AQUELLA vaca tenía la fuerza
de un gran barco encallado
en el océano enfermo
de una vitrina.
Y ahora, ahora se extingue sola
Suspendida dentro de ese cristal en equilibrio.
Pobre vaca sorda
© Nuria Ruiz de Viñaspre
* Propuesta instalación de Damien Hirst
martes, 30 de diciembre de 2008
Océano dentro de una vitrina
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martes, diciembre 30, 2008
lunes, 29 de diciembre de 2008
¿Por qué escribimos?
Escribo
por no pegarme un tiro en la boca.
Y hasta escribir
se ha vuelto a veces
un tiro en la boca.
Antonio Orihuela
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lunes, diciembre 29, 2008
sábado, 27 de diciembre de 2008
Las manos que protegen
No he podido remediarlo. He visto este anuncio ya muchas veces pero hoy no me resisto y lo comparto justo después de volverlo a ver. Creo que es el único que he conseguido ver con gusto y sonrisas de principio a fin aunque me corte en dos una película. Hoy no me resisto así que comparto esas manos. Me encanta este video. Su música. Sus dibujos y su mensaje. ¡Qué de grandes cosas pueden hacer unas manos! Este es sin duda mi video de Navidad.
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sábado, diciembre 27, 2008
martes, 23 de diciembre de 2008
Tobogán de lengua azul
Ahora que mi "Geometría del vientre" está esperando ser presentada y mi "Pez místico" en buenas manos, me aventuro en concluir mi nueva historia de título siempre maleable. De contenido aún más maleable si cabe. Pero de tantos versos formados ya... que lo abandono un día de estos a las venganzas de la vida que le puedan esperar ahí fuera. Es inédito y yo adoro lo inédito, porque consigue que me sienta como un niño estrenando zapatos. Un trabajo de arcilla que no dejo aún de moldear a diario. Como aquellos zapatos nuevos. El libro está estructurado en tres partes que conservo por mandamiento propio porque los adoro y porque le dan un sentido redondo a los versos para ellos escritos: En la balanza oscura, El carrusel de las vacas y, Yo también estoy subida en esta montaña rusa.
He cambiado e impreso mil veces el título principal.
La lengua azul (2 puntos)
Tobogán de lengua azul (1 punto)
Toboganes azules (0 puntos)
Desde el tobogán de una lengua azul (0 puntos)
Tablas de carnicero (2 puntos)
La gravedad de las vacas (1 punto)
Cabeza de vaca (1 punto)
¿Me estararé obsesionando con "tobogán"?
*Se admiten sugerencias. Estoy llena de dudas.
¿¿El tobogán de la duda???
¡¡¡Votad!!! ¡¡¡Sugerid!!!... está bien, ¡¡¡meditadlo en silencio, si queréis!!!
Dejo un par de poemas de cada parte del libro
EN LA BALANZA OSCURA
La lengua de una vaca
es el tobogán azul de los niños
III
Aquella vaca tenía la fuerza
de un gran barco encallado
en un océano enfermo.
LA vaca robusta se traga a la escuálida y fea.
El mundo es un círculo cerrado.
Yo soy escuálida,
y hay tanto robusto suelto
que sólo quiero ser hercúlea
y enterrar definitiva mis huesos de carne.
Afeitarme los huesos y que mis ubres
se arrastren por el légamo del mundo
pastando entre recias en alguna colina verde.
No quiero pastar en una zanja negra
ni temer mi vida en el establo.
Quiero que mi corazón pese cien kilos
como el órgano de una orca
y seguir siendo liviana
en el aire de una balanza para no ser descubierta.
Que no asome ni una de mis costillas
por si de lejos, el robusto la mira con hambre
y viene a por mí como la Muerte,
con un gancho que cuelge del cielo.
Como el Faraón de lo Oscuro.
XIX
CUÁNTAS veces he saboreado tu carne.
Cuántas he mordido tu cadera,
nunca tu lengua, es cierto.
Tampoco tu víscera.
He respetado corazón y alma,
tus partes blandas, las más rojas.
Pero eso sí, te he saboreado azul,
he masticado tu carne y tu calma
para que entrara en mi boca el aire verde de tu alma,
para llenarme con tu sexo de alfalfa y campo.
Dime, cuántas veces he bebido de tus vacías ubres…
Pero no sufras por ello.
