martes, 27 de mayo de 2008

Radiografías

Devuelta del mundo en estos días que se alargan, hoy quiero comunicarme conmigo. Comunicarme con ese silencio que también se calla, con ese paisaje que se queda quieto, con esas horas detenidas. Comunicarme con el árbol que recién talado no siente dolor por la parte que se ausenta, su amputada más reciente, su tronco. Comunicarme conmigo mientras vuelvo a casa, sin prisa, escalando esta soledad que se promete por dos días, y perdiéndome en mi retorno. Quiero que no se rompan los miles de adjetivos que aún tengo entre los dedos. Así que ahora estoy entregada a estas tardes que parecen golosinas de tanto que se estiran. Rendida a estas desacostumbradas tardes tan conmigo a solas y con más manos de las habituales y donde todas ellas escriben en mi mapa. Y aunque sea un fingir literaturas que me llena la cabeza de ideas neutras, todo ello no deja de anunciarme un estado de ánimo. Miro las rayas en el horizonte. Me pregunto si se acercan vientos difíciles porque puede que estos días amanezca con los puños cerrados, como si la tristeza de un cielo gris mercurio no fuera más que una soledad que persistirá unos días. Un silencio. Una boca sellada. En días así, necesito salir de mí, homenajear a esta soledad maciza que arrastro desde el domingo, adiestrarme y escribir en otras direcciones. Demasiados pensamientos en la cabeza, el campo de mis ideas disparándose con cuestiones laborales, con cuestiones de viento. Mil preguntas minando el trapecio de mi mente. Mi mente, repleta de ideas, de palabras. Pero hoy quiero otras palabras, palabras que sean esqueleto. Una nueva estructura de acero. Palabras que sostengan mi cuerpo cuando me tiemblen las ideas y me quiebre.
Después de casi tres días en los que el agua ha sido la dama del paisaje, su vertiente masculina, este otro viento gris tormenta me ha rozado la nuca. Pero si lo pensáis, ¡es tan bueno que el viento atize nuestras pertenencias!, las materiales, las personales, las personas más amadas. Hay que airearlo todo, incluso aquellas tantas otras cosas que no se pueden tocar, es decir, nuestras ideas. Que el viento levante el polvo en un rincón de nuestro cuerpo, como decía Lope de Vega, "el polvo en la región desvanecido". Y este viento abre las puertas frías de las casas al sol. Levanta la sangre. Me alza a la altura de mi cintura y me rompe como se rompen las piedras, la sangre alta, el deseo en cruz. Hoy este viento aparta el humo de mis ojos y veo a la serpiente de la duda. Me cerca. Remueve el laboreo del Mundo. Rompe las cadenas del silencio, sin nubes ni venenos. Cierra la Tierra y su pulso.
Es tan necesario ese viento... y el silencio. Yo necesito el silencio. Sólo así me escucho. Me ausento. Es un país con alas que conozco muy bien y me sostiene en ese aire salvaje, en bruto, que limpia de polvo la cigarra que habita en mi tráquea. Es mi país de dentro que me invita a estas introspecciones.
Entonces el corazón se me levanta, el olfato se afina, la cigarra lanza mi garganta en magnífico vuelo y la nostalgia me echa un pulso en el que sencillamente yo me dejo perder. Cuando estoy así, me viajo hacia dentro sin uñas y busco aquellas palabras-equeleto por las esquinas redondeadas de mis ojos que no son más que mis vocales abiertas.
Eso sí, cuando estoy con S. no hay ni una sola nube en mi frente.

9 comentarios:

Camille Stein dijo...

es tan necesario el silencio, a veces lo extraño tanto en mitad de mis ruidos, de las tormentas del día a día, del parloteo de la mente haciendo recuentos de tareas, ideas, ausencias...

decir que tu texto me ha encantado es decir bien poco... pero me voy en calma y con Preisner en mis oídos...

un beso

alfaro dijo...

El silencio tiene música propia,también ese viaje interior, que nos describes tan perfectamente, doloroso, como un renacer, está muy bien descrito.
Al final, uf, qué tranquilidad, ante la otra mirada ni una nube en la frente.
Me gusta.

Domadora de Elefantes dijo...

Ya pronto volverá ese cielo azul sin nubes. Me gusta el sol, pero adoro las tormentas. En su eléctrico corazón de agua nace la mejor literatura.

SONIA FIDES dijo...

Nuria, siempre es guay disponer de una "letra" para nosotros solos. Una letra que se lleve las nubes, y que disuada a los fenómeros atmosféricos de aguarnos la fiesta. Te felicito por ello y por la ternura que pones para hablar de las cosas que te cambian la vida.

Un abrazo

rafaela dijo...

Hola Nuria: te he dejado un "reconocimiento" a tu buen hacer en este espacio, o sea a tu blog en el mio.

Pasa cuando puedas a recogerlo. bss

Lula May dijo...

Cierra los ojos y disfruta del vuelo por las polvorientas esquinas de las palabras óseas.

Beso.

SATSUMA dijo...

Tantas veces es tan necesario parar, la quietud que parece eterna para volver, pero ya más grande, más seguro, más sabio y aún más generoso...
Me ha encantado el texto Nuria, precioso...
Besos.

Bel dijo...

El silencio y la soledad, caballero y dama que se parecen. Con frecuencia aparecen sin ser invitados y se obstinan en esconderse cuando se precisa de ellos desesperadamente. El viento azota y acaricia el aire, y refresca. La palabra desprovista, ésa siempre es necesaria. Preciosa entrada.

Nuria dijo...

gracias a todos y a ti rafaela, doblemente, gracias