este otro paréntesis jamás". Siempre vuelvo. Me equilibra con el resto. Así que se podría pensar que esta música ata mis tobillos bien de cerca, aunque contradictoriamente más me acerque hacia arriba, esclaviza mis oídos, pero realmente es lo que me da la libertad de volar. Os traigo un trocito de libertad, es otro Pärt. Para aquellos que lo conocéis sabréis de lo que hablo cuando digo que aúna "sencillez y profundidad" en uno, a veces incluso austero, y para sus desconocidos, os dejo esta pieza, a modo de nana, como el inicio del despunte hacia su música. A Pärt lo identifico con la escuela minimalista y, más específicamente con una especie de minimalismo santo, alejado por ello de autores como Glass, que también me encnata. Esta diferencia mística le acerca así a su contemporáneo Henryk Górecki, que con su sinfonía 3 o de las lamentaciones te eleva a lo más alto. Aunque las primeras obras de este compositor estonio muestran influencias rusas de Serguéi Prokófiev y Dmitri Shostakóvich, posteriormente acabó rechazando los modelos tradicionales y se fue introduciendo en el serialismo tan caracterísco de Arnold Schönberg (su Pierrot Lunaire es maravillosamente atonal). El estilo de Pärt se caracteriza por un lenguaje tonal austero de profunda belleza espiritual con técnicas minimalistas y contrapuntísticas. En fin, que la danza y la música son lenguajes silenciosos que nos elevan, sin duda saca lo mejor que hay en nosotros. Silencios y notas esta vez encerrados en un cello y un piano. La traducción de esta obra sería algo así como Espejo en un espejo. Yo la adoro, es sencilla y profunda porque nos toca el alma, porque nos detiene, y en esa detencion, sencillamente, nos hace pensar, con la lentitud exacta que ese acto requiere.

http://www.arvopart.org
Disfrutadlo.

domingo, 30 de marzo de 2008

Peces

OCURRE sólo alguna vez
Pero cuando me dices
No importa tanto el qué como el cómo
Y cuando mis ojos miran que los miras
Siento a los peces avanzar vigorosos
Por el camino abierto de mis venas

©Nuria Ruiz de Viñaspre, La voz en tierra

sábado, 29 de marzo de 2008

Arvo Pärt

He redescubierto el youtube, tantas veces nombrado, es cierto que lo he visitado varias veces para videos más "modernos" pero he encontrado un filón de música clásica contemporánea, como el caso de Arvo Pärt, un compositor estonés imprescindible que siempre está presente en mí.
Os dejo su Magnificat, las imágenes, evidentemente, has sido editadas al margen, pero forman un perfecto maridaje con la música de Pärt.
Os pido un favor, intentad escucharlo hasta el final, es una denuncia necesaria de principio a fin.
Por cierto, será necesario para disfrutarlo pausar la música que suena de cabecera.

El mundo de Marji

Nunca he sido mucho de leer comics ni de otorgarle la importancia que arrastran, ya que nos forman y nos moldean desde bien pequeños. Hoy en día, mi amor por ellos ha cambiado. Y como siempre, cuando algo cambia en mí -y tiene que ver con el amor- es por S. Ella es una amante del mundo del cómic, guarda pequeñas reliquias que hasta yo leía de muy pequeña pero que luego, por una ley física de espacio, desechas. Ella no desecha, por eso me enriquece con su pasado que mantine tan fiel. En fin, que el jueves B. un compañero de trabajo, que tiende siempre a traerme a la memoria y a las manos cosas buenas, -hace un año me regaló una bici BH bolero, una mujer, porque es femenina como la mañana, a la que le dediqué unas palabras y que aún estoy pendiente de bautizar- me regaló la película de Persépolis. Me tanteó preguntando: Nuria ¿te gusta el cine de animación? Mi respuesta no fue apasionada pero finalmente me decanté por un sí. ¡Bendito si! En fin, que en cuanto me dijo que me había traído Persépolis me emocioné como una chiquilla y no dejé de repetirle: la quiero, la quiero, la quiero. Hacía tan sólo meses y de manos de otra compi del trabajo leí, -devoré- los cuatro libros de este cómic. Por supuesto, S. los devoró también. Pero en ella esa pasión es totalmente normal. En fin, que cuando B. me la dio, yo no dejaba de pensar: en cuanto llegue a casa le doy una sorpresa a S,. y sin dilación vemos esta película.
Nos emocionó desde el principio. Su comienzo nos enganchó. Desde el primer minuto nuestras retinas se llenaron de una estética particular que introducía pequeños dibujos a modo de mosaico, figuras estilizadas, y que recordaban un cuadro de Klimt, detalles todos que iban jalonando cada minuto y que luego no desengañaba. S. y yo no dejábamos de mirarnos y de decirnos -os prometo que en los dos minutos primeros- ¡qué bonita!, va a ser preciosa… Quizá pecamos prontamente pero con tan sólo esas primeras imágenes tan poéticas y visuales uno puede desentramar si le gustará o no una peli.
Su grandeza trascendía el mundo del cómic. Es una personal denuncia que, gracias a la versatilidad del cómic, genera una enorme simpatía. Por supuesto, nos fue imposible no llorar, aunque esto no es ningún hallazgo.
Persépolis es la conmovedora autobiografía de la escritora Marjane Satripi, iraní que vive desde su pronta edad toda la revolución islámica.


Cuando Marji cierra los ojos, mantiene íntimas charlas con Dios, charlas a las que por supuesto también se une Carlos Marx. Y cuando los abre ve la realidad de la guerra, una guerra que no comprende ni comparte. Su familia es muy moderna e intelectual, avala su rebeldía pero llega el día en que se dan cuenta que la sociedad donde habían vivido ya no existía como tal y deciden enviarla a Viena, antes que su vida desembocara en un matrimonio no deseado. En Viena completa su educación, y la completa en la propia vida. Se forma en las aceras, se muda mil veces de casa, por su extremada sinceridad que la enfrenta una y mil veces.

