domingo, 23 de marzo de 2008

El ladrón de cerezas

Una mañana temprano, mucho antes del canto del gallo,
me despertó un silbido y fui a la ventana.
En mi cerezo -el amanecer llenaba el jardín-
se sentaba un mozo con los pantalones remendados,
que recogía alegre mis cerezas. Al verme
me saludó con la cabeza. Con una y otra mano
pasaba las cerezas de las ramas a sus bolsillos.
Aún mucho rato después, de nuevo en mi lecho,
escuchaba el silbido de su alegre cancioncilla.

DER KIRSCHDIEB

An einem frühen Morgen, lange vor Hahnenschrei
Wurde ich geweckt durch ein Pfeifen und ging zum Fenster.
Auf meinem Kirschbaum –Dämmerung füllte den Garten–
Saß ein junger Mann mit geflickter Hose
Und pflückte lustig meine Kirchen. Mich sehend
Nickter er mir zu. Mit beiden Händen
Holte er die Kirschen von den Zweigen in seine Taschen.
Noch eine ganze Zeit lang, als ich wieder in meiner Bettstatt lag
Hörte ich sein lustiges kleines Lied pfeifen.

La foto la encontré en internet y está en una casa del barrio berlinés de Weissensee. Se basa en este poema de Bertolt Brecht, si la ampliáis se puede leer el título y los primeros versos del poema en la parte inferior izquierda de la imagen.

La música la compuso Hanns Eisler, que también compuso varios lieder de Bertolt Bretch, aquí os dejo unos widget para que lo disfrutéis. El ladrón de cerezas (Der Kirschdieb) es la última canción de la lista, no están enteras pero se pueden adquirir. Son una delicia. Las he colocado en la barra derecha de los elementos.
Hoy me dio por la música... Pianista Falko Steinbach, soprano Marlene Mild

...y de brecht a otro compositor, kurt weill y su musa, Ute lemper, pero esa es otra historia

Disfutando a Buxtehude

La música vocal de Buxtehude adopta muchas formas, aunque su ingrediente fundamental es el aria estrófica para voz sola y continuo. La canción sacra era un género predilecto entre los organistas en toda la Alemania protestante, que raras veces disponían de un coro.
Muchas de las arias de Buxtehude tienen textos de teólogos o himnólogos del siglo XVII que expresan una relación con Jesús en primera persona. La música es a veces rigurosamente estrófica.
Pero el tono más íntimo y más personal de estas arias se acentúa en el Klagelied (BuxWV 76/II), elegía compuesta por Buxtehude en 1674 para la muerte de su padre. El texto, escrito por el propio compositor, comienza expresando su desconcierto y desesperación ante la muerte: “¿Por qué ha de arrancarme la muerte / a quien llevo junto a mi corazón?” Pero, poco a poco, la labor musical le consuela de su pena, hasta que, en la sexta estrofa, imagina a su padre interpretando “cantos de alegría / en el celestial teclado”. La melodía es lastimera, con intervalos de un sincero sentimiento, y se contrapone a un acompañamiento de cuerdas de sonoridad intensa y algo disonantes. Según la portada de la versión impresa, esta canción elegíaca fue interpretada en el funeral del padre de Buxtehude junto con varias versiones contrapuntísticas del Nunc dimittis; pero también podemos imaginar que el compositor recurrió al Klagelied para su devoción privada, a fin de consolarse de su pena.

La cantata es Mit Fried und Freud ich fahr dahin BuxWV 76. Dietrich Buxtehude (1637-1707)
Contrapunctus I
Evolutio
Contrapunctus II
Evolutio
Klag-Lied

(Klagelied)
Muß der Tod denn auch entbinden,
was kein Fall entbinden kann?
Muß sich der mir auch entwinden,
der mir klebt dem Herzen an?
Ach! der Väter trübes Scheiden
machet gar zu herbes Leiden,
wenn man unsre Brust entherzt,
solches mehr als tödlich schmerzt.
Schlafe wohl, du Hochgeliebter,
Lebe wohl, du seelge Seel;
Ich, dein Sohn, nun Hochbetrübter,
Schreib auf deines Grabes Höhl:
“Allhie liegt, des Spielens Gaben
Selbsten Gott erfreuet haben:
Darumb ist sein Geist beglückt
Zu des Himmels-Chor gerückt”.

Sólo he podido escucharla en http://www.blindman.be/en/productions/show/3 hay que hacer play en el audio. Es maravillosa. La escuché hace mucho tiempo y me gustó tanto que siempre la busco. Es definitivo. Tengo que conseguirla sea como sea. Que la disfrutéis.

