De pequeñita conduje una cosechadora subida en las piernas de mi padre. A mí no me gustaba especialmente mi padre pero siempre me ha gustado conducir todo tipo de vehículos, aunque en mi vida madura conduzca pocas cosas. Recuerdo lo sencillo que era conducir ese enorme vehículo grande como el corazón de un barco. Recuerdo el poder de mi altura siendo una enana en edad y tamaño. Recuerdo mis manos pequeñas sujetando enormes pero sencillas palancas remachadas con aquellos tornillos gigantes. Recuerdo las ruedas concéntricas que te acercaban a un cielo rojo ensangrentado por un ocaso. Los campos sin piedras. El olor de la tierra arrancada. Las cicatrices que dejaba a su paso. El surco. Recuerdo los dientes de ese animal verde (porque recuerdo que era verde) limpiando el camino. Recuerdo sobre todo eso, cómo se limpiaba el camino a su pasar lento. Muy lento. Recuerdo la limpieza. Lo llano. Lo liso. Lo fácil. La arcilla al fin. Recuerdo la esencia. La esencia de ese enorme contenedor.
Me he acordado esta mañana de que tenía pendiente una pequeña entrevista para la editorial que tiene en sus manos y también en las mías La geometría del vientre. Una de las preguntas la expongo aquí. Decía algo así como que con cuál de todos mis libros me sentía más identificada. Y he descubierto mientras contestaba algo que siempre he sabido y he dicho incluso en voz alta aunque me tachen de ingrata, de mala madre o de olvidadiza y desmemoriada.
Sí, soy la mujer más desleal y más infiel con sus libros. Me quedo en lo nuevo. Me caso siempre con el último, me agarro con uñas a sus letras con la idea de que serán inmortales pero que mueren en sucias aguas cuando estas caprichosas crean algo nuevo que a su vez es eterno e inmortal a mis ojos volviendo a maridarme con ellas. Sí, soy una trilladora. Llevo en mí sus mismos componentes: mi cuerpo, un cuerpo; mis dedos, sus detectores de piedras; mi mente, el mecanismo de trilla; mi boca, el cilindro que trilla y trilla. Luego mis manos, sacudidores de paja, manos atornilladas a la tierra nueva y al nuevo poema, ya está conseguido el perfecto sistema de limpieza. Luego, eso sí, la decisión innerrabable de eliminar de mi memoria para dejar espacio, más espacio en el descampado de mi mente, que no son sino aquellos transportadores que se deshacen de basura... Sí, soy una trilladora. Como aquella trilladora que conduje hace siglos quizá en otra vida. Un sacudidor de paja. Una criba de limpieza. Una trilladora que detecta piedras. Y todo mi pasado es piedra. Así que me desmigo y me deshago de todo verso anterior en la tierra. Porque me encanta el olor de esa arrancada que da paso a otra y a otra más. Quebrantando la mies que se tiende en la era, separando grano de paja. Grano de paja. Como una inercia. Sí, me limpio de piedras. Por ley. La gravedad de mis manos se desmemoriza de toda piedra anterior, pierde peso para que rezume lo esencial. A veces parte dura, a veces parte blanda. Es falacia, es cierto, porque de no haber escrito aquellos primeros versos en un cuaderno sucio de chiquilla, de no haber seguido escribiendo mi primer, mi segundo libro y así sucesivamente hasta llegar aquí, quizá nunca nada hubiera sido lo mismo. Me caso siempre con el futuro, porque en él no veo piedras. Pierdo la piedra de la memoria aunque en un rincón de mis manos, en el resquicio de mis dedos siempre agradezca aquellos primeros versos, los que le siguieron y ese es el círculo concéntrico donde me muevo. Como la rueda concéntrica de aquella trilladora hoy tan bien recordada.
Y ahora caigo en sus dos nombres. Trilladora que trilla, que amputa. Cosechadora que cosecha, que produce. Qué contradicción. Supongo que como todo esto que escribo.
sábado, 13 de diciembre de 2008
La trilladora
Publicado por
nuria
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sábado, diciembre 13, 2008
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5 comentarios:
(Una cosita: http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2008/12/laura-rosal.html)
¡escribe!
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Los libros se paren y vuelan...
Reapareciste, Nuria, ya pensaba que eras un espejismo de la virtualidad. Un abrazo fuerte de regreso
Lo mejor, pues, para tu presente y tu futuro, Nuria, ahora que ya se acerca con un número nuevo.
Un abrazo.
Fantástico Nuria. Detrás de la trilladora y la cosechadora, está la filosofía de por qué, para qué escribimos y lo no se puede describir mejor que como tú lo has hecho.
Un beso grande y feliz Navidad.
Espero que tu hombro esté mejor.
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