No tardarán en saborear la poca carne
que se pega a mi alargado hueso,
la exaltada.
No temas, tu venganza vendrá dada
en forma de negro pasto de gusanos.
El mundo es tan redondo
como aquel agujero perforado en tu vientre.
EL CARRUSEL DE LAS VACAS
En cualquier momento
la vida da un giro y te gira y te gira
IV
La paz que venía de los ojos del buey…
Clarice Lispector
SABEN que van a morir
devoradas por otras bocas,
pero no por ello apartan su mirada melancólica
cuando observan embobabas pasar un tren
que parte en dos el Mundo bajo una lluvia lenta.
¡Qué melancólica es la mirada de una vaca que no huye!
Se parece tanto a la mirada de un niño…
III
PARTURIENTAS vacas
que traéis al mundo una lechal vida.
Pensadlo.
Lo que traéis no es más que
otra descuartización en ciernes
que se exhibe sobre la misma tabla de anatomía.
YO TAMBIÉN ESTOY SUBIDA EN ESTA MONTAÑA RUSA
Por lo demás, la vida y la muerte se van
como en esta montaña rusa,
con cinco segundos de emoción para una
y cinco segundos de emoción para otra. ...
Lo bueno de esto, es que nada dura eternamente
VIII
¿Por qué razón habrá el caballo
de parecernos siempre desnudo,
y no el ganado vacuno?
M. A. Ortega
NO la toquéis más.
No despellejéis la costumbre de su traje.
Su cuerpo es hoy el tesoro
que exprime la mano más cobarde.
Esta res que yace a nuestro lado
lleva su futuro despedazado
en alguna pradera o calle bombardeada.
Soltad sus pequeños trozos de carne
saltando por los aires.
Soltadlos.
IV
ELLA, la triste y fatigada,
la del codo agujereado, la bizca,
la que no hace sombra, la carcomida,
la del talón atascado que se hunde
hasta las rodillas en el lodo embarrado
y muere ahogada hasta el cuello.
Ella, la más débil, nunca está a la vista en la colina.
Eso sí, se la puede visitar vuelta y vuelta
en cualquier carnicería de barrio
tragando a la fuerza blanca sal y otras especias
con la lengua divorciada de su boca.
© Nuria Ruiz de Viñaspre 2008
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martes, diciembre 23, 2008
domingo, 21 de diciembre de 2008
El mundo de Estefanía García
Ayer fue un día completo. Podría decirse que redondo incluso, si no hubiera sido porque S. no pudo acompañarme allá donde me llevaron mis pasos. Trabajaba y ya a la tarde sus pies se detuvieron. Aunque eso sí, hoy cierro ese círculo concéntrico de mis pasos antiguos contándole con pelos y señales lo que ayer noche no me dio tiempo a contar.
A la mañana fui con P. y G. a recoger un librito de vivencias (de título poco afortunado, tengo que decirlo) donde confluían los relatos ganadores y finalistas de un certamen que organizaba la Consejería de Transportes y entre cuyas páginas se encontraba Al revés,, mi pequeña aportación en este libro. Nos reunimos con S. y comimos cerca de casa, que acababa de salir de un trabajo donde elabora los dulces que más felices hacen a nuestros paladares. Más tarde tomamos café y té ya en casa (ah y un turrón hecho con sus manos que no tardó en deshacerse en los paladares de los comensales). Después mi casa se vació dejando espacio a S. para dormitar un sueño atrasado que le arañaba la cara. P. fue de visita a casa de sus padres y G. y yo nos fuimos a la presentación de un libro donde de nuevo se unía el arte de la pintura con el de la escritura -qué perfecto maridaje-. Textos de Ana Rosetti envolviendo el mundo maravilloso de la pintora Estefanía García, que desconocía pero que seguiré en cuanto acabe estos párrafos, o viceversa. El mapa de la espera, rezaba el título. Una cuidadísima y enloquecedora edición de Centro Editores. Una edición de 100 ejemplares firmados y numerados por sus autoras, con un tiraje especial de 7 ejemplares que incluyen, cada uno, un original de las ilustraciones.