Informción sacada de la www.goldbergweb.com/

miércoles, 19 de marzo de 2008

El vuelo del delantal

ELLA perdía cada mañana el sur de su vestido. Su delantal. Y así iba rompiéndose la luz a su paso, mientras en ese gesto imaginado y estudiado, el luminoso vuelo del delantal iba desplegando al aire su aroma a todo lo dulce; un delantal que se adhería hacia los cimientos de tu cintura, prehistórico eje.
Elaboraba con sus diestras manos pasteles atrevidos, pasteles de extrañas formas y sabores que idearía para conquistar el lado más dulce del mundo. Trabajaba esas harinas, esas texturas dúctiles sobre un despejado banco de trabajo, mientras uno no pararía de escribir. Y nos contaba cómo sus ojos escrutaban todo lo que hay de dulce en sus manos,... que nos piensa a todos, mientras mete en un horno las enormes planchas de hojaldre que recortará más tarde y de donde nacerán sus milhojas; o cómo son sus pasteles cuadrados de chocolate; o los bizcochos que irá dibujando para bañar después con el mismo cuidado con el que se baña a un niño; o sus arcos recién descubiertos de chocolate y macadamia donde el chocolate late y la macadamia gira ahí arriba, en el cielo de todos los paladares del mundo, endulzando el lado más amargo de la vida; o en sus palitos catalanes de crema, que parece que sostienen al mundo; o en los volovanes de hojaldre donde sólo en la palabra parece que se columpian los deseos de todos, volovanes que rellenaría de salmón al vino y eneldo y trigueros y un poco de viento y alguna que otra hierba... Es tan admirable cuando dice que tiene que superarse a sí misma en la creación de esos cabalísticos pasteles para sorprender nuestras miradas y luego nuestros paladares. Y qué decir de sus delantales. Sus delantales son intensamente blancos pero yo creo que caducan en su cintura eterna al instante y así, a medida que transcurre su corto día, ese paño blanco que tanto adora a sus caderas a través de un largo cordel, se va llenando de nuevos mapas cambiando su geografía sin lógicas a las que agarrarse. Como dice ella: a mí me pagan por ensuciarme, es el sueño de un niño... Le gusta tanto su trabajo y a mí me parece tan nuevo...

Así es como he descubierto la vida que hay en el eneldo de las ensaladas, en la hierbabuena, en la sal espesa que cambia el futuro de algún sencillo alimento. En la harina que polvorea su aire mientras sus manos la agitan para apartarla, en la vida al fin.

HAZME un sitio a tu lado
Antes de que comience el pan
A transformarse en vacua levadura
Antes de que el olvido desmigue mi memoria