Y luego el personaje maravilloso de la abuela. La abuela de Marjane es uno de los más fundamentales en Persépolis, porque le enseña desde pequeña a estar orgullosa de sus raíces y no sentir vergüenza de sus orígenes. En un momento el diálogo de Marji con su abuela transcurre lleno de poesía. En cierta ocasión, y tras un abrazo, la niña le pregunta: Abuela, siempre hueles bien. ¿Cómo lo haces? Recojo flores de jazmín cada mañana... y las pongo en mi sujetador. Así, siempre huelo bien.
¡Guau, es genial!

Marjane es un espíritu libre de pocos años que va creciendo a medida que todo lo cuestiona. Ve de cerca la muerte en familiares queridos, muertes gratuitas y dolorosas que le ayudan también a crecer. Y aunque está llena de sueños, son dos los más destacan y los menciono por la disparidad que hay entre ellos. Uno es convertirse en profeta y el otro es poder depilarse las piernas algún día. Y aunque Marji, aquí, sea un dibujo, se hace mucho más humana que muhos personajes reales que deambulan por el mundo.
En cuanto al dibujo, plano como el horizonte, consigue la potencia necesaria entre el blanco y el negro, equilibrio éste que transmite una gran fuerza y rotundidad al mundo emocional de Marji.
Hay que verla, leerla, vivirla, sentirla, llorarla…

jueves, 27 de marzo de 2008

Buenos días, barbarie

Ayer a la noche mientras preparábamos la cena, me senté un momento a ver el telediario y me quedé estupefacta. Y esta mañana me he levantado con un recuerdo vago de aquellas imágenes, así que aquí va mi saludo a primera hora de la mañana. No es necesario ser una persona sensible para contenerte en llantos, para contenerte en rabia al ver lo que vimos. Yo no podía dejar de mirar en la televisión cómo unos cazadores se volcaban contra unos animales. Esas imágenes tan cerca de mis ojos, la pantalla plana llena de tanta sangre en relieve... y ese cazador en postura amenazante. Al tiempo me decía, ¡dios mío, no puedo verlo, es terrible, qué cabrones!, en fin y una sarta más de insultos que nadie, excepto S. me consintió. Ella decía cambia de canal por favor, yo no puedo verlo, pero no sé por qué extraño resorte tuve que ver la noticia entera. Había comenzado la matanza de focas en Canadá. Ver en pleno movimento cómo un ser exacto a mí -fisiológicamente hablando- descargaba toda la ira -porque había tanta ira en su mano- sobre un ser indefenso con una especie de garrote en cuyo extremo llevaba un enorme gancho, o cómo abriría en dos a la manera que se abre una fruta ante un golpe seco, me produjo un cúmulo de sentimientos tan malos que hasta yo misma me asusté de pertecener a esa raza humana. Y mis rodillas comenzaron a temblar, con esa ausencia de fuerza que te queda en ellas cuando has frenado bruscamente con el coche para no golpear al de delante. Escuché estupefacta la noticia, decían que a principios de la temporada los cazadores utilizan estos picos de hierro para matar a golpes a las crías y que en los meses posteriores utilizaban el rifle. Que la ley canadiense -maldita sea ella una y mil veces- permitía utilizar bates, picos y armas de fuego para matar a las focas. Posteriormente leí que mueren a manos de estos desalmados noventa focas por minuto. Noventa por minuto. Noventa pulsaciones por minuto son mis latidos cuando corro a primera hora de la mañana si voy a perder el autobús. Noventa latidos por minuto que dejan de ser latido en otro punto de la tierra. Me pregunto si a partir de este dato será inevitable pensar en ello cuando corra a ese autobús que huye. Leí también que las matan en un intervalo muy corto de tiempo para aprovechar las favorables condiciones meteorológicas en los hielos flotantes. El espectáculo que queda sobre la tierra es dantesco. Las imágenes se grabaron en mi cabeza y se llenaron de sangre mis ideas. Elijo esta terrible foto porque en ella se respira la ferocidad humana, y para "sensibilizar" a un pequeño trozo de este mundo loco.
En definitiva, más de 350.000 animales desparecerán en tan sólo semanas, serán golpeados hasta la muerte con un arma llamada “hakapik” que normalmente se utiliza para romper el hielo, y en muchos de los casos llegarán a ser desollados cuando aún son capaces de sentir dolor.
Son tan estúpidas esas justificaciones que dicen que es necesaria esta matanza porque las focas acaban con los peces, cuando en realidad la matanza es para ganar millones de dólares manchados, en una matanza excesivamente sanguinaria.

Sherri Cox, directora del Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW)señaló lo siguiente. "Es cruel, inhumana, no tiene un significante peso económico, no se vigila que la normativa sea aplicada, y está destinada para producir artículos que la gente realmente no necesita y no es una práctica sostenible"...

Otro dato: ¿adónde van a parar las pieles de estos animales? A las exclusivas tiendas de moda establecidas en Londres, París, Nueva York. En España tampoco somos ajenos, ya que es uno de los principales mercados de pieles de foca. Incluso se está anunciando que los abrigos de foca blanca serán protagonistas de las pasarelas la próxima temporada. Pero para uno de estos exclusivos abrigos se necesita matar por lo menos diez de estos mamíferos, y ya conocen el modo...

Podemos enviar nuestra opinión a la Embajada de Canadá en México: embassy@canada.org.mx