Descolgada, por detrás de sus ojos
hallábase la locura
LA mirada extraviada de los tardos pájaros
Húmedos todos de locura
Que aguardando solícitos plumas maternas
Permanecen ausentes, solos y locos
Bienaventurados los seres alados sin alas
La mirada extraviada de los santos locos
A los que la vida se les escapa por las muñecas
Cavan hoy la estéril tierra
Para extraer esa extranjera azul y opaca
Tapizarle de cuchillos y clavarle mil agujas
En el blanco muro de su pupila
La mirada extraviada de los muertos por agua
Suicidas todos
Con esa inquilina loca atada a sus talones
Son arrastrados al fondo
Les llamaban locos
La mirada extraviada de los ausentes
Que escrutando el mundo con torcidos ojos
Sobrellevan mal sus muertes
La mirada extraviada de los tardos pájaros
Que haciendo nidos en mi nuca
Empuñan en sus picos huesos de muerto
Y una locura
Mientras alarmados
Ansían como locos el ala cóncava
Bienaventurados los ausentes de alas y cordura
© Nuria Ruiz de Viñaspre
miércoles, 26 de marzo de 2008
martes, 25 de marzo de 2008
El tirachinas
De mis dos hermanas no descienden hijos, ni de mí tampoco, por tanto, ni tía ni madre soy en este instante. Eso sí, tengo cuatro sobrinos postizos porque quiero que lo sean, y con los que siento el mismo amor que a los ausentes aún no he dado. Se han superpuesto en mi vida y cuando los veo me levantan la sangre. Dentro de este conjunto de niños vuelvo a elegir -porque puedo y no me lleva la sange- a dos de ellos. Porque no soy madre ni tía que no habría de hacer diferencias extrañas, así que determino mi predilección por estos de los que hoy hablo, sin dejar, eso sí, de querer de otra manera al resto. Y me predispongo hacia ellos por su entorno rural, sus juegos, sus compañías y sus padres, todo aquello que conforma su personalidad fuerte. En ellos la vida es salvaje excepto en su modo de ser, son niños de sangre, de carne, de piel. Son emotivos y necesitan tocarla a una a la manera en la que hunden sus manos en la tierra para jugar con ella. Ésta los necesita. Sus juegos me divierten como a la que más y no me cansa mirarles. S. con tan sólo 4 años, si se cuelga de nuestro cuello ya no nos suelta hasta que termina nuestro viaje, yo tengo el cuerpo dolorido de recoger su cuerpecito cada vez más pesado pero tan lleno de vida. Tan sólo estuvimos tres días entre sus brazos, uno de ellos destinados a ver el mar y, eso sí, en cruzada para conseguirle a O. de 7, un tirachinas de 1 euro con el que se sentiría completo el resto del día y que encontramos en un mercadillo. Su hermana S. siempre se siente completa si te abraza la piel que hay en una. Le encanta besar el cuello, las orejas, la cara… se cuelga de los dedos y acaricia las uñas como buscando algún tesoro escondido... sus juegos son nuestros juegos de siempre, porque los verdaderos no necesitan evolucionar. Son juegos donde la carne del otro es parte fundamental, juegan con todo el cuerpo, a veces (las más) con las manos y otras con la cabeza, cuando cojen un dominó o unas damas. S. te cocina en una minúscula cocina e imagina vidas perfectas con dos de sus muñecas. Las desnuda para ir al mar y las desnuda también para ir a la montaña. Yo creo que a ella le encanta desnudarlas porque le recuerda el color de piel que tiene el mundo que le rodea. Algunas veces O., ha ido a pescar a una acequia peces invisibles que llegan de otros países arrastrados por la fuerza del agua pero en los que él cree a pies juntillas... Otras veces se pierde entre flores y llega con un frasco lleno de pétálos de rosas de muchos colores, otras flores aromáticas y algo de romero o hierbabuena y todo lo que encuentra por el jardín que lleve color y olor. Lo introduce en un tarro que llena de agua y nos los acerca como perfume de dioses. Y siempre hay días especiales para jugar con sus pequeños animales, unos adorables que a veces juegan en una hierba recién cortada y que hacen del paisaje una imagen perfecta. A veces son gatos, otros perros. Hoy día son un enorme y envejecido pastor alemán, una cachorro sin raza adoptado el verano pasado de madre huida, y ahora huido, o un reciente boxer de raza de campeón que adoptó su abuelo hace tan sólo días y que hoy va educando… animales que los niños abrazan para aprender en sus pieles los valores de la vida... sus juguetes indispensables con latido.