*a SAM
*la foto la hice yo, y es en una demostración de pastelería de 2007

Desarrollo de un ave migratoria I

He vuelto. Vuelvo a irme la noche del jueves y entretanto voy aterrizando en este Madrid azulado. He vuelto. Volví con alas el lunes de Valladolid. Mis dos hermanas C. y M. viven allí, mi madre también, así que nos juntamos, solemos hacerlo a menudo. Yo les llevo libros de poesía, a veces míos, a veces de otros, les llevo libros de viajes, de secretos. Sólo cargo mi bolsa con el billete de un ave, libros, ropa interior y un pijama, y luego allí le falta de todo a mi cuerpo, por lo que una mañana destino a comprar algo. Les cuento mi vida por Madrid, que siempre es nueva y adelgaza, mi vida con S., que tanto sosiega y aquieta en esta urbe. Les digo en qué ando ahora escribiendo… M. me cuenta su calendario de bolos, nos vemos poco. C. me habla de sus últimas incursiones en el diseño y el video. C. graba las actuaciones de M. Les cuento qué tal va el trabajo, mis desengaños con el mundo y mis descubrimientos en ese mismo círculo. Y si coincidimos las tres juntas, es inevitable el escándalo de ver a tres mujeres grandes, altas y torpes no parar de reír como tres niñas pequeñas, aunque a veces también lloramos. Nos atontamos, el riego del cerebro se va perdiendo en la atmósfera y nos atolondramos a la vez. Hablamos de comprarle una bicicleta estática a mi madre. Le ilusiona. Mientras, ella me dice que me quiere muchísimo pero que sigo siendo la misma ingenua de siempre, que desconfíe de la palabra amable, yo se lo discuto, me recuerda mis 38 y que la ingenuidad no va con ese tiempo. Se lo vuelvo a discutir con una mirada mientras preparamos alcachofas, que sabe que me encantan. Salgo a pasear con ella. Calle arriba calle abajo se encuentra con mil personas en las que detiene la marcha mientras yo me ensimismo en la nuevas construicciones y en la apariencia de esa ciudad. Les hablo del viaje relámpago de S. a París a tomar nota de las últimas tendencias en la pastelería francesa. La echo de menos, la llamo. Me abrazan esos brazos antiguos de siempre, mi madre. La beso. Me ven más delgada, siempre me ven más delgada, abrazo al perro de M. si le veo (su hermana-perra murió el año pasado y las lágrimas de M. eran imparables) y a la perra de C., si la veo. Me ponen al día de mis cuñados si tamoco consigo verlos. Echo de menos a mi gato, entonces S. me llama y acerca el teléfono al gato para recordarme su maullido. Me encuentro con una vecina-profesora que hace siglos nos llevaba a las tres al colegio, al que llegábamos tan sólo cruzando una calle. Me dice que hace mucho que no me ve y que estoy guapísima, a pesar de ir con la misma ropa que un día anterior y hasta descuidada. Pienso en lo que dice mi madre de que no crea todo lo que dicen. Me pregunta si sigo escribiendo, no sé qué contestar. Y me digo por qué no me la encontraría el día anterior, recién llegada, con un rostro más reciente. Me quedo sola en casa y me reencuentro entre páginas y páginas antiguas escritas a veces por mi mano y otras con máquina de escribir, que hoy desecharía pero que son mi pasado. Pienso si realmente hace tanto de ellas que aún no existían los ordenadores personales. Desenfundo la caja de fotografías en papel que realmente empiezan a corroborar mis 38, y me fundo en ellas. Fotografías donde me espeluznan mis cabellos aunque piense en lo cíclica que es la moda, fotografías con gente antigua que hace mucho que no veo pero que me equilibran con el mundo. Entonces pienso que digna y tercamente me acerco a este agosto de los 39 y que aunque nunca aparentáré mi edad, es, lo cual me alegra porque sencillamente, soy y voy siendo. Desenfundo también mi música, grabada desde pequeña de radio clásica y con carátulas documentadas echas a mano, y que áún hoy sigo escuchando. Vamos, que revuelvo la casa entera para matar mi curiosidad antigua, y descubrir mis inicios, mis indicios, aquellos que me han conformado como lo que hoy soy. Compro camisetas para cubrir en esos tres días mi cuerpo y vuelvo siempre descargada de libros y más cargada de ropa, aunque con el mismo vaquero. Y después de todo esto me quedo conmigo a solas, y paseo por esa ciudad de siempre. Y voy y vengo por una misma avenida deseando no encontrarme a nadie para no deneter mi paso ni mi mp3 que acompaña el Casta Diva de la Callas mezclada con un getsemaní que abraso. Cuando me da, me da. Y un poco más tarde, en la vuelta de ese viaje relámpago, recurro al último libro de poesía que llevo anclado en mi bolso. Entonces embolso mis manos, me voy hacia dentro, me hablo por dentro, me abro, me repliego, las páginas se curvan en esta húmeda ciudad, retiro mis palabras para dar cabida a estas nuevas y me voy.
EUREKA, subrayé. Necesitamos tanto y a la vez tan poco para ser un poco más felices...