Ya la semana pasada S. y yo nos quedamos prendadas de los mundos que se descolgaban de las paredes. Una exposición de Estefanía en la que sus cuadros nos transportaron en el espacio sólo llevadas por la inercia de su mundo. Como si fuera un imán. Un mundo entero, cerrado, perfecto, que emergía de unos muros donde miles de colores te explotaban en la cara, estallando tus sentidos. Ayer tuve sorprendentemente la oportunidad de volver a ver sus dibujos, más de cerca. Originales. Y digo sorprendentemente porque desconocía esa aportación suya en ese proyecto de ayer.
He visitado la página de Estefanía y aún ahora sigo buceando en esos mapas que ella concibe como único mundo. Un mundo aparte que supongo la caracteriza donde nos presenta a sus particulares habitantes. Confieso que me he quedado prendada de ese modo de concebir.
Uno de los poemas que encabeza este proyecto:
“El mar en los mapas son orlas que van desde el celeste claro al oscuro. Pero el que yo me imagino es como un cielo fruncido lleno de charcas de plata. O una red de espuma cargada de verde. O un camino de cobre temblando hasta el sol. …”
Ana Rosetti
*dibujos de Estefanía García
Tras la presentación y después de hojear con amorosas manos las estanterías del CAM donde me topé con toda una lista de títulos dispuestos verticalente de mi siempre leída Clarice Lispector (me los hubiera llevado todos pero no llevaba mucho dinero), nos encaminamos hacia el Bukowski, donde Óscar Aguado presentaba su Canción de cuna para un héroe. Libro publicado por la incipiente y espero que eterna editorial Ya lo dijo Casimiro Parker, dirigida por marcusversus. Volver no sólo a ver a Óscar sino escucharle, consiguió cerrar ese círculo de día donde me moví dándole sentido a todo. Estos días tendré su libro cerca de mis manos. Fue un placer Óscar, aunque la emoción haya disparado a mis piernas, ya que hoy están agotadas.
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domingo, diciembre 21, 2008
sábado, 13 de diciembre de 2008
La trilladora
De pequeñita conduje una cosechadora subida en las piernas de mi padre. A mí no me gustaba especialmente mi padre pero siempre me ha gustado conducir todo tipo de vehículos, aunque en mi vida madura conduzca pocas cosas. Recuerdo lo sencillo que era conducir ese enorme vehículo grande como el corazón de un barco. Recuerdo el poder de mi altura siendo una enana en edad y tamaño. Recuerdo mis manos pequeñas sujetando enormes pero sencillas palancas remachadas con aquellos tornillos gigantes. Recuerdo las ruedas concéntricas que te acercaban a un cielo rojo ensangrentado por un ocaso. Los campos sin piedras. El olor de la tierra arrancada. Las cicatrices que dejaba a su paso. El surco. Recuerdo los dientes de ese animal verde (porque recuerdo que era verde) limpiando el camino. Recuerdo sobre todo eso, cómo se limpiaba el camino a su pasar lento. Muy lento. Recuerdo la limpieza. Lo llano. Lo liso. Lo fácil. La arcilla al fin. Recuerdo la esencia. La esencia de ese enorme contenedor.
Me he acordado esta mañana de que tenía pendiente una pequeña entrevista para la editorial que tiene en sus manos y también en las mías La geometría del vientre. Una de las preguntas la expongo aquí. Decía algo así como que con cuál de todos mis libros me sentía más identificada. Y he descubierto mientras contestaba algo que siempre he sabido y he dicho incluso en voz alta aunque me tachen de ingrata, de mala madre o de olvidadiza y desmemoriada.