Probablemente por todo esto que la naturaleza les da y ellos viven con naturalidad, crecerán buenos, sanos y ante todo fuertes, ya que le han visto la cara a la muerte al perder a alguno de sus animales, han asistido ya con ojos fuertes aunque llenos de dudas a varios entierros-homenajes en un rincón del jardín...
De los otros dos sobrinos ya hablaré otro día.
lunes, 24 de marzo de 2008
La soledad era esto
Ayer fue día de convertir la casa en un pequeño cine. Después de hacernos un chocolate a la vieja usanza, nos dispusimos a ver, con el cine a oscuras la peli de La soledad, de Jaime Rosales. El gato nos merodeaba con cara de pregunta como diciendo: qué hacéis a estas horas con toda la casa a oscuras, y mirando con mirada concentrada una pantalla plana?? Nos ensimismamos tanto que cuando terminó y vimos la hora, se había echado de sobra la noche encima. Al gato le dio tiempo a dormir largo y tendido. Nos encantó, fue una peli sin concesiones, ausente de música, con unas escenas tan trágicamente alargadas que uno se esperaba en silencio lo peor. Una película autista, a contracorriente, la mismísima vida cotidiana. Recuerdo que nos llamaron mucho la atención los diálogos, eran tan “normales” y a la vez tan “trágicos” y constantes... Una película de esas que no se olvidan, silenciosa pero repleta de ahogados gritos. Una película suicidada que no cuenta de manera específica una historia sino que es un perfil de el mero transcurrir de sus gentes y de todas aquellas emociones que sus actos desencadenan. No llega a ocurrir nada cinematrográficamente relevante hasta casi pasada la hora, pero a mi modo de ver, desde su comienzo, se sucede la vida, que no es poco.Estéticamente tamibén nos gustó muchísimo, ese punto visual que dividía la pantalla en dos mitades verticales para recoger dos ángulos, consiguiendo así escenas de infinitos diálogos.
Una de esas pelis que nada más empezar te coloca en lo alto de un tobogán para ir descendiendo después muy lentamente. Sólo descendiendo. Sólo lentamente. Una de esas películas fundamentales sobre las emociones y las relaciones humanas y que demuestra, palabras de Rosales, que estamos diseñados para sufrir, pero que al final, la vida, sencilla y llana, va continuando.
Está llena de imágenes mudas que le hacen a una hasta llorar de no sabe bien qué. Nos encantó, es fundamental verla.
domingo, 23 de marzo de 2008
El ladrón de cerezas
Una mañana temprano, mucho antes del canto del gallo, me despertó un silbido y fui a la ventana.
En mi cerezo -el amanecer llenaba el jardín-
se sentaba un mozo con los pantalones remendados,
que recogía alegre mis cerezas. Al verme
me saludó con la cabeza. Con una y otra mano
pasaba las cerezas de las ramas a sus bolsillos.
Aún mucho rato después, de nuevo en mi lecho,
escuchaba el silbido de su alegre cancioncilla.
DER KIRSCHDIEB
An einem frühen Morgen, lange vor Hahnenschrei
Wurde ich geweckt durch ein Pfeifen und ging zum Fenster.
Auf meinem Kirschbaum –Dämmerung füllte den Garten–
Saß ein junger Mann mit geflickter Hose
Und pflückte lustig meine Kirchen. Mich sehend
Nickter er mir zu. Mit beiden Händen
Holte er die Kirschen von den Zweigen in seine Taschen.