martes, 18 de marzo de 2008

Princesas de este siglo

* Esta entrada la dedico a las princesas de Lamari

El día que vimos la peli de Princesas, de Fernando León, lloramos comos dos plañideras. Nos faltó la taza de chocolate y un bizcocho de manzana, pero lloramos igualmente, así que determino que el nudo gris de la nostalgia que se ancla en la boca del estómago existe también por tantas causas... La moraleja de la peli era que existimos porque los demás existen. Qué bonito verdad? yo rotundamente lo creo, creo que uno existe porque otras personas no dejamos de pensar en esa persona y con las ideas que preconcebimos de ella en la mente la sujetamos en esta cuerda floja que es la vida. Todos existimos por lo mismo, porque los que nos quieren y nos piensan, en algún momento del día, por alguna razón que seguro tiene una explicación sensata, se acuerdan de nosotras, aunque sólo sea una milésima de segundo dándonos vida, y eso les hace sonreír. Existimos por los demás, los demás son los que nos convierten de sapos a princesas, de putas a princesas, las princesas de hoy en día. Somos como un holograma, si ese pensamiento ajeno cae, caemos con él.
Y luego la nostalgia de todo lo que no sucede, el futuro, lo incierto. Nos gustó mucho la peli, no era nada del otro mundo pero la exprimimos a nuestro antojo. Nos gustaban especialmente esas reuniones en un café donde la protagonista Caye se ausentaba y viajaba con ojos largos a través de una ventana que la llevaba a esos sueños que más tarde le proporcionarían la nostalgia ya citada. Me gustaba especialemnte la facilidad que tenía esa mujer para hacer llorar a su amiga de emoción, solo de emoción. Sólo necesitaríamos eso, como decía ella, que alguien nos viniera a buscar a la salida del trabajo, porque eso significaría que existimos para ese alguien. Esas son mis princesas, las prostitutas de hoy en día… En la peli decían que las princesas no tienen equilibrio, que notan la rotación de la tierra. Dicen que son tan sensibles que si están lejos de su reino se enferman, que hasta se pueden morir de tristeza Realmente hermoso y si lo piensan, muy acertado.

Os dejo la letra de la canción de calle (Caye) de manu chao, a mí me vuelve loquita, es de una princesa

Me llaman calle,
pisando baldosas,
la revoltosa y tan perdida.
Me llaman calle,
calle de noche,
calle de día.
Me llaman calle,
hoy tan cansada,
hoy tan vacía,
como maquinita
por la gran ciudad.
Me llaman calle,
me subo a tu coche,
me llaman calle de malegría.
calle dolida,
calle cansada de tanto amar.
Voy calle abajo,
voy calle arriba,
no me rebajo ni por la vida.
Me llaman calle y ese es mi orgullo,
yo sé que un día llegará,
yo sé que un día vendrá mi suerte,
un día me vendrá a buscar
a la salida un hombre bueno
pa to la vida y sin pagar
mi corazón no es de alquila.
Me llaman calle,
me llaman calle
calle sufrida,
calle tristeza de tanto amar.
Me llaman calle
calle más calle.
Me llaman calle
siempre atrevida
me llaman calle
de esquina a esquina.
Me llaman calle
bala perdida
así me disparó la vida.
Me llaman calle
del desengaño
calle fracaso, calle perdida.
Me llaman calle
vas sin futuro
Me llaman calle
va sin salida
Me llaman calle
calle más calle
la que mujeres de la vida
suben pa bajo
bajan pa arriba
como maquinita por la gran ciudad.
Me llaman calle
me llaman calle
calle sufrida
calle tristeza de tanto amar
Me llaman calle
calle más calle.
Me llaman siempre
y a cualquier hora,
me llaman guapa
siempre a deshora,
me llaman puta
también princesa
me llaman calle sin nobleza.
Me llaman calle
calle sufrida,
calle perdida de tanto amar.
Me llaman calle
me llaman calle
calle sufrida
calle tristeza de tanto amar.
A la Puri, a la Carmen, Carolina, Bibiana, Pereira, Marta, Marga,
Heidi, Marcela, Jenny, Tatiana, Rudy, Mónica, María, María
Me llaman calle
me llaman calle
calle sufrida
calle tristeza de tanto amar.
Me llaman calle
me llaman calle
calle sufrida
calle tristeza de tanto amar.
Me llaman calle
me llaman calle
calle sufrida
calle tristeza de tanto amar..

sábado, 15 de marzo de 2008

El paseo

Un poema de Ángel González, para SAM que le dure justo dos días. Dos días en los que me he ido más allá del límite radiante de su mundo.

Me basta así

Si yo fuera Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.