Sí, soy la mujer más desleal y más infiel con sus libros. Me quedo en lo nuevo. Me caso siempre con el último, me agarro con uñas a sus letras con la idea de que serán inmortales pero que mueren en sucias aguas cuando estas caprichosas crean algo nuevo que a su vez es eterno e inmortal a mis ojos volviendo a maridarme con ellas. Sí, soy una trilladora. Llevo en mí sus mismos componentes: mi cuerpo, un cuerpo; mis dedos, sus detectores de piedras; mi mente, el mecanismo de trilla; mi boca, el cilindro que trilla y trilla. Luego mis manos, sacudidores de paja, manos atornilladas a la tierra nueva y al nuevo poema, ya está conseguido el perfecto sistema de limpieza. Luego, eso sí, la decisión innerrabable de eliminar de mi memoria para dejar espacio, más espacio en el descampado de mi mente, que no son sino aquellos transportadores que se deshacen de basura... Sí, soy una trilladora. Como aquella trilladora que conduje hace siglos quizá en otra vida. Un sacudidor de paja. Una criba de limpieza. Una trilladora que detecta piedras. Y todo mi pasado es piedra. Así que me desmigo y me deshago de todo verso anterior en la tierra. Porque me encanta el olor de esa arrancada que da paso a otra y a otra más. Quebrantando la mies que se tiende en la era, separando grano de paja. Grano de paja. Como una inercia. Sí, me limpio de piedras. Por ley. La gravedad de mis manos se desmemoriza de toda piedra anterior, pierde peso para que rezume lo esencial. A veces parte dura, a veces parte blanda. Es falacia, es cierto, porque de no haber escrito aquellos primeros versos en un cuaderno sucio de chiquilla, de no haber seguido escribiendo mi primer, mi segundo libro y así sucesivamente hasta llegar aquí, quizá nunca nada hubiera sido lo mismo. Me caso siempre con el futuro, porque en él no veo piedras. Pierdo la piedra de la memoria aunque en un rincón de mis manos, en el resquicio de mis dedos siempre agradezca aquellos primeros versos, los que le siguieron y ese es el círculo concéntrico donde me muevo. Como la rueda concéntrica de aquella trilladora hoy tan bien recordada.
Y ahora caigo en sus dos nombres. Trilladora que trilla, que amputa. Cosechadora que cosecha, que produce. Qué contradicción. Supongo que como todo esto que escribo.
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sábado, diciembre 13, 2008
lunes, 8 de diciembre de 2008
Las cajas desnudas
Me gusta este poema de Ángel Guinda... Me gusta sobre todo su veracidad. La veracidad de la palabra exacta sin más ornamento que el ornamento de una caja. La veracidad de su indígena al fin y al cabo. ¿Para qué ornamentar y disfrazar la palabra cuando la palabra exacta lo define todo? ¿Para qué ornamentar nuestro cuerpo, nuestras manos? ¿Para qué ensortijar nuestros dedos? Sencillo y limitado, como la vida dentro de una caja. La caja del mundo. No hace mucho hablaba yo de cajas y no desentonaban con estas nuevas cajas. No deberíamos buscar nunca más allá de lo que subyace en la palabra exacta, ya que podríamos encontrarnos con nuestros propios fantasmas. La palabra directa. Directa. Todos deberíamos aprender de aquel indígena que tenía razón, seguro. Un indígena me hace pensar en que cuantas menos prendas lleve uno sobre su cuerpo, más sincero y directo será en la palabra. Y este indígena iba desnudo. Seguro que iba completamente desnudo, como las manos de Ángel cuando lo creó sin vestido alguno. Todo es mucho más sencillo. Deberíamos desnudarnos completamente. Y cubrir nuestros cuerpos de pelaje, como nuestros queridos animales y dejarnos de cajas, ascensores, coches, camas, cunas, bancos y ataúdes. Desencajarnos, al fin, como propone el poeta.
CAJAS
Lo diría una indígena y tendría razón.
"Ustedes tienen la vida organizada en cajas.
Nacen y les dejan en una cajita,
su casa es una caja, y las habitaciones
son cajas más pequeñas.
Suben a la casa en una caja,
bajan a la calle en una caja.
Viajan en una caja.
Duermen y hacen el amor sobre una caja.
A través de una caja ven el mundo.
Cambian de casa: lo meten todo en cajas.
Y cuando mueren
les introducen también en una caja.
Los Bancos y las Cajas tienen caja,
los establecimientos tienen y hacen caja".
Todo está hecho para que encajemos.
Nos encajan la vida.
Algunos no encajamos, y nos desencajamos.
*Ángel Guinda (Zaragoza, 1948)
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lunes, diciembre 08, 2008
domingo, 7 de diciembre de 2008
Mahler, siempre Mahler
Llevo días enteros escuchando los Kindertotenlieder, especialmente recupero el número 1. A pesar del triste matiz de su música y sus letras, no hay duda, saca lo mejor de mí. Mi yo más tamizado. Lo escondido.
MAHLER Kindertotenlieder N°1 : Nun will die Sonn so hell auf gehn
Chef d'Orchestre : Eiji Oue
NDR Orchester
TOKYO Suntory Hall
Nun will die Sonn' so hell aufgehn,
Als sei kein Unglück die Nacht geschehn!
Das Unglück geschah nur mir allein!
Die Sonne, sie scheinet allgemein!
Du mußt nicht die Nacht in dir verschränken,
Mußt sie ins ew'ge Licht versenken!
Ein Lämplein verlosch in meinem Zelt!
Heil sei dem Freudenlicht der Welt!
________________________________________ ___
Now the sun will rise as brightly
as if no misfortune had occurred in the night.
The misfortune has fallen on me alone.
The sun - it shines for everyone.
You must not keep the night inside you;
you must immerse it in eternal light.
A little light has been extinguished in my household;
Light of joy in the world, be welcome.
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domingo, diciembre 07, 2008
viernes, 5 de diciembre de 2008
Las razones del cuerpo
El cuerpo es un sueño largo en el que la piel se va olvidando de sí misma, deteriorándose, pudriéndose, enfriándose, cogiendo colores verdosos, como un alimento pasado de fecha. Va desapareciendo y el sueño dura tanto, el mal sueño, que la piel desaparece por completo y sólo es un sueño de huesos.
La muerte en cambio es un país bajo la tierra. Es el no estar aquí, al fin y al cabo es el estado natural, llevábamos miles de años sin estar aquí y de pronto por unos cuantos con vida creemos que deberíamos estar para siempre, ¿sería lo correcto pensar que lo único es volver al estado natural, al no vivir?
El cuerpo, mientras tanto, es cómodo, como la muerte, sí, ya que ambos parecen una conversación de hace millones de años, como un anciano bebiendo del pecho de una niña. Ambos son una forma de estar. Una temperatura. ¿Son otro planeta? ¿Son fáciles? ¿La muerte es lo que nos salva de algo peor que la muerte?
El cuerpo al final es un montón de huesos sobre la tierra. Seremos un hueso dentro de años, sólo un hueso. Y dentro de esos mismos años ya nadie recordará a nadie, no recordará al amigo, o al padre, al hijo, al muerto, en definitiva. El cuerpo es el presente, es el segundo que pasa. No es algo lejano, está dentro de nosotros, viajamos con él mientras se nos va descorchando la piel. Pero un día comienza a asomarse la muerte a los ojos, a llenarlos de sangre, a sitiar nuestro ya verdoso cuerpo. Y es precisamente el mismo hombre es el que ríe mientras otros mueren sin el cuerpo. El hombre es el que sigue comiendo y bebiendo mientras otros mueren. Es el que pasea mientras otros mueren. Pero el futuro es como mirar la noche, como enfrentarse a las estrellas, donde los ojos no llegan, la cabeza presiente, donde el miedo aprieta. El futuro está escrito en los ojos de los otros, sólo es cuestión de tener valor para enfrentarte al espejo, los ojos de los otros reflejan nuestra porpia cara. Sólo nos queda el cuerpo. El cuerpo es la tregua porque habla en silencio, en la respiración, donde cada exhalación es un presagio y cada segundo un futuro. El futuro está en la incoherencia de los sueños, y si perdemos el sueño, el futuro no existe. Cuando llegue el día en que te abandone el sueño, la muerte te besará en los labios, te saludará de cerca y todo se conviertirá en un horizonte de esquelas, de bosques de cruces llenos de mohosos cuerpos, de una tierra habitada por flores aplastadas.
Supongo que por todo esto, analizado escrupulosamente pero escrito ahora con automática mano, me empeño en mostrar al mundo el lado más impúdico de mi cuerpo antes de que se pudra y acabe siendo un puñado de huesos sin piel. Porque el cuerpo es lo finito y nos aferramos ello, porque el cuerpo es electricidad y al final acabará transformándose tal y como nos lo mostró la química de nuestra infancia. Es todo pero también es nada.
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viernes, diciembre 05, 2008
jueves, 4 de diciembre de 2008
Levantando pesas
Ayer se cumplió una máxima que siempre he rechazado de lleno. De que cuanto peor tratas a algo mejor te corresponde. De que cuando te olvidas de algo, ese algo se subleva pero con todo la gratitud y toda la levedad del mundo. Repito que siempre he rechazado esa máxima primera porque pienso justo lo contrario. Pero ayer sentí algo parecido a esto que digo en el autobús. De nuevo el autobús. Qué de cosas ocurren en ese transporte. Iba de vuelta a casa del trabajo. Yo hablaba por teléfono de pie y cerca de la puerta. De repente detrás de mí oí un golpe seco, tan seco y hueco como suenan los huesos contra el suelo. Miré a mis pies y allí yacía una mujer de unos 70 años, alta y ancha de hombros. Sus dos manos cubrían con asustados ojos la parte más alta de su cabeza blanca como la nieve de estos días en las afueras de Madrid. Mis ojos se clavaron en sus ojos. la mujer por lo visto se había desplomado a mis pies tras un arranque algo brusco del conductor. Me despedí del teléfono con tres palabras urgentes que sitiaron mi garganta seca. Me despedí con un seco: ahora-te-llamo- y colgué. Entonces lancé mis dos brazos hacia el horizontal y asustado cuerpo. Sí, los dos brazos. La inercia borró de golpe el intenso dolor de mi hombro derecho, el herido y se lanzó con la misma rapidez y la misma fuerza hacia la mujer. Intentamos levantar sus atemorizados ojos entre otra mujer y yo. No tardó en sumarse un hombre fuerte y grande. En ese intervalo de tiempo olvidé mi hombro. Era autónomo y libre y descubrí que en cuanto lo obvié de mi mente por otro menester aún más importante, se elevó sin recuerdo alguno del dolor. Una vez en casa, le conté a S. lo sucedido y mi hombro empezó a despertar del susto y se materializó multiplicado por dos.
¿Significaría esto que debería estar ahora mismo levantando pesas para que desaparezca este caprichoso y mimoso dolor que se mueve como se mueven las veletas al viento? La vida es una región esplendorosa. Hoy persiste pero también hoy casi consigo olvidarlo.
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jueves, diciembre 04, 2008
miércoles, 3 de diciembre de 2008
La nieve en los manzanos
La Nieve en los manzanos de Julia Otxoa es un poemario que indaga en el abismo de la condición humana, nombrando con extrema honestidad y belleza el monstruo que nos habita cerca. Un poemario directo pero escrito desde la oscuridad hacia la luz. Un libro donde todo parece detenerse y morir ante la contemplación de la barbarie de este mundo...
Lo dedico a todas aquellas personas que estamos en este prematuro invierno nombrando al monstruo que nos habita dentro. A aquél que ha comido tierra alguna vez en su vida.
Tengo frío junto a los estandartes
Tengo frío junto a los estandartes,
el rumor de sus himnos
hiela mi corazón
como la negra memoria
de una guerra perpetua.
Intentando vivir
¡Este es mi tiempo!
ha dicho Caín,
y la gente asustada se ha ido por ahí
intentando vivir,
navegando con sus barquitas de colores
por las calles inundadas de llanto.
El pulso de los muertos
El pulso de los muertos
retumba insoportable
en los armarios,
ya no sabemos dónde guardar
nuestra comida hecha de relámpagos.
Abrasados en llanto,
El menor de los pájaros
es más fuerte que nosotros.
Cuando la lluvia se ha ido
Cuando la lluvia se ha ido
he salido descalza al exterior,
el olor a tierra mojada era tan intenso....
parecía que toda la montaña
latía con fuerza dentro de mi estómago.
He sentido entonces mi silencio emocionado
como un manzano mecido por la brisa.
Luego me he arrodillado
y he estado comiendo tierra
hasta que dentro de ella he oído cantar
a mis abuelos.
En medio de todo esto
En medio de todo esto
los niños siguen arrojando
sus caídos dientes a la luna
suplicando nuevos alfabetos de hueso
para nombrar la vida.
El tiempo de las plantaciones
En invierno,
Al llegar el tiempo de las plantaciones,
me gusta contemplar
ese desfile de jardineros desarmados
cruzando la ciudad,
llevando sobre sus hombros
en lugar de fusiles
árboles dormidos.
Esa imagen es para mí
tan hermosa
que vence toda la sinrazón
de la barbarie en la que estamos,
algo así
como asistir a la poderosa fragilidad
de las raíces de la menta
levantando las piedras.
Todos los trajes de la muerte
La vida es insoportable
sobre las cenizas de las víctimas.
No me hables de los héroes,
he visto todos los trajes de la muerte,
la sombra de la sangre derramada
es siempre imborrable y única.
Miro nuestra casa
y sólo veo fantasmas.
No de este modo
No será desde luego
hundiendo el tenedor
en el corazón de las golondrinas
como nos alimentaremos de libertad.
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miércoles, diciembre 03, 2008