Noch eine ganze Zeit lang, als ich wieder in meiner Bettstatt lag
Hörte ich sein lustiges kleines Lied pfeifen.
La foto la encontré en internet y está en una casa del barrio berlinés de Weissensee. Se basa en este poema de Bertolt Brecht, si la ampliáis se puede leer el título y los primeros versos del poema en la parte inferior izquierda de la imagen.
La música la compuso Hanns Eisler, que también compuso varios lieder de Bertolt Bretch, aquí os dejo unos widget para que lo disfrutéis. El ladrón de cerezas (Der Kirschdieb) es la última canción de la lista, no están enteras pero se pueden adquirir. Son una delicia. Las he colocado en la barra derecha de los elementos.
Hoy me dio por la música... Pianista Falko Steinbach, soprano Marlene Mild
...y de brecht a otro compositor, kurt weill y su musa, Ute lemper, pero esa es otra historia
Disfutando a Buxtehude
La música vocal de Buxtehude adopta muchas formas, aunque su ingrediente fundamental es el aria estrófica para voz sola y continuo. La canción sacra era un género predilecto entre los organistas en toda la Alemania protestante, que raras veces disponían de un coro. Muchas de las arias de Buxtehude tienen textos de teólogos o himnólogos del siglo XVII que expresan una relación con Jesús en primera persona. La música es a veces rigurosamente estrófica.
Pero el tono más íntimo y más personal de estas arias se acentúa en el Klagelied (BuxWV 76/II), elegía compuesta por Buxtehude en 1674 para la muerte de su padre. El texto, escrito por el propio compositor, comienza expresando su desconcierto y desesperación ante la muerte: “¿Por qué ha de arrancarme la muerte / a quien llevo junto a mi corazón?” Pero, poco a poco, la labor musical le consuela de su pena, hasta que, en la sexta estrofa, imagina a su padre interpretando “cantos de alegría / en el celestial teclado”. La melodía es lastimera, con intervalos de un sincero sentimiento, y se contrapone a un acompañamiento de cuerdas de sonoridad intensa y algo disonantes. Según la portada de la versión impresa, esta canción elegíaca fue interpretada en el funeral del padre de Buxtehude junto con varias versiones contrapuntísticas del Nunc dimittis; pero también podemos imaginar que el compositor recurrió al Klagelied para su devoción privada, a fin de consolarse de su pena.
La cantata es Mit Fried und Freud ich fahr dahin BuxWV 76. Dietrich Buxtehude (1637-1707)
Contrapunctus I
Evolutio
Contrapunctus II
Evolutio
Klag-Lied
(Klagelied)
Muß der Tod denn auch entbinden,
was kein Fall entbinden kann?
Muß sich der mir auch entwinden,
der mir klebt dem Herzen an?
Ach! der Väter trübes Scheiden
machet gar zu herbes Leiden,
wenn man unsre Brust entherzt,
solches mehr als tödlich schmerzt.
Schlafe wohl, du Hochgeliebter,
Lebe wohl, du seelge Seel;
Ich, dein Sohn, nun Hochbetrübter,
Schreib auf deines Grabes Höhl:
“Allhie liegt, des Spielens Gaben
Selbsten Gott erfreuet haben:
Darumb ist sein Geist beglückt
Zu des Himmels-Chor gerückt”.
Sólo he podido escucharla en http://www.blindman.be/en/productions/show/3 hay que hacer play en el audio. Es maravillosa. La escuché hace mucho tiempo y me gustó tanto que siempre la busco. Es definitivo. Tengo que conseguirla sea como sea. Que la disfrutéis.