*Marc Chagall. El paseo, 1917

viernes, 14 de marzo de 2008

Ójala fueramos niños

Ojalá fuéramos niños, niños pequeños de incólumes almas. Siempre tendríamos tiempo de ser mayores, y pensar en los recuerdos cuando el dolor ampute… Ojalá pudiéramos acercarnos a aquellos caminos antiguos sin límites. Campos infinitos llenos de tierra en el que uno se podía imaginar el camino aun cuando no existía. Ojalá volviéremos a ser aquellos niños en aquellos parques donde se secaba con el viento la lluvia que desde el pasado hoy traen nuestros ojos. Allí donde nos confesábamos mientras la tierra se iba creando a cada andadura nuestra, y donde las flores se alargaban en el borde del camino. Yo podría mientras tanto, ir buscando palabras, palabras en las que pudieran columpiarse, aquellas queridas nuestras que tanto consolaban. Podría construir una torre a base de esas palabras redondas, sin ángulos ni aristas, como si fuera un lego, palabras planas que sujeten todos los pequeños cuerpos y planeen. Podría dibujarles una ráfaga de viento que deje suspendido el maldito dolor en el espacio. Llevar en el hombro un hatillo de sus sueños. Escribirles desde las alturas, desde el porvenir. Sí, la vida cuando uno deja de ser niño es morirse un poco a cada instante, pero lo bonito es que entre un instante y otro hay un mar de dudas, de sentimientos, de deseos, de vida en definitiva, que va conformando nuestro yo más íntimo. A veces pienso que lloramos a los muertos como si ellos sintieran la muerte, pero los muertos están en paz. La muerte es la intimidad que camina hacia atrás derramando nuestras lágrimas, es apariencia, es como esos colores que centellean en nuestros ojos cuando hemos mirado mucho tiempo al sol. Ojalá fuéramos niños pequeños, siempre tendríamos tiempo de cometer locuras al borde del camino, un camino donde la muerte no existía y ser el resto pura condescendencia. Me gustaría tanto tanto escribir algo así, dirigido con una exclusividad latente a ese particular público, a aquellos "locos bajitos", como decía Aute… Poblaríamos el vientre del mundo nuevo con sus latidos. La emoción volvería a mis venas. Siempre me acuerdo de ellos cuando se acerca algún viaje al trocito de tierra de S., hay rostros de niños muy queridos que una añora y que me traen a la memoria esas ganas mías tan antiguas ya, esa otra directriz de las palabras que a veces necesitaría escribir. Qué novedad habría en mí, escribiría como si fuera un extraño rito... para otro oído...
*foto de internet

jueves, 13 de marzo de 2008

Suspendida en el aire

Hace muchos años volé en parapente. Hace muchos años hubiera echo hasta puenting. Hoy esto último no entra en mi cabeza ni en mi corazón tampoco. No lo resistiría. Pero volar en parapente me parecía algo tan natural, tan conmigo... Aún me es perfectamente posible recordar el cúmulo de sensaciones tan maravillosas que subía por mis tobillos en ese estado, tan alejada del suelo, tan conmigo misma. La primera vez que lo hice fue en un pueblo del interior, tierras castellanas y secas. Evidentemente, allí no hay brisa, el viento está tan quieto como los pájaros, por lo que a pesar de la rapidez en la que se sucedió el viaje, yo me sucedí a mí misma, me sentí sencillamente otra. Volví a repetir varias veces la experiencia en tierras alicantinas y esta vez el mar se iba creando bajo mis tobillos tan sueltos, tan desarraigados. El viaje en este caso se iniciaba en un faro con cierta altura, jamás he vuelto a sentir lo que sintieron mis pies tan indenpendientes y autónomos de la tierra. Yo iba con una cámara fotográfica, la cual siempre podía seguir sosteniendo durante el viaje. Me vistió de arneses en el biplaza, yo delante y mi instructor detrás. Una ligerísima silla de tela sostenía mi cuerpo y todo lo que había de pierna en mí, iba al aire, tan suelto como se sueltan las nubes. Y tras unas nociones básicas sólo me dijo que lo único que tenía que hacer era correr hacia delante, no dejar de correr, correr y correr con fuerza y seguir corriendo incluso cuando dejara de sentir la tierra bajo mis pies, batallear entonces contra el aire que entraba con fuerza en los pulmones del parapente. Entonces corrí y corrí y cuando sentí que nada debajo de mis pies latía, seguí corriendo hasta que la brisa lenta pero rotundamente nos izaba. La primera vez que yo sentí esto, que mis pies se separaban de la tierra fue orgásmico, era como dejar un vicio, como ir en la misma corriente de mis ideas, todo parecía tan sencillo allí arriba... tan posible... Yo continuaba moviéndolos como si siguieran es esa posición, corriendo, incluso cuando dejaron de ser en tierra. Me alcé entonces junto a ese movimiento y un golpe suavísimo de viento permanente me iba izando más y más arriba. Nos iba izando a ambos, creo que lloré de la emoción, yo no podía dejar de mirar mis pies, mientras los movía como entretenidos e incrédulos de estar tan colgados en el cielo. No podía creerlo. ¡Qué sensación más maravillosa! Han pasado muchos años y no he vuelto a repetirlo. Me pregunto si hoy día sería capaz. Este es otro de mis rascacielos, el otro es el cielo del paladar, por supuesto.