Informción sacada de la www.goldbergweb.com/
miércoles, 19 de marzo de 2008
El vuelo del delantal
ELLA perdía cada mañana el sur de su vestido. Su delantal. Y así iba rompiéndose la luz a su paso, mientras en ese gesto imaginado y estudiado, el luminoso vuelo del delantal iba desplegando al aire su aroma a todo lo dulce; un delantal que se adhería hacia los cimientos de tu cintura, prehistórico eje.Elaboraba con sus diestras manos pasteles atrevidos, pasteles de extrañas formas y sabores que idearía para conquistar el lado más dulce del mundo. Trabajaba esas harinas, esas texturas dúctiles sobre un despejado banco de trabajo, mientras uno no pararía de escribir. Y nos contaba cómo sus ojos escrutaban todo lo que hay de dulce en sus manos,... que nos piensa a todos, mientras mete en un horno las enormes planchas de hojaldre que recortará más tarde y de donde nacerán sus milhojas; o cómo son sus pasteles cuadrados de chocolate; o los bizcochos que irá dibujando para bañar después con el mismo cuidado con el que se baña a un niño; o sus arcos recién descubiertos de chocolate y macadamia donde el chocolate late y la macadamia gira ahí arriba, en el cielo de todos los paladares del mundo, endulzando el lado más amargo de la vida; o en sus palitos catalanes de crema, que parece que sostienen al mundo; o en los volovanes de hojaldre donde sólo en la palabra parece que se columpian los deseos de todos, volovanes que rellenaría de salmón al vino y eneldo y trigueros y un poco de viento y alguna que otra hierba... Es tan admirable cuando dice que tiene que superarse a sí misma en la creación de esos cabalísticos pasteles para sorprender nuestras miradas y luego nuestros paladares. Y qué decir de sus delantales. Sus delantales son intensamente blancos pero yo creo que caducan en su cintura eterna al instante y así, a medida que transcurre su corto día, ese paño blanco que tanto adora a sus caderas a través de un largo cordel, se va llenando de nuevos mapas cambiando su geografía sin lógicas a las que agarrarse. Como dice ella: a mí me pagan por ensuciarme, es el sueño de un niño... Le gusta tanto su trabajo y a mí me parece tan nuevo...
Así es como he descubierto la vida que hay en el eneldo de las ensaladas, en la hierbabuena, en la sal espesa que cambia el futuro de algún sencillo alimento. En la harina que polvorea su aire mientras sus manos la agitan para apartarla, en la vida al fin.
HAZME un sitio a tu lado
Antes de que comience el pan
A transformarse en vacua levadura
Antes de que el olvido desmigue mi memoria
*a SAM
*la foto la hice yo, y es en una demostración de pastelería de 2007
Desarrollo de un ave migratoria I
He vuelto. Vuelvo a irme la noche del jueves y entretanto voy aterrizando en este Madrid azulado. He vuelto. Volví con alas el lunes de Valladolid. Mis dos hermanas C. y M. viven allí, mi madre también, así que nos juntamos, solemos hacerlo a menudo. Yo les llevo libros de poesía, a veces míos, a veces de otros, les llevo libros de viajes, de secretos. Sólo cargo mi bolsa con el billete de un ave, libros, ropa interior y un pijama, y luego allí le falta de todo a mi cuerpo, por lo que una mañana destino a comprar algo. Les cuento mi vida por Madrid, que siempre es nueva y adelgaza, mi vida con S., que tanto sosiega y aquieta en esta urbe. Les digo en qué ando ahora escribiendo… M. me cuenta su calendario de bolos, nos vemos poco. C. me habla de sus últimas incursiones en el diseño y el video. C. graba las actuaciones de M. Les cuento qué tal va el trabajo, mis desengaños con el mundo y mis descubrimientos en ese mismo círculo. Y si coincidimos las tres juntas, es inevitable el escándalo de ver a tres mujeres grandes, altas y torpes no parar de reír como tres niñas pequeñas, aunque a veces también lloramos. Nos atontamos, el riego del cerebro se va perdiendo en la atmósfera y nos atolondramos a la vez. Hablamos de comprarle una bicicleta estática a mi madre. Le ilusiona. Mientras, ella me dice que me quiere muchísimo pero que sigo siendo la misma ingenua de siempre, que desconfíe de la palabra amable, yo se lo discuto, me recuerda mis 38 y que la ingenuidad no va con ese tiempo. Se lo vuelvo a discutir con una mirada mientras preparamos alcachofas, que sabe que me encantan. Salgo a pasear con ella. Calle arriba calle abajo se encuentra con mil personas en las que detiene la marcha mientras yo me ensimismo en la nuevas construicciones y en la apariencia de esa ciudad. Les hablo del viaje relámpago de S. a París a tomar nota de las últimas tendencias en la pastelería francesa. La echo de menos, la llamo. Me abrazan esos brazos antiguos de siempre, mi madre. La beso. Me ven más delgada, siempre me ven más delgada, abrazo al perro de M. si le veo (su hermana-perra murió el año pasado y las lágrimas de M. eran imparables) y a la perra de C., si la veo. Me ponen al día de mis cuñados si tamoco consigo verlos. Echo de menos a mi gato, entonces S. me llama y acerca el teléfono al gato para recordarme su maullido. Me encuentro con una vecina-profesora que hace siglos nos llevaba a las tres al colegio, al que llegábamos tan sólo cruzando una calle. Me dice que hace mucho que no me ve y que estoy guapísima, a pesar de ir con la misma ropa que un día anterior y hasta descuidada. Pienso en lo que dice mi madre de que no crea todo lo que dicen. Me pregunta si sigo escribiendo, no sé qué contestar. Y me digo por qué no me la encontraría el día anterior, recién llegada, con un rostro más reciente. Me quedo sola en casa y me reencuentro entre páginas y páginas antiguas escritas a veces por mi mano y otras con máquina de escribir, que hoy desecharía pero que son mi pasado. Pienso si realmente hace tanto de ellas que aún no existían los ordenadores personales. Desenfundo la caja de fotografías en papel que realmente empiezan a corroborar mis 38, y me fundo en ellas. Fotografías donde me espeluznan mis cabellos aunque piense en lo cíclica que es la moda, fotografías con gente antigua que hace mucho que no veo pero que me equilibran con el mundo. Entonces pienso que digna y tercamente me acerco a este agosto de los 39 y que aunque nunca aparentáré mi edad, es, lo cual me alegra porque sencillamente, soy y voy siendo. Desenfundo también mi música, grabada desde pequeña de radio clásica y con carátulas documentadas echas a mano, y que áún hoy sigo escuchando. Vamos, que revuelvo la casa entera para matar mi curiosidad antigua, y descubrir mis inicios, mis indicios, aquellos que me han conformado como lo que hoy soy. Compro camisetas para cubrir en esos tres días mi cuerpo y vuelvo siempre descargada de libros y más cargada de ropa, aunque con el mismo vaquero. Y después de todo esto me quedo conmigo a solas, y paseo por esa ciudad de siempre. Y voy y vengo por una misma avenida deseando no encontrarme a nadie para no deneter mi paso ni mi mp3 que acompaña el Casta Diva de la Callas mezclada con un getsemaní que abraso. Cuando me da, me da. Y un poco más tarde, en la vuelta de ese viaje relámpago, recurro al último libro de poesía que llevo anclado en mi bolso. Entonces embolso mis manos, me voy hacia dentro, me hablo por dentro, me abro, me repliego, las páginas se curvan en esta húmeda ciudad, retiro mis palabras para dar cabida a estas nuevas y me voy. EUREKA, subrayé. Necesitamos tanto y a la vez tan poco para ser un poco más felices...
martes, 18 de marzo de 2008
Princesas de este siglo
* Esta entrada la dedico a las princesas de Lamari El día que vimos la peli de Princesas, de Fernando León, lloramos comos dos plañideras. Nos faltó la taza de chocolate y un bizcocho de manzana, pero lloramos igualmente, así que determino que el nudo gris de la nostalgia que se ancla en la boca del estómago existe también por tantas causas... La moraleja de la peli era que existimos porque los demás existen. Qué bonito verdad? yo rotundamente lo creo, creo que uno existe porque otras personas no dejamos de pensar en esa persona y con las ideas que preconcebimos de ella en la mente la sujetamos en esta cuerda floja que es la vida. Todos existimos por lo mismo, porque los que nos quieren y nos piensan, en algún momento del día, por alguna razón que seguro tiene una explicación sensata, se acuerdan de nosotras, aunque sólo sea una milésima de segundo dándonos vida, y eso les hace sonreír. Existimos por los demás, los demás son los que nos convierten de sapos a princesas, de putas a princesas, las princesas de hoy en día. Somos como un holograma, si ese pensamiento ajeno cae, caemos con él.
Y luego la nostalgia de todo lo que no sucede, el futuro, lo incierto. Nos gustó mucho la peli, no era nada del otro mundo pero la exprimimos a nuestro antojo. Nos gustaban especialmente esas reuniones en un café donde la protagonista Caye se ausentaba y viajaba con ojos largos a través de una ventana que la llevaba a esos sueños que más tarde le proporcionarían la nostalgia ya citada. Me gustaba especialemnte la facilidad que tenía esa mujer para hacer llorar a su amiga de emoción, solo de emoción. Sólo necesitaríamos eso, como decía ella, que alguien nos viniera a buscar a la salida del trabajo, porque eso significaría que existimos para ese alguien. Esas son mis princesas, las prostitutas de hoy en día… En la peli decían que las princesas no tienen equilibrio, que notan la rotación de la tierra. Dicen que son tan sensibles que si están lejos de su reino se enferman, que hasta se pueden morir de tristeza Realmente hermoso y si lo piensan, muy acertado.
Os dejo la letra de la canción de calle (Caye) de manu chao, a mí me vuelve loquita, es de una princesa
Me llaman calle,
pisando baldosas,
la revoltosa y tan perdida.
Me llaman calle,
calle de noche,
calle de día.
Me llaman calle,
hoy tan cansada,
hoy tan vacía,
como maquinita
por la gran ciudad.
Me llaman calle,
me subo a tu coche,
me llaman calle de malegría.
calle dolida,
calle cansada de tanto amar.
Voy calle abajo,
voy calle arriba,
no me rebajo ni por la vida.
Me llaman calle y ese es mi orgullo,
yo sé que un día llegará,
yo sé que un día vendrá mi suerte,
un día me vendrá a buscar
a la salida un hombre bueno
pa to la vida y sin pagar
mi corazón no es de alquila.
Me llaman calle,
me llaman calle
calle sufrida,
calle tristeza de tanto amar.
Me llaman calle
calle más calle.
Me llaman calle
siempre atrevida
me llaman calle
de esquina a esquina.
Me llaman calle
bala perdida
así me disparó la vida.
Me llaman calle
del desengaño
calle fracaso, calle perdida.
Me llaman calle
vas sin futuro
Me llaman calle
va sin salida
Me llaman calle
calle más calle
la que mujeres de la vida
suben pa bajo
bajan pa arriba
como maquinita por la gran ciudad.
Me llaman calle
me llaman calle
calle sufrida
calle tristeza de tanto amar
Me llaman calle
calle más calle.
Me llaman siempre
y a cualquier hora,
me llaman guapa
siempre a deshora,
me llaman puta
también princesa
me llaman calle sin nobleza.
Me llaman calle
calle sufrida,
calle perdida de tanto amar.
Me llaman calle
me llaman calle
calle sufrida
calle tristeza de tanto amar.
A la Puri, a la Carmen, Carolina, Bibiana, Pereira, Marta, Marga,
Heidi, Marcela, Jenny, Tatiana, Rudy, Mónica, María, María
Me llaman calle
me llaman calle
calle sufrida
calle tristeza de tanto amar.
Me llaman calle
me llaman calle
calle sufrida
calle tristeza de tanto amar.
Me llaman calle
me llaman calle
calle sufrida
calle tristeza de tanto amar..